Paris Padilla
Instituto Mora
En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 25.
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En momentos de tensión en las relaciones entre México y Gran Bretaña, el joven director inglés de la compañía ferroviaria que llevaría el primer tren hasta Veracruz supo ganarse la confianza de los gobiernos de Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, y el respeto de la élite local. Un regreso inesperado a Londres cortó con cinco años clave de su residencia, en los que México entraba en la modernidad de finales del siglo XIX.

A finales de enero de 1869 desembarcaron en el puerto de Veracruz el súbdito británico Joseph Hucks Gibbs acompañado de Mary, su joven esposa, provenientes de Inglaterra. El inglés, miembro de la prestigiosa firma financiera internacional Antony Gibbs & Sons, llegaba a México en circunstancias difíciles. Poco más de un año atrás, el presidente Benito Juárez había suspendido las relaciones diplomáticas entre México y Gran Bretaña por el apoyo que la reina Victoria había prestado al imperio de Maximiliano de Habsburgo. Las relaciones económicas entre los dos países también pasaban por una mala etapa, México se encontraba fuera de la órbita de los mercados internacionales y era considerado un país de alto riesgo para las inversiones. En tales condiciones, ¿qué asuntos traían a este personaje al país?
Un ferrocarril que conectara el puerto de Veracruz con la ciudad de México había sido el anhelo de todos los gobernantes desde 1837. Su concesión pasó por distintos propietarios y la construcción avanzó muy poco hasta que finalmente Antonio Escandón, un reconocido empresario mexicano, viajó a Londres en 1864 con la intención de conseguir el financiamiento necesario para dicho proyecto. Square Mile o The City, apodos con los que se le conocía al distrito financiero de la capital inglesa, era considerado en aquel entonces el centro financiero del mundo, de tal manera que Londres resultó el lugar apropiado para impulsar el proyecto de la primera línea troncal ferroviaria en México.
Escandón y un grupo de banqueros ingleses formaron una compañía denominada Compañía del Ferrocarril Imperial Mexicano, la cual tendría por objetivo construir y administrar el ferrocarril entre la Ciudad de México y Veracruz. Los rumores de que Antonio había involucrado a una reconocida casa comercial bancaria de la city en el proyecto del ferrocarril comenzaron a llegar a México en agosto de 1864. La dichosa casa era Antony Gibbs & Sons, la cual aceptó convertirse en el respaldo financiero de la Compañía Limitada del Ferrocarril Imperial Mexicano.
Cuando la compañía del ferrocarril fue constituida en Londres, en México iniciaba el reinado del archiduque Maximiliano de Habsburgo, y aunque durante su gobierno hubo considerable avances en la construcción, el ferrocarril entró en crisis junto con la inminente caída del imperio. Los republicanos retomaron el poder en el país y la compañía decidió que cambiaría su nombre quitando la palabra Imperial para llamarse sólo Compañía Limitada del Ferrocarril Mexicano. En noviembre de 1867 el presidente Benito Juárez renovó la concesión a la compañía inglesa para que continuara los trabajos de construcción, lo cual causó molestia en algunos políticos nacionalistas, como el ex ministro de Hacienda y escritor Manuel Payno. Había muchos que no podían olvidar la cooperación entre el ferrocarril y el gobierno imperial y el hecho de que, no obstante su nombre, el Ferrocarril Mexicano fuera en realidad un ferrocarril de propiedad inglesa.
Pasión por el cricket
¿Quién era Joseph Hucks Gibbs? Se trataba del segundo hijo varón del reverendo Joseph Gibbs, este a su vez hijo del fundador de la firma Antony Gibbs & Sons. Nacido en 1841 en Wraxall, Somerset, estudió en el Queen´s College Oxford, donde se matriculó en 1857. Se sabe que una de sus pasiones era el cricket, deporte distinguidamente británico, y que se unió al equipo Eton College en 1858, con el que llegó a jugar ese año por lo menos en diez ocasiones. Posteriormente se uniría al equipo Monmouthshire en 1860, y al Oxford University un año después.
En agosto de 1868, había fallecido su primer hijo con tan sólo cinco meses de vida, lo que no pudo más que entristecer a la pareja. Una sorpresiva decisión de su hermano mayor George Louis, importante inversionista de la compañía del Ferrocarril Mexicano, no dejaría a Joseph y su esposa darse el tiempo para el luto, pues Joseph había sido nombrado nuevo director del Ferrocarril y tendría que partir hacia México.
