El descalabro de La Puerta

El descalabro de La Puerta

José Luis Aguilar Guajardo
El Colegio de Tamaulipas

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 38.

Tras el fusilamiento de Morelos, las fuerzas insurgentes que bregaban por la independencia se encontraban algo aisladas y con la moral a la baja. Fue el general navarro Xavier Mina quien, con estrategia militar y pocos hombres, a partir de 1817 asestó las primeras derrotas a los españoles en Tamaulipas, y así logró levantar el ánimo emancipador que se concretaría cuatro años más tarde.

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La llegada del general Xavier Mina a la provincia del Nuevo Santander (hoy Tamaulipas) en abril de 1817, marca un punto de inflexión en la historia del movimiento insurgente que, a la postre, derivó en la independencia de México.

Desde 1815 los Ánimos de los insurrectos novohispanos habían decaído considerablemente porque su líder, el padre José María Morelos, había sido fusilado como traidor por las autoridades virreinales y solamente los generales Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero continuaban luchando contra los realistas en lugares aislados de Veracruz y las montañas de Oaxaca.

En el Nuevo Santander las cosas no estaban mejor ya que la insurgencia, principalmente encabezada por los hermanos José Bernardo y José Antonio Gutiérrez de Lara, había sido prácticamente aniquilada por la brutalidad militar del entonces llamado “virrey del norte”, Joaquín de Arredondo.

Xavier Mina fue un personaje de origen español que nació el año de 1789 en Otano, provincia de Navarra. Vivió sus primeros años interesado por el mundo castrense y más tarde, siendo un adolescente, se enlistó en los ejércitos que combatieron a las fuerzas de Napoleón Bonaparte. Posteriormente habría de sumarse a la lucha en contra del rey español Fernando VII, quien reimplantó el absolutismo y suprimió la Constitución de Cádiz de 1812. Muy pronto el navarro tuvo que exiliarse en Inglaterra para conseguir apoyo.

En Londres, Mina conoció al regiomontano fray Servando Teresa de Mier con quien compartió puntos de vista respecto al futuro de las colonias españolas en América. No pasó mucho tiempo para que Mier persuadiera al joven general de continuar su campaña en contra de Fernando VII en el Nuevo Mundo.

Una vez que contó con recursos suficientes, Mina zarpó del puerto de Liverpool a bordo del buque Caledonia con destino a Norfolk, Virginia. Dentro de la tripulación que lo acompañaba se encontraba el padre Mier y un mediano grupo de soldados de distintas nacionalidades.

Después de haber pasado unos meses en Estados Unidos, Mina emprendió un emblemático viaje rumbo a Haití, en donde se entrevistó con Simón Bolívar. Aunque el tiempo que compartieron ambos caudillos fue breve, parece ser que esa entrevista reforzó en el navarro la idea de lograr que México fuese una nación independiente.

De regreso a Estados Unidos, el ejército expedicionario consiguió embarcaciones y pertrechos de guerra para su incursión en las costas de Nueva España. El lugar seleccionado para el desembarco fue la villa de Soto la Marina en la provincia del Nuevo Santander, ya que, al parecer, uno de los hombres reclutados en Estados Unidos, de nombre Anselmo Hinojosa, era originario de aquella villa costera y estaba al tanto de que en ese punto la defensa realista era más débil en comparación con las costas veracruzanas.

Tomada esta determinación la flota levó anclas en el puerto de Galveston el 16 de marzo de 1817. Casi al mes de haber salido del puerto texano, el 12 de abril de 1817, la flota hizo aguada en la desembocadura del río Bravo con la finalidad de abastecerse de agua y alimento necesarios para la campaña. Estando en el mar, Mina expidió un boletín en donde exhortó a los mexicanos a abrazar la causa insurgente. Dicho boletín es emblemático para Tamaulipas ya que se considera, junto con otros fechados en Soto la Marina, los primeros documentos impresos en el nordeste de México.

Siguió la flota del ejército expedicionario rumbo al sur. Pasados tres días, el 15 de abril, desembarcaron por fin los soldados insurgentes en la costa de Soto la Marina. Con sigilo siguieron el camino a dicha villa; sin embargo, para su sorpresa, la encontraron deshabitada puesto que un brote de paludismo ocurrido en 1809 había obligado a la población a reubicarse a una distancia de dos leguas río arriba.

A pesar de ese inconveniente, los rebeldes continuaron su camino tierra adentro. Al llegar al nuevo asentamiento de Soto la Marina, Mina se enteró de que una buena parte de los pobladores había huido junto con el capitán de la villa Felipe de la Garza quien, a la sazón, se desempeñaba como lugarteniente de Arredondo en el Nuevo Santander.

Cuando Mina finalmente se entrevistó con los lugareños que quedaban, les aclaró sus intenciones y el respeto que tendría por la integridad de los individuos de aquella población. En esto también colaboró el padre Mier quien, con una retórica persuasiva y los atuendos propios de un obispo, logró no sólo la tranquilidad de aquellos, sino que convenció a un gran número para que se enlistaran en las filas del ejército expedicionario.

