La mano de Pedro Ramírez Vázquez en la Universidad Autónoma de Nuevo León

La mano de Pedro Ramírez Vázquez en la Universidad Autónoma de Nuevo León

Susana Julieth Acosta Badillo
Preparatoria 3, UANL

En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70.

Con cuatro décadas de diferencia, el arquitecto y urbanista tuvo participaciones directas en la elaboración y ejecución de los proyectos que cimentaron la ciudad universitaria de Monterrey y su escuela industrial.

Pedro Ramírez Vázquez no necesita presentación. Uno de los arquitectos más afamados, prestigiosos y referidos en la historia de México, fue autor de múltiples obras icónicas del México del siglo xx, sobre todo museos y mercados, además de ser el encargado del diseño gráfico de las Olimpiadas de 1968, manchadas en la historia por el despreciable actuar del gobierno Gustavo Díaz Ordaz. En una entrevista, Ramírez Vázquez recordó que su carrera inició en el momento idóneo, pues en los años de 1940 el país estaba en un proceso radical de transformación, sobre todo en el aspecto educativo donde la intención era abastecer de escuelas a las zonas rurales en una campaña de descentralización de las grandes urbes mexicanas y fue en esta necesidad, donde Ramírez Vázquez realizó una de sus aportaciones más importantes: el modelo “aula-casa rural”, tan replicado en la arquitectura escolar a lo largo y ancho del país.

Su arquitectura era industrializada, funcional, pero con evocaciones precolombinas, un estilo propio de su contexto, cuando la arquitectura moderna se extendía entre los programas de construcción del país. Aún en su juventud y tras la experiencia como gerente del Comité Administrador del Programa Federal para la Construcción de Escuelas (capfce), fue partícipe del diseño de la Ciudad Universitaria de la unam, antesala que lo postuló para asesorar el proyecto hermano de la Universidad de Nuevo León (todavía sin el rango de autónoma).

El estado de Nuevo León, como algunos otros, tiene arquitectura de Ramírez Vázquez y no sólo es la basílica de Guadalupe, enclavada en la colonia Independencia, la de mayor tradición en la ciudad de Monterrey, y construida en 1982 con un estilo similar a la basílica de ciudad de México, diseñada por el mismo equipo bajo el liderazgo de Ramírez Vázquez. Además de este ejemplar y el descuidado “Honguito”, oficina de ventas construida en 1966, el estado, particularmente la ciudad de Monterrey, le recibió en otros dos tiempos: en 1953 para asesorar la construcción de la Ciudad Universitaria de Nuevo León (cunl) y en 1993, para diseñar la nueva unidad académica de la Escuela Industrial y Preparatoria Técnica “Álvaro Obregón” (eiao), ambos proyectos de la Universidad Autónoma de Nuevo León (uanl).

CUNL

El 9 de febrero de 1953 el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) designó al arquitecto Carlos Lazo, entonces secretario de Obras Públicas, asesor del proyecto de la Ciudad Universitaria de Nuevo León (cunl) y coordinador de un equipo técnico integrado por arquitectos, ingenieros y constructores que participaron en la Ciudad Universitaria nacional para el diseño de una maqueta que arrancara los trabajos en la universidad estatal. Lazo, a su vez, designó a Ramírez Vázquez y su eterna dupla, Rafael Mijares, para liderar dicho equipo. Casi un mes después, el 3 de marzo de 1953, ambos arribaron a la ciudad de Monterrey.

Su primera labor fue revisar la disponibilidad de espacio en el terreno recientemente facilitado por la Federación: 126 hectáreas de la antigua Ciudad Militar que se desplazaba entre los límites de los municipios de Monterrey y San Nicolás de los Garza. A esta primera reunión le siguió otra, en abril. cuando presentaron una versión inicial de la maqueta. Su propuesta era ambiciosa.

Proponían un modelo versátil y sumamente acorde con la modernidad arquitectónica de la época, con edificios y laboratorios para todas las escuelas universitarias –que entonces eran trece facultades, seis preparatorias y seis escuelas anexas–, así como edificios habitacionales para estudiantes que requirieran asilo, casas para profesores y sus familias, una escuela primaria para los hijos de los empleados de la universidad y centros de entretenimiento para estudiantes, es decir, toda una urbe estudiantil con los requerimientos básicos al alcance. Para Ramírez Vázquez, una ciudad universitaria debía cumplir con dos características esenciales: buena orientación y confort.

Su propuesta era adecuada para un terreno de 126 hectáreas, pero también estaba muy por encima del presupuesto de una universidad de provincia, que al año recibía por parte de la Federación una módica cantidad de 200 mil pesos, incomparable a los 11 000 000 destinados en aquellos años a la unam. Además, el decreto de “donación” del terreno publicado el 29 de octubre de 1952 en el Diario Oficial condicionaba a la Universidad de Nuevo León a hacerse cargo de la construcción de la nueva ciudad militar, algo de “extremos difíciles o embarazosos” de cumplir, según palabras del rector Raúl Rangel Frías (1949-1955), quien también llegó a declarar que las universidades estatales no eran más que “universidades limosneras”, por el raquítico presupuesto recibido año con año.

