Columbus 1916. El destino de los prisioneros villistas

Columbus 1916. El destino de los prisioneros villistas

Guadalupe Villa
Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 32.

Las razones por las que el ex jefe de la División del Norte incursionó en aquella población estadounidense siguen siendo, un siglo después, materia de hipótesis antes que de conclusiones. Francisco Villa se ganó un poderoso enemigo que lo persiguió infructuosamente en México, pero terminó por generarle importantes pérdidas.

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“Villa bandits captures at Columbus and Ascencion Mexico”, ca. 1916. Image 62540, Charles Poe Photograph Collection. Cortesía de New Mexico State Records Center and Archives.

Hace ya 100 años, el 9 de marzo de 1916, una fuerza armada encabezada por Pancho Villa atacó la población estadounidense de Columbus, Nuevo México. La periodista Eileen Welsome la describe como:

Un pueblo sin importancia, feo, en el que no había ni un solo árbol ni pastos que pudieran contener las resecas tierras levantadas por las tormentas de viento. Las tiendas y casas, cubiertas de polvo, parecían un espejismo. Un lugar donde, en lo más intenso de la primavera, el calor lo inmovilizaba todo; donde el vacío recorría los cuatro horizontes, sólo roto por cactus, zarzas de mezquite y magueyes, y las tres montañas en forma de cono ubicadas al noroeste de la ciudad, conocidas como Tres Hermanas.

Las causas por las que el antiguo jefe de la División del Norte atacó tal poblado siguen siendo materia de controversia entre los estudiosos de la revolución mexicana, cuyo análisis no acaba de arrojar del todo respuestas satisfactorias: ¿Sería quizá la represalia por el reconocimiento a Venustiano Carranza como gobierno de facto y el apoyo estadounidense dado a los constitucionalistas para el traslado de tropas a través de su territorio, que ocasionó la derrota en Sonora y, con ella, la disolución del ejército villista?, ¿fue, tal vez, el convencimiento de la existencia de un pacto secreto entre Carranza y el gobierno de Estados Unidos que comprometía la soberanía nacional con gravosas concesiones? ¿O el deseo de Villa de provocar una reacción nacionalista que congregara a los mexicanos en contra de Carranza? ¿Fue parte de un plan del gobierno alemán para propiciar una intervención armada de Estados Unidos en México y así evitar su ingreso a la Gran Guerra? ¿Posiblemente una venganza personal de Villa para castigar a Sam Ravel, un traficante de armas que lo había estafado?

Las pistas

Es posible encontrar algunas respuestas en una carta de Villa a Emiliano Zapata del 8 de enero de 1916. En ella describe las fatigas y penalidades que sufrieron sus fuerzas durante la travesía por la Sierra Madre, teniendo que enfrentar en Agua Prieta, Sonora, a 5 000 carrancistas que el gobierno estadounidense había permitido pasar por su territorio. Villa decía estar convencido de que Estados Unidos era enemigo de México y que la integridad e independencia del país se perderían si los mexicanos no se unían para impedir, con las armas, la venta de la patria. Le aseguraba a Zapata la existencia de un pacto secreto entre Carranza y Woodrow Wilson, por el que cedería Bahía Magdalena por el término de 99 años, los ferrocarriles del istmo de Tehuantepec y Nacionales y las concesiones solicitadas en la zona petrolífera, a cambio de lo cual el gobierno de México recibiría un préstamo de 500 000 000 de dólares.

Portada de Se busca Villa (510x640)

Convencido de que la soberanía nacional estaba gravemente comprometida, Villa había tomado la decisión de “no quemar un cartucho más [en contra] de los mexicanos y [organizarse] debidamente para atacar a los americanos en sus propias madrigueras”. La carta terminaba invitando a Zapata a emprender juntos la reconstrucción y engrandecimiento de México.

Al sentirse traicionado por el gobierno de Estados Unidos, Villa lo declaró enemigo de México y de los mexicanos. El ataque a Columbus provocó un gran escándalo internacional y el envío de una fuerza armada en persecución de los agresores, lo que, como era de esperarse, despertó un fuerte sentimiento nacionalista en el pueblo mexicano.

Sobre la embestida a la población fronteriza y la Expedición Punitiva existe una extensa bibliografía estadounidense; sin embargo, prácticamente es nulo el análisis desde el punto de vista de los mexicanos. ¿Quiénes fueron los hombres que participaron en el ataque? ¿Qué consiguieron los villistas tras el asalto a Columbus? ¿Cuántos fueron apresados y juzgados? ¿Qué adujeron a lo largo de los interrogatorios? ¿Cuál fue su destino? La que sigue es una aproximación a esta historia.