Dentro de los primeros días en Soto la Marina, los hombres de Mina se encargaron de recorrer la región con la finalidad de encontrar recursos económicos que sirviesen para financiar la campaña militar que tenía como destino el centro de Nueva España. En dichos recorridos, tuvieron noticias de un acaudalado español llamado Ramón de la Mora, propietario de la hacienda de Palo Alto en la jurisdicción de la Villa de Santillana (hoy municipio de Abasolo), quien en un comienzo aceptó colaborar con Mina, pero terminó huyendo de la hacienda con una escolta llevándose todas sus pertenencias entre las que figuraban 100 000 pesos oro que, en aquel entonces, era una verdadera fortuna.

Enterado de que el hacendado había faltado a su promesa de colaborar con su causa, Mina mandó a su subalterno, el coronel de origen estadunidense Henry Perry, para que, al frente de 80 soldados de infantería, fuese a aprehenderle. Marchó también él mismo acompañado de 20 dragones de caballería la tarde del 27 de abril de 1817.

No pasó mucho tiempo para que De la Mora se enterara de que la gente de Mina lo buscaba para hacerlo prisionero y por esa razón decidió trasladarse al rancho El Sacramento, ubicado aproximadamente a catorce kilómetros al suroeste de su hacienda. La ruta que siguió hace suponer que sus intenciones eran las de llegar hasta Croix (hoy municipio de Villa de Casas) o muy probablemente a la capital Aguayo (Ciudad Victoria), en donde se encontraba concentrado un mayor número de fuerzas realistas que pudiesen auxiliarlo. Sin embargo, De la Mora no logró traspasar los límites de Santillana, y parece ser que su marcha se hizo lenta por la fuerte suma de dinero que llevaba cargada en unas mulas y por el monte casi impenetrable que tuvo que atravesar en plena sierra de Tamaulipas.

No pudiendo llegar más allá, De la Mora decidió ocultarse en el rancho de La Puerta, una propiedad que había sido establecida a finales del siglo XVIII por Manuel de Escandón en la sierra de Tamaulipas, muy cercana al lindero entre Santillana y Croix.

Mientras tanto los insurgentes continuaron su búsqueda en la oscuridad de la noche hasta llegar a dos leguas del ya citado rancho El Sacramento. Comenta el biógrafo de Mina, William Davis Robinson que, estando en ese lugar, el general navarro “ordenó al coronel Perry que siguiera su marcha mientras él, con la caballería, tomaba otro camino para atacar al enemigo de frente y por la retaguardia”.

Al llegar cerca del rancho, como esperaba encontrar a su contrario descuidado, el general se lanzó al ataque; pero, para su gran sorpresa, no encontró al enemigo ni tampoco a su propia infantería. Según Davis, en ese instante se percataron de que las casas también estaban abandonadas, “pero los fuegos que todavía ardían denotaban evidentemente que sus habitantes habían huido hacía muy poco tiempo”.

Viéndose así frustrado, Mina decidió abandonar la persecución de Ramón de la Mora para atender otro tema de vital importancia: la construcción del fuerte de Soto la Marina. Por su parte, el coronel Perry, después de separarse de la caballería, regresó al Sacramento en donde encontró unos campesinos que recién volvían a sus casas. Al preguntarles sobre el paradero del hacendado de Palo Alto, le manifestaron que lo habían visto en camino al rancho de La Puerta, que distaba unos diez kilómetros aproximadamente en dirección al poniente.

La brigada de Perry continuó su búsqueda y en la mañana del día 28 de abril encontró a Ramón de la Mora y a sus hombres acampando en una llanura. En ese momento, los insurgentes se abalanzaron contra el hacendado despojándolo de sus pertenencias. Sin embargo, apenas habían conseguido su objetivo, apareció sorpresivamente el ejército realista comandado por el teniente coronel Felipe de la Garza, quien había estado vigilando de cerca los movimientos de los rebeldes.

El ejército de De la Garza constaba de 350 soldados y las fuerzas insurgentes dirigidas por el coronel Perry eran de apenas 80. Al momento de establecer contacto con el enemigo, el primero se separó de las líneas realistas para parlamentar con los rebeldes y los exhortó a abandonar su causa con la promesa de que lograrían el perdón real. Esto, según el propio De la Garza, “fue inútil y puso fin a la conferencia”.

Una vez finalizada la breve exhortación, las fuerzas rebeldes comenzaron a prepararse para lo que fue su primer combate en tierras novohispanas. Consciente de la desventaja numérica, Perry decidió mantenerse en el campo de batalla y por ello estableció rápidamente a sus hombres en posiciones estratégicas para hacer frente a los realistas. No obstante, en la confusión de los preparativos, De la Mora y su escolta escaparon con parte del botín; al no poder dedicar más tiempo a su aprehensión, Perry se enfocó en la contienda militar.

