Ese rectángulo

Ese rectángulo

Darío Fritz

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 72.

Syced, Soccer field in Mexico City, fotografía, 2007. Wikimedia commons.
Syced, Soccer field in Mexico City, fotografía, 2007. Wikimedia commons.

La esperanza se renueva día a día. O en todo caso cada fin de semana. Es la esperanza de vivir el llano, el potrero, el barro, la calle, sobre un terreno polvoriento o sobre el cemento. El futbol que se solventa con pasión, sueños, sudor, agotamiento, dolores, derrotas o alegrías. Está allí. En cualquier rincón donde un balón pueda correr y lo alimenten una serie de almas desconfiguradas de todo interés que no sea el de la devoción y el amor por el juego. Postales como esta se encuentran en tantos lugares como una cascarita reúne el entusiasmo de dos bandos por romperse el corazón y las espinilleras en cada combate. Son el aprendizaje que unos pocos agraciados por el temperamento, el físico, la persistencia, y tantas otras virtudes, los lleva a lo que todos quieren alcanzar, el olimpo del profesionalismo, las primeras ligas, la competencia internacional, un Mundial. Se podrá admirar a los nombres más rutilantes de cada momento, cada época, cada playera, cada nacionalidad, pero las fuentes, los orígenes, están allí, en cada postal como esta. Sin el negocio de lo que saben explotarlo ni las élites que se llevan fortunas. Serán mujeres, como en este caso, serán hombres, o una mezcla de ambos, porque también ocurre, niños y adultos compitiendo porque no siempre se completa el equipo, pero la madre de toda esa sangre que ebulle en la entrada al campo de juego, una pelota disputada, en el salto, al disparo del penal, está allí dentro de ese recinto rectangular único, limitado por cal sus áreas, enmarcado por las porterías sin red. Y nada más. La sencillez lo hace único. En sus reglas, como en la entrega que se espera de cada

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