¿Quiénes fueron los hombres que participaron en el ataque? ¿Qué consiguieron los villistas tras el asalto a Columbus? ¿Cuántos fueron apresados y juzgados? ¿Qué adujeron a lo largo de los interrogatorios? ¿Cuál fue su destino? La que sigue es una aproximación a esta historia. 

Los participantes 

La organización de la columna expedicionaria que fue a Columbus estuvo a cargo de dos importantes elementos de las fuerzas de Villa: Candelario Cervantes y Pablo López, quienes seleccionaron a hombres que tenían en común ser de probada lealtad y veteranos de la lucha maderista. Un número importante de ellos era originario de Namiquipa, Chihuahua, considerado “semillero de revolucionarios”.  

En la incursión participaron no más de medio millar de hombres: la vanguardia estuvo encabezada por Cervantes y la retaguardia por Villa. De acuerdo con los testimonios de algunos participantes, las tropas se concentraron en la hacienda de San Jerónimo, donde se les informó del plan a desarrollar.  

El ataque a Columbus se produjo el 9 de marzo antes del amanecer. En pocas horas, dos pares de manzanas del pueblo quedaron reducidas a cenizas, registrándose pérdidas humanas tanto de guerrilleros mexicanos como de ciudadanos estadunidenses.  

Diversos diarios en Estados Unidos dieron cuenta del suceso. The Columbus Courier, por ejemplo, difundió una larga historia que tuvo gran demanda y varias reimpresiones, así como tirajes extras de la noticia. Esta versión magnificó los hechos señalando que: 

Temprano, el martes por la mañana […] pocos minutos después de las cuatro en punto, cerca de 1 000 bandidos mexicanos comandados por Pancho Villa atacaron Columbus, matando 19 americanos e hiriendo a un número importante de otros. 

El error en la información se reiteró en otros periódicos.  

The New York Times publicó el 2 de marzo una declaración del recién nombrado secretario de Guerra, Newton D. Baker: 

No tenemos la intención de entrar a México con el ejército. Enviaremos un cuerpo suficiente de tropas móviles para localizar a los dispersos o capturar a la banda o bandas que atacaron Columbus. Tan pronto como el gobierno de facto pueda tomar control de la situación, cualquier fuerza de Estados Unidos que permanezca en México será, por supuesto, retirada.  

Para Baker, lo inquietante del asunto era tener que pedirle permiso a Carranza para poder enviar al cuerpo expedicionario. La administración de Wilson no deseaba aparecer como invasora ni contrariar al recién reconocido gobierno. De toparse con la negativa del presidente de México, “estaríamos siguiéndole el juego a Villa […] quien atacó Columbus con la idea de forzar una intervención”. Baker consideró que la única manera de enfrentar la situación era mandar las tropas y hacer llegar a Carranza la “insinuación” de que el gobierno de Estados Unidos le agradecería que “tuviera a bien cerrar sus ojos a los requisitos de la etiqueta diplomática”.  

Desde luego que Carranza no tuvo a bien cerrar sus ojos y ambos gobiernos se enfrascaron en una lucha diplomática. El mandatario mexicano consideró que su país no necesitaba de ninguna ayuda extranjera para batir y castigar a los villistas. Poco después se celebraron una serie de conferencias en Ciudad Juárez entre Álvaro Obregón, ministro de Guerra, y Hugh L. Scott, jefe de Estado Mayor del ejército estadunidense, cuyo resultado adverso abrió la posibilidad de una guerra. 

La expedición en territorio mexicano 

El 15 de marzo de 1916, el general John J. Pershing, conocido también como Black Jack, entró a territorio mexicano con 2 000 efectivos iniciales que pronto aumentarían hasta 10 000, de las tres armas: artillería, caballería e infantería, y un escuadrón de aeroplanos de bombardeo y observación. El ejército estadunidense estuvo confinado al estado de Chihuahua y su campaña fue larga y costosa, siendo la meta no alcanzada la de capturar a Villa, vivo o muerto; un duro golpe. El movimiento villista no salió ileso, ya que el soborno y la traición desempeñaron un papel importante en los contados triunfos que se anotó el ejército invasor. Mediante ambas prácticas pudieron aprehender y dar muerte a algunos de los más señalados dirigentes y hombres de confianza de Villa, entre ellos Cervantes y López; varios capturados fueron enviados a Columbus para ser enjuiciados, además de que fueron descubiertas armas y municiones almacenadas en un escondite como reserva por los villistas. 

