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Mariana Pimentel Contreras  Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa  En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 72. Aunque estigmatizados por su estética andrógina, el uso del fleco largo sobre los ojos, el carácter introspectivo y una estética punk diferente, los chicos y chicas emo lograron desarrollar a principios de los años 2000 su lugar identitario, aún presente, de la mano de las redes sociales, el video y los espacios públicos.  La conformación de las tribus urbanas es una parte esencial en la definición de las identidades juveniles, pues a partir del desarrollo del sentido de pertenencia y diferenciación los jóvenes suelen expresar su comprensión del mundo. El surgimiento de tribus urbanas en México, a finales del siglo pasado, estuvo condicionado por el quiebre generacional, las desigualdades sociales y la influencia de los medios de comunicación. De ese modo, las tribus urbanas devinieron refugio al permitir a los jóvenes experimentar con su imagen, gustos musicales y formas de socialización.  Lejos de ser una moda pasajera, cada tribu urbana operó como una micro cultura que compartía códigos propios, consolidó vínculos afectivos y creó sentido de comunidad como

Lorena Botello IbarraCuradora e investigadora independiente En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  42. De las Olimpiadas en México ha quedado el aporte cultural como su mayor trascendencia. Medio siglo después de llevarse a cabo, se continúa conviviendo con los espacios arquitectónicos, las esculturas todavía presentes, sus íconos y los trazos de su logotipo. La celebración de los XIX Juegos Olímpicos en México concentró enormes esfuerzos del Estado para alcanzar un resultado exitoso. El gobierno, a través del Comité Organizador de los Juegos de la XIX Olimpiada, buscaba proyectar al país hacia el exterior a través de una promoción turística excepcional, para la cual realizó diferentes campañas publicitarias. A mi parecer, podemos hablar de dos momentos en la organización de los juegos: antes y después del nombramiento de Pedro Ramírez Vázquez como presidente del comité organizador, por el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, el 16 de julio

Héctor Javier Pérez Monter En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 41 David Herbert Lawrence quería hacer una novela por continente. Cuando llegó a vivir a Nuevo México aprendió español y se interesó por la cultura de América. Luego se asentó en Guadalajara. Allí redactó a velocidad inusitada una de sus grandes obras que daría a conocer, no exenta de exaltaciones, a México y su cultura prehispánica. Escrita en 1923 en México por un autor “mejor-vendedor”, y publicada en Londres en 1926, en una lengua que significaba el mercado editorial más importante del mundo, la novela La serpiente emplumada pudo dar un fuerte impulso a México y su cultura ancestral. Si bien hoy son deleznables sus conceptos racistas, estos son acordes con una época donde eran comunes las corrientes nacionalistas y escuelas como la “eugenesia” estadounidense, predecesora del nazismo. A pesar de este contexto, su autor, David

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