Archivo de la categoría: Cuento histórico

Silvia L. Cuesy El Colegio de México. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25. Once días después de la coronación de Franz Joseph como rey de Hungría, asesinaron a Max. Así terminó su imperio en un país de fanáticos conservadores monárquicos y de taimados indígenas republicanos. Ludwig Angerer, Familia imperial de Austria, fotografía, ca. 1860. De mi calendario desprendo la última hoja de mayo. Los sentimientos se arremolinan… ¿Ha pasado un año?, ¿dos?, ¿una década?, ¿un siglo acaso? El corazón de una madre no distingue tiempo. Los hijos son nuestro eterno presente así, el sufrimiento de antaño me persigue ahora. En especial junio me estremece trayendo imágenes de irónicas jugarretas de los hados, lejanas a todo entendimiento… El deseo de vivir no existe más en mí. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿En qué momento el designio de la Providencia bifurcó por tan diferentes sendas los destinos de mis…

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Gloria María Fulladosa Morales En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 24. En medio del escenario, la voz no se apaga. La solista queda en el centro de una esfera opresora, sujeta a los arbitrios de sus íntimas extrañezas. Siente que pierde su chaqueta y se le estruja el corazón. Cree escuchar los sollozos de la muchedumbre. La función está por terminar.. Gran evento musical tuvo lugar en Lecumberri. Extraordinaria función única a cargo de Guillermo Ferrer Clavé, director del Orfeo Catalá. El Imparcial, septiembre de 1910. Sylvia lamenta ser tan pelirroja y llamativa. Preferiría desaparecer como aquella muchacha que la asombró hace algunos años en el escenario del Teatre Principal de Barcelona, al evaporarse de la escena milagrosamente entre antorchas y fogonazos, mientras el ilusionista sonreía diabólico y profesional. Ahora esto no es posible, está obligada a permanecer al frente del improvisado escenario porque no solamente…

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Ana Suárez – Instituto Mora. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México / Durango, 450 años de historia, edición especial. La guerra ya se huele. Casi se palpita. El país puede desaparecer. Qué hacer para impedirla. Hay que desatar antes de romper, dice alguien en tono diplomático. ¿Una carta que en su ambigüedad ayude a ganar tiempo? Arista se pregunta si destapa la jaula, pero piensa que mejor no, apenas pasan de las seis y, aunque haya llegado abril, el canarito puede coger frío. Por su parte es inútil que se acueste de nuevo, como suele decirse nomás daría vueltas y todo lo vería peor. Y si por suerte lograra conciliar el sueño sentiría otra vez la angustia de la derrota, no de cualquier derrota, sino de la última, la final. Se dice que no es posible seguir de esa manera, tiene que hacer algo, organizar sus ideas, tomar decisiones,…

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Rosalía Martha Pérez Ramírez Instituto Alfonso Vélez Pliego, BUAP En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 23. En la Puebla de 1837, la disposición del gobernador de completar el personal que se necesitaba en el ejército, era un dolor de cabeza para los jueces. ¿Con quiénes podrían completar la cuota que se pedía? Desde el cuartel menor de la calle de Herreros donde se hallaba el juzgado de paz, don Tomás Axotla caminaba diligentemente hacia la esquina de Mercaderes una tarde de primavera de 1837. Contaba con el tiempo preciso para encontrarse con sus colegas en el taller de don Manuel Zincuneguin, que por esos años era el sastre más reconocido entre las esferas poblanas. Lo mortificaba la idea de llegar tarde a la cita pero ¡qué le iba a hacer!¸ los empleados del juzgado le habían hecho una despedida esa mañana; pero más lo perturbaba que…

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Silvia L. Cuessy En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 21.   Malhaya la tarde en que lo conociste, Nacho. Me di cuenta de inmediato. Ese instante cambió tu suerte. ¿Te acuerdas? Pues claro que te acuerdas. Incluso el todopoderoso de la nación te lo dijo: ese hombre sólo te traerá dolores de cabeza, conozco su estirpe. Pero ya era tarde para enterarte de lo que no querías saber. Cuando te topaste con él, tu línea del destino quedó trazada. No pensaste en otra cosa sino averiguar quién era, y pronto tu gente te lo dijo. Te aturdiste con su galanura y su porte bragado. Un apremio se te metió en la piel, y las ganas de conocerlo te desbordaban los poros. La idea de que fuera rebelde e indomable te avivó una extraña mirada sólo entendida por los que sabían tus secretos. TA? que entonces manipulabas…

