Una publicación sobre saberes militares en México (1906-1914)

Una publicación sobre saberes militares en México (1906-1914)

Víctor Salazar Velázquez
Facultad de Filosofía y Letras

Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46.

La Revista del Ejército y Marina registró la vida intelectual de una generación de militares que sentía tener la misión de modernizar el ejército; sin embargo, con la revolución mexicana sus derroteros cambiaron.

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La Revista del Ejército y Marina (REM) fue una publicación especializada en temas castrenses. En sus páginas aparecieron textos concernientes a distintas áreas del ejército; sus colaboradores, la mayoría pertenecientes a los departamentos de Ingenieros, Artillería y Estado Mayor, constituían el sector intelectual de la Secretaría de Guerra: tenían en común haberse formado en el Colegio Militar y varios gozaron de la oportunidad de realizar estudios de especialización en Europa. Eran los encargados de la enseñanza en los planteles castrenses, incluso algunos sirvieron como sus directores; por ejemplo, Felipe Ángeles en el Colegio Militar y Miguel Ruelas en la Escuela Militar de Aspirantes. Asimismo, efectuaban comisiones técnicas cuyo ejercicio se plasmó parcialmente en las páginas de la publicación periódica. Cabe recordar los trabajos de construcción del hospital militar de Monterrey que llevó a cabo Vito Alessio Robles.

Enseguida explicaremos a grandes rasgos la relación de algunas prácticas profesionales militares con la REM entre 1906 y 1914. Comenzaremos por describir y contextualizar el surgimiento del impreso; después, señalaremos la manera en que autores como Felipe Ángeles, Eduardo Paz y Vito Alessio Robles vincularon sus actividades intelectuales y su desempeño profesional en sus contribuciones a la revista.

Nos enfocaremos en la primera etapa del órgano informativo (1906-1914) debido a que los autores de ese momento estudiaron en el Colegio Militar, centro de estudio empeñado en la preparación científica de sus alumnos, quizá por influencia del positivismo, y que tenía como objetivo principal la modernización del ejército a principios del siglo XX, objetivo que se vio interrumpido con el triunfo del constitucionalismo.

Una perspectiva de la REM

Apareció en 1906, impresa en los talleres del departamento de Estado Mayor de la Secretaría de Guerra, área que se encargó de su edición a lo largo de dos décadas, y que desempeñaba una relevante función técnica para el ejército: diseñar las reformas que se implementarían en distintos sectores del instituto armado, redactar los reglamentos a que debían sujetarse los militares y marinos, y establecer las normas bajo las cuales los comandantes de las armas del ejército debían realizar sus maniobras tácticas, tanto con fines de instrucción como para combatir a un enemigo.

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Al quedar bajo la responsabilidad de un área técnica, la REM encomendó su dirección a militares con méritos académicos sobresalientes y conocedores del Estado Mayor. El primero fue el mayor Fortino Dávila, que era profesor de matemáticas superiores en el Colegio Militar desde 1900, pero sólo duró un año al frente del impreso (1906-1907), pues se le comisionó como agregado militar de México en Washington. Su sucesor, el teniente coronel Luis G. Palacios, permaneció de 1907 a 1914. Era un experto en los asuntos desarrollados en el departamento de Estado Mayor, pues desde su egreso del Colegio Militar, de 1882 hasta 1914, colaboró en esta área.

El propósito del órgano informativo consistía en “ser útil a la oficialidad instruyéndola y a la vez despertar en ella una emulación noble, recogiendo en sus páginas el pensamiento y trabajo de aquellos de sus miembros más perseverantes y laboriosos”. Sobresalen dos puntos; por un lado, se estipulaba ser un medio de actualización para los mandos medios, a saber, los oficiales que estaban en contacto directo con las tropas; y, por el otro, pretendía convertirse en un espacio de interacción intelectual; ya en sus páginas se plasmaría el producto del trabajo académico y las experiencias profesionales de militares connotados. Al menos el segundo aspecto sí se cumplió: se reprodujeron trabajos de Felipe Ángeles, Miguel Ruelas, Eduardo Paz, Miguel Bernard, etcétera, todos egresados del Colegio Militar, quienes ejercieron la docencia y comisiones especiales para el ejército, como ser agregados militares en el extranjero o parte de equipos técnicos para el estudio de armas y otros aspectos propios del arte de la guerra.

