La distracción de Wilson en la captura de Villa

La distracción de Wilson en la captura de Villa

Faustino Aquino
Museo Nacional de las Intervenciones – INAH

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 67.

El presidente estadunidense ordenó en 1916 la Expedición Punitiva para detener en territorio mexicano a Francisco Villa. Aquello, en realidad, de acuerdo con una nueva investigación histórica, se hizo más como una medida para conformar a cierto sector interno expansionista. Su interés real estaba en Europa y el comienzo de las hostilidades por la primera guerra mundial.

En México se ha creído que la llamada Expedición Punitiva –la persecución del general Francisco Villa por tropas estadunidenses a lo largo del estado de Chihuahua en 1916– tuvo por objeto capturar a Villa, así como probar tácticas de combate y equipo motorizado destinados a ser empleados en la primera guerra mundial. Sin embargo, la tesis de maestría de John M. Cyrulik, Examen estratégico de la Expedición Punitiva en México, aclara que el despliegue de aquella fuerza invasora tan sólo fue una especie de placebo para bajar la fiebre bélica y expansionista de un sector de la clase política estadunidense.

Por motivos que todavía están a debate –venganza contra los Estados Unidos por su apoyo a Venustiano Carranza en diversas formas, sospecha de que esa potencia planeaba una nueva invasión de México, intento de capturar a un traficante de armas defraudador, acuerdo con los alemanes para impedir la entrada de los Estados Unidos a la primera guerra mundial–, el general Villa y una partida de guerrilleros invadió territorio estadunidense la madrugada del 9 de marzo de 1916 y atacó e incendió a la población de Columbus, Nuevo México.

La noticia del ataque, al amanecer de ese mismo día, tomó por sorpresa a la opinión pública estadunidense y la hizo reaccionar exigiendo una intervención armada en México. Por la tarde, un informe completo llegó al senado y dio fuertes argumentos a varios senadores que venían exigiendo una intervención desde que una partida villista asesinara a varios ciudadanos estadunidenses cerca de la estación ferroviaria de Santa Isabel, Chihuahua, en enero anterior. Por su parte, el ejército desarchivó el plan de guerra que se había encarpetado apenas el 4 de marzo, y que contemplaba una invasión de México con varios cientos de miles de soldados y la ocupación de la región fronteriza. Al mismo tiempo, el presidente Woodrow Wilson, quien había enfriado el asunto de Santa Isabel mostrándose impasible, adoptó la misma actitud y se abstuvo de hacer declaraciones.

Esto último se debía a que, como aclaran Oliver Stone y Peter Kuznick en su obra La historia silenciada de los Estados Unidos, aunque el presidente Wilson había llegado a la presidencia con una plataforma aislacionista, y oficialmente juraba que mantendría al país fuera de la guerra europea, en su fuero interno estaba convencido de que los Estados Unidos tenían que participar en aquella guerra si no querían quedar al margen del futuro reordenamiento mundial que la paz traería consigo. Tal vez por eso, en diciembre de 1915, olvidando su anterior intervencionismo en México y Latinoamérica, había anunciado en su mensaje anual al congreso que su postura hacia esos países era de total respeto a su independencia y soberanía.

En otras palabras, el presidente quería paz en América para así poder intervenir en Europa, pero el ataque a Columbus ponía en peligro esa política, pues una guerra en dos frentes la complicaría muchísimo (la teoría de que Villa actuó estimulado por los alemanes nunca ha carecido de sentido). Aunque Venustiano Carranza, primer jefe de la revolución en México, le pidió que no tomara las acciones de Villa como justificante para invadir territorio mexicano, le resultó imposible satisfacer tal petición, pues la prensa y los congresistas jingoístas e imperialistas vieron su oportunidad y presionaron implacables. Las elecciones estaban próximas y Wilson temía que, si no tomaba la iniciativa, el Congreso podría forzarlo a lanzar un ataque a gran escala que inevitablemente llevaría a la guerra.

