El dilema contrainsurgente de Dios, el rey y la patria

JoaquAi??n E. Espinoza Aguirre
Facultad de FilosofAi??a y Letras, UNAM.

La propaganda durante la guerra de Independencia tambiAi??n jugA? un papel destacado dentro del juego del gobierno virreinal para frenar el movimiento revolucionario del cura Hidalgo, al que enfrentA? no sA?lo desde el campo de batalla. El punto estaba en separar a los Ai??mpios afrancesados de los venerables macabeos hispA?nicos.

Hidalgo, Aldama y Allende (800x397)

Tarazona, Hidalgo, Aldama y Allende, Museo Nacional de las Intervenciones. ReproducciA?n autorizada por el Instituto Nacional de AntropologAi??a e Historia.

La guerra de 1810 llevA? a la poblaciA?n de NuevaAi??EspaAi??a a tal estado de fascinaciA?n que alAi??ver que gracias a la convocatoria a Cortes,Ai??podAi??a equipararse por fin en lo polAi??tico conAi??la penAi??nsula ibAi??rica, se dejA? llevar por el remolinoAi??revolucionario y el movimiento queAi??se iniciA? basado en un instante en la menteAi??de Miguel Hidalgo, pronto pasA? a ser guiadoAi??mayoritariamente por las pretensiones de lasAi??clases mA?s bajas de la sociedad. Por su parte,Ai??los sectores que tenAi??an un mayor arraigoAi??al dominio colonial tendieron al miedo y alAi??pA?nico, pues las noticias que les llegaban a cuentagotas los hacAi??an temer por la posibilidadAi??de que la rebeliA?n tomase los tintesAi??raciales que se vivieron en la revoluciA?n deAi??independencia de HaitAi?? en 1804, sobre todoAi??a partir de la violenta toma de Guanajuato,Ai??donde las fuerzas insurgentes realizaron unaAi??terrible matanza de espaAi??oles.

Frente al enorme impulso que alcanzA?Ai??el movimiento liderado por el cura MiguelAi??Hidalgo, el gobierno virreinal tuvo que desplegarAi??una guerra contrainsurgente no sA?loAi??en el campo de batalla, sino tambiAi??n a travAi??sAi??de la propaganda. Se debAi??a despojar al sectorAi??insurgente del imaginario positivo, libertador,Ai??de que aquel se estaba tratando de adueAi??ar yAi??hacer ver que las autoridades eran las verdaderamenteAi??fieles a su majestad, es decir, eranAi??el grupo que tenAi??a la razA?n. AsAi??, a travAi??s de laAi??propaganda, tambiAi??n se desarrollA? una guerraAi??en contra de la insurrecciA?n.

El cura afrancesado

El gran recelo existente entre la poblaciA?nAi??hacia NapoleA?n Bonaparte, derivado de la leyenda negra que existAi??a alrededor de su figura,Ai??fue ligado directamente con al movimientoAi??principiado por el cura de Dolores. Un escritoAi??anA?nimo de la Ai??poca, llamado Escaramuza poAi??tica,Ai??da testimonio de ese vAi??nculo desarrolladoAi??por la propaganda antiinsurgente. El autorAi??habla en Ai??l, entre otras cosas, de que

Es muy profunda el arte
en esto de robar, de Bonaparte;
es el mayor bellaco
que el mundo ha conocido desde cacoai??i??

y de que este y el mismAi??simo diablo eran losAi??dos consejeros de Hidalgo:

Luzbel interrumpido,
le suelta un gran chiflido;
y mirando al Hidalgo
le dice A?tA? tambiAi??n por mAi?? harA?s algo?
A?TA? con Napo te juntas,
y en su favor conduces esa yuntas
de bA?rbaros salvajes de tan fieros pelajes
que habAi??an por servirme,
y venir a mi casa a divertirme? [ai??i??]
GeneralAi??simo pues te constituyo,
y aquAi??l mi otro yo mA?s apreciadoai??i??

El autor seAi??ala que si tomA? la pluma fueAi??para escribir en contra de esa infernal conspiraciA?nAi??y para desengaAi??o, e instrucciA?n de losAi??idiotas, que han olvidado, o borrado de sus almasAi??la doctrina cristiana y la ley natural; y para ignominiaAi??[eterna] de los malignos facinerosos queAi??abrazan y siguen, fomentan o apoyan, la NapoleA?n Bonaparte (930x1280)rebeliA?nAi??y apostasAi??a del sobre Diablo [sic] aquAi?? diseAi??ado,Ai??y perseguido y arrollado en todas partes porAi??nuestras tropas pAi??as, leales y valientes. De talAi??modo pretende mostrar a Hidalgo como unAi??enemigo de la religiA?n de nuestros padres, talAi??y como lo era NapoleA?n.

El virrey FAi??lix MarAi??a Calleja abonA? en elAi??mismo imaginario y llegA? incluso al punto deAi??escribir el 26 de marzo de 1813 que la revoluciA?nAi??era odiosa para todos, sobre todo porAi??tratarse de un mal interno pues, si un enemigoAi??exterior hubiera invadido estos paAi??ses, amargaAi??fuera nuestra desolaciA?n; pero nos consolarAi??a elAi??convencimiento de que no habAi??amos buscado nosotrosAi??mismos nuestra desgracia. AsAi??, deja entreverAi??que, desde su punto de vista, el movimiento insurgente era mucho peor destino que unaAi??hipotAi??tica invasiA?n de las tropas francesas aAi??Nueva EspaAi??a.

[...]
Para leer el artAi??culo completo,Ai??suscrAi??base a la revista BiCentenario.