Diana Guillén
Instituto Mora
En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 33.
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A quien queríamos formar en el Instituto Mora, qué función debía cumplir su biblioteca, qué perfil de investigadores se requería, un centro de historia o de ciencias sociales, cuál ha sido el significado del ingreso al CONACyT, y la importancia de sus órganos colegiados, cómo debemos mirar hacia al futuro. Cinco ex directores y la actual titular del Instituto Mora reflejan aquí sus pasos en proyectos, ideas y objetivos a lo largo de 35 años de vida de la institución.
A lo largo de sus 35 años de vida, el motor de las actividades que realizamos en el Instituto Mora ha sido la búsqueda de la excelencia. Con ese faro como guía y bajo la premisa de que se trata de una apuesta compartida por el personal académico, administrativo y de apoyo, el futuro próximo abre el camino para generar conocimiento de punta en las líneas de investigación básica y aplicada que hemos desarrollado, para formar recursos humanos de alto nivel en los programas de licenciatura y posgrado que impartimos y para vincular nuestra labor con una sociedad que, además de requerir respuestas para los problemas que en el día a día la aquejan, enfrenta desafíos cuya solución pasa por el diseño de miradas de largo aliento.
Al iniciar la segunda década del siglo XXI, seremos referente obligado dentro y fuera de México en los campos de la historia, las ciencias sociales y la cooperación internacional. Los resultados del esfuerzo y compromiso que su comunidad ha sostenido desde que el Instituto dio sus primeros pasos en 1981, se traducirán en más y mejores contribuciones para el desarrollo de la ciencia y en decididos apoyos para el diseño y la evaluación de la política pública. Asimismo se afianzará el amplio reconocimiento a la calidad de nuestro sello editorial y, con el apoyo de formatos innovadores en el terreno de la divulgación, se ampliará el acercamiento a un auditorio amplio; nuestros programas docentes se consolidarán como opciones internacionalmente atractivas y a partir de las oportunidades propias de la era digital, la Biblioteca refrendará el papel estratégico que jugó en la creación del Instituto Mora.
Quienes hemos acompañado un andar que ha dejado invaluables frutos, tenemos razones para sentirnos privilegiados. Hemos visto modificarse desde la fisonomía de los espacios que nos albergan, hasta las líneas de investigación y docencia que desarrollamos, pero sobre todo hemos atestiguado las bondades de asumir colectivamente el reto de mirar siempre hacia adelante. Por ello, estoy convencida de que el futuro próximo es promisorio y dentro de él la única forma de visualizarnos es como interlocutor proactivo y vigoroso de otras instancias académicas y educativas, de esferas de gobierno local, estatal y nacional, de organismos internacionales, y, en general, de los distintos sectores de una sociedad a la que como Centro Público de Investigación nos debemos.
Ernesto de la Torre Villa
(1981-1983)
Estuve al frente del Instituto Mora por casi cuatro años, y una de mis tareas principales fue formar una buena biblioteca para el uso de los investigadores. Fernando Solana, secretario de Educación, me dijo: “Mire maestro, en la Secretaría tenemos muchos libros que no conocemos; lo autorizo para que saque los libros que le puedan servir.” Y resultó que aquellos libros eran de las bibliotecas que había organizado José Vasconcelos y que luego habían sido refundidos en bodegas. De ahí sacamos preciosidades. Con el apoyo de Solana, expurgamos también la Biblioteca México y la Cervantes, gracias a lo cual el acervo del Instituto Mora se acrecentó. El objetivo era integrar una biblioteca especializada en historia de América. El Instituto había sido creado para preparar estudiantes que no compitieran con otras instituciones. La Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM tenía la carrera de historia que impartía una formación muy general y El Colegio de México estaba interesado en formar principalmente historiadores de México, de manera que pensamos que el Mora debía preparar alumnos en historia de América. Más adelante, bajo otra dirección, el Instituto cambió su interés a favor de la historia regional, y las políticas para acrecentar la biblioteca sufrieron cambios. (Por otro lado, Solana) nos envió la escuela de encuadernación. Aquello fue muy bueno porque con ella se daba un magnífico apoyo a la biblioteca y se podía aspirar a crear un taller de restauración. Entiendo que el Instituto Mora no perdió del todo aquel taller. Creo que en esos años de fundación pudimos sentar buenas bases, bases intelectuales y materiales, me parece que el Mora va muy bien y está dando sus frutos. Creo que está llamado a tener todavía gran desarrollo, tengo muy buenos recuerdos del Instituto.