El recién llegado encontraría al menos una distracción de sus penas, pues en la capital se practicaba el cricket desde décadas atrás. Aunque no era un deporte común, desde 1827 un club mexicano de cricket se había formado entre los comerciantes británicos radicados en el país. Joseph no tardó en unirse a los partidos que se celebraban los domingos en el pueblo de Nápoles, en las cercanías de la capital. El 20 de febrero de 1869, a las pocas semanas de haber llegado al país, el periódico The Two Republics publicó el resultado de un juego en el que había participado junto con otros accionistas e ingenieros de la compañía. Sobre el juego del siguiente domingo el editor de la nota destacó que si bien muchos de los miembros concurrentes habían salido del país, la audiencia se mantuvo numerosa y nunca apareció el sexo débil mejor representado. Cabe destacar que en este último juego, Joseph Hucks anotó 48 de los 136 puntos, haciendo ganar a su equipo.
La actividad principal de Joseph, sin embargo, era la dirección de la compañía del ferrocarril en México, cargo que compartía con los destacados empresarios Antonio Escandón y Guillermo Barrón. En septiembre de 1869 se inauguró el tráfico de Puebla a Apizaco. Ese mismo otoño llegó también con buenas noticias para él, pues Mary dio a luz en territorio mexicano a su segundo hijo, Edward.
Joseph se asentó en el país y recibía constantemente efectos extranjeros que lo ayudaban a adaptarse. Al respecto, en julio de 1871, El Correo de Comercio publicó que había recibido quince cajas de coñac provenientes de Inglaterra. La capacidad de adaptación de este jugador de cricket se reflejó también cuando su esposa Mary dio a luz por segunda ocasión en territorio mexicano. Fue una niña a la que llamaron Evelina Antonia Hermenegilda, quizá con afán de mexicanizar a la familia.
En México se hacía llamar José Gibbs y hablaba fluidamente español, pues anteriormente había radicado en España. Seguido mandaba cartas a Inglaterra, en especial a su hermano George Louis, quien le prometía que pronto le encontraría en Londres un trabajo de igual importancia que el que tenía en México, pues al parecer Joseph no se llevaba bien con su colega Guillermo Barrón.
Inauguración en Veracruz
Muerto Benito Juárez en julio de 1872, Sebastián Lerdo de Tejada fue designado presidente de la república. La élite capitalina organizó un baile para Lerdo en la lonja de la ciudad y Joseph no dejó pasar la oportunidad de asistir. A pesar de los problemas que enfrentaba la compañía inglesa, los trabajos de construcción de la línea quedaron concluidos al tiempo que Joseph entablaba amistad con el nuevo presidente de la república. Por estos días se anunció que el 1 de enero de 1873 se llevaría a cabo finalmente la inauguración del recorrido entre la ciudad de México y el puerto de Veracruz.
Se invitaron a personalidades como Ignacio Ramírez e Ignacio Manuel Altamirano para que hicieran el viaje inaugural. El presidente Lerdo, por supuesto, sería el invitado de honor. Las campanas de la catedral sonaron un día antes del primer viaje y se ofreció un tedeum para bendecir el ferrocarril. Por la mañana el silbido de la locomotora anunció el inicio del año 1873. Los periódicos no dejaron de hacer mención de este acontecimiento y estuvieron publicando notas al respecto durante dos semanas. México por fIn tenía ferrocarril y estaba enfilado hacia el progreso.
El presidente Lerdo llegó a Veracruz en la tarde del 2 de enero. Un viaje que antes se hacía en tres días y medio, ahora se realizaba en 18 horas. El ferrocarril acortaba el tiempo y las distancias. Hacía que el mundo pareciera un lugar más pequeño. Las personas que viajaran desde la capital hacia Veracruz ya no tendrían miedo de ser asaltadas durante el trayecto. Como bien anunciaba El Monitor Republicano, el sueño de una generación estaba realizado.
Joseph continuó en México realizando actos públicos en nombre de la compañía ferrocarrilera. En marzo de 1873, junto con los otros dos directores del ferrocarril, participó en un acto de caridad en el que aportó de su capital personal la suma de 2,000 pesos para beneficio de los pobres. Este tipo de acciones manifiestan su integración a la clase alta mexicana, pues se sabe que solía acudir a eventos en los que hacían acto de presencia personajes de la elite política y económica como Manuel Romero Rubio, Joaquín Redo y el propio Sebastián Lerdo de Tejada.
En diciembre una nueva obra benéfica volvería a ser objeto de la voz pública, pues el ingeniero Ramón del Contador anunció que necesitaba capital para impulsar su nuevo invento, el cual beneficiaría a la minería mexicana. Joseph declaró públicamente que él compraría las primeras acciones del proyecto de Contador y, en caso de sobrar, compraría el resto, con el objetivo de desarrollar un invento tan útil. Si todos los ricos fueran como el Sr. Gibbs, concluía una nota del periódico La Iberia, hora era ésta en la que no faltaría trabajo a la clase proletaria. No resulta demasiado extraño que Joseph se involucrara en otros negocios, pues además de ser una de las principales propietarias del Ferrocarril Mexicano, la firma Gibbs era también dueña de la Compañía de Gas y Alumbrado Público, la cual operaba en la capital de México. Joseph era el representante de esta empresa, y fue él quien, en un acto simbólico, dio al presidente Lerdo la vara de madera con la que se encendió el primer farol de gas de la Alameda Central, en noviembre de 1873.
