Author Archives: Norberto Nava

J. Carlos Domínguez VirgenInstituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  42. Institucional, ceñida a las decisiones de unos pocos, reducida a beneficiar a minorías, la vida del teatro de los años sesenta tenía tantos vicios y ataduras como las formas de hacer política y gobernar. El movimiento estudiantil de 1968 constituyó un parteaguas y abrió brecha para que se generaran expresiones teatrales y artísticas fuera de los controles oficiales, reflejo de las inquietudes y denuncias de distintos sectores sociales. El llamado teatro independiente, a contracorriente de los cánones estéticos y políticos promovidos por las instituciones oficiales, aborda temáticas más contestatarias y beligerantes, se atreve a denunciar y a evidenciar los problemas e injusticias sociales, y en muchos casos se rehúsa a recibir financiamiento u otras formas de apoyo que pongan en riesgo su independencia estética y política. El teatro campesino, el teatro político popular, el

Juncia AvilésFacultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  42. La recopilación de información en torno al movimiento estudiantil de 1968 y sus consecuencias ha sido copiosa. Desde la ficción o el documental se contabilizan una treintena de producciones audiovisuales. Su logro radica en mantener una memoria viva y crear conciencia del pasado. Sin embargo, hay pendientes que la filmografía no aborda aún. La primera vez que supe que había ocurrido algo en Tlatelolco fue en 1993 con una película, a la edad de 11 años. Aunque mucho de lo que entendí en ese momento se perdió en la novedad del instante, todavía recuerdo la sensación de miedo que me generó pensar que el ejército podía comenzar a disparar a una multitud. Este sentimiento no me abandonó cuando mis padres me llevaron a la siguiente manifestación del 2 de octubre, en

Mario Virgilio Santiago JiménezFacultad de Filosofía y Letras, UNAMProyecto PAPIIT IA401618 En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  42. Las experiencias de organizaciones anticomunistas católicas y conservadoras de Guadalajara y Puebla se trasladaron en los años sesenta a la Ciudad de México para hacer un combate ideológico desde las mismas aulas. Detrás del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (muro) operaban tecos y yunquistas, herederos de la militancia secreta católica nacida a principios del siglo veinte. El miércoles 26 de julio de 1961 un grupo de estudiantes católicos interrumpió con gritos y consignas anticomunistas un evento que se realizaba en la Escuela de Economía de la UNAM para celebrar el triunfo de la revolución cubana. Los ánimos se caldearon y llegaron hasta los golpes. Como resultado, Luis Felipe Coello Macías y Guillermo Vélez Pelayo, que eran los líderes del grupo católico, fueron expulsados. A partir de ese momento,

Nancy Janet Tejeda Ruiz Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  42. La identidad mexicana de la democracia actual se debe en gran medida a los acontecimientos de 1968. Al menos como el lanzamiento de diversos procesos políticos que se fueron fraguando a lo largo de estas cinco décadas. El relato de sus participantes, quienes lo interpretaron, la difusión por los medios masivos y cada conmemoración anual le han dado esencia. El movimiento estudiantil de 1968 se ha convertido en un mito fundacional para la historia del México contemporáneo. El 68 mexicano ha sido recordado en una diversidad de espacios de memoria: desde testimonios, películas y documentales, conmemoraciones, museos, canciones, novelas, cuentos, poesía, hasta artículos e investigaciones académicas, en los que se le ha interpretado como un momento inaugural, como la demarcación del final de una etapa de su historia y el comienzo de otra

REVISTA COMPLETA EDITORIAL CORREO DEL LECTOR ARTÍCULO La pintura de castas en Nueva España. Documentos de identidad personalRoberto Fernández Castro El cielo de Hidalgo. Noches iluminadas y eclipse durante el estallido independentistaHéctor Noriega Mendoza La ocupación estadunidense. Convivencia y diversiónCristóbal A. Sánchez Ulloa ¿Propiedad privada o comunal? La tierra y los pueblos indígenas en tiempos de MaximilianoAlexis Ricardo Hernández López Los hermanos Rousset y su compromiso revolucionarioChristine Rousset Derechos humanos y salud mental en el exilio rioplatense en MéxicoMartín Manzanarez DESDE HOY ¿La culpa es de Trump?Leticia Calderon Chelius TESTIMONIO Humberto Zendejas. Fotógrafo de celebridadesHoracio Muñoz Alarcón ARTE Contemporáneos: Los intelectuales cosmopolitas en el México posrevolucionarioAna Karen Hernández Hernández CUENTO HISTÓRICO ¡Ay mi traje negro!Silvia L. Cuesy ENTREVISTA Kathryn Blair. La vida sin mapa de caminoXimena Montes de Oca y Héctor Luis Zarauz López SEPIA Su lugar en el mundoDarío Fritz

