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Joaquín E. Espinosa AguirreDoctorado en Historia Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53. Durante muchos años el título de paternidad de la patria lo habían compartido Hidalgo e Iturbide. Pero en los festejos por el centenario del proceso de independencia de 1910 y 1921 se consumó, en gobiernos tan disímiles como los de Porfirio Díaz y Álvaro Obregón, el destierro del militar del lugar de los hombres ilustres entre los héroes de la gesta de emancipación. El año 1921 determinó el final de una de las más complicadas relaciones dentro de la historia patria: la de Agustín de Iturbide y los mexicanos. Si bien durante el siglo XIX su figura histórica había coexistido con la del resto de los héroes nacionales –Miguel Hidalgo, principalmente–, sería en las celebraciones que llevaron a cabo Porfirio Díaz en 1910 y Álvaro Obregón

Bertha Luz Justo de la Hoz Facultad de Filosofía y Letras, UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53. Coahuila y Texas formaban parte, junto con Nuevo León y Nuevo Santander, de la relegada Comandancia General de las Provincias Internas de Oriente, creada en 1776 por el virreinato. Declarado el Plan de Iguala, se incorporaron en julio de 1821 al proceso de independencia. Casi tres años después formarían un solo estado, mismo que duraría poco tiempo. Los vecinos de Saltillo y un grupo de soldados se reunieron en la plaza de armas de esa villa el 1 de julio de 1821 para secundar el Plan de Iguala, proclamado por Agustín de Iturbide unos meses atrás. Para entonces, Coahuila y Texas, ubicadas en la parte nororiental de Nueva España, eran dos comarcas extensas y escasamente pobladas, sobre todo la segunda. Ambos territorios formaban parte de una división

Omar Urbina PinedaEl Colegio de México En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53. En los años de la guerra de independencia tanto las provincias del oriente como del occidente del virreinato vivieron en conflicto permanente, pero vinculados a contextos locales y no tanto a las arremetidas insurgentes que pronto fueron controladas. Aceptaron y se sumaron tardíamente al Plan de Iguala. Ya independientes y con nuevas autoridades, la situación de aislamiento y olvido no se modificaría tras el triunfo y caída posterior de Iturbide. En 1810, cuando el cura Miguel Hidalgo se levantó en armas, la llama insurgente prendió en todo el territorio de Nueva España. Las lejanas Provincias Internas no fueron ajenas a este proceso, pero, a diferencia del resto del virreinato, los levantamientos norteños fueron rápidamente reprimidos y la actividad insurgente en la región decayó por el resto de la década. Sin embargo, el ambiente

Ricardo Emmanuel Estrada Velázquez Maestría en Historia de México, IIH-UMSNH En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53. Los dos militares, que para 1821 servían al virreinato, fueron fundamentales para la causa independentista de Iturbide. Su aceptación para sumarse a la lucha desde Zitácuaro y Maravatío los llevaría hasta la misma ciudad de México como figuras capitales del Ejército Trigarante. La independencia absoluta, la defensa de la religión católica y la unión de los habitantes de Nueva España, sin importar origen étnico ni condición social, fueron las bases que Agustín de Iturbide utilizó en su plan proclamado en el pueblo de Iguala el 24 de febrero de 1821. Este documento, compuesto por 24 artículos, estipulaba la creación del Ejército de las Tres Garantías, fuerza militar que adquirió seguidores rápidamente debido a las relaciones de amistad que existían entre los miembros de los ejércitos realista e insurgente. En

Reveriano Sierra Casiano Facultad de Filosofía y Letras – UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53. La incorporación de la poderosa fuerza militar insurgente del arriero sureño a la estrategia de Iturbide fue el gran impulso –vendrían luego otros acuerdos militares– para la consumación de la independencia, concretada pocos meses después del pacto entre ambos en la zona de Teloloapan. En 1820, la guerra por la independencia de Nueva España, que había iniciado diez años antes en el Bajío, había menguado. El historiador conservador Lucas Alamán escribió en su Historia de Méjico… [1852], que el reino estaba totalmente pacificado, “excepto un ángulo de poca importancia en el sur de México”. En esa zona operaba principalmente Vicente Guerrero (1792-1831). Oriundo de Tixtla, Guerrero había dejado su trabajo de arriero y se unió al movimiento rebelde a finales de 1810, durante la primera campaña que José María