El ataque a Columbus produjo a los revolucionarios numerosas pérdidas humanas, pero también algunos beneficios materiales: desde luego caballada, armamento y parque; una suma importante de dinero proveniente del saqueo del banco, ropa y alimentos; carros y mulas pertenecientes al 13° regimiento de caballería, lo que serviría para el sostenimiento de su guerra en contra de Carranza.  

El número de hombres que fue a Columbus y el nombre de los prisioneros presentan, variantes e inconsistencias en las fuentes. Hubo dos procesos judiciales que se abrieron en contra de los mexicanos; el primero de ellos fue para ocho prisioneros, algunos de ellos heridos, capturados y trasladados al hospital militar de Columbus, para su curación y posterior ejecución. El otro fue para 21 revolucionarios que fueron encontrados culpables y sentenciados a 80 años de prisión. 

El primero se abrió en contra de Francisco Álvarez (originario de San Juan del Río, Durango, 22 años de edad, campesino); Juan Castillo (Querétaro, 26 años, campesino), Taurino García (Oaxaca, 21 años, campesino); José Rangel ( Jalisco, 23 años, peón), Eusebio Rentería (Michoacán, 24 años, campesino), José Rodríguez (originario de Nuevo León, 20 años de edad, campesino) y Juan Sánchez (no se indica lugar de origen, 16 años, campesino), con el propósito de dilucidar la muerte de Charles D. Miller, un ciudadano estadunidense que, en el momento de la refriega, había salido precipitadamente de un hotel con la intención de abordar su automóvil y ponerse a salvo. El disparatado proceso judicial, que de antemano los había condenado a muerte, se redujo a tratar de averiguar “de qué pistola habían salido las balas que lo habían matado”. 

La defensa se basó en probar que los prisioneros eran residentes del “viejo México”, iletrados y reclutados por leva. Que los movimientos de Villa fueron para todos ellos un misterio, ignorando además todo acerca del país en el que se encontraban. Que el servicio militar era una cuestión obligatoria y cualquier intento de deserción podría haberles costado la vida.  

A lo largo del juicio los prisioneros sostuvieron haberse quedado en los límites de la población cuidando la caballada. Basta leer cuidadosamente los interrogatorios para intuir que los acusados se estaban burlando del juez, del fiscal y del jurado, pues de sobra sabían que estaban condenados a muerte.  

El gobierno de Estados Unidos estuvo interesado en las declaraciones de los acusados, pues corría el rumor de que los alemanes habían tenido que ver con el asalto a Columbus, sin embargo, no se pudieron encontrar pruebas que pudieran confirmar dicha versión. Los rehenes coincidieron en nunca haber oído hablar de la cuestión de Alemania, y sí haber escuchado la orden de capturar vivo o muerto a Sam Ravel “aunque sin saber la razón”. 

Otro asunto fue tratar de aclarar si Villa había estado o no presente en Columbus. Hubo quien dio por hecho que no estuvo, mientras que otro afirmó lo contrario. Quien constató su presencia dijo haber escuchado las instrucciones que Villa dio a Cervantes en el sentido de respetar a mujeres, ancianos y niños, y romper fuego sólo contra aquellos que ofrecieran resistencia armada.  

El jurado que juzgó la causa de los acusados los encontró culpables de asesinato en primer grado y los condenó a morir ahorcados. Sólo a uno le fue conmutada la pena de muerte por cadena perpetua, en vista de haber probado ser soldado constitucionalista prisionero de los villistas y forzado a ir a Columbus. 

El epilogo 

Un enfrentamiento entre carrancistas y villistas ocurrido en Ciudad Guerrero, Chihuahua, provocó que una bala perdida se incrustara en una rodilla del ex jefe de la División del Norte, lo que motivó su permanencia en una cueva para su recuperación. A lo largo de dos meses pudo ver desde su escondite el ir y venir de las tropas de Pershing. Tras abandonar su refugio, Villa resurgió en la escena del norte de México, manteniendo una guerra de guerrillas hasta 1920.  

No obstante, las tensas relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos que los tuvieron al borde de la ruptura, esta no llegó; la intervención cesó cuando las últimas tropas de la Expedición Punitiva abandonaron incondicionalmente nuestro país, el 5 de febrero de 1917, el mismo día en que se promulgó la nueva Carta Magna. 

PARA SABER MÁS 

  • Garibay, Ricardo, “Chicogrande”, en Obras reunidas, teatro y cine, México, Océano, 2004, pp. 469 a 510. 
  • Katz, Friedrich, Pancho Villa, México, Era, 1998, t. 2, pp. 145 a 16. 
  • Cazals, Felipe, Chicogrande, México, 2010, 95 minutos.