Cynthia García Martínez
Instituto Mora
En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.
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El antropólogo Manuel Gamio y el médico Gonzalo Aguirre Beltrán tuvieron un papel destacado en estudiar a las poblaciones indígenas y afromexicanas para ser integradas al concepto de nación.

La Asamblea General de la ONU declaró el periodo de 2015 al 2024 “Decenio Internacional para los Afrodescendientes”, con la finalidad de que los Estados miembros, las organizaciones y la sociedad civil llevemos a cabo actividades a favor del reconocimiento, la justicia y el desarrollo de este grupo que ha sido históricamente marginado. Sirva esto para reflexionar en torno al surgimiento de las primeras investigaciones sobre la población de origen o con ascendencia africana en México, de dónde provino el interés en el tema y cuáles eran las ideas que se tenían en torno a esta población.
El primer estudio sobre la esclavitud de personas africanas en nuestro país fue realizado por Gonzalo Aguirre Beltrán, nacido en el municipio de Tlacotalpan, Veracruz, en 1908. Desde joven mostró interés por la historia, la literatura y la filosofía. Luego de estudiar medicina en la Ciudad de México, se incorporó a los servicios de salud en su estado y realizó una investigación sobre el despojo agrario en la región. Entre 1942 y 1943 exploró documentos del Archivo General de la Nación y escribió un primer esbozo sobre la población africana en México, que mostró al antropólogo francés Alfred Métraux, quien lo puso en contacto con el estadounidense Melville J. Herskovits, uno de los afroamericanistas más importantes de la época.
Herskovits estaba formando un grupo de estudiosos latinoamericanos para que investigaran algunos aspectos del “negro” en el continente, de ahí que decidiera dirigir las pesquisas de Aguirre y que lo apoyara para conseguir una beca de la Fundación Rockefeller para finalizar su investigación. Si bien aquí pareciera que el interés en el tema solo surgió de las preocupaciones académicas de Aguirre Beltrán y que se insertó en la corriente antropológica del vecino país del norte, quien en realidad encomendó la elaboración del estudio fue Manuel Gamio, el padre del indigenismo en México, que en aquella época era jefe del Departamento Demográfico de la Secretaría de Gobernación. En pocas palabras, el trabajo de Aguirre también formó parte de un proyecto institucional con una tendencia ideológica de vieja raigambre.
Las ciencias sociales
El desarrollo de las ciencias sociales en el México del siglo xx estuvo íntimamente ligado al contexto político posrevolucionario. Como señaló Aguirre Beltrán, desde los años veinte hasta los años cuarenta las ciencias sociales se encargaron de indagar sobre los temas prioritarios de la agenda política del Estado, como la integración racial de la población a través del mestizaje y la construcción de referentes culturales nacionales que fomentaran la unidad social. A pesar de ello, el Estado y sus ideólogos enfrentaron la dificultad de insertar a toda la población en un proyecto de nación. Varios investigadores sostienen que en esa época persistieron algunas ideas sobre la diversidad étnica y cultural que caracterizaron al siglo anterior, por ejemplo, que el factor racial era determinante en la articulación social; que existían patrones de “normalidad” a los cuales debían ajustarse los ciudadanos y que el papel de la herencia era determinante en el desarrollo de los “vicios” de la sociedad.
El nacionalismo no radicaba entonces en mantener a la sociedad dividida en supuestos grupos raciales, como en la época colonial, sino en mostrar que los indígenas, mayoritariamente campesinos y empobrecidos, eran capaces de adaptarse a la modernidad siempre y cuando erradicaran algunos elementos vistos como atrasados y conservasen las “bondades” de su carácter y sus valores ancestrales. Con estas ideas se elaboraron políticas sociales que tenían la finalidad de transformarlos en mexicanos modernos, lo que resultó contradictorio pues, por un lado, se admiraban sus valores, tradiciones y prácticas, y por otro, se deseaba su transformación.
La corriente antropológica del indigenismo acogió dos ideas que sirvieron al Estado para elaborar algunas políticas: la reivindicación del derecho a la tenencia de la tierra y la convicción de que los mexicanos formaban un grupo cultural y racial mestizo. Cabe señalar que no fue la única corriente que puso en el centro de discusión la diversidad étnica, ni tampoco la antropología la única disciplina de la que se valió el Estado para desarrollar su política social, sin embargo, sí fueron las más preponderantes gracias a la presencia de personalidades como la de Manuel Gamio, quien supo sortear los cambios de gobierno y la inestabilidad política manteniendo sus proyectos y premisas de lo que debía ser el destino de la población, en especial la indígena.