A pesar de la existencia de un Patronato Universitario, que gestionaba la acumulación de fondos para la construcción del campus, la imposibilidad de cumplir la condicionante del decreto atrasó por cuatro años la construcción de la cunl hasta 1957, cuando Rangel Frías, ahora desde la posición de gobernador del estado (1955-1961) presionó a la presidencia de la república para emitir un nuevo decreto que eximiera a la Universidad de Nuevo León y al gobierno del estado de la obligación de costear la nueva ciudad militar.

Publicado en el Diario Oficial el 6 de marzo de ese año, el renovado fallo dimitió de aquella solicitud, pero redujo a 100 hectáreas el terreno a ocupar. Nuevamente los servicios de Ramírez Vázquez y Mijares fueron solicitados, y en menos de un mes presentaron ante el gobernador el plano de un nuevo anteproyecto adaptado a la reducción de 26 hectáreas. El plano incluía los edificios para las facultades de leyes, filosofía y letras, comercio, ciencias químicas, arquitectura, ingeniería civil, agronomía (con campo de experimentación) y artes plásticas, además de contemplar inmuebles para rectoría, biblioteca central, aula magna para eventos, un instituto de investigaciones y campos deportivos, así como un casino club, alberca olímpica y un estadio universitario. Si se compara con la primera propuesta de 1953, se desistió de las unidades habitacionales por la reducción del nuevo terreno.

El anteproyecto de Ramírez y Mijares sirvió de base para lo que después sería el conjunto definitivo, que resultó ser una amalgama de cuatro propuestas: una de Carlos Lazo –presentado antes de su fallecimiento–, el de Ramírez y Mijares, el elaborado por estudiantes y profesores de arquitectura e ingeniería civil, y el realizado por el comité técnico de la cunl. El conjunto final fue aprobado por el Consejo Universitario el 11 de junio de 1957 y fue estructurado por áreas: 1) centro común, bajo regencia de la Torre de Rectoría, y contemplaba un Aula Magna, Biblioteca Central, Museo de Arte y el Instituto de Investigaciones Científicas, así como una explanada con asta bandera; 2) un eje para el conjunto de artes y ciencias, integrado por las facultades de arquitectura, ingeniería civil, ciencias químicas e ingeniería mecánica, y sus talleres correspondientes; 3) otro eje para humanidades, con economía, derecho, filosofía y comercio; y 4) el área de deportes, con un estadio, alberca olímpica al aire libre, un gran gimnasio y un casino.

Eran años de “modernidad” y ello se trasmitió en la arquitectura del campus. Desde el trazo de Ramírez y Mijares, los edificios tuvieron presentes diversos principios del funcionalismo, particularmente los “cinco puntos de la nueva arquitectura” de Le Corbusier, como la planta libre, presente –en aquel entonces– en la mayoría de los inmuebles, los pilotis y las ventanas horizontales o corridas, sin ornamentación en la mayoría de los edificios y construidos bajo el esquema funcionalista de “más barato y más rápido|”.

Como última labor de asesoría, Ramírez Vázquez dejó un escrito técnico donde enlistó una serie de recomendaciones para que el campus conservara su armonía espacial, destacando el respeto y delimitación de las áreas de cada una de las dependencias, a modo de evitar la sobreexplotación de los terrenos. Fechado el 31 de octubre de 1957, decía:

Las anteriores observaciones y sugestiones creo que podrían servir de base para lograr en la realización de la Ciudad Universitaria del Norte, el que sean aprovechadas satisfactoriamente las experiencias derivadas tanto del proyecto como de la realización y uso de la Ciudad Universitaria de México y puede usted abrigar la seguridad, señor rector, de que me seguirá animando el mejor espíritu de colaboración a la realización de una obra de tan grande importancia nacional y que será un placer para el suscrito el cambiar impresiones y ajustar ideas con los técnicos regiomontanos que han estado trabajando en los proyectos que se comentan.

Sin embargo, es de lamentarse que sus recomendaciones no fueran atendidas del todo, pues hoy en día la cunl está en los límites de su expansión y algunas facultades definitivamente usurparon terreno que no les correspondía. Ahora bien, habrían de pasar 36 años para que Ramírez Vázquez se volviera a relacionar con Universidad Autónoma de Nuevo León (formalizó su autonomía en 1971).

La escuela industrial Álvaro Obregón

Los años noventa fueron un decenio de transformación educativa. A nivel nacional estaba en proceso la modernización de los programas escolares de todos los niveles y a nivel universidad esta se adhirió a los planes nacionales por medio del Proyecto Modernización Educativa uanl. Entre los ejes más importantes estaba la infraestructura y es aquí donde encontramos nuevamente el nombre de Pedro Ramírez Vázquez en la historia universitaria.

