Francisco Iván Méndez Lara
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 34.
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El papel de la prensa fue destacado en la sucesión presidencial, tanto por los apoyos que dio como en la “construcción” de candidaturas. Álvaro Obregón y Pablo González parecían las opciones más seguras, pero Venustiano Carranza optó por un desconocido Ignacio Bonillas.
Corría el año de 1919. Cerca de la Alameda capitalina, un organillo reproducía la música de un cuplé cuya letra decía:
Flor de té es una linda zagala
Que a estos valles a poco llegó
Nadie sabe de dónde ha venido
Ni cuál es su nombre, ni dónde nació
Flor de té, flor de té no desdeñes mi amor
que contigo es la vida un encanto y sin ti es un dolor.
La melodía había cobrado fama en los últimos meses no solamente por su ritmo agradable para los habitantes de la ciudad de México, sino también porque se relacionó directamente con el futuro del país: las elecciones presidenciales.
I
La etapa más violenta de la revolución mexicana había concluido pocos años atrás. Venustiano Carranza triunfó en las elecciones presidenciales de 1917, pero dos años más tarde su periodo en la silla más importante del país estaba por terminar. Entonces comenzaron a saltar a la escena política los presidenciables. Por ello, al iniciar 1919 Carranza dio a conocer un manifiesto en el que trató de calmar los ánimos electorales, sin embargo, la efervescencia era mucha y poco pudo hacer para tranquilizar a los contendientes.
Por unos meses pareció que la contienda se definiría entre los dos generales de mayor renombre: Álvaro Obregón y Pablo González, el primero derrotó a Pancho Villa en 1915 y el segundo había planeado la estrategia para asesinar a Emiliano Zapata en 1919. Carranza no vio con buenos ojos estas candidaturas e impulsó una tercera opción: Ignacio Bonillas, un ingeniero sonorense que no había forjado su carrera en las fuerzas armadas. Este personaje era prácticamente desconocido en el país, por ello le pusieron como mote el título de la melodía con la que iniciamos este texto, “Flor de Té”.
Bonillas nació en Hermosillo, Sonora, en 1858. Sus antecedentes son poco conocidos: se tituló como ingeniero en Boston, Massachusetts, regresó a su estado natal un tiempo, pero volvió a cruzar la frontera para trabajar como traductor para el gobernador de Arizona y dar clases en el mismo estado. Entre 1887 y 1889 fungió como presidente del ayuntamiento de Magdalena en el distrito norte de Sonora. En julio de 1911 compitió por la gubernatura de Sonora, pero no ganó. Meses más tarde obtuvo una curul en la XXIII Legislatura del estado de Sonora.
Después de los asesinatos del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez, Bonillas se unió al constitucionalismo y Carranza lo nombró agente fronterizo; su trabajo consistía en revisar los ingresos y egresos del ejército. La enorme confianza que le profesaba el Primer Jefe se reflejó en la función que desempeñó en el gobierno provisional constitucionalista en Hermosillo: el 20 de octubre de 1913 fue nombrado encargado de las carteras de Fomento y Comunicaciones. Tres años más tarde participó en las negociaciones para terminar con la expedición punitiva y, desde febrero de 1917, fue el embajador de México en Washington.
El cuatro de julio de 1919, el periódico El Demócrata aseguró que el ingeniero sería candidato a la presidencia. Un día más tarde, El Universal publicó una entrevista en la que Bonillas desmentía la nota y aseguraba que su candidatura jamás se llevaría a cabo. En El Demócrata se agregó que después de terminar su encargo en el país vecino se retiraría de la vida pública, y que buena parte de la información que circulaba eran rumores.
A finales de octubre del mismo año, la candidatura de Bonillas se volvió una certeza para los más cercanos a Carranza; al parecer le ganó la carrera a Luis Cabrera, entonces secretario de Hacienda. Finalmente, el 20 de octubre, después de efectuarse una comida en Querétaro a la que acudió Carranza, se dio a conocer que Bonillas al fin había aceptado ser candidato. Si bien dicha información no fue dada a conocer, era un secreto a voces.