Muchos intelectuales se adhirieron al aparato estatal posrevolucionario por empatía política o porque era la única forma de realizar sus investigaciones. De este modo, la colaboración entre el Estado y los intelectuales marcó una cultura política en la que predominaron los lazos de amistad y enemistad. Por otro lado, el acceso de los intelectuales al poder político tuvo como consecuencia la formación de instituciones desde las cuales se justificó un nacionalismo de unidad racial y cultural, aunque no dejó de ser selectivo hacia ciertos grupos sociales y étnicos.
Manuel Gamio
La trayectoria del antropólogo Manuel Gamio (1883-1960) es extensa, así como la cantidad de investigaciones que se han realizado sobre ella. Fundó en 1911 la Escuela Internacional de Arqueología junto con su maestro Franz Boas. Realizó importantes excavaciones, como la de Teotihuacan, y dirigió el Departamento de Monumentos Arqueológicos. En 1916 publicó Forjando patria, clave para el pensamiento indigenista, en la que sostuvo que México no era una nación definida pues carecía de las cuatro características en común necesarias para serlo: lengua, carácter, raza e historia.
A partir del gobierno de Venustiano Carranza, Gamio asumió cargos públicos e inició proyectos arqueológicos de gran envergadura. Formuló el programa de la Dirección de Estudios Arqueológicos y Etnográficos, considerada como el primer esfuerzo de institucionalización de la antropología. Fue nombrado director del Departamento de Antropología, cuyo objetivo era el mejoramiento del territorio y la población, tarea nada sencilla pues, desde la perspectiva de Gamio, significaba conocer las características físicas y culturales de la población mediante el uso de la estadística y de la antropología. Sostenía que para alcanzar un desarrollo nacional resultaba necesario fomentar el progreso de las heterogéneas manifestaciones de la cultura y hacer que se mezclaran para homogenizarlas. Además de que el Estado debía formular políticas para “Procurar la fusión racial de los elementos heterogéneos que hoy constituyen a la población mexicana, la generalización de las ideas de cultura moderna y la unificación del idioma. Sin esto no puede existir ni la patria ni la nacionalidad”.
Gran parte de los trabajos sobre la trayectoria académica de Manuel Gamio señalan la habilidad política que tuvo para permanecer en la cúpula del poder durante el periodo del llamado “grupo de Sonora”. Luego de la muerte de Venustiano Carranza temió su remoción y el cese de sus investigaciones, sin embargo, fue convocado por Adolfo de la Huerta para mantener su labor y se le otorgó más financiamiento para continuar con las exploraciones del templo de Quetzalcóatl. Durante el gobierno de Álvaro Obregón, y a pesar de los cambios en las dependencias gubernamentales, siguió trabajando, ahora en la traducción de sus investigaciones arqueológicas al lenguaje cinematográfico. Para Gamio, el mejoramiento de las condiciones económicas de los indígenas era lo primordial, para ello, se necesitaba la investigación del territorio, los antecedentes y las características de la población. A partir de 1920 puso en marcha la elaboración de “estudios integrales”, a fin de determinar las necesidades de las familias, suministrar medios para remediarlas y establecer observaciones científicas a fin de colaborar al bienestar físico e intelectual de la población. Dividió al país en diez áreas de investigación, quedando fuera los estados de Guerrero y Oaxaca que fueron los que Aguirre Beltrán estudió posteriormente.
Durante el mandato presidencial del general Plutarco Elías Calles, Gamio asumió el cargo de subsecretario de Educación Pública pero, al descubrir corruptelas en el manejo del presupuesto de la dependencia, presentó su renuncia, lo que dio inicio a tensiones entre él y el ejecutivo, así como ataques periodísticos, todo lo cual lo llevaron a salir del país. Aguirre Beltrán relata cómo, después de años de esfuerzos, cuando Gamio ingresó en la subsecretaría de Educación y había logrado incluir dentro del personal de su dependencia a un grupo de investigadores de distintas disciplinas para investigar sobre los usos y costumbres de las distintas poblaciones del país, entre las que se encontraba la afrodescendiente, sus planes fracasaron por diferencias con sus mandos superiores inmediatos. A pesar de ello, Gamio siguió siendo una figura importante en el escenario político y académico.