Aparte de México, hubo otros ejércitos latinoamericanos que en fechas similares impulsaron la creación de sus respectivos órganos informativos; también estaban dirigidos a los oficiales y rescataban los aportes de los militares locales, entre otros temas. De esta manera surgieron la Revista del Círculo Militar en Argentina (1900), el Memorial del Ejército de Chile (1906), y otros. La aparición de estas publicaciones se suscitó cuando los órganos armados de la región se profesionalizaban. Al igual que en México, en Argentina, por ejemplo, los oficiales egresados del Colegio Militar de la Nación ocupan diversos puestos en ellos, algunos dedicados a la docencia y la investigación. Fue el caso de Juan Beverina, asiduo colaborador de la Revista del Círculo Militar, quien se especializó en historia militar, impartió clases en la Escuela Superior de Guerra y publicó una extensa obra sobre las guerras argentinas del siglo XIX, siendo su trabajo más conocido los siete tomos que dedicó a la guerra con Paraguay.

Entre las publicaciones militares mexicanas, la REM también marcó una diferencia: fue el primer órgano del ejército que resistió el paso del tiempo, pues siguió apareciendo a pesar de los acontecimientos de la revolución mexicana; por el contrario, otras publicaciones anteriores o contemporáneas a ella tuvieron una vida breve. Hacia 1889 salió a la luz pública la Gaceta Médico-Militar, un órgano académico de la Escuela Práctica Médico-Militar; estuvo vigente seis años ya que desapareció en 1895. Por su parte, los ingenieros militares fundaron en 1910 el Boletín de ingenieros, el cual sólo circuló dos años. Con el triunfo de la revolución constitucionalista, la Escuela Constitucionalista Médico Militar dio a las prensas la Revista de Sanidad Militar en 1917. Debido a las complicadas circunstancias de la época, el número inicial fue el único que apareció. Como se aprecia, las publicaciones castrenses contemporáneas a la REM tuvieron dificultades en su continuidad. En contraste, la publicación del departamento de Estado Mayor siempre se consideró relevante para la difusión de las innovaciones que se generaban en el ejército.

Cuando se comenzó a imprimir, los talleres del departamento de Estado Mayor ya editaban manuales sobre armamento, reglamentos, e incluso obras de historia militar; por ejemplo, en 1904 se hizo una segunda edición de La defensa de la plaza de Puebla de Zaragoza en 1863, libro escrito por el general Jesús González Ortega, el comandante encargado de defender esa ciudad ante el asedio de las tropas francesas. La obra incluía un estudio adicional de Jesús Lalanne, otro militar que también participó en el acontecimiento. Así, los talleres de Estado Mayor se encargaban de difundir bibliografía pertinente para cubrir las distintas necesidades del ejército, ya fuesen didácticas o normativas. En este sentido, la REM formaba parte de una línea editorial que se consolidaba en el ejército.

Para cubrir las necesidades de materiales impresos, el secretario de Guerra Manuel González Cosío adquirió nuevas imprentas. Así, entre 1906 y 1909 equipó sus talleres con la mejor tecnología de impresión del momento, y en su informe ante el Congreso informó que el Estado Mayor había sido equipado con “talleres de Tipografía, Litografía y Encuadernación, así como los de Foto-Zinco-Grabado y Fotografía”. El funcionamiento óptimo de la imprenta militar se alcanzó en 1914, año en el que, pese a la revolución mexicana, la REM tuvo un tiraje de 2 833 ejemplares mensuales.

Tres autores destacados

En los primeros años del siglo XX, la REM constituía un medio de difusión del pensamiento militar mexicano. Al respecto, nos detendremos en algunos aportes de tres autores: Vito Alessio Robles, Felipe Ángeles y Eduardo Paz. Don Vito Alessio, reconocido por sus obras de historia regional publicadas en las décadas de 1940 y 1950, escribió en 1912 un extenso artículo titulado “Los trabajos de campaña en las tropas de infantería”. Comenzaba por exponer las causas de la ineficiencia de la infantería del ejército federal durante las campañas maderistas de 1910 y 1911; señalaba que los revolucionarios superaron sin dificultad a las tropas del gobierno debido a que supieron utilizar el terreno y construyeron pequeñas trincheras, mientras que los federales carecían de conocimientos elementales de fortificación durante campaña y se limitaron a colocar defensas con sacos rellenos de tierra, lo cual resultaba poco práctico.