Comenta Davis Robinson en su diario que, mientras De la Garza se preparaba para atacar, Perry dirigió a sus tropas una corta pero entusiasta arenga, en la que les recordó que los ojos de su patria se hallaban fijos en su conducta y que ahora se les presentaba una oportunidad de probar que eran dignos de la causa que habían abrazado.

La caballería realista lo atacó en ese momento con impetuosidad, pero fue rechazada. Una vez más regresó a la carga y llevó a cabo varios intentos infructuosos de romper la infantería de Perry. Viendo inútiles sus esfuerzos, al fin se retiró en desorden, dejando nueve muertos. Como el coronel no tenía caballería para llevar su triunfo hasta el fin, los realistas se formaron de nuevo, pero no manifestaron estar dispuestos a renovar el ataque. Luego de haber obtenido esa ventaja, Perry se vio obligado a abandonar renuentemente el objeto de su expedición, al no poder llevarse el botín por falta de caballería, y regresó a Soto la Marina sin ser molestado.

Por su parte, De la Garza emprendió retirada hacia Aguayo, en donde tuvo que rendir cuentas al gobierno virreinal de los sucesos acaecidos en la contienda bélica. Su derrota era evidente, aunque sus partes de guerra disimularon los hechos y por ello aquel primer enfrentamiento entre las fuerzas insurgentes de Mina y el ejército realista se conoció en su momento como “el descalabro de La Puerta”.

Con respecto al saldo de la batalla, el historiador Juan Fidel Zorrilla señala que, “en este ataque de cierto relieve táctico, los expedicionarios infligieron a las fuerzas de Felipe de la Garza 35 bajas, entre ellas once muertos”. A raíz de este acontecimiento, “Mina empezaba a sentir su fuerza puesto que las tácticas móviles de sus destacamentos en operaciones menores demostraban eficacia y poder de penetración”.

El resultado de la batalla del 28 de abril tuvo un significado positivo que favoreció al pequeño ejército expedicionario. Esta victoria, aunque trivial si se considera el daño hecho al enemigo, fue muy importante para la división de Mina ya que, como bien señala Davis Robinson, “le inspiró confianza y llevó a su pequeña banda a creer que era capaz de enfrentarse a tropas muy superiores en número”, como después se demostró.

Es de vital importancia comentar que en la batalla de La Puerta se encontraban en las filas insurgentes pobladores de las villas de Soto la Marina, Croix y Santillana que lucharon valientemente al lado de Perry y que después de este suceso bélico siguieron a Mina en su incursión rumbo al centro del virreinato. Su participación en las acciones militares del general navarro constituye un pasaje de la historia de nuestro país digno de recordarse ya que aquellos individuos empeñaron su vida en el movimiento insurgente que buscaba la independencia de México. Su valentía y desempeño en la expedición de Mina quedaron inmortalizados en las páginas del diario del estadunidense William D. Robinson, quien acompañó a los rebeldes en todo momento y aseguró que los hombres de aquellas villas novosantanderinas no se dejaron intimidar por los realistas, y desde el principio se unieron a las banderas de Mina más de 100 paisanos. Eran hombres robustos e intrépidos y posteriormente mostraron ser fieles y valientes.

Después del suceso de La Puerta, Mina evadió la defensa realista y marchó tierra adentro para unirse con los insurgentes de San Luis Potosí y Guanajuato. Gracias a sus habilidades militares derrotó a un ejército virreinal varias veces más numeroso que el suyo, antes de caer prisionero, víctima, según algunos de sus biógrafos, de la traición de los insurgentes celosos de su talento y popularidad.

Aunque Mina no vio el triunfo de la insurgencia, es preciso mencionar que su participación logró reanimar el movimiento independentista que había menguado desde la muerte de Morelos en 1815. La entrada del ejército expedicionario a las costas del Nuevo Santander en abril de 1817 dio un nuevo impulso a la idea de libertad que se consolidaría en 1821, cuando finalmente se logró la emancipación del pueblo mexicano con la entrada triunfal del ejército trigarante de Agustín de Iturbide a la ciudad de México.

PARA SABER MÁS

  • Andrews, Catherine y Jesús Hernández Jaimes, Del Nuevo Santander a Tamaulipas, génesis y construcción de un Estado periférico mexicano 1770-1825, México, Instituto de Investigaciones Históricas de la Uat, 2012.
  • Andrés, Juan Ramón de, El imperio español contra Mina, México, Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2008.
  • Jiménez Codinach, Guadalupe, “Xavier Mina: El guerrillero de las dos Españas”, https://goo.gl/hi53A8 https://www.youtube.com/watch?v=zQDjk3gW2ws
  • Robinson, William Davis, Memorias de la revolución mexicana, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Fideicomiso Teixi