Eugenia Meyer
(1983-1989)
El Instituto Mora era realmente más un proyecto que una realidad. Cuando llega como secretario [de Educación] Jesús Reyes Heroles, quería construir un centro dedicado a la historia mexicana del siglo XIX y XX. Me pidió que hiciera un programa y me puse a trabajar con una serie de historiadores y de científicos sociales. Las labores fundamentales fueron crear un proyecto integral e integrado de investigaciones, formar equipos, recursos humanos en relación con lo que estábamos trabajando y un ámbito de recursos materiales. En ese sentido, lo más importante fue construir la biblioteca, yo creo que es una excelente biblioteca que responde a las necesidades del Instituto, es decir el siglo XIX y XX, historia de México, historia de America Latina, historia de Estados Unidos. Decidimos trabajar sobre historia regional; se constituyeron grupos de investigación. No había realmente un centro que se ocupara de las historias de América Latina vistas desde la perspectiva mexicana, y para complementar esto también nos encontramos con que era correcto hacer, por vez primera, un proyecto de latinoamericanos sobre Estados Unidos. Yo creo que los proyectos tuvieron una marcha muy ordenada, recuperamos además el trabajo de una enorme cantidad de colegas en las regiones. Gracias al trabajo del Mora se fueron formando grupos de investigación en diferentes estados. [Por otra parte]… me ayudaron mucho mis largas discusiones con Guillermo Bonfil, con Arturo Warman y con Rodolfo Stavenhagen, para hacer las nuevas maestrías; suprimimos la historia de México porque era reiterativa y porque existía en otros ámbitos, entonces dejamos la Sociología Política [y] abrimos una maestría en Estudios Regionales. Se trataba de estimular la vocación [de los alumnos] por la historia regional y creo que esto fue muy importante porque [se] empezaron a generar programas en universidades de los estados, en centros de investigación, etc. Hicimos además dos tareas, una destinada a la difusión, que fue el boletín Este mes en el Mora, y luego otra que fue la revista Secuencia. Tuvimos que generar una serie de actividades para que se conociera al Mora. Yo creo que, en efecto, a mí me tocó crear una institución, porque no existía como tal. Nos parecía también que no era un centro de historia, sino de ciencias sociales, y esto era fundamental, entender a la historia como parte de estas ciencias sociales, no nada más como humanidades y bueno, pues para poder hacer esto también me tocó la experiencia [de] construir un espléndido edificio ¿no?, lo que en su momento recibió todo el apoyo del entonces secretario de Educación. Yo creo que fue una actividad muy intensa de cinco años y podría decir que, al dejar el Mora, buena parte de los proyectos realmente se habían logrado.
Hira de Gortari Rabiel
(1989-2000)
La etapa que me tocó vivir en el Mora tiene dos vertientes: una, la que sería el Instituto que yo recibí y el Instituto como se fue construyendo en la etapa que fui director; creo que era responder a retos externos que se empezaron a plantear en la educación superior y en la investigación en México, que los institutos como el Mora tuvieran una base interna, desde el punto de vista de la formación de los colegas, mucho mayor. Creo que algo de lo que ahí se logró fue precisamente tener un grupo cada vez más importante de colegas [que obtuvieron] el doctorado o están en vías de obtenerlo. Eso creo que es importante, también algo que se planteó fue continuar con la labor de enriquecimiento de la biblioteca que, si bien, ya era muy rica, el reto siguiente era seguirla enriqueciendo. En un momento dado, el Mora tenía que estar más en el mundo de los académicos, tanto en el área de la ciudad de México, como en otras partes de la república. Es un instituto de historia ya reconocido. Creo que es importante que se intensificaran las relaciones del Instituto, tanto docentes [y] de investigación, con otras instituciones de la ciudad de México, [como] de otras partes del país, eso fue interesante e inclusive, con otras instituciones no necesariamente mexicanas. Hay otra parte muy importante, el Instituto entró en términos institucionales y administrativos, dentro del área del CONACyT, y eso también fue un cambio importante que tuvo sus ventajas para el Instituto y además que forzó e implantó políticas distintas. En ese periodo que me tocó ser director hubo muchos cambios, si lo percibe uno a distancia, tanto en términos de exigencias [como] en términos técnicos y que todos, de una manera u otra teníamos que convencernos que [debíamos] dar un salto importante cualitativo en términos de nuevas exigencias. El Instituto ha logrado ir avanzando y en términos de lo que a me tocó, me siento bastante satisfecho de lo que se logró. Para mí fue una experiencia extraordinariamente útil, amable y no tengo más que agradecer haber estado en ese puesto, fue muy interesante, muy formativo.