¿Por qué Carranza eligió a Bonillas para sucederlo en el poder? El presidente nacido en Cuatro Ciénegas, Coahuila, buscó un continuador de sus políticas, un hombre sobre el que pudiese tener influencia e incluso manejar y controlar; de ahí que no tomara en cuenta a Luis Cabrera, quien le era leal, pero podía desligarse de su antecesor en dado caso de llegar a la presidencia, además de ser un personaje que, lejos de aglutinar al grupo en el poder, podía fragmentarlo más.
Carranza encontró en Bonillas algo que no había hallado en ningún otro hombre: madurez y talento administrativo. Era un personaje seguro y con grandes dotes para negociar y tal vez el presidente creyó que esas aptitudes le servirían para mediar entre los diferentes candidatos, además su lealtad absoluta lo convertían en un individuo manipulable. No obstante, la relación de su candidato con los sonorenses era de enemistad desde la lucha contra el general Victoriano Huerta y parecía complicado que eso hubiera cambiado con el transcurrir de los años. Por otro lado, su legitimidad política también podía proceder de sus relaciones con Estados Unidos, pese a la tensión existente en 1919. La apuesta era arriesgada, pero Carranza lo apoyó prácticamente hasta que le fue posible.
II
La figura del ingeniero Ignacio Bonillas fue analizada y criticada por los periódicos que se oponían al gobierno de Venustiano Carranza, especialmente por El Monitor Republicano y El Heraldo de México, el primero vinculado con el Partido Liberal Constitucionalista y el segundo con otro general de renombre, Salvador Alvarado. Ambos diarios mostraron su descontento por la actitud de Carranza al querer imponer a Bonillas en la silla presidencial.
Desde octubre-noviembre de 1919 que se dio por sentado que el embajador de México en Washington competiría por la presidencia en los comicios del siguiente año, hasta el asesinato de Carranza en mayo de 1920, el ingeniero sonorense fue retratado de diversas maneras. Uno de los elementos utilizados por la propaganda antibonillista fue su supuesto origen estadunidense. El Monitor Republicano afirmó en diciembre que no sólo era “ciudadano americano”, sino también miembro de una logia masónica en San Antonio, Texas. Se decía que “Mr. Bonillas” no recordaba cómo se hablaba el español e incluso había sido sheriff y pastor protestante. Para demostrar lo poco conocido que era el candidato, en marzo de 1920 El Heraldo de México publicó en su primera plana “¡Ya sabemos quién es D. Ignacio Bonillas!” y aseveraba haber “descifrado un enigma que se consideraba indescifrable.”
Una caricatura de El Monitor Republicano, titulada “Mr. Bonillas estudia español”, se burló del “poco entendimiento” que Bonillas tenía del idioma, por lo que necesitaba el apoyo de Alfonso Cravioto para aprenderlo.
Al mismo tiempo que Obregón llevaba a cabo su gira por la república mexicana, Carranza organizó la plataforma política de Bonillas, que competiría contra aquel y contra el general Pablo González, quien lanzó su candidatura oficial a mediados de enero de 1920. Para sorpresa del presidente, debido a la lealtad que siempre le había profesado el general neoleonés, este último se negó a apoyar al nuevo candidato.
A principios de marzo de 1920, el ingeniero y embajador de México en Washington, Ignacio Bonillas, quien había permanecido en su lugar de residencia, aseguró que sólo participaría en las elecciones si el pueblo mexicano estaba de acuerdo. El periódico del Partido Liberal Constitucionalista se apoyó en las declaraciones hechas por Bonillas al St. Antonio Daily Express y aseveró que el ingeniero, entonces en Nueva York, no pensaba llegar a la ciudad de México.
