La visita imperial de Carlota a Campeche
José Manuel Alcocer Bernés Cronista de la Ciudad de Campeche En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 28 La esposa de Maximiliano realizó una gira por Yucatán y Campeche a finales de 1865 con el fin de consolidar el imperio. Fueron días de fiestas y alegría para los lugareños y jornadas agotadoras de recepciones y recorridos por hospitales y escuelas. El 20 de noviembre de 1865, el Periódico Oficial del Departamento de Campeche anunciaba la próxima visita de su majestad imperial la emperatriz Carlota, la cual permanecería allí varios días. De inmediato, la capital se volvió un caos, pues todos querían participar de las ceremonias en su honor. Las modistas y sastres empezaron a alistarse para la elaboración de vestidos y trajes, y los comercios de telas prácticamente agotaron sus mercancías. Días después se informaba que el Ayuntamiento había nombrado a los señores José Jesús Peraza, Manuel
Amaneceres de junio
Silvia L. Cuesy El Colegio de México. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25. Once días después de la coronación de Franz Joseph como rey de Hungría, asesinaron a Max. Así terminó su imperio en un país de fanáticos conservadores monárquicos y de taimados indígenas republicanos. De mi calendario desprendo la última hoja de mayo. Los sentimientos se arremolinan… ¿Ha pasado un año?, ¿dos?, ¿una década?, ¿un siglo acaso? El corazón de una madre no distingue tiempo. Los hijos son nuestro eterno presente; así, el sufrimiento de antaño me persigue ahora. En especial junio me estremece, trayendo imágenes de irónicas jugarretas de los hados, lejanas a todo entendimiento… El deseo de vivir no existe más en mí. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿En qué momento el designio de la Providencia bifurcó por tan diferentes sendas los destinos de mis dos bien amados hijos? Ocurrió en sus mocedades, supongo,
Relatos de un monarquista mexicano desde el castillo de Maximiliano
Norberto Nava Bonilla Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25. En octubre de 1863, una comisión mexicana se presentó en Trieste ante el archiduque de Habsburgo para convencerlo de que encabezara una monarquía. Uno de aquellos enviados, el padre Francisco Miranda, da cuenta en una carta publicada después de la reunión acerca de las vivencias de la estadía de varios días, su admiración por los anfitriones y el castillo de Miramar, así como los lujos de la nobleza. Francisco Javier Miranda y Morfi fue un sacerdote poblano que tuvo una participación prolífica durante la dictadura de Antonio López de Santa Anna, la Guerra de Reforma y la intervención francesa, siempre desde las trincheras del Partido Conservador. Doctor en sagrados cánones, político, ideólogo y algunas veces guerrillero, Miranda fue un acérrimo opositor de las reformas liberales, en especial de las que desamortizaron y nacionalizaron conventos,
La ciudad que soñó y proyectó Maximiliano
Revista Bicentenario # 18 Sergio Estrada Reynoso / Facultad de Filosofía y Letras, UNAM Las sociedades europeas experimentaron profundas transformaciones sociales a lo largo del siglo XIX. Las revoluciones agrícola e industrial hicieron que muchos mujeres y hombres abandonaran las zonas rurales, donde vivía la mayoría de la gente, y se concentraran en las ciudades. Ante el crecimiento demográfico, las poblaciones citadinas tuvieron que demoler sus viejas murallas y planificar el proceso de construcción de ensanches urbanos. Esta transformación europea fue advertida por sus gobernantes, por lo que proyectar una nueva fisonomía para las capitales se convirtió en necesidad, signo de estatus e indicio de progreso. Fernando Maximiliano de Habsburgo pudo ver cuando su hermano, el emperador Francisco José, mandó derrumbar las añejas murallas de Viena y construir en su lugar la avenida Ringstrasse (en español: Calle anillo), que no es otra cosa que un hermoso bulevar circular que rodea el
Preludio del Segundo Imperio
HabAi??an pasado casi ocho meses desde que la mayorAi??a de los miembros de la ComisiA?n salieron de su patria con el objeto de ofrecer formalmente la corona mexicana al archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, y poco mA?s de seis de haber cumplido su misiA?n y encontrarse esperando, paciente y angustiosamente, su respuesta.