Santiago Portilla
(2000-2005)
Yo conocía ya en términos generales lo que era el Mora y siempre he tenido la mejor opinión, tanto de la investigación como de los programas docentes y de su biblioteca. Cuando llegué, mi impresión fue la de la seriedad en los proyectos de investigación. Además, me sorprendió la proporción de mujeres entre el personal académico. Una de las primeras cosas que se me hicieron evidentes fue que toda el área de investigación estaba muy cargada hacia los siglos XVIII y XIX, con algo del siglo XX. En cambio, los programas docentes estaban inclinados hacia temas del siglo XX, con las maestrías de Sociología Política, Estudios Regionales y Cooperación Internacional, y poco al siglo XIX, con la maestría en Historia Moderna y Contemporánea. Mi primera impresión fue esta disparidad. Eso fue lo que me hizo concebir el proyecto que tengo ahora, que es el de convertir paulatinamente al Instituto Mora en un centro de estudios del México Moderno y Contemporáneo. Otro elemento que ya está en marcha es la idea de fortalecer a los órganos colegiados y propiciar más intensamente la participación de nuestra comunidad en la vida del Mora. En otro sentido, el proyecto hacia el futuro replantea metas de crecimiento del Instituto y exige la búsqueda de fondos adicionales para el financiamiento de proyectos de investigación y para la expansión de la infraestructura. Una de las cosas que quiero impulsar es que aprovechemos fondos condicionados al intercambio y proyectos conjuntos con universidades extranjeras, y estoy pensando específicamente en el UC MEXUS. En cuanto a la celebración de los 20 años del Mora, deseo aprovechar el aniversario para dar a conocer mejor al Instituto en la sociedad y, en ese sentido, hemos planeado una serie de actividades más intensamente que en otras ocasiones.
Luis Jáuregui
(2005-2015)
La persona que dirige una institución lo hace con la idea de que su construcción y apuntalamiento se aplica sobre un ente vivo en constante cambio y actualización. Por lo mismo, hacer un relato, siquiera breve, de los logros de mis diez años al frente del Instituto Mora debe llevar la advertencia de que las condiciones en las que yo goberné el centro fueron distintas a las que se dieron en sus primeros años de existencia. Por una parte, como ocurrió en todas las entidades públicas partir de inicios del siglo, como entidad pública el Instituto se vio más supervisado en el ámbito de sus ejercicios presupuestales. Además, el impacto internacional sobre aspectos como equidad, derechos humanos y medioambiente obligó a mi gestión a trabajar en un ámbito de mayor complejidad de la administración pública federal.
El reto fue grande, pero el Instituto logró hacer frente a las nuevas exigencias. Y no sólo eso; el conocimiento adquirido sobre el funcionamiento del gobierno general, del CONACyT y de los órganos que gobiernan al Centro permitió que en la segunda parte de mi gestión se echaran a andar, y se concretaran, proyectos tan importantes como la consolidación de la Licenciatura en Historia, nuevos cursos y diplomados, modernización de los recursos de informática y ampliación o mejoramiento de la estructura de las sedes. La revista BiCentenario fue uno de los logros de mi gestión; con algunas dificultades al inicio, pero ahora consolidada como una de las revistas de divulgación histórica más serias del ámbito académico mexicano.
Los alcances de un director son tan exitosos como lo permita la calidad del trabajo de todos y cada uno de los componentes humanos de la institución que dirige. A fines de 2012 vi la oportunidad de obtener una sede que reuniera a todos los elementos de la institución, que generara un verdadero sentimiento de comunidad más allá de las reuniones anuales por algún festejo. Seguro de que investigadores, funcionarios y trabajadores administrativos estaban a la altura del reto que representaba un nuevo edificio, emprendí la búsqueda de los recursos para su adquisición y remodelación. La sede de Poussin está prácticamente terminada y lista para ser ocupada. Queda incrementar la docencia y el impacto de nuestra investigación, mostrar a la sociedad mexicana que fue un acierto la inversión en el Instituto. Estoy seguro que lo lograremos; nuestra Institución cuenta sobradamente con una comunidad comprometida y competente.