Un día antes de que Bonillas arribara a territorio mexicano, El Heraldo de México y El Monitor Republicano se mofaron de la difícil tarea del gobierno carrancista de hacer pensar a la población que el ingeniero sonorense era el candidato idóneo para ser presidente. Agregaban que se trataba de una personalidad de “bajos tonos” y reflejaba los errores de un gobierno “en decadencia.” Sus opositores lo mostraron como una “marioneta” del carrancismo que lo engañaba y le aseguraba tener el apoyo popular.
Un editorial de Rafael Vega Sánchez, titulado “Welcome, Mr. Bonillas”, se burló de la carrera política de Bonillas y de su “origen estadounidense” y avisaba a este que, en cada esquina, cuando pasara su carroza, un cilindro callejero entonaría el pintoresco cuplé “Flor de Té.” Le pedía que no llegase hasta la ciudad de México y regresara a Washington, pues la presidencia no sería para él.
Los ataques por parte de los periódicos oposicionistas del bonillismo fortalecieron sus labores debido al incremento de la propaganda favorable. En diversos puntos de la república mexicana, se podía encontrar su retrato pegado en las paredes, acompañado de palabras como “Democracia” y “Paz.” El escritor español Vicente Blasco Ibáñez, quien visitó el país en marzo, se impresionó con dicha campaña de propaganda:
Luego, al penetrar en el país, fui viendo, de estación en estación, cómo la propaganda bonillista crecía en intensidad. Iba aumentado como un acorde ascendente de orquesta, hasta llegar a la capital de Méjico, donde estallaba con un derroche loco. Carteles de muchos metros de longitud recomendaban al pueblo en letras enormes que votasen por Bonillas. No había terreno en construcción o casa vieja que no estuviese cubierto por estos anuncios: “Bonillas representa la muerte del militarismo”. “Si quiere usted que terminen las revoluciones, vote por Bonillas”.
Los ojos del transeúnte fijaban en unas flechas rojas enormes que apuntaban a un punto lejano; y siguiendo esta dirección, se encontraba el nombre de Bonillas unos metros más allá. Al circular de noche por las calles de Méjico, el retrato de Bonillas, iluminado por reflectores, nos sonreía desde lo alto de un balcón.
Antes del arribo del ingeniero Bonillas, la prensa obregonista llevó a cabo una estrategia para criticar a sus dos oponentes. Mostró supuestos vínculos entre gonzalistas y bonillistas, con el fin de debilitar ambas candidaturas; una caricatura demostró la supuesta complicidad entre los candidatos, quienes bailaban al ritmo de un cilindro que entonaba “Flor de Té”.
El 18 de marzo de 1920, Bonillas cruzó la frontera por Laredo, Texas, y anunció que aceptaba su candidatura, pese a las opiniones vertidas en los periódicos de oposición. Su arribo a la ciudad de México el 21 de marzo de 1920 fue ampliamente comentado por los diarios capitalinos. Llegó después de pernoctar en Querétaro, de donde había salido la mañana anterior. Según los periódicos oposicionistas su recepción en la ciudad de México fue “apática” e incluso se habló de que un día antes de su llegada el cuadrante principal citadino parecía un “campo militar” por el aumento de la seguridad para recibirlo. Algunos hombres pagados por el gobierno se habían encargado de tapar la propaganda de Obregón y González con la del ingeniero. El candidato civil arribó a la ciudad de México por la estación Colonia. Comentaba un diario capitalino:
“Gran número de gente llenaba los andenes. La totalidad de ella podemos asegurar que no estaba allí más que por curiosidad. En efecto, era interesante conocer a ese personaje que hace un mes nadie mentaba. Mucha gente se preguntaba si llegaría hablando inglés.”
