La marcha del orgullo deja ver a la comunidad LGBTTTI

La marcha del orgullo deja ver a la comunidad LGBTTTI

Rodrigo Laguarda
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 34.

La población lésbica, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual e intersexual ha tenido en la marcha del orgullo su primera plataforma de visibilización en la lucha por el reconocimiento de derechos y aceptación social. Los primeros pasos los dieron un 2 de octubre de 1978 y hasta hoy se ha convertido cada celebración, trasladada al mes de junio, en la búsqueda por la reafirmación de las múltiples diferencias.

 

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Un sábado del mes de junio, desde hace algunas décadas, los habitantes de la capital mexicana presencian la Marcha del Orgullo en su versión local. Este evento se celebra globalmente para conmemorar los disturbios ocurridos en Nueva York una noche de junio de 1969. Entonces, la policía efectuó una redada en el bar Stonewall Inn. De manera inusual hasta ese momento, los clientes respondieron a la agresión policiaca. Los disturbios tuvieron resonancias a una escala social más amplia y dieron origen al movimiento de liberación de las minorías sexuales en Estados Unidos, alimentado por el espíritu libertario de quienes los precedieron exitosamente.

En particular, son notables el movimiento negro y la lucha feminista, que comenzaron a romper barreras sociales que por tanto tiempo parecieron infranqueables. Muy pronto el resto de los países de habla inglesa siguió los pasos de la floreciente militancia que había surgido en la mayor potencia mundial cuyos patrones culturales han transformado al mundo desde el siglo XX. Así, la diversidad sexual comenzó a hacerse visible en otras regiones culturales, comenzando por las sociedades liberales del planeta. En el mundo de habla hispana, este proceso comenzó a ocurrir durante la segunda mitad de la década de los setenta. En la Ciudad de México se vio favorecido por una sociedad y un régimen con aspiraciones cosmopolitas y tan frecuentemente atraído por los vientos de modernidad emanados del vecino del norte que, como se ha dicho, ha sido gran generador de innumerables tendencias culturales que han inundado al planeta.

La Marcha del Orgullo es un momento de celebración en el que la población lésbica, gay, bisexual, travesti, transgénero, transexual e intersexual (comúnmente designados por las siglas LGBTTTI), y su gente cercana (familiares o amigos), o que defiende su causa, salen a las calles de un cada vez mayor número de ciudades para visibilizarse, luchar por sus derechos o celebrar las reivindicaciones logradas desde el inicio del movimiento de liberación. Una exigencia persistente es la de políticas específicas en contra de cualquier actitud homofóbica por parte de las autoridades o la sociedad en su conjunto. En tiempos cambiantes, se ha festejado la despatologización de la diversidad sexual, particularmente cuando las organizaciones psiquiátricas y médicas dejaron de considerar a las prácticas homosexuales como síntoma de algún tipo de enfermedad, o el matrimonio entre personas del mismo sexo, que ha sido reconocido en distintos países en años más recientes.

 

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Con el transcurrir del tiempo y el crecimiento de la Marcha del Orgullo, su organización anual ha dejado de sorprender a la mayor parte de la población. Este evento se ha extendido cada vez a un mayor número de ciudades del mundo. Hoy en día sobresalen ciertas urbes por lograr convocar a un gran número de participantes y ser escenario de los contingentes más entusiastas. A ellas llegan, especialmente para presenciarlas o formar parte de ellas, turistas de las más diversas latitudes. San Francisco, Nueva York, Chicago, Toronto, Sídney, Londres, París, Berlín, Ámsterdam, Estocolmo, Tel Aviv, Tokio, Bangkok, San Pablo, Madrid y México son las ciudades comúnmente señaladas por los medios informativos como las más atractivas para experimentar la Marcha del Orgullo, si bien, como se ha dicho, esta se efectúa en cientos de ciudades a las que cada año se agrega un mayor número. La legitimidad adquirida ha hecho que la Marcha del Orgullo suela ser esperada en las grandes ciudades del mundo como uno de tantos eventos festivos que marcan el calendario anual y con este la sensación del transcurrir del tiempo. Sus participantes suelen cobijarse, pese a su heterogeneidad, en un símbolo que hoy nos resulta muy familiar: la bandera del arco iris, diseñada en 1978 por Gilbert Baker para la Marcha del Orgullo de San Francisco (ciudad imaginada como la capital de la diversidad sexual hasta el día de hoy) con sus seis franjas horizontales de color rojo, naranja, amarillo, verde, azul y morado. La Marcha del Orgullo es comúnmente comparada con los carnavales, ya que tiene un componente lúdico importante; música, carros alegóricos, atuendos que desafían los límites cotidianos de lo socialmente aceptable en materia de sexualidad, cuerpos que se exhiben transgrediendo los pudores del sentido común presente durante todo el año y los más variados disfraces se hacen presentes en esta manifestación reivindicatoria a la vez que gozosa.

