P. H. Morgan, un ministro impopular
Alfredo Gómez Ruvalcaba Facultad de Filosofía y Letras, UNAM Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 47. La relación México-Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por el sentimiento antiimperialista de los mexicanos, derivado de la guerra de 1846 y la posterior pérdida de territorio. Empero, esto no fue obstáculo para abrir las puertas a la inversión extranjera en el primer gobierno de Porfirio Díaz y el gobierno de Manuel González, cuyas reformas facilitaron las negociaciones confiadas al enviado plenipotenciario Philip H. Morgan. ¿Cómo equilibrar el poco carisma de una persona con un asunto complejo como la diplomacia?, ¿cómo un ministro antisocial pudo sobrellevar un momento de tensión en la relación México-Estados Unidos y triunfar en el intento? Cuando Philip Hicky Morgan recibió en 1880 el nombramiento de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en México, su contexto no podía haber sido más adverso. El
Luis de la Rosa y la revolución de Texas
Daniel Sotomayor Vela Facultad de Filosofía y Letras, UNAM Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 47. La violencia en la frontera entre México y Estados Unidos ha sido una constante histórica, pero se incrementó durante los años de la revolución mexicana, cuando las tensiones raciales aumentaron y la región fue escenario de un enfrentamiento entre ambos países. En la frontera norte de México y el sur de Texas hubo, durante los años de la revolución mexicana, una serie de incursiones que las autoridades de ambos países identificaron como de bandoleros, cuyo propósito era atacar ranchos de propietarios estadounidenses y mexicanos, cortar los cables telegráficos, incendiar y hacer explotar las vías del ferrocarril que recorría el sur de Texas. Los ataques, ocurridos entre julio y octubre de 1915, fueron relacionados por la prensa texana con la emisión del Plan de San Diego, supuestamente proclamado en San Diego, Texas,
Las Leyes de Reforma y su aplicación en la capital mexicana
Pablo Muñoz Bravo Facultad de Filosofía y Letras, UNAM Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 47. Las leyes expedidas en el puerto de Veracruz en julio de 1859 –durante la guerra entre conservadores– y liberales fueron la culminación de un largo proceso de modernización del Estado mexicano y se dejaron sentir fuertemente en la capital del país. Sin el ánimo de que el lector entienda lo anterior como una teleología o una fatalidad, pues la historia es todo menos eso, podemos ubicar el antecedente directo de estas disposiciones en las políticas del monarca español Carlos III, quien en el año de 1767 ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de todo su imperio, junto con la modernización de los planes de estudio de sus universidades, en lo que fue un esbozo de la futura separación entre la Iglesia y el Estado. Décadas después, durante las discusiones
Un destino singular
Guadalupe Villa G. Instituto Mora Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 47. Nada en esta imagen permite ubicar el lugar en el que se encuentra el jinete. La fotografía tampoco dice mucho de él; su amplio sombrero y ropa de manta es la vestimenta común de un campesino; posiblemente dentro de los estribos haya un par de huaraches, pero la pañoleta anudada al cuello y el caballo son otra cosa, indican cierta categoría del dueño. El equino de fina estampa y gran alzada, orgullo de su amo, luce hermoso y bien cuidado. No, este joven moreno, de bigote negro, no es un agricultor cualquiera. Tal vez es ya el dirigente campesino que encabezó la resistencia en contra de la expansión de las haciendas azucareras y la lucha por recuperar tierras y aguas arrebatadas al pueblo en aras de un comercio que, hacía tiempo, abastecía el mercado internacional.
Sumario #47
REVISTA COMPLETA EDITORIAL CORREO DEL LECTOR ARTÍCULOS Las Leyes de Reforma y su aplicación en la capital mexicana.Pablo Muñoz Bravo Hija de un presidente mexicano y rica viuda porfiriana.María E. Arias Gómez P. H. Morgan, un ministro impopular.Alfredo Gómez Ruvalcaba Luis de la Rosa y la revolución de Texas.Daniel Sotomayor Vela Bato, pachuco, ese.Virginia Medina Ávila La irrupción de los “Azules” sonorenses, hippies norteños.Cuitlahuac A. Galaviz Miranda DESDE HOY Mi abuelita intenta construir casa en Coyoacán.La Nieta Justiciera TESTIMONIO El Plan de Guadalupe. Un documento fundacional.Edwin A. Álvarez Sánchez ARTE Juan García Ponce y el privilegio de la mirada en el arte.Ángel A. González Amozorrutia CUENTO Lorenzo, “El Mixe”.Modesta Fonticoba ENTREVISTA El cine no es improvisación: Roberto Gavaldón.Graziella Altamirano SEPIA Un destino singular.Guadalupe Villa G.