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Lorena Careaga Universidad del Caribe En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 11. Mi nombre es Cecilia Grierson Duffy, nací en Buenos Aires en 1859, tengo 30 años y soy la primera mujer en la historia de Argentina que ha logrado titularse de doctora en medicina. No es mi culpa. Provengo de una estirpe escocesa de hembras inteligentes, recias y valientes; de varones aventureros, emprendedores y líderes. Siendo todavía una niña, mi padre me llevó a conocer la tierra de nuestros ancestros: Kelso, la ciudad más bella y romántica de Escocia (al decir de Sir Walter Scott). En Duff Manor, la propiedad de su tío, el empresario y diplomático William Parish Robertson, transcurrieron dos años inolvidables de mi existencia, de aquellos que dejan una marca imborrable. Ahí empecé a saber quién era yo y qué quería en la vida. O al menos, lo que no quería. Ahí pasé…

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Alfredo Vargas Todos los recuerdos se abren en su mente mientras se acomoda, junto a sus fieles colaboradores, en el Dodge Brother que inicia su marcha en esa fresca mañana del 20 de julio de 1923. El paisaje de aquel día lo atrapó de nuevo, sordo y mudo bajo el golpe brutal del sol áspero y metálico, espacio marchito y polvoriento, crepúsculo ambarino. Un escalofrío le había recorrido el cuerpo al volver la mirada al resto de sus hombres, ese grupo maltrecho, pelotón de un cementerio ambulante que parecía haber sido arrojado desde las entrañas de la tierra. Las pieles yermas, quemadas y sedientas por la falta de agua, metidas en esas ropas cenizas de tanto trasegar en medio de esas gredas tan muertas como ellos mismos. Hombres impulsados por su propia historia, con hijos, padres o mujeres que esperaban su regreso con ansia e ilusión. Soldados valientes, fieles guerrilleros,…

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Juan Manuel Bueno BiCentenario #7 El cielo de Querétaro siempre me ha impresionado. ¡Es tan luminoso! Cuando camino por sus calles adoquinadas, entre las casas coloniales, me gusta mirar el cielo azul entre las hojas verdes de los laureles que dan sombra a los paseantes. Hijo, en estas calles y en sus edificios se encuentra nuestra historia familiar, la que hoy te cuento pues no sé si tendrá otra ocasión para hacerlo y porque espero que cuando la escuches te sientas tan orgulloso de ella como lo estoy yo. Comienzo mi relato por la ciudad, mi bella ciudad, escenario de grandes hechos de nuestra historia y que hoy lo será de nuevo cuando en el Teatro de la República se inicie el Congreso Constituyente, igual que en 1917, hace cien años. Aunque viendo como la revolución cubre a casi todo el país y las bajas se multiplican, la verdad es…

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Ana Suárez / Instituto Mora BiCentenario # 6 La mujer que amo se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones Juan José Arreola Mis dedos acarician las curvas de tus letras, y me digo que son las comisuras de tus labios y que no importa si te despierto para hacer de nuevo el amor. Pero me digo también que me día estar aquí otro domingo, como vengo haciendo desde que los vientos enfermos aparecieron y te apartaron si bien no me siento muy seguro ni de tu ausencia ni de alejarme del camposanto. Hombre, cúrate a ti mismo, me dicen y me decían, y nunca he podido hacerlo, de ahí que cada lunes despierte llorando al verte morir, sin que nadie en casa me escuche, ni me consuele tampoco, y que estar aquí y ahora sea todo lo que tengo y soy. ¿Cómo desisto del andar…

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Javier Rico Moreno Facultad de Filosofía y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 20. En el año que marcó un quiebre para el sistema político mexicano el de las luchas estudiantes, la democracia como estandarte, el amanecer del rock y las Olimpiadas como máscara, hubo otros jóvenes olvidados a los que la prosperidad evitó, Quijotes de la calle, bohemios, habitantes de múltiples oficios, rebeldes de la vida. Desde niño te gustó jugar con fuego. Una tarde, mientras las nubes blancas hacían más apacible la tarde de Tlalpan, Lucía me contó cómo había terminado aquella intrépida aventura de pirotecnia infantil a la que te lanzaste con Josefina. Aunque era dos años mayor que tú, a Josefina se le llenaron los ojos de espanto cuando vio tus manos de Prometeo mortal en llamas; entonces te llevó a jalones hasta el lavadero de piedra y te hizo…

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