Sin embargo, es necesario reconocer que este evento resulta amenazador para grupos conservadores de las más distintas sociedades y está prohibido en un gran número de países que condenan cualquier tipo de relación que desafíe el modelo heterosexual de familia. Actualmente, estos despliegues son ilegales en países tan distintos como Irán, India o Uganda donde sus participantes pueden ser encarcelados o condenados a muerte. Por otra parte, desde hace algunos años son fuertemente reprimidos en Rusia, donde los contingentes de población Lgbttt suelen ser agredidos por grupos de extrema izquierda, que consideran a estos sujetos como el resultado de la degeneración burguesa, o grupos ultranacionalistas de derecha que los perciben como una seria amenaza a los valores tradicionales de la nación. 

2 de octubre 

Si bien México, como ocurre en casi todo el mundo, no está exento de agresiones cotidianas en contra de lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales y transgéneros, la Marcha del Orgullo de la capital nunca ha sido blanco de ataques violentos en contra de sus participantes. La primera salida pública de un contingente mexicano perteneciente a la diversidad sexual ocurrió en la Ciudad de México el 2 de octubre de 1978 durante el décimo aniversario del movimiento estudiantil de 1968. Entonces, los militantes se integraron a una manifestación más amplia que fue recibida con sorpresa por los organizadores pues un contingente de esta naturaleza nunca había aparecido en un evento público. Sin embargo, a partir de esa ocasión, no dejarían de tomar las calles. Hoy en día, este acto de visibilización ocurrido en 1978 es considerado como la primera Marcha del Orgullo de la Ciudad de México, si bien la primera que fue expresamente organizada como tal ocurrió al año siguiente; en junio de 1979. 

A partir de esa ocasión la marcha se organizaría cada año, y si bien al inicio continuó generando reticencias, fue creciendo con el paso del tiempo. A finales de la década de los setenta e inicios de los años ochenta, en ella se involucraron militantes de organizaciones de homosexuales y lesbianas, grupos feministas, frentes sindicales independientes, grupos de izquierda moderada –o aquellos que no consideraban a la diversidad sexual como una degeneración burguesa– organizaciones estudiantiles y otros actores que apoyaban las reivindicaciones de homosexuales, lesbianas, bisexuales y trans. Siguiendo la tónica global, se mantuvo el espíritu festivo: atuendos estrafalarios, globos, música, banderas del arco iris, sin dejar de lado las demandas de respeto expresadas en mantas y consigna, como “nadie es libre hasta que todos seamos libres” o “por un socialismo sin sexismo”, que buscaban el fin de la represión por parte de las autoridades y el respeto de la sociedad, en general. Puede afirmarse que, en ese tiempo y lugar, personajes largamente marginados pudieron tomar la palabra en el gran escenario de la capital mexicana encontrando un entorno fundamentalmente positivo y dispuesto a escucharlos. 

La sociedad capitalina, en términos generales, vio con buenos ojos que las primeras marchas insistieran en la denuncia de la marginación sufrida por todos los representados en el contingente de la Marcha del Orgullo, así como el intento de poner fin a las arbitrariedades y vejaciones sufridas. En general, se trataba del inicio de la lucha por el reconocimiento y la legitimidad frente a una sociedad que había estigmatizado o ignorado la existencia de ciertos sujetos sociales. En términos más amplios, este esfuerzo insiste en el derecho a ser diferente y participar de la vida democrática de un país; apela a la democracia, la justicia social, el respeto a las diferencias de raza, religión, clase o género y el reconocimiento a la diversidad que existe entre los seres humanos y los habitantes de un país y un territorio tan plural como la Ciudad de México. Dado su éxito y el número creciente de participantes, el recorrido de la Marcha del Orgullo se amplió hasta convertirse en el que hoy conocemos. Así, el contingente parte de un sitio significativo, el Ángel de la Independencia –quizás el máximo símbolo de la capital mexicana– hasta el Zócalo, corazón de la Ciudad de México, en donde durante el cierre del evento suele haber algunos invitados especiales –muchos de ellos figuras públicas, celebridades o miembros de la farándula local– así como discursos a favor de las demandas de la población Lgbttt. Todo esto ocurre, como es evidente, frente a la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional; en la explanada a la que aspiran a llegar las grandes manifestaciones que buscan una respuesta clara a sus demandas y que es, a la vez, el centro de las grandes celebraciones cívicas que ocurren cada año en nuestro país. 

La Marcha del Orgullo, que conjuga la exigencia de reivindicaciones sociales con un espíritu festivo que invita a la esperanza en un futuro mejor, se celebra en cada vez un mayor número de ciudades de México y el mundo para exigir el respeto a las personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, travesti y transgénero en la convicción de que nadie debe avergonzarse de lo que es y de que todos debemos respetar las múltiples diferencias que existen entre los seres humanos y, al mismo tiempo, reconocer lo que nos une para construir una sociedad en la que todos tengamos cabida. 

PARA SABER MÁS

  • Drucker, Peter, coordinador, Arco iris diferentes, México, Siglo XXI, 2004 
  • Altman, Dennis. Sexo global, México, Océano, 2006. 
  • Laguarda, Rodrigo, Ser gay en la ciudad de México, Lucha de representaciones y apropiación de una identidad, 1968-1982, México, Ciesas, Instituto Mora, 2009. 
  • Martel, Fréderic, Global gay, Cómo la revolución gay está cambiando al mundo, México, Taurus, 2013.