Archivo de la categoría: Artículos

Carlos Tello Díaz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27. Presentamos un extracto del libro Porfirio Díaz, su vida y su tiempo, de Carlos Tello Díaz, que la editorial Debate publicará próximamente. El 3 de mayo en la noche, día de nuestro arribo a Puebla, el general en jefe don Ignacio Zaragoza detuvo en su alojamiento a los generales que sucesivamente llegábamos a darle parte de las novedades del día y de la marcha, escribió Porfirio. Cuando nos habíamos reunido los generales don Ignacio Mejía, don Miguel Negrete, don Antonio Álvarez, don Francisco Lamadrid, don Felipe B. Berriozábal y yo, nos manifestó el general Zaragoza que la resistencia presentada hasta entonces era insignificante para una nación como México. Zaragoza tenía su cuartel en la iglesia de los Remedios, al este de la ciudad, por la salida del camino a Amozoc –una iglesia fortificada como todas, en

Gisela Moncada González Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 27. Terminada la guerra de Independencia las autoridades intentaron ordenar el comercio callejero en la capital. Había una necesidad recaudatoria del fisco pero también de generar espacios de confort para los habitantes. Los resultados no fueron los que se buscaban. La venta de alimentos en las calles de la ciudad de México ha sido una práctica común a lo largo de nuestra historia. La recurrencia de puestos en cada esquina procede no sólo de nuestra herencia colonial, sino prehispánica. ¿Dónde se fijaban los puestos? ¿Qué se vendía en ellos? ¿En qué horarios se instalaban? ¿Qué medidas empleaba la autoridad para regularlos? Son varias de las preguntas que este artículo trata de responder. Conviene precisar que a comienzos del siglo XIX, y desde antes, el comercio de alimentos en las calles de la

Pilar Baptista Lucio Universidad Panamericana En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26. En una Austria tomada por los nazis, la científica judía no podía sobrevivir. Fue Albert Einstein quien la salvó de una muerte segura consiguiéndole trabajo en un México donde poco se hacía aún en investigación científica. Durante los seis años que permaneció en el IPN, poco pudo avanzar en su especialidad, la aplicación del método fotográfico para el registro de partículas nucleares. La actividad profesional en un área dominada por los hombres y con escasos recursos resultó compleja. Su contribución a la formación de investigadores en física ha sido su gran legado para el país. Marietta Blau es un talento desperdiciado en su país Albert Einstein a Francisco Castillo Nájera, 24 de junio de 1941 Pequeña de estatura, tímida, con mirada intensa e inteligente, son los adjetivos que coinciden en las descripciones de quienes

María Gabriela Aguirre Cristiani Universidad Autónoma Metropolitana, X. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26. El padre jesuita pasó algunos años en Europa, fortaleciendo su formación educativa y afrontando problemas de salud. Su regreso a México lo tomó por sorpresa, en un momento en que la actividad religiosa era perseguida por el gobierno de Calles. La convivencia con su colega John J. Druhan muestra la personalidad alegre, entusiasta y comprometida con sus creencias de un hombre que seis décadas después de su fusilamiento fue beatificado por el Vaticano. A finales de diciembre de 1924, en plenas fiestas navideñas, dos jesuitas iniciaron una corta pero significativa amistad cuyo punto de encuentro fue la casa de estudios de Maison St. Augustin, en Enghien, Bélgica. Se trataba del padre mexicano Miguel Agustín Pro y del estadunidense John J. Druhan. Siete años después de aquella fecha, con cierta dosis de

Harim Benjamín Gutiérrez Márquez Universidad Autónoma Metropolitana, X. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26. En momentos en que la primera guerra mundial entraba en la etapa de definiciones, Alemania planificó una jugada para evitar la confrontación con Estados Unidos. La idea involucraba a México y Japón, pero la intercepción y desencriptación de un telegrama enviado por el ministro del exterior alemán Arthur Zimmermann tiró toda la operación por la borda. Woodrow Wilson sí entró en guerra y Venustiano Carranza mantuvo su neutralidad filogermana. Era 1916. La primera guerra mundial desangraba a Europa. La alianza de Gran Bretaña, Francia, Rusia e Italia luchaba contra los imperios centrales: Alemania, Austria-Hungría y Turquía. Parecía que nadie podía lograr una victoria decisiva. En el mar, el imperio británico tenía una ventaja: su flota de guerra, la Royal Navy, la más grande y poderosa del mundo. Había bloqueado el paso