Luego de su renuncia, Gamio se trasladó a Estados Unidos para realizar una investigación arqueológica y etnográfica en Guatemala y un estudio sobre la inmigración mexicana en aquel país. A su regreso a México, volvió a situarse en la esfera de gobierno, sin embargo, su interés se había trasladado al campo del indigenismo continental, lo que se vio reafirmado en 1942 al ser nombrado director del Instituto Indigenista Interamericano, cargo que ocupó hasta su muerte en 1960.
Enfoque indigenista
Aguirre Beltrán relata también que, cuando Manuel Gamio era “la voz detrás de trono”, le propuso realizar la investigación sobre la población de ascendencia africana con la metodología que Gamio había venido desarrollando: “según lo acordamos Gamio y yo, tenía que emprenderse en dos planos: el histórico y el etnográfico, esto es, en el pasado y en el presente, para que los hallazgos, en el estudio interdisciplinario, se apoyaran mutuamente”. De ahí que la primera obra sobre el tema, titulada La población negra de México, publicada en 1946, esté enfocada en el pasado y tanto su estructura como sus postulados estén permeados por la propuesta indigenista. La investigación consta de cuatro partes, a lo largo de las cuales se describe la presencia del “negro” en el periodo colonial con base en documentos del Archivo General de la Nación. El autor afirmó que dos de sus más importantes aportaciones fueron la localización del lugar de origen en África de los esclavizados introducidos a la Nueva España y la parte relativa al desarrollo de la trata de esclavos.
Aguirre Beltrán inició su segundo estudio sobre la población afrodescendiente en 1948, pero en esta ocasión se trató de un estudio etnohistórico de la población de Cuajinicuilapa en el estado de Guerrero, con el objetivo de descubrir los rasgos culturales africanos de esta aislada población. El estudio llamado, Cuijla. Esbozo etnográfico de un pueblo negro, fue publicado diez años después por el Fondo de Cultura Económica. Constituyó la segunda parte del plan acordado con Gamio, mediante el cual se pretendía esbozar los caminos que debían guiar a estas comunidades hacia la integración nacional.
Ahora bien, a pesar de que la primera obra de Aguirre Beltrán sobre la población afromexicana fue bien recibida en el ámbito académico por su rigurosidad y novedad, no estimuló el surgimiento de investigaciones sobre el tema en el país. Él atribuía esa ausencia al auge de los estudios sobre los derechos del campesinado indígena tras la revolución mexicana. El libro La población negra de México volvió a reeditarse en 1972, en una edición enmarcada por, según el propio autor, el despertar del poder negro en Estados Unidos, el movimiento de la negritud y el renacer de las reivindicaciones de estas poblaciones. En esta ocasión, agregó un capítulo final llamado “Integración del negro”, en el que es clara la influencia indigenista, pues la propuesta para resolver “el problema del indio” y el “problema del negro” son semejantes: despojarlos de sus características de atraso para integrarlos a una nación homogénea étnicamente y unida políticamente.
Actualmente, los trabajos de Aguirre Beltrán siguen siendo referentes para aquellos que se interesan en el tema sobre la población afrodescendiente en México, a pesar de que algunos planteamientos y asuntos han sido ampliados y superados. En las últimas dos décadas, las investigaciones al respecto han aumentado y evidencian la importante presencia de este heterogéneo grupo en la construcción de nuestro pasado y nuestro presente. Las investigaciones contemporáneas buscan, por un lado, que tanto el Estado como la sociedad en general reconozcan a la diversidad étnica y cultural de nuestro país como una riqueza y, por otro, brindar herramientas para combatir el racismo y la discriminación aún presentes en la sociedad mexicana de nuestros días.
PARA SABER MÁS
- González de la Parra, Manuel, Luces de raíz negra /Noires lumìeres, España, Fonca/Universidad Veracruzana/Institut de Recherche pour le développement/Instituto Veracruzano de la Cultura, 2012.
- Velázquez, María Elisa y Gabriela Pulido, Afrodescendientes en México. Una historia de silencio y discriminación, México, Inah/ Conapred, 2012.
- Sobre el Decenio Internacional para los Afrodescendientes visita la página: https://www.un.org/es/observances/decade-people-african-descent