Por tanto, la obligada intervención en México no podría tener más objetivo que el de la simple satisfacción del honor nacional; es decir, se llevaría a cabo con escaso número de soldados: “Una fuerza suficiente será enviada de inmediato en persecución de Villa, con el sólo objeto de capturarlo y poner fin a sus desafueros. Esto puede hacerse y se hará como ayuda amistosa para las autoridades constituidas en México y con escrupuloso respeto a la soberanía de esa república”, declaró el presidente.

La intervención fue anunciada como un acto de ayuda y respeto porque, por su parte, para evitar la guerra, Venustiano Carranza, al día siguiente del ataque a Columbus, recordó al gobierno vecino que los conflictos fronterizos habían sido cosa común en la década de 1880 y que el acuerdo de 1882, que concedía el derecho recíproco para que fuerzas de ambos países cruzaran la frontera en persecución de indios, podía ser reactivado, de modo que pidió permiso para que tropas carrancistas pudieran perseguir a Villa en territorio estadunidense en caso de que el caudillo revolucionario repitiera su agresión. Wilson no dudó en tomarle la palabra y el 13 de marzo, sin esperar a que Villa repitiera su osadía, simplemente declaró unilateralmente que el acuerdo de 1882, por voluntad de ambos gobiernos, volvía a estar en vigor y, por tanto, el cruce de la frontera por tropas estadunidenses no atentaría contra la soberanía de México. Una vez se hubo allanado a sí mismo el camino, dio orden de que una fuerza expedicionaria persiguiera a Villa en el estado de Chihuahua bajo el mando del general John Pershing.

Las medidas tomadas por Wilson para evitar la guerra eran tan irregulares que el cuerpo de planificadores de la Escuela Superior de Guerra –los estrategas de la nación– se negaron a participar en el trazo de la campaña que debería desarrollar la Expedición Punitiva –nombre que recibió la proyectada fuerza expedicionaria–, pues era evidente que la misión de perseguir a una banda guerrillera en un territorio enorme era tan compleja que parecía imposible de cumplir y, desde el punto de vista militar, siempre sería más eficiente ocupar territorio. Parece que no entendían que eso era precisamente lo que Wilson quería evitar.

La elección del general expedicionario también fue irregular, pues, en una situación normal, el encargado de comandar a las tropas que iban a penetrar en Chihuahua habría tenido que ser el comandante regional, que en este caso era el general Frederick Funston, titular del comando sur; sin embargo, el jefe de Estado Mayor, general Hugh L. Scott, y el secretario de Guerra, Newton Baker, eligieron a Pershing debido a que veían en él dotes diplomáticas, las cuales se consideraban necesarias para evitar entrar en conflicto con Carranza y cooperar con él en la persecución de Villa. Esto es una muestra más del empeño de Wilson por evitar la guerra a toda costa.

Nadie objetó la elección de Pershing, ni la orden que Baker giró a Funston el 11 de marzo:

Debe organizar de inmediato una fuerza militar adecuada bajo el mando del brigadier general John J. Pershing y lo dirigirá para proceder rápidamente a través de la frontera en persecución de la banda mexicana que atacó la ciudad de Columbus y las tropas de allí la mañana del 9 del corriente. Estas tropas se retirarán a territorio estadunidense tan pronto como el gobierno de facto en México sea capaz de liberarlos de este trabajo. En cualquier caso, el trabajo de estas tropas se considerará terminado tan pronto como la banda o bandas de Villa sean exterminadas. En el cumplimento de estas instrucciones, están autorizados para emplear cualquier guía e intérprete necesario, y es dada autoridad general para transporte, incluyendo el de motor… Está usted instruido para hacer todo el uso práctico de los aviones de San Antonio para observación.

Esto determinó que la Expedición Punitiva fuese la primera campaña en la historia militar estadunidense en la que se utilizaron vehículos motorizados, así como aviación pero, al parecer, no para probar tecnología novedosa con miras a la participación en la primera guerra mundial, sino simplemente para impresionar a la opinión pública: el presidente Wilson esperaba que el halago al orgullo nacional fuera tan efectivo que permitiese el retiro de la fuerza expedicionaria luego de algunas escaramuzas que dispersaran a la banda villista, pues el objetivo de capturar a Villa en realidad se dejaba en manos de las tropas carrancistas.