Roberto Fernández Castro Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 40. ¿Cómo eran las mezclas raciales en el siglo XVIII, la combinación de mestizos, indígenas, blancos y negros? Una forma de intentar explicarlo, aunque se imponía para esos tiempos la visión de que la sangre determinaba la pigmentación de la piel, fue a partir de las imágenes que recorrerían las cortes españolas durante el lapso de unos cien años, de pintores como Juan Rodríguez Juárez, Miguel Cabrera, Juan Patricio Morlete y José de Alcibar. Las pinturas de rostros, costumbres, actividades laborales y estatus sociales, establecerían las marcas propias de los habitantes del Nuevo Mundo y su complejidad, respecto de los europeos. La pintura de castas es reconocida como uno de los géneros pictóricos más fascinantes de la América española. Desde su surgimiento, alrededor de 1711, se mantuvo como una de las

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39. Del muro de Facebook Respecto a “1975: el año en que Chicago vino a México” (BiCentenario, núm. 8), Ernesto, entonces estudiante de la Vocacional 10, recuerda que con un amigo de la Preparatoria 9 trató de colarse sin boleto en el concierto. Cerraron las puertas, pero un comandante de la policía les ofreció darles la oportunidad si se formaban. De repente entró una “julia” (camioneta de la policía) y los granaderos “empezaron a lanzar piedras a todos aquellos jóvenes que estábamos fuera del auditorio pensando que nos iban a dejar entrar. Se generalizó una desbandada, todos corrimos hacia donde se podía […]. El domingo, el último día de los conciertos, me fui solo al Auditorio a ver qué pasaba, tenía 500 pesos para el anillo de graduación. Al llegar, se me acercaron unos jóvenes de Monterrey y ofrecieron un

Darío Fritz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39. Cuando yo tenía sus edades muchachas, la palabra de un hombre ante una mujer era letra escrita, ni se olvidaba ni marchitaba, simplemente se cumplía, y si alguno quitaba el dedo del renglón y se apartaba, pasaba a ocupar el puesto de los irredimibles, irrecuperables y gruñones. A sus edades las puertas de las casas estaban abiertas porque nadie se atrevería a entrar sin antes pedir permiso. Los juguetes eran de madera o hechos a mano, llegaban una vez al año y debían durar hasta el próximo día de Reyes. Teníamos un solo par de tenis que no se cambiaba hasta que la suela tuviera más de tres hoyos, y una muda de ropa era la misma para cada fiesta. Escuchar radio era obligatorio, no había otra comunicación, a excepción del cine que lo veíamos en la

Francisco Javier Castellanos Cervantes Ciencias Odontológicas, Médica y de la Salud, UNAM. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39. Dos vivencias de la niñez dan cuenta de una vida sosegada entre los muros del edificio que fuera emblemático en la atención de enfermos con discapacidades mentales en la primera mitad del siglo XX. Para algunos empleados y sus hijos, la convivencia con los pacientes no era conflictiva. Cincuenta y ocho años habían sido suficientes para que el Manicomio General La Castañeda pudiera lograr que la psiquiatría se profesionalizara en nuestro país. Muchas personas habitaron dentro de sus muros buscando encontrar una cura para sus padecimientos mentales, o simple y sencillamente para hallar un paliativo y hacer la vida más llevadera. Sin embargo, también podemos rastrear la vida al interior de estos muros con otra mirada: la de los trabajadores y los familiares de estos, quienes convivían

Arturo Garmendia En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm.  39. Pues ahora, de esos que murieron jóvenes te llega el murmullo. Rainer María Rilke. Elegías de Duino La hoguera del vivac ilumina los pies de los soldados que se preparan para pasar la noche. Su luz es incierta y asciende por los cuerpos yacentes con dificultad. Muchos rostros quedan en penumbras, pero el capitán D’Anjou girando la cabeza puede reconocer a los zuavos, tocados con su fez e inconfundibles por sus anchos pantalones rojos; a los húsares austriacos, en su uniforme verde; y a los propios soldados franceses, de chaqueta corta y quepí azul marino. Próximo a él reposa un jovencito, que custodia el estandarte de la compañía. Se descubre para apoyar la cabeza sobre su mochila y por su cuello desborda una cascada de rizos rubios que, junto a su pálida faz, le dan el aspecto

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