Eduardo A. Orozco Piñón Facultad de Filosofía y Letras – UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53. La promulgación del acuerdo independentista del 24 de febrero de 1821 tiene detrás una estrategia encabezada por Agustín de Iturbide, quien tres meses antes fuera enviado por el virrey a Acapulco a pacificar la zona. Iturbide buscó apoyos militares en las provincias del centro del país para luego ocupar la capital, y aunque sólo obtuvo la adhesión de Vicente Guerrero, echó a andar su proyecto político de un imperio mexicano libre e independiente. El periodo de consumación de la independencia es uno de los más incomprendidos de la historia nacional. Los actores de este proceso, así como sus motivaciones y objetivos, se nos presentan turbios, comparados con los personajes que iniciaron la gesta libertadora. Incluso, los orígenes de esta rebelión son prácticamente desconocidos por haber sido tergiversados al

Josep Escrig Rosa. Becario posdoctoralInstituto de Investigaciones Históricas-UNAM En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 53. Hoy ya sabemos el desenlace del proceso de independencia en México tras las sublevaciones contra Agustín de Iturbide, el exilio de este y su posterior fusilamiento al intentar regresar al escenario político. Se ha esgrimido su monarquismo elitista y autoritario para quitarle un papel destacado en la emancipación de España, y minimizar sus méritos.  Estamos en un año de efemérides para varios países hispanoamericanos que hace 200 años proclamaron su independencia respecto de la monarquía española. Me refiero, entre otros, a México, Perú y la entonces capitanía de Guatemala, la cual acabaría disgregándose −a partir de 1838 y tras distintos avatares político-organizativos− en los territorios que actualmente conocemos como Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Guatemala y El Salvador. A pesar de la situación de crisis global −resultado de la contingencia sanitaria−, la

José Manuel Alcocer Bernés Director del Archivo General del Estado de Campeche Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 52. Los tiempos han cambiado y las posibilidades de dedicarle tiempo y esfuerzo al arte de cocinar son menores en los hogares; sin embargo, las tradiciones no se pierden. La comida de Campeche tiene una exquisitez imprescindible de conocer, la cual, al momento de enumerarla, parece infinita. La gastronomía campechana ha sido celebrada como una de las más sabrosas y variadas de México. Muchos han elogiado sus sabores, olores y colores, así como la presentación de los platillos. Uno de ellos fue José Vasconcelos, quien en el libro Ulises criollo la describe de la siguiente manera: La cocina campechana goza fama justa de ser la mejor del país. A los arroces azafranados, las aves y los lechones, añade peces sin rival en el mundo, como el cazón y el róbalo.

Arturo E. García NiñoUniversidad Veracruzana Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 52. Los habitantes del puerto de Veracruz vivieron el primer año de la década de 1920 entre el temor por la fiebre amarilla y la peste bubónica; la primera huelga ferroviaria; elecciones municipales y una vida social transcurrida en tertulias; paseos y cafés en los portales; traslados en tranvías; compras a los pregoneros de tamales y pescados en las calles; protestas por el impuesto a la venta de bebidas alcohólicas, contra las cantinas donde afloraban “los vicios”, y la sorpresa por algunos sonados casos de criminalidad. Nada presagiaba los movidos y convulsivos años que le seguirían. Deja el cochero el pescante / llega el auto y el choferLa moda se hace atrevida,Ya se pinta la mujerY usa falda recogida. Francisco Rivera “Paco Píldora” There’s a battle outside / And it is raging / It’ll soon shake

María Teresa Remartínez MartínInstituto Mora Revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 52. La adaptación a los cambios tecnológicos, que comenzaron a darse a finales del siglo XIX en las grandes ciudades, trajo como consecuencia distintas enfermedades nerviosas que, en México, se diagnosticaron gracias a los estudios científicos de médicos nacionales y extranjeros, y que recibieron paliativos para su curación como hidroterapias y electroterapias, relajantes, masajes o tónicos. Es de todos conocido que el lema del régimen de Porfirio Díaz fue “orden y progreso”; sin embargo, esta idea fue introducida mucho antes, durante el gobierno de Benito Juárez, por Gabino Barreda. En 1867, en las fiestas conmemorativas de la independencia de México, este médico, filósofo y político profirió un célebre discurso titulado “Oración cívica”, en el que propuso lo siguiente: “En lo adelante sea nuestra divisa Libertad, Orden y Progreso.” El régimen de Porfirio Díaz retomó esta divisa

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