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MAi??xico ha sido siempre fuente de inspiraciA?n para intelectuales, artistas y viajeros extranjeros. En la mente de aquellos que lo han visitado o que han escuchado o leAi??do sobre sus paisajes, tradiciones e historia, MAi??xico representa una suerte de realidad de sueAi??o. Desde el propio Bernal DAi??az del Castillo, pasando por personajes como Humboldt a principios del siglo XIX, hasta los intelectuales que se refugiaron en MAi??xico despuAi??s del triunfo franquista en EspaAi??a, la lista de los marcados por lo que el escritor Le ClA?zio llama el ai???sueAi??o mexicanoai??? es interminable.

La democracia es una forma de gobierno a la que se le atribuyen numerosas virtudes. Una de las muchas razones de tan alta estima se halla en la fuente de la que emana su legitimidad: la voluntad popular.

La vida cotidiana de los niAi??os y niAi??as mexicanos durante los siglos XIX y Xx

En la antesala del 2010, algunos de nuestros gobernantes han entrado en la vorA?gine conmemorativa para recordar las gestas de la Independencia y la RevoluciA?n.

El revolucionario corre hacia la puerta de la sucursal bancaria como si se tratara de una enorme rata gris salida de una cloaca. Se agacha por instinto. Voltea por precauciA?n. En realidad, podrAi??a caminar cA?modamente erguido; no hay un alma.

Hablar del kiosco morisco situado en la alameda de Santa MarAi??a la Ribera en la ciudad de MAi??xico nos remite de manera inmediata a la capital del Porfiriato.

Apenas se han cumplido cien aAi??os de la ediciA?n (diciembre de 1908) y divulgaciA?n de La SucesiA?n Presidencial de 1910. El Partido Nacional DemocrA?tico, el libro al que se ha considerado como uno de los principales eslabones del proceso revolucionario en 1910.

Entre los caudillos revolucionarios que, con sus hombres, constituyeron la famosa DivisiA?n del Norte eligiendo a Pancho villa como jefe de la misma, el general Toribio Ortega RamAi??rez, jefe de la Brigada JesA?s GonzA?lez Ortega, era conocido como “el mA?s leal”.

MA?s allA? de sus logros como profesionista, al Dr. ZubirA?n le tocA?, junto con otros mAi??dicos destacados de la primera mitad del siglo XX, participar en la institucionalizaciA?n de la medicina cientAi??fica mexicana.

José Manuel Alcocer Bernés / Cronista de la ciudad Revista BiCentenario No.5, págs. 50-51 Hace unos meses me buscaron dos jóvenes campechanos para mostrarme una serie de fotografías que su abuela, doña Eulalia Josefina Puertovanety, guardaba en un álbum. Mientras yo las miraba, me contaron que habían pertenecido a una fotógrafa de origen italiano que llegó a Campeche en los años cincuenta, y que su abuela hospedó en su casa porque en aquel entonces se dificultaba encontrar alojamiento en los escasos hoteles de la ciudad. Según su relato, la fotógrafa permaneció en Campeche cerca de un mes, y parece que durante ese tiempo se dedicó a captar con su cámara todo lo que a sus ojos interesó de aquella época. Al despedirse y retornar  “no se sabe si a su patria o a otro lugar”, obsequió a la familia un lote de fotografías, como muestra de agradecimiento y amistad. Contó

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