De Adolfo a Gustavo
Renato Alejandro Flores Chinchót En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70. Lealtad, fidelidad, resignación. Mucho se espera de los hombres. Nada se reprocha. Algo se perderá en el camino. Todo sea por la revolución. Gustavo: Yo que vivo para mí, para mis viajes, para correr; tú que vives para mí, por mis viajes, y que te quedas quieto cuando vago por el mundo. ¿Quién más podría ser sino mi mejor secretario? Tú. Si no en China, en Italia; si no en Nueva York, en San Francisco, si no por el Viaducto, por uno de esos 30 000 kilómetros de asfalto que me ayudaste a desarrollar. No hubo un solo día, desde hace 20 años, en que no hayas hecho todo ese maldito papeleo para el que yo no nací. Puedo decir, con absoluto orgullo, que desde el primer lance en el Congreso has sido siempre mi más fiel aliado. Indomable, como eres, desde