Alejandra García Vélez Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26. La bicicleta recupera su lugar en estos días en ciudades atestadas de automóviles. Pero hace más de 130 años cuando llegó al país junto a la electricidad y el ferrocarril, como sinónimos de modernidad, también disputaba espacios en las calles y hasta con los transeúntes. La ciudad de México tuvo que poner orden con un reglamento para su uso y dispuso un impuesto. Los clubes de ciclistas contribuyeron a darle popularidad y aceptación. De las modas que nos llegan de París y Nueva York, hay una sin igual, que nos llama la atención. Son las bicicletas que transitan por Plateros y Colón, Y por ellas han olvidado la sombrilla y el bastón. Las bicicletas,niña hermosa,son las que andan por ahí. Ellas corren muy veloz igual que el ferrocarril, vámonos pa’ la Alameda con muchísimo

Norberto Nava Bonilla Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 26. Cinco hermanos Bravo dominaban una franja de tierras entre el Pacífico y Chilpancingo. Entrada la guerra con el imperio español se sumaron con recursos y espadas. También lo hicieron varios de sus hijos, entre los que destacaría Nicolás. Salieron victoriosos, aunque dos morirían fusilados y el poderío económico se diluiría. Nicolás Bravo tiene un lugar importante en la galería de los héroes patrios de México. Numerosas calles, escuelas, plazas cívicas y algunos poblados llevan su nombre a lo largo del país. Participó en muchos combates durante la revolución de independencia, pero quizá el episodio más recordado de su vida es cuando liberó a 300 soldados realistas sentenciados a muerte. No obstante, poco se sabe de su familia y de su importante participación en la lucha armada. El siguiente artículo aborda las actividades de la

Ramón Jiménez Gómez Facultad de Filosofía y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de Méico, núm. 26. En la segunda mitad del siglo XIX irrumpía en México la cultura francesa. Era la tendencia de la época. Quien estuviera fuera del modelo cultural que irradiaba desde París se quedaba anquilosado en el pasado. Un ejemplo fue aquel baile de mujeres que alzaban sus piernas e inmortalizaría el pintor Toulouse Lautrec. Indecentes para algunos, tuvo su furor que decaería al cabo de un corto tiempo, hasta renacer durante el porfiriato. La noche del 23 de julio de 1869 la compañía española de zarzuelas, dirigida por el compositor Joaquín Gatzambide, estrenó en el Gran Teatro Nacional la opereta Orfeo en los infiernos, con libreto de Ludovico Halevy y música de Jacques Offenbach. De repente el público se volvió loco: cayó y subió el telón rápidamente en más de diez ocasiones;

EDITORIAL CORREO DEL LECTOR ARTÍCULOS Una familia de hacendados que dio su vida por la independencia Norberto Nava Bonilla El Cancán rompe tradiciones Ramón Jiménez Gómez Pedaleando en el siglo XIX Alejandra García Vélez La guerra que Carranza no quiso comprar Harim Benjamín Gutiérrez Márquez Miguel Agustín Pro, el sacerdote mártir que festejaba la vida María Gabriela Aguirre Cristiani El exilio de Marietta Blau en México Pilar Baptista Lucio DESDE HOY El jarabe tapatío Adriana Catarí Castillo Morales DESDE AYER Las pequeñas diferencias Miguel Ángel Berumen Campos TESTIMONIO Villa-Zapata un encuentro con dos miradas Guadalupe Villa Guerrero ARTE Luis Buñuel, el cineasta que quería pintar y escribir Anuar Fernando González Amaya CUENTO HISTÓRICO De orden suprema Ana Suárez ENTREVISTA Arnaldo Coen: el espectador legitima al artista David Fuente Adrian y Pablo G. Ascencio SEPIA El Gran Torino Darío Fritz

Cecilia Lartigue – UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 4. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¿Un día? ¿Dos? ¿Sólo un rato que se está haciendo eterno? En esta oscuridad es imposible calcular la hora. Tampoco estoy segura de si estoy despierta o dormida, aunque creo que mis parpadeos son reales. Sigo percibiendo ese horrible olor a gas, ni la nariz atiborrada de polvo lo detiene. ¡¿Y si se acaba el oxígeno?! Me duele el brazo izquierdo. No sé qué lo golpeé ni en qué momento, pero tengo una herida grande, aquí, cerca del hombro. Siento algo espeso y húmedo, como una costra que no termina de secar. Es mejor no tocarla. Una sola inhalación profunda para calmar el dolor. Otra, aunque consuma más oxígeno. Así está mejor. Me pongo de lado, voy a tratar de mover el resto de mi cuerpo. Todavía me arden los dedos. De

300/555