Los inicios de la biblioteca “Ernesto de la Torre Villar”
Ramón Aureliano Alarcón Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 33. En el Fondo Antiguo y parte de la colección general de la biblioteca del Instituto Mora se custodian y algunos se ponen en consulta pública, incluso por medios digitales, libros antiguos provenientes de importantes colecciones y bibliotecas. Se trata de ejemplares sobrevivientes desde la época colonial, tanto europeos como americanos, así como de los siglos XIX e inicios del XX. Allí aguardan historias por conocerse. La biblioteca del Instituto Mora es ampliamente reconocida en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, tanto por su acervo como por la calidad de su servicio. Su caso es sui géneris, pues custodia una colección “mixta”, es decir, integrada por un fondo antiguo con algo más de 10,000 volúmenes y un acervo general que sirve para los requerimientos de investigación y docencia de la institución y
Manicomio La Castañeda, recluir para curar
Cristina Sacristán Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 33. Las buenas intenciones de concentrar en un lugar a los enfermos mentales de la ciudad de México en 1910, se fueron disipando progresivamente hasta que casi seis décadas después fue cerrado. El manicomio como modelo terapéutico basado en el encierro es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer en salud mental. Cuando en 1881 el gobierno de México proyectó por primera vez construir un manicomio moderno para la capital de la república, convocó a una comisión de tres médicos para que respondieran por escrito a la siguiente pregunta: ¿convendría establecer un manicomio en el que estuviesen reunidos los dos hospitales de hombres y mujeres dementes que hay en la actualidad y en qué lugar quedaría convenientemente situado? Aunque quizá nosotros pensemos hoy que las dudas sobre la ubicación del manicomio y la
Mixcoac un recorrido arquitectónico a través del tiempo
Ximena Montes de Oca Icaza Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 33. Este barrio que llegó a ser municipio en 1903, se extendía más allá del anillo periférico y hasta Tlalpan. De sus espacios verdes, grandes huertas, casas de fin de semana y la zona de ladrilleras, poco ha quedado. Pero aún así, se mantiene una riqueza de pueblo que todavía puede reconocer. En medio del ajetreo de la ciudad de México se encuentra Mixcoac, un lugar lleno de historia que aún conserva su sabor a barrio y a pueblo, rodeado de edificios y de oficinas, entre grandes avenidas como Insurgentes, Extremadura, Patriotismo, Revolución y Periférico, y atravesada por medios de transporte como el Metro y el Metrobús. Mixcoac, al igual que otros lugares dentro de la urbe, ha ido adaptándose, sufriendo cambios en su apariencia y costumbres, e incluso en la gente que
Sumario #33
REVISTA COMPLETA EDITORIAL CORREO DEL LECTOR ARTÍCULOS Mixcoac un recorrido arquitectónico a través del tiempoXimena Montes de Oca Icaza Manicomio La Castañeda, recluir para curarCristina Sacristán Los inicios de la biblioteca “Ernesto de la Torre Villar”Ramón Aureliano Transformaciones de un barrio fabril de aguas transparentesLourdes Roca El cronista que retrataba a los hombres del poder con penas y gloriasAntonia Pi-Suñer Llorens Octavio Paz Solórzano, un zapatista entre llamasJavier Rico M. Ejercicio de memoria para un jardín imaginadoOctavio Paz DESDE HOY Logros y transformacionesDiana Guillén TESTIMONIO La ira sobre ValentínNorberto Nava Bonilla ARTE Un espacio para el arte. El jardín del MoraMa. Esther Pérez Salas C. CUENTO Estreno de residenciaArturo Sigüenza ENTREVISTA El Mixcoac de mis recuerdosGraziella Altamirano Cozzi DESDE AYER Historia de una casa solariegaLaura Suárez de la Torre SEPIA En boca de todosDarío Fritz
Sedentarismo
Darío Fritz. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32. Todas las profesiones se asocian a los cinco sentidos. Pero en algunas se fortalecen más. El olfato en el político, el gusto en el sommelier, el tacto en el masajista, la vista en el guardaespaldas, el oído en el adulador. Hay profesiones atribuíbles a las manos como la de los artesanos o a los pies en el caso de los desaparecidos pisadores de uvas. A los brazos en el campesino. Están las del sexto sentido, si es que eso existe: espiritistas, tarotistas, chamanes o apostadores. Profesionales de la suerte como los alpinistas, de la muerte como los taxidermistas o de la vida como los paramédicos. Y hay también profesiones asociadas al sedentarismo. Qué podían hacer ante eso empleados de comercio como los de la imagen si pretendían combatir la rutina detrás de un escritorio haciendo cálculos, revisando estados
