Editorial #22

BiC 22-PORTADA

Dentro de las carencias de la democratizaciA?n de la sociedad, la igualdad de los derechos polAi??ticos de la mujer es uno de los primeros pendientes por resolver. Una tarea que siempre ha costado hasta la pAi??rdida de vidas, frustraciones desesperanAi??tes, aAi??os de batallas diarias, y sobre todo romper estructuras mentales y culturales. En pleno siglo xxi hay zonas del planeta donde todavAi??a podemos ver que esa bA?squeda de emancipaAi??ciA?n se le sigue truncando a la mujer en nombre de poderes arcaicos o de principios religiosos vetustos.

MAi??xico dio ese paso hace ya mA?s de seis dAi??cadas, y aun asAi?? y con los avances logrados persisten bolsones culturales donde si bien se respetan los derechos polAi??ticos, otros derechos forman parte de un territorio de leyes quebrantadas constanAi??temente. La violencia domAi??stica del hombre y una justicia que no repara en atropellos, o el comercio y la esclavitud sexual de mujeres, predominan como casos claros de abusos. Pero sA?lo estA?n mA?s a la luz. Junto a ellos, otros se hacen invisibles y perduran, como la discriminaciA?n por gAi??nero en el trabajo, el relegamiento a tareas domAi??sticas o el aborto.

Con la revoluciA?n de 1910 se comenzaron a vislumbrar los intentos de unas pocas mujeres que al participar en la lucha de aquellos aAi??os reclamaron para sAi?? un derecho de igualdad polAi??tica del que estaban excluidas, como lo era la posibilidad de votar. La constituciA?n de los primeros clubes propaganAi??distas revolucionarios que ellas dirigAi??an, a partir de 1909, fue un vehAi??culo para sus aspiraciones de participaciA?n, nos relata la investigadora Martha Eva Rocha Islas. Se convirtieron en activistas tenaces, capaces de ser voceras de la causa, impartir conferencias o arengar a sus compatriotas, especialmente en el medio rural y analfabeta. Y lo hicieron tambiAi??n desde la escritura, a travAi??s de proclamas, libelos y volantes.

Los clubes fueron solo el embriA?n. Varias mujeres instaAi??laron el tema, apoyadas por unos pocos hombres con poder, sensibilizados de los cambios que tambiAi??n se daban en otras partes del mundo, y debatieron el tema de la participaciA?n polAi??tica femenina en reuniones previas al Congreso ConstiAi??tuyente de fines de 1916.

Mujeres como Hermila Galindo Acosta fueron clave entonces, y si bien no lograron que el voto femenino fuera incorporado a la ConstituciA?n, sentaron un precedente para luchar en las siguientes dAi??cadas por temas como la escuela racionalista, la coeducaciA?n o la educaciA?n sexual. Apenas el 17 de octubre de 1953 el voto femenino serAi??a incorporado a la ConstituciA?n con una reforma al artAi??culo 34Ai?? constitucional.

A la par de que las mujeres peleaban por sus derechos polAi??ticos, a fines de 1934 tocaba otra vez suelo mexicano CarAi??men Romero Rubio, la viuda de Porfirio DAi??az, quien habAi??a escapado a Francia junto a su marido como consecuencia de la lucha de muchas de esas revolucionarias. A la vuelta de rueda de la historia y las propias contradicciones, Romero Rubio era recibida con pompa en Veracruz por algunos secAi??tores sociales nostA?lgicos y una prensa anestesiada.

Maddelyne Uribe Delabra relata esa llegada triunfal para algunos, aunque como lo describe la autora, la viuda del dicAi??tador se encargA? de mostrar en los siguientes nueve aAi??os de vida en la ciudad de MAi??xico, hasta su fallecimiento, que sA?lo la motivaba vivir como una ciudadana mA?s, indiferente a los nuevos tiempos polAi??ticos del paAi??s.

El hijo de uno de los lAi??deres de aquellos aAi??os revolucionaAi??rios despuntaba hacia mediados de los aAi??os cincuenta en un MAi??xico cargado aA?n de desigualdades sociales. A?lvaro ObregA?n Tapia comenzaba a gobernar Sonora bajo caracterAi??sticas que se harAi??an corrientes durante varias dAi??cadas posrevolucionarias: desarrollo econA?mico, deuda social y autoritarismo polAi??tico. El hijo mayor del caudillo A?lvaro ObregA?n Salido viviA? hasta la muerte de su padre en el Castillo de Chapultepec. Junto a su madre y seis hermanos fueron a residir luego a Huatabampo, donde se convertirAi??a en un empresario agrAi??cola destacado que escalarAi??a hacia la polAi??tica. Su gobierno de claroscuros lo cataAi??pultA? como un polAi??tico local con cierta preeminencia, pero que no pudo descollar mA?s allA? de su terruAi??o. Las desavenencias con el poder central priista y la presidencia de la repA?blica lo obligaron a regresar a la actividad empresarial. Fue una corta vida polAi??tica del A?nico heredero de ObregA?n Salido que alAi??canzA? un cargo pA?blico, y que nos permite descubrir el texto de Miguel A?ngel Grijalva DA?vila.

Otros personajes de la historia que circundan las pA?ginas de este nA?mero de BiCentenario son el Vicente Guerrero inAi??surgente que logrA?, a pesar de escasos conocimientos militaAi??res, poner freno a la presencia espaAi??ola en el sur de MAi??xico, y convertirse en uno de los artAi??fices de la independencia. En sus antAi??podas, un hombre que tendrAi??a una vida personal marcada por su pasado represivo serAi??a el coronel JosAi?? LA?pez de Santa Anna, quien debiA? huir a Cuba despuAi??s de la caAi??da de su padre y allAi?? vivirAi??a un trA?gico final cargado de desilusiones afectivas.

Ai??En clave de ficciA?n, el presidente Comonfort se enconAi??trarA? con Benito JuA?rez, el Gran Maestre y San Ignacio de Loyola en una emboscada en Chamacuero.

Los orAi??genes de las posadas decembrinas, las discusioAi??nes sobre el traje charro como identificaciA?n del hombre de campo, la mirada judAi??a sobre un MAi??xico que se imaginaba diferente o las pinturas del alemA?n Johann Moritz RugenAi??das que describen los tiempos rurales y urbanos del siglo xix, forman parte tambiAi??n de esta ediciA?n 22 de BiCentenario.

DARA?O FRITZ