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Diego Covarrubias  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 72. María Josefa Azcárate participó activamente en la ocupación napoleónica en México. Supo vivir bien y en el centro del poder en esos pocos años, primero junto a Carlota y luego con su esposo, el influyente mariscal François Achille Bazaine. Antes de caer Maximiliano, escapó a Europa y allí salvó a su marido del pelotón de fusilamiento.  Se llamaba María Josefa de las Angustias Bonifacia Brígida Federica Pascuala Feliciana de la Santísima Trinidad Peña Azcárate, pero era mejor conocida como “Pepita Peña”, primero, y como “La Mariscala”, después. Nació en 1847, en el seno de una familia conservadora muy activa en la vida política del México independiente, y junto con otras familias notables de la época patrocinó el viaje de la Junta de Conservadores a Europa, con el objetivo de pedirle encarecidamente a Napoleón III, emperador de Francia, que les

Sergio Hebert Caffarel Pérez Facultad de Filosofía y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 44. El emperador francés intentó encontrar un aliado en sus cuatro años de reinado en México, en la Iglesia católica. Pero las desconfianzas siempre minaron la relación. Ni siquiera su acercamiento a la devoción popular por la Virgen de Guadalupe logró romper la frialdad del vínculo. El martes 12 de diciembre de 1865, el emperador Maximiliano I de México se levantó de madrugada en el Castillo de Chapultepec. Era un día muy especial para él y sus súbditos por lo que vistió el uniforme más elegante. A las siete de la mañana abordó un coche que lo llevaría hasta la villa de Guadalupe, un poblado al norte de la capital, en donde se llevarían a cabo los festejos de lo que los católicos mexicanos llamaban “La maravillosa aparición de nuestra

Iván Lópezgallo Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 43. Los odio. Malditos sean. Ayer volví a soñar con mi familia. Fue igual que siempre. El mismo maldito sueño que tengo desde hace más de 20 años: soy un niño pequeño y meriendo tranquilamente junto a ellos, pero de repente se escucha un estruendo, siento un golpe y se desata el infierno. Por unos segundos pierdo el conocimiento, pero cuando despierto veo fuego por todos lados… y escucho gritos que piden auxilio y lamentos de dolor. Mis hermanos se calcinan junto a mis padres, que yacen aplastados bajo los escombros que cayeron sobre ellos. Veo a mi madre, su hermoso rostro no existe ya: los ojos que tanta paz me transmitían han desaparecido y en su lugar encuentro dos cuencas vacías, mientras que su piel blanca y tersa parece ahora un pergamino que se arruga

HabAi??an pasado casi ocho meses desde que la mayorAi??a de los miembros de la ComisiA?n salieron de su patria con el objeto de ofrecer formalmente la corona mexicana al archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, y poco mA?s de seis de haber cumplido su misiA?n y encontrarse esperando, paciente y angustiosamente, su respuesta.

Luego de dominar militarmente el centro de MAi??xico y de proclamarse el Segundo Imperio a mediados de 1863, las tropas de Francia desembarcadas en Veracruz a principios de 1862 y engrosadas poco a poco en los meses siguientes, emprendieron la conquista del resto del territorio. Las encabezaba el general Achilles Bazaine, quien de inmediato dispuso la marcha de dos columnas hacia el norte. A travAi??s de una rA?pida ofensiva, el ejAi??rcito intervencionista ocupA? lugares lejanos, y pronto se afirmA? que dominaba el paAi??s entero.

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