Ramón Pereda Saro. Una vida en el cine
Ramón Aureliano Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32. En los tiempos del cine mudo Ramón Pereda Saro se fue a Hollywood, cuando todavía empezaba su carrera y allí se hacían películas en español. Casi tres años de trabajo y 18 películas fueron un aprendizaje acelerado para convertirse en una de las figuras destacadas de los inicios del cine mexicano. Si bien preferiría la actuación y dirección, destacó por la producción de films de rápida manufactura y con temáticas populares. Actor, guionista, director y productor de cine de origen español, Ramón Pereda Saro nació en el seno de una familia de campesinos. Al parecer, influido por consejos de parientes que vivían en México, se embarcó en el puerto de Santander en 1910 para probar fortuna en tierras mexicanas. Tuvo diversos empleos en los que destacó, entre ellos como representante en México para América Latina, de
Las tres sopas
Irma Ramírez En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32. La sopa de sapo es asquerosa, pero si se aprende a comerla de un solo jalón, y sin que se note el asco en los ojos o en la cara, puede sacar de muchos aprietos. Se puede hacer más desde adentro que desde afuera y se lo puedo apostar. Bueno, está bien, compañerita, me voy a sincerar con usted, al cabo después de la asamblea delegacional, ya ni modo, ni cómo sacar el sapo que sigue ahí, brincoteando en mis dentros. No sé si fue porque ya estaba cansado de andar siempre en la vil chilla, de quedar mal con mis viejos, que por cierto no estuvieron muy de acuerdo con que estudiara la Normal, que porque luego tendría los ojos puestos en la ciudad, sin querer meter las manos en el trabajo rudo del campo. Y eso
Correo del Lector #32
En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32. Del muro de Facebook Los secretos de un elevador, de Graziell Altamirano Cozzi (núm. 28). Me gustaron las fotos de la pareja Porfirio Díaz-Carmen Romero Rubio. ¿Sabían que la población de Candela, Coahuila, se llamó hasta 1921 Ciudad Romero Rubio, en honor de Manuel Romero Rubio, el padre de Carmelita? Jaime Tijerina La revolución y el tiburón martillo, de Javier Rico (núm. 29-30). Me encantó el cuento del Dr. Javier Rico. Alguna vez, en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, nos contó la historia que ahora pude leer en la revista. Muchas gracias. Martín Josué Martínez La boda de la abuela, de Diana Guillén (núm. 10). Saludos. Soy tataranieto de María Salazar y Gutiérrez Marroquín, casada con Bonifacio Guillén, hermano de Flavio Guillén. Carlos ¿Sabías qué? El aguacate, hoy muy apreciado en todo el
La Ruta de la Amistad
Ethel Herrera Moreno Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32. Concebida como una manifestación cultural de escultores de diversos países durante las olimpiadas de 1918, pero que trascendiera al evento deportivo, las 19 obras de artistas de los cinco continentes han sobrevivido a pesar del abandono. Una iniciativa ciudadana trata de recuperarlas del olvido, aunque con resultados dispares. Los Juegos Olímpicos de 1968 en México fueron los primeros en América Latina. Y si ahora que llegaron otra vez a la región, 48 años más tarde, el mundo es otro y la tecnologías han transformado su alcance y visión, en aquel caso el país hizo un aporte que quedaría como único dentro de las actividades que rodean cada cuatro años los juegos: la Olimpiada Cultural. Se pensó como un año de actividades que no se limitaron a las dos semanas de
La muerte de un héroe por la espalda
Laura Suárez de la Torre Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32. Dos versiones retoman el fusilamiento de José María Morelos y Pavón por órdenes del virrey Félix María Calleja. Carlos María Bustamante centra la atención en el hombre valiente que no teme morir; Lucas Alamán lo hace desde el testimonio del padre Salazar quien acompañó al estratega militar y político hasta los momentos finales. Era un frío 22 de diciembre, la fecha se quedaría en la memoria de los novohispanos y, más tarde, de los mexicanos. Recordaba el fusilamiento en 1815 de José María Morelos y Pavón, el cura que había logrado poner ordenó a las huestes insurgentes, el soldado que había puesto a temblar al jefe militar y más tarde virrey, Félix María Calleja. El cura de Carácuaro que había ganado una batalla tras otra, pero también la simpatía de los insurgentes y