Alessio Robles exponía el caso con conocimiento de causa, pues había realizado extensos trabajos topográficos en Monterrey, Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras) y en Torim, población cercana al río Yaqui, en Sonora. Sobre todo, sus estudios en la materia en este último lugar fueron más acuciosos, ya que se le encomendó construir un corredor en el cuartel de Las Guásimas. Por toda información sólo recibió una notificación con las partidas presupuestales: “El importe del presupuesto ascendía a 943 pesos y algunos centavos más, pero no estaba acompañado por un plano o siquiera un croquis, ni por las especificaciones que previene el Reglamento de Ingenieros”. Al no existir un proyecto concreto para efectuar la obra, Alessio Robles comenzó por analizar el suelo, lo que dio por resultado una excelente descripción de los accidentes geográficos que rodeaban la instalación militar; una conclusión de sus observaciones fue que una vez que se pacificara a los yaquis “esta será una de las regiones más ricas de la República. Tierras de aluvión de una profundidad de más de 100 metros. Puede cosecharse en ellas algodón, maíz, trigo, alfalfa, garbanzo, arroz, tomate, melón y uva.”

Otro connotado colaborador de la REM era Felipe Ángeles, quien comenzó a impartir matemáticas a los alumnos de artillería del Colegio Militar en 1892. Con el fin de mejorar la enseñanza en tiro con armas de artillería, en 1895 escribió un manual de “Balística exterior”, que se imprimió un año después con el título de Movimiento de los proyectiles oblongos. En el caso del tiro rasante, texto que se consideró un gran aporte que se empleó en la enseñanza en 1897 y 1898. Aparte de su experiencia docente, en 1901 se le comisionó para marchar a Francia, con el objeto de estudiar el armamento fabricado con el sistema Cannet.

Todos los trabajos que publicó Ángeles entre 1906 y 1912 en la REM, artículos atiborrados de ecuaciones, versaban sobre problemas de balística, pues siempre le preocupó la precisión de los disparos. Por consiguiente, sacó a la luz pública los apuntes de sus cátedras en el plantel de Chapultepec y la Escuela Militar de Aspirantes; asimismo, retomó fragmentos de sus libros Empleo de la artillería de campaña, editado en 1904, y Teoría del tiro, dado a la imprenta en 1908, para difundirlos en la revista.

Eduardo Paz tenía ciertas semejanzas con Ángeles: también desempeñó la docencia, impartió clases de táctica aplicada de 1898 a 1911 y publicó una gran cantidad de libros sobre múltiples temas militares, por ejemplo, la defensa nacional y manuales para oficiales, entre otros, Manual del oficial de infantería y caballería en campaña de 1892 y La instrucción de 1900. El primero estaba dedicado a exponer cómo los mandos medios debían organizar a sus tropas para combatir; y el segundo se enfocaba en la preparación del soldado para la batalla.

Sus artículos en la REM se dedicaban a problemas específicos que observaba en determinada época, ya que aparecieron de 1906 hasta 1921; su prestigio académico propició que el gobierno convencionista lo invitara a publicar en el único número de la REM que editó en 1915; asimismo, los constitucionalistas le solicitaron estudios técnicos sobre las diferentes armas del ejército para reorganizar la institución. El primer texto que se incluyó en la REM (octubre de 1906) se titula “Estudio de los perfiles teóricos más convenientes para la fortificación del campo de batalla”. Con base en autores franceses, explica la forma de construir trincheras para determinadas batallas. Desde luego, ahonda en el aprovechamiento del terreno y los materiales; al mismo tiempo, refiere qué movimientos debían efectuar las tropas para mantener sus posiciones. Su trabajo es un análisis táctico del que sin duda formaban parte sus notas de clase y sus libros.

Otros militares de renombre que contribuyeron de manera esporádica en la publicación, daban también a conocer sus aportes. Así, en abril de 1906 apareció una reseña denominada “Balística de los fusiles de Guerra Modernos”, redactada por el general Manuel Mondragón, pionero en el mundo en la invención de los sistemas de armas semiautomáticas. Como un experto, refería las características e inconvenientes de los proyectiles que usaban distintos tipos de fusiles.

En suma, la REM entre 1906 y 1914, se constituyó en un proyecto intelectual, el cual difundía las contribuciones de los militares mexicanos que publicaban artículos basados en sus experiencias profesionales e investigaciones académicas.

PARA SABER MÁS

  • Alessio Robles, Vito, Memoria y diario 1912-1914, México, Gobierno del estado de Coahuila/ Centro Cultural Vito Alessio Robles/Porrúa, 2013, vol. 1.
  • Loyo Camacho, Martha Beatriz, Joaquín Amaro y el proceso de institucionalización del ejército mexicano, 1917-1931, México, FCE/ INEHRM/UNAM, 2003.
  • Plasencia de la Parra, Enrique, Historia y organización de las fuerzas armadas en México 1917-1937, México, UNAM, 2010.
  • Rancaño Ramírez, Mario, El ejército federal, 1914. Semblanzas biográficas, México, UNAM, 2012.

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