La Escuela Industrial y Preparatoria Técnica “Álvaro Obregón” (eiao) es una de las escuelas fundadoras de la universidad, pues es más antigua que esta, al crearse en 1930 en atención a la alta demanda de una ciudad industrial como Monterrey. Desde su creación, la eiao funcionaba en el edificio de Félix U. Gómez y Madero, de estilo Art Déco, y desde 1989 gestionaba una unidad externa en el municipio de Guadalupe, Nuevo León conocida como Unidad Tres Caminos. Al transcurrir los años, los espacios resultaron insuficientes y con motivo del programa general de renovación universitaria, la eiao se animó a gestionar terreno para una nueva extensión o unidad, más amplia y moderna, para atender las nuevas exigencias de la educación con cara al siglo xxi.

Como primera iniciativa, la eiao diseñó su propio programa de visión educativa denominado Proyecto de Transformación Educativa eiao 2010, donde el principal eje era un nuevo inmueble y los requerimientos que este debía cumplir para ser considerada como la mejor escuela técnica del país. Tras una larga gestión, en octubre de 1993, se hizo entrega oficial por parte de la Federación de un terreno de seis hectáreas ubicado entre las avenidas Vía a Tampico y Churubusco, en el centro de Monterrey, antes pertenecientes a la siderúrgica Aceros Planos. Para el diseño se buscó al despacho Ramírez Vázquez y asociados.

Arquitecto consolidado en el panorama nacional, Ramírez Vázquez regresó a la uanl para liderar el equipo de diseño del nuevo edificio para la eiao, acompañado de su hijo Javier Ramírez Campuzano y el arquitecto Andrés Giovanini García, otro colaborador asiduo que trabajaba con él desde 1971 y quien desde 1982 ya era coautor asociado.

Para los trabajos de diseño se tomó muy en cuenta el clima de la ciudad de Monterrey, el cual Ramírez Vázquez llegó a comparar con el de la India, y también la naturaleza de la escuela, pues algo que destaca mucho en el diseño son los túneles que comunican los edificios, los cuales asemejan uniones metálicas como símbolo del tornillo, en clara representación del trabajo técnico. La maqueta fue presentada en septiembre de 1993 y tres meses después, el 20 de diciembre, principiaron los trabajos de construcción. Todo indica –por lo menos en las fuentes hemerográficas consultadas–, que el despacho Ramírez Vázquez y asociados ya no se involucró en el proceso de construcción, el cual quedó en manos de una constructora privada en su primera etapa y del capfce en la segunda.

La primera fase fue entregada en el marco del 65 aniversario de la eiao, en octubre de 1995, y consistió en 16 000 metros cuadrados de construcción, que incluyeron laboratorios de computación, física y química, y alrededor de 60 aulas, con una inversión de 33 000 000 de nuevos pesos.

Una vez puesta en marcha la nueva extensión, que por su ubicación recibió el nombre de Unidad Churubusco, la idea de la eiao era conservar su histórica primera sede por su alto valor patrimonial y artístico –en su vestíbulo se resguardan imponentes vitrales del jalisciense Roberto Montenegro– para un uso también académico como sede de sus programas de Técnico Superior, pero un evento coyuntural hizo que el inmueble le fuera cedido a otra preparatoria hermana. Y es que, en aquellos años, el Colegio Civil, cuna de la uanl en 1933, estaba en proceso de adaptación para ser el Centro Cultural Universitario y, por ende, las dos preparatorias que le ocupaban, la 1 y la 3 (diurna y nocturna, respectivamente) tuvieron que salir del inmueble. Desde el 2001, la Prepa 3 es la que ocupa y resguarda el inmueble de Félix U. Gómez y Madero.

La Unidad Churubusco de la eiao es tal vez el trabajo menos conocido de Ramírez Vázquez, tanto a escala nacional como a escala local, puesto que ni en la uanl se conoce su autoría. Por lo expuesto, consideramos importante recuperar la relación de Ramírez Vázquez con la uanl, una institución que se ha relacionado con algunos destacados arquitectos a nivel nacional –sirva también de ejemplo Ricardo Legorreta y la Biblioteca Universitaria “Raúl Rangel Frías” en 1994–, pero que después de efectuada la colaboración suele dejar en el olvido la huella de estos grandes nombres de la arquitectura mexicana.

PARA SABER MÁS:

  • Acosta Bdillo, susana JuliethJosé y José Manuel Prieto González, “La construcción de la Ciudad Universitaria de Nuevo León (1950-1969) y su relación con los precedentes del Tecnológico de Monterrey y de la Universidad Nacional Autónoma de México”, Revista Ciencias y Humanidades, 2019, en https://cutt.ly/btwyjWPP
  • Prieto González, José Manuel y Ricardo Lazcano gómez, “De Ciudad de México a Monterrey: breve historia de una ciudad universitaria moderna”, Anales de Historia del Arte, 2010, en https://cutt.ly/Gtwyj2La
  • “Pedro Ramírez Vázquez – In memoriam (1919-2013), desde sus museos”, Gaceta de Museos, 2014, en https://cutt.ly/0twykdfE
  • “Pedro Ramírez Vázquez Arquitectura y Diseño Funcional”, en https://cutt.ly/utwykERd