Los corresponsales de El Monitor Republicano señalaron que fue casi imposible su acceso al evento debido a la seguridad aplicada por el gobierno. Para su recibimiento, el mismo periódico aseguró que se había pagado a algunas personas para que vitorearan el nombre del ingeniero. Diversas caricaturas del mismo rotativo se encargaron de demostrar el tipo de individuos que apoyaban al ingeniero Bonillas. En la primera de ellas se observa a Federico Montes, líder de la campaña bonillista, dándole cinco pesos a un hombre para que apoyara a Bonillas y gritara “vivas” a su arribo. Detrás de ellos, una mujer le decía a Montes: “No sabe que mi marido es sordomudo.” La segunda, titulada “Democracia húmeda”, en la que se mostraba el supuesto apoyo del ramo pulquero y del ayuntamiento de la ciudad de México a la causa bonillista. En ella un hombre bebía pulque sin cesar. No obstante, desde días antes se insinuaba la inclusión de pulque para atraer a diversos sectores de la población al arribo de Bonillas a la ciudad de México.
Las notas periodísticas eran reflejo del rechazo a la posible imposición de Bonillas, pero también del apoyo a la candidatura obregonista. Durante su campaña presidencial, Obregón obtuvo el apoyo de buena parte de los militares, líderes políticos estatales del país y anticarrancistas (todavía en plena rebelión exiliados). Asimismo, el Partido Liberal Constitucionalista fue, pese a no figurar como la plataforma electoral del sonorense, una pieza clave en la ruptura definitiva con Carranza y en la conformación del Centro Director Obregonista, agrupación de partidos y clubes políticos que impulsaron la campaña del sonorense desde febrero de 1920.
Aunado a lo anterior, los sectores campesinos y obreros también optaron por seguirlo a cambio ofrecimientos que mejoraran su calidad de vida en caso de que ocupara la silla presidencial y como demostración al rechazo a la imposición de Bonillas. Obregón aseguró que reglamentaría el artículo 27 constitucional, sin explicar con precisión la manera en que lo realizaría. Este tipo de propuestas le permitió acercarse a los líderes zapatistas Gildardo Magaña y Genovevo de la O, pero sobre todo al licenciado Antonio Díaz Soto y Gama, notablemente contrarios a la candidatura de Pablo González. El “general invicto de la revolución” también fortaleció la alianza con los obreros organizados, iniciada con la Casa del Obrero Mundial y retomada con la Confederación Regional Obrera Mexicana liderada por Luis N. Morones. La primera semana de agosto de 1919 Obregón firmó un pacto secreto en el que se comprometió a reglamentar el artículo 123 y a crear el Departamento del Trabajo. De esta alianza surgió en diciembre del mismo año el Partido Laborista Mexicano, brazo político de la crom en la candidatura obregonista.
La política de reunificación y reconciliación llevada a cabo por Obregón fue desagradable para el presidente Carranza. Por ello, la persecución de obregonistas encontró su punto más alto en el momento en que Bonillas pisó la ciudad de México. Justo uno de los elementos más llamativos de la recepción del ingeniero agrónomo fue una especie de “contramanifestación improvisada por algunos elementos del Partido Liberal Constitucionalista,” en la Avenida Juárez. Se decía que los “civilistas” o bonillistas estaban dispuestos a matar, ya que contaban con “impunidad.”
Al iniciar abril de 1920, un mes decisivo en el desarrollo de las elecciones, se publicó una propuesta de Pablo González en la que pedía a los candidatos la renuncia de sus postulaciones y elegir otro ciudadano que contara con prestigio para que ocupara la presidencia. La nota cobraba sentido debido a que ese mismo día se informaba que el gobierno del estado de Sonora había roto definitivamente las relaciones con el gobierno de Venustiano Carranza. ¿Estrategia periodística? Sin duda era parte de una táctica para demostrar que una posible solución estaba por llegar y el movimiento obregonista sería detenido en los siguientes días. No obstante, ese mismo día El Heraldo de México publicó una entrevista realizada al ingeniero en la que aseveraba que aceptaría el fallo popular y rechazaba el acuerdo de González. Sin embargo, su campaña finalizó cuando apenas estaba comenzando, pues la situación del país hizo insostenible su desarrollo.
