Baños y bañistas en Aguascalientes

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 51.

Fernando Aguayo. Instituto Mora

Los manantiales que alimentaron las acequias de Aguascalientes por varios siglos fueron un espacio de limpieza y esparcimiento al aire libre. Hacia fines del siglo XIX, estos sitios fueron hostilizados por la nueva idea del “pudor” esgrimida por los sectores acomodados, cuando ya las crónicas de viajeros y la promoción del ferrocarril habían catapultado a la ciudad como un lugar singular en los usos del agua.

William Henry Jackson, Bathing in the hot spring acequia 08448, ca. 1891. Library of Congress, EUA.

La ciudad de Aguascalientes debe su nombre a las numerosas fuentes de agua cerca de las cuales se asentaron sus fundadores en 1575. Desde entonces, y hasta avanzado el siglo XX, fueron estos nacimientos de agua los que abastecieron a la entidad. Aunque se reconocía que los manantiales habían “estado al servicio público desde tiempo inmemorial” y que por ello se garantizaban los distintos usos que hacían los habitantes de la ciudad, siempre y cuando no existiera desperdicio, a finales del siglo XIX nuevas propuestas de control y uso del agua modificaron la convivencia en torno a este recurso. A continuación, reseñaré tales transformaciones.

Como en otras geografías, además del consumo directo por las personas, existieron diversos manejos del agua. Una de las singularidades de la ciudad de Aguascalientes fue su utilización para el riego de las innumerables huertas que había en la ciudad, así como la limpieza de vestimenta y el aseo corporal.

El lector debe tomar en cuenta que estas actividades de higiene han cambiado con el transcurso del tiempo, como la frecuencia con que se efectúa el baño y lavado de ropa, la forma en la que se hace y los lugares empleados. Por esta razón, para conocer cómo se hacían estas actividades en otras sociedades del pasado, debemos alejarnos de nuestras ideas y prejuicios, con el fin de observar diferentes modos de pensar y hacer. En especial, nos parecerá ajena a nuestra manera de vivir que en otros tiempos la mayoría de las personas se bañaran en espacios abiertos. Y acostumbrados al baño diario, igual nos parecerá extraña la afirmación que hicieron los médicos higienistas más connotados de Aguascalientes cuando escribieron: “Habiendo agua suficiente en la población, puede decirse que todas las clases sociales son aseadas y limpias. La clase media y el pueblo se baña generalmente cada ocho días los sábados.”

Fue debido a esa abundancia de agua, particularmente a la existencia de fuentes de aguacaliente, y a la fama de las instalaciones de baños, que la ciudad atrajo a finales del siglo XIX la atención de cronistas y fotógrafos. Puede afirmarse que a partir de la publicación de crónicas de viaje y edición y venta de imágenes que circularon por distintas partes del mundo, las autoridades nacionales tomaron cartas en el asunto y modificaron la dinámica que había existido por siglos.

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