Este tipo de actos lo mostraban ante los mexicanos como un inglés amistoso y agradecido con el pueblo anfitrión. No se podía decir lo mismo de H. W. Mills, el superintendente del ferrocarril, a quien se acusaba de tener mal carácter y despreciar a los empleados mexicanos que trabajaban en la compañía. Joseph, en cambio, se mostraba como un inglés rico y caritativo. Su asistencia a actos públicos y fiestas de la elite eran vistas como una prueba de que las relaciones políticas entre México y Gran Bretaña no estaban del todo muertas, pues encima de ellas estaban los negocios. Generalmente se referían a él con términos como el apreciable, el bondadoso y el respetable, mientras que a otros británicos vinculados al ferrocarril no se les otorgaban tales adjetivos.
Regreso precipitado
Sin embargo, en agosto de 1874, cuando la compañía comenzaba a construir una nueva línea que conectara las ciudades de Veracruz, Jalapa y Perote, y él realizaba constantemente labores de supervisión de estos trabajos, contrajo una grave enfermedad que frustró sus actividades. Los principales periódicos publicaron notas lamentándolo. Aunque no se dio a conocer públicamente de qué enfermedad se trataba, el tono de las notas hacía ver que la vida del inglés corría peligro. En reiteradas ocasiones se dijo que parecía mostrar mejoras, pero la misteriosa enfermedad continuó aquejándolo en los meses siguientes.
Al no poderse levantar de la cama en la que parecía agonizar, su esposa Mary tomaba nota de las cartas que Joseph enviaba a Inglaterra. En estas circunstancias, su hermano mayor George Louis, quien lo había enviado a México, decidió que era hora de que Joseph volviera a su país y en noviembre el menor de los Gibbs se embarcó junto con su familia de regreso a Londres. Los periódicos manifestaron tristeza ante su partida, pues se había ganado el cariño de buena parte de los capitalinos. El Correo de Comercio publicó: Sentimos que extranjeros como el Sr. Gibbs dejen la república. También lamentó este suceso La Voz de México con una nota que decía: Este apreciable caballero de cuya enfermedad hablamos hace unos días, ha salido para Inglaterra (su patria) con objeto de radicarse allí. Feliz viaje.
A su retorno a Inglaterra nació su tercer hijo, Leonard Albert, y después vino al mundo el cuarto, Stanley Rider Budd. El mayor, Edward, nacido en México, murió tempranamente en 1876 con tan sólo siete años de edad. De entre los pocos registros con los que se cuenta para los años en los que permaneció en Inglaterra destaca un censo de 1881 donde él, Mary, y los tres hijos aparecen viviendo en el pueblo de Barnstaple, Devon, en la casa de su suegro Richard Budd. Él mismo encontraría la fatalidad de manera temprana, muriendo en 1884, a los 43 años.
La firma Gibbs pasó a la historia como una de las casas financieras más importantes del siglo XIX. Henry Gibbs, primo de Joseph, fue director del Banco de Inglaterra durante muchos años. Nombrado barón de Aldenham en 1896, Henry se convirtió en el personaje más destacado de la dinastía Gibbs. Joseph, en cambio, apenas aparece en los registros de la firma y su participación como director del Ferrocarril Mexicano es poco conocida. No existe, ni siquiera, una foto o retrato que nos muestre cómo era físicamente. Quizá para los mexicanos de la República Restaurada Joseph simbolizó el tenue lazo entre México y el mundo exterior. No se le reconocerá por haber sido ennoblecido por la reina Victoria, como fue el caso de su primo Henry, sino por haber sido uno de los espectadores de primera fila de los inicios del progreso mexicano.
PARA SABER MÁS
- Matthew, William, La firma inglesa Gibbs y el monopolio del guano en el Perú, Lima, Banco Central de Reserva Instituto de Estudios Peruanos, 2009.
- Ludlow, Leonor (coord.), 200 emprendedores mexicanos: La construcción de una nación, México, D. F., Lid Editorial, 2010.
- Jáuregui, Luis, Los transportes: siglos xvi al xx, México, Universidad Nacional Autónoma de México/ Océano, 2004.
- Ortiz, Sergio, Y López Velarde también se subió al tren, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2002.