Por esas mismas fechas abundaron las caricaturas sobre los intentos de que los candidatos llegaran a acuerdos. Una “Gráfica de la propaganda electoral” mostraba las diferencias en la forma de emprender su campaña: Bonillas con bultos de dinero, Obregón con las armas y Pablo González con el apoyo de un mono, representación del ex maderista y líder de su campaña política Juan Sánchez Azcona. Otra caricatura de El Heraldo también llamó la atención al “abrazo frustrado” entre Obregón y Bonillas, detenidos por un “militar” y un “civil”, respectivamente.
Las campañas por la presidencia prácticamente habían concluido.
III
Los acontecimientos político-militares llevaron al fracaso la candidatura bonillista. Su impopularidad fue uno de los elementos fundamentales que definieron su derrota, pero no el único: el apoyo a las políticas carrancistas era escaso y la rebelión de los sonorenses que inició a finales de abril marcó el derrotero de las elecciones presidenciales y del futuro de México, al menos hasta 1936. Carranza fue asesinado en Tlaxcalantongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920 y la “huelga de los generales”, como la llamó Luis Cabrera, se consumó; los sonorenses triunfaron con el Plan de Agua Prieta y el primer gobierno emanado de la Constitución de 1917 vio su fin.
¿Qué ocurrió con el candidato apoyado por el presidente? El ingeniero Bonillas partió con el “tren dorado”, junto a Carranza, en busca de seguridad en Veracruz. El día 24 de mayo, Bonillas y el director de los ferrocarriles, Paulino Fontes, fueron detenidos. Al ingeniero se le investigó por la posibilidad de ser extranjero y haber participado en asuntos políticos, con base en el artículo 33º constitucional.
No obstante, no fue encarcelado y se retiró de la vida pública para dedicarse a distintos negocios, entre ellos destacó una empresa de suministro de agua potable en Nogales, Sonora.
Su biografía es difusa en lo que se refiere a sus últimos veinte años de vida. En 1942, a los 84 años, Bonillas se despidió de este mundo en el país del que había sido embajador: Estados Unidos. Lugar al que viajó en busca de solucionar sus problemas de salud.
La participación de “Flor de Té” en la sucesión presidencial de 1920 permite observar, en un primer nivel, el papel que desempeñaron los periódicos en los meses anteriores a la realización de las elecciones y la “construcción” de los candidatos que buscaban ocupar la silla presidencial. La prensa fue sin duda uno de los espacios de discusión más relevantes en esta coyuntura electoral.
En un nivel más amplio, el intento de Carranza por imponer a un civil y el posterior asesinato del presidente en la sierra poblana explican una de las características principales del sistema político mexicano de la década de los veinte del siglo pasado: el ejército era el factor principal de poder, el nuevo presidente tenía que ser aquel caudillo que lograra pactar con los otros líderes políticos y regionales de menor calibre.
Al arribar a la cúspide de la pirámide gubernamental, los sonorenses tenían frente a sí la compleja tarea de reconstruir a un país devastado por la lucha armada, tarea que no sería nada sencilla.
Agradezco la guía de la doctora Georgette José en mi formación como historiador.
PARA SABER MÁS
- Aguilar Camín, Héctor, La frontera nómada. Sonora y la Revolución mexicana, México. Cal y Arena, 2010.
- Matute, Álvaro, “La primera campaña electoral de Álvaro Obregón”, en Georgette José, (coord.), Candidatos, campañas y elecciones presidenciales en México. De la República Restaurada al México de la alternancia, 1867-2006, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales, 2012, pp. 277-288.
- Buchenau, Jürgen, La primera campaña electoral del general Álvaro Obregón, México, Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, 2013, (Boletín, 72).
- Pérez Montfort, Ricardo, “Aproximaciones a la caricatura mexicana de la posrevolución, 1920-1934”, en Alquimia. Sistema Nacional de Fototecas, México, 2013, en https://www.revistas.inah.gob.mx/index.php/alquimia/issue/view/97/26


