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Oralia García Cárdenas Archivo Histórico de la UNAM-IISUE  En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 34.  Las imágenes del movimiento estudiantil de 1968 tienen un referente en Manuel Gutiérrez Paredes. Pero sus fotografías son también un retrato del México de los años cuarenta a los setenta: la marginalidad en la capital, los efectos de los huracanes, el mundo del cine, el teatro y los deportes, y también de los presidentes Díaz Ordaz y Echeverría. El Archivo Histórico de la UNAM y la Cineteca Nacional resguardan gran parte de su trabajo profesional.  Manuel Gutiérrez Paredes Mariachito es conocido por sus imágenes sobre el movimiento estudiantil mexicano de 1968, que se han convertido en uno de los referentes visuales más consultados y difundidos sobre este tema, y un claro ejemplo de cómo las fotografías, al hacerse públicas, pueden tener distintos usos políticos a lo largo del tiempo. Sin embargo, eso es solo una pequeña parte de su obra, que abarca cerca de 50 mil imágenes de

Eduardo Celaya DíazInstituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 61. De la mano de su hermano Rodolfo, el gobierno de Luis Echeverría intervino con fuerza desde el Estado en la producción cinematográfica entre 1973 y 1975. Hubo inyección de recursos económicos, control sobre la producción, distribución y exhibición, y una marcada línea por hacer cine de corte crítico y social. El sexenio siguiente de José López Portillo desbarató el proyecto. El cine mexicano tiene una rica e interesante historia. Como medio masivo de comunicación, el cine tiene la capacidad de crear nuevos mundos, motivar la imaginación, entretener, conmover, pero también puede llevar mensajes cuidadosamente creados a públicos masivos. Su uso como recurso político no es nuevo ni sorprendente; ya se le utilizó en regímenes como el soviético, el franquista o el nazi para generar o guiar la opinión pública. Su uso no siempre va de

Irma Ramírez En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32. La sopa de sapo es asquerosa, pero si se aprende a comerla de un solo jalón, y sin que se note el asco en los ojos o en la cara, puede sacar de muchos aprietos. Se puede hacer más desde adentro que desde afuera y se lo puedo apostar. Bueno, está bien, compañerita, me voy a sincerar con usted, al cabo después de la asamblea delegacional, ya ni modo, ni cómo sacar el sapo que sigue ahí, brincoteando en mis dentros. No sé si fue porque ya estaba cansado de andar siempre en la vil chilla, de quedar mal con mis viejos, que por cierto no estuvieron muy de acuerdo con que estudiara la Normal, que porque luego tendría los ojos puestos en la ciudad, sin querer meter las manos en el trabajo rudo del campo. Y eso

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