Memoria de mi infancia
Joaquín Moreno Revista BiCentenario #12 La historia de la infancia mexicana ha me publicación por Genaro Estrada, entonces director D. T. del Archivo Histórico Diplomático Mexicano en el año de 1923. Sabemos así que Moreno llegó a ser el escribiente de la legación de México en Francia cuando Lorenzo de Zavala fue el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del primer gobierno de Antonio López de Santa Anna (1833-1835). Sus anotaciones de ese lapso ofrecen la mirada viajera de un mexicano sobre Nueva York, París y Roma y se extienden hasta marzo de 1835, cuando regresó al país. Moreno se pierde después en las tinieblas de la historia, pero antes nos proporcionó, sin quererlo, y por lo mismo fresco y auténtico, un relato de los negocios de tierras texanas de Zavala, que explican las razones por las cuales se convirtió en el primer vicepresidente de Texas, la conocida entonces como República
Correo del lector #46
Por amor a la historia Cada año tiene lugar la Olimpiada Mexicana de Historia, que organizan la Academia Mexicana de Historia y la Fundación Televisa, y en la que compiten jóvenes de doce a 16 años sobre el México prehispánico, colonial y de los siglos XIX y XX. Historiadores de distintas instituciones evalúan sus respuestas y ensayos. ¿Sabías qué…? El rey Kamehameha III hace contratar en California, en 1830, a vaqueros mexicanos, a fin de que enseñen a sus súbditos las destrezas necesarias para la cría y el pastoreo del ganado vacuno abundante en Hawai. A los vaqueros actuales se les llama paniolos, palabra que deriva de españoles o de pañuelos, aludiendo a los que usan en el cuello. Correo del lector Revisé durante las vacaciones los últimos números de BiCentenario. Quiero decirles que la revista me encanta y me hace sentir avergonzada de todo lo que no sé de
¿Un invento mexicano?
Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46. ¿Qué ven con asombro esos dos transeúntes?, ¿se preguntarán si es, quizá, un camión blindado?, ¿tal vez un prototipo de tanque de guerra? Usted lector ¿qué imagina? El ingenio mexicano es proverbial por su habilidad para improvisar y salir airoso al resolver, sin herramientas adecuadas, problemas mecánicos o manuales, o crear artilugios como por arte de magia. ¿Será el caso? Desde luego existe la posibilidad de que sea uno de los primeros autos blindados. Es, sin lugar a duda, un vehículo militar, aparatoso por fuera y reducido e incómodo por dentro. El 13 que luce en el costado puede indicar dos cosas: número de serie o de la suerte, misma que se necesitaría para salir airoso, con semejante armatoste, de algún enfrentamiento bélico. Sabemos que el gobierno de Victoriano Huerta negoció con una compañía italiana la compra de dos transportes
Editorial #46
Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46. Durante la mayor parte del siglo XIX mexicano, la sociedad estuvo atenta al llamado de las armas, para responder con el fusil en la mano o esconderse del reclutamiento forzoso. Intervenciones extranjeras, guerras intestinas, pronunciamientos, asonadas y motines fueron el pan de cada día. El “mexicanos al grito de guerra” del himno nacional compuesto en esos años, nos representaba a la perfección; al mismo tiempo, nuestra historia patria se llenó de los héroes y villanos de las diversas batallas de aquel agitado siglo. La edición de BiCentenario que tiene en sus manos busca explicar y entender a esta sociedad armada, no sólo a las figuras preponderantes de los ejércitos en conflagración, sino también al soldado anónimo que dio su vida por la formación de este país. Abrimos este número con el artículo de Eduardo Orozco, quien cuestiona que en la
Rodolfo Casillas. La educación de un militar
Gustavo Javier Helguera SalasFacultad de Filosofía y Letras Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 46. Durante el Porfiriato, el Colegio Militar formaba a cuerpos de élite, en contraste con el resto del ejército, cuyos integrantes, conocidos como consignados, eran enviados desde los pueblos, a la fuerza, por los presidentes municipales y los jefes políticos. Con el triunfo de Juárez y la república sobre el imperio de Maximiliano en 1867 se reanudaron los cursos en el Colegio Militar, institución que ofrecía a los jóvenes de clase media una formación a lo largo de siete años y, además, les proporcionaba una educación científica en ingeniería o arquitectura. Sin embargo, uno de los inconvenientes del programa era lo tortuoso del escalafón, ya que si un oficial especializado en infantería, artillería o caballería quería convertirse en coronel debía seguir dentro de las fuerzas armadas unos 25 o 30 años más, con