Mientras Carranza protestaba por la concentración de fuerzas estadunidenses cerca de Palomas, Chihuahua, y porque se estaba dando una interpretación torcida a su propuesta de paso mutuo por la frontera, en Washington el presidente Wilson seguía tomando medidas para asegurarse de que sus oficiales en la frontera tuvieran bien claro que parte de su misión era respetar de manera absoluta al gobierno de Carranza, así como evitar a toda costa enfrentamientos con las fuerzas armadas o la población de México. Creyendo que esto y sus acciones previas evitarían que la Expedición Punitiva fuera considerada una intervención, él y su gabinete festejaron cuando Pershing, con 6 000 hombres, cruzó la frontera el 15 de marzo. El triunfo político pareció automático porque, en el congreso, los moderados se impusieron y el 17 fue aprobada la Resolución 64, que disponía el uso de las fuerzas armadas de Estados Unidos con los objetivos limitados que el presidente había fijado, es decir, la persecución, hasta la dispersión, de la banda de Villa.

Dos semanas después de entrar a Chihuahua, los expedicionarios alcanzaron al general Villa en Ciudad Guerrero y, el 29 de marzo, estuvieron a punto de capturarlo en un combate del que el Centauro salió herido por un disparo accidental de uno de sus propios hombres. Fue la única ocasión en que los perseguidores tuvieron oportunidad de atraparlo.

A juicio del general Scott, esa demostración de fuerza, y la huida de Villa, parecían ser suficientes para dar por satisfecho el honor estadunidense y cumplido el objetivo de la Expedición. Como importantes lugartenientes de Villa también resultaron heridos o muertos, en la Casa Blanca se consideró igualmente que el combate de Ciudad Guerrero representaba el fin de la aventura.

Otro hecho que abonaba a favor del retiro de la expedición era que el 24 de marzo el buque inglés Sussex había sido hundido por un submarino alemán, con 25 estadunidenses a bordo, lo que ponía a Wilson en el camino que realmente quería seguir: el de la guerra en Europa.

Varios miembros del consejo de ministros se declararon a favor de retirar la expedición en la segunda semana de abril; sin embargo, el 12, una columna de caballería estadunidense entró a la ciudad de Parral, de donde fue expulsada a pedradas por una población enardecida por la presencia extranjera. El hecho se agravó debido a que la guarnición carrancista disparó contra los expedicionarios y se entabló un combate que dejó muertos y heridos en ambos bandos, lo cual volvió a poner a ambos países al borde de la guerra y forzó la permanencia de la Expedición Punitiva en Chihuahua mientras se aclaraban los hechos, pues en Washington se temió que, en tales circunstancias, el retiro de la expedición podía ser visto como una concesión a los airados reclamos de Venustiano Carranza.

El general Scott recomendó desplegar a la Guardia Nacional en la frontera con el fin de auxiliar a Pershing en caso de necesidad, pues este último expresaba constantemente su temor de ser rodeado por las fuerzas carrancistas y recomendaba la inmediata ocupación del estado de Chihuahua y la confiscación de todos los ferrocarriles.

En Washington se decidió concentrar a la expedición en Colonia Dublán, donde permanecería indefinidamente como un incentivo para que Carranza activara la persecución de Villa. El presidente, aprovechando la presencia de Scott en la frontera, completó el plan de acción proponiendo a Carranza una reunión entre sus respectivos jefes militares con la esperanza de que se pudieran encontrar vías de cooperación.

El general Álvaro Obregón se encontró con los generales Hugh L. Scott y Frederick Funston el 29 de abril en El Paso, Texas. Hasta el 12 de mayo sostuvieron una serie de reuniones infructuosas debido a que los estadunidenses pusieron como condición para retirarse que el ejército carrancista persiguiera activamente a Villa y garantizara en el futuro la seguridad de la frontera.

Entre tanto, ante el inminente fracaso de las negociaciones, se activaron las medidas necesarias para auxiliar a Pershing en caso de necesidad: el 9 de mayo se inició una masiva acumulación de tropas de las guardias nacionales de los estados fronterizos que llegaría a 140 000 hombres en agosto. Ante la constante exigencia de Venustiano Carranza de que la Expedición Punitiva fuera retirada, el 20 de junio Washington declaró su negativa definitiva, y advirtió que cualquier intento de expulsarla de México por la fuerza “conduciría a la más grave de las consecuencias”.

De acuerdo con tal advertencia, el 16 de junio la Escuela Superior de Guerra, por orden de Scott, comenzó a trazar un nuevo plan de ataque contra México que, a diferencia del anterior, no tendría a la ciudad de México como objetivo, sino la destrucción del ejército de Carranza y el aseguramiento de la frontera y las vías de ferrocarril. Por deseo de Wilson, incluso la guerra declarada debería tener objetivos limitados: el auxilio a las tropas de Pershing.

Entre tanto, en Chihuahua, Pershing fue advertido de que no se le permitiría avanzar más en ninguna dirección, excepto hacia el norte, a lo que el general respondió que seguiría ejecutando las órdenes con las que había entrado a México y, por tanto, seguiría patrullando en busca de las partidas villistas. En tal situación, la guerra volvió a parecer inevitable cuando el 21 de junio se dio un nuevo combate entre tropas estadunidenses y carrancistas en el pueblo de El Carrizal. Sin embargo, el presidente Wilson volvió a conjurarla llamando a la calma y reconociendo que el culpable del nuevo incidente había sido el comandante de la patrulla estadunidense, quien se empeñó en cruzar por el poblado sobre de la oposición de la fuerza carrancista que lo guarnecía.

Para corresponder, Venustiano Carranza ordenó la liberación de los prisioneros estadunidenses capturados en El Carrizal el 28 de junio. Apoyado en esta muestra de buena voluntad, el gobierno carrancista sugirió el 4 de julio la formación de una nueva comisión mixta encargada de buscar una solución al conflicto. Wilson aceptó, pero las elecciones en ambos países distrajeron a ambos gobiernos, de modo que la formación de la mencionada comisión no se concretó sino hasta principios de septiembre. Esta vez la representación estadunidense recayó en el secretario del Interior, Franklin Lane, el reverendo John Mott y el exjuez George Gray; por su parte Carranza designó a Luis Cabrera, su hombre de confianza, junto con Alberto Pani e Ignacio Bonillas.

De nueva cuenta, a partir del 6 de septiembre y desarrolladas en varias ciudades de Estados Unidos, las negociaciones resultaron infructuosas, esta vez debido a la insistencia del presidente Wilson en criticar y descalificar las reformas nacionalistas de Carranza en materia de minería, banca y petróleo. Durante ese tiempo en México, Pershing y sus tropas permanecieron inactivas en Colonia Dublán. Wilson no tenía intención de reanudar la actividad militar, y menos cuando fue reelegido el 7 de noviembre, lo que le permitía comenzar a preparar al país para la guerra en Europa.  A partir de esa fecha el alto mando inició la desmovilización de la guardia nacional en la frontera a razón de 6 000 hombres por semana.

En algún momento del mes de diciembre Wilson y Scott decidieron, otra vez unilateralmente, el retiro definitivo de la Expedición Punitiva. El 18 de enero, el secretario de Estado Baker emitió la orden de retirada y el 28 Pershing dio media vuelta hacia la frontera. Las últimas tropas expedicionarias la cruzaron el 5 de febrero. Un día antes se había dado a conocer la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania, lo que ponía en evidencia dónde estaba el verdadero interés militar del presidente. La actividad militar en México tan sólo fue un obligado –y, por tanto, imprevisto, molesto e intrascendente– desvío de la atención de Wilson del escenario mundial. 

PARA SABER MÁS

  • Cyrulik, John M., “Strategic Examination of the Punitive Expedition Into Mexico, 1916-1917”, tesis de maestría, Fort Leavenworth, Universidad Estatal de Nueva York, 2003.
  • Katz, Friederich, Pancho Villa, México, Era, 1998.
  • Visitar el Museo Nacional de las Intervenciones, 20 de agosto, s/n, San Diego Churubusco, Coyoacán, CDMX.

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