Gilberto Nava Presa. Memorias de un militar villista

Gilberto Nava Presa. Memorias de un militar villista

Guadalupe Villa Guerrero / Instituto Mora

En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 23.

Yo les puedo relatar toda la campaña del general Villa, dice este hombre orgulloso de estar junto al caudillo en momentos clave de su lucha revolucionaria. La sangrienta batalla por Zacatecas, el paso por la tensa convención de Aguascalientes y la derrota en Celaya forman parte de la riqueza histórica de su narración.

Fot. H. J. Gutierrez,Fuerzas revolucionarias de la DivisiA?n del Norte, La IlustraciA?n Semanal, 2 de noviembre de 1914. (800x439)
Escolta que acompañó al Gral. Francisco Villa durante su viaje a Aguascalientes, en La Ilustración Semanal, México, 1914. Biblioteca “Ernesto de la Torre Villar”/Instituto Mora.

En este 2014 se conmemoran varios centenarios que dan cuenta del agitado año que se vivió en el México revolucionario: las grandes batallas de la División del Norte encabezadas por Francisco Villa; la invasión de Veracruz por la armada estadounidense; la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes y el encuentro de Villa y Emiliano Zapata en la ciudad capital.

El testimonio que aquí se presenta es el de un hombre que –deduzco-, se unió a Villa en 1913 y permaneció a su lado hasta la derrota de 1915. La entrevista con el teniente coronel Gilberto Nava Presa transcurrió 46 años después, por lo que el personaje incurre en algunos olvidos comprensibles. No obstante, sus recuerdos sobre la toma de Zacatecas (23 de junio de 1914) y su participación en la Convención de Aguascalientes (octubre) destacan por su importancia; en el primer caso, la crudeza de la batalla y la gran mortandad; en el segundo, la ruptura con Venustiano Carranza y la escisión revolucionaria.

Diversos autores han considerado que, durante el constitucionalismo, la batalla de Zacatecas fue la más sangrienta de todas las que tuvieron lugar en la lucha contra el gobierno de Victoriano Huerta. Los testimonios de testigos y partícipes –revolucionarios, federales y civiles, nacionales y extranjeros dan cuenta de ello. Algo que llama poderosamente la atención es la poca información que, en ese momento, se produjo sobre la batalla de Zacatecas. En los días en que estaba por resolverse la victoria a favor de los revolucionarios no hubo periódicos, ni siquiera el oficial del gobierno del estado, que brindaran amplia información. Victoriano Huerta ejerció control absoluto sobre la prensa nacional y en Zacatecas hubo una cuidadosa supervisión para que no se supiera de las derrotas federales. Pero, por otra parte, la atención estaba centrada en un hecho que ocasionó una tensa situación diplomática: la ocupación del Puerto de Veracruz por marinos de la armada de Estados Unidos. Su estancia se prolongaría por espacio de siete meses (21 de abril al 23 de noviembre). El comandante Frank Fletcher impedía el desembarco de armas destinadas a Victoriano Huerta; el alarde de fuerza (44 barcos de guerra) persuadió a las tropas federales de retirarse, en tanto que la defensa de Veracruz estaba a cargo de los cadetes de la Escuela Naval y de voluntarios civiles.

Con este panorama como telón de fondo, transcurrió la Convención de Aguascalientes a la que el teniente coronel Gilberto Nava Presa concurrió como uno de los observadores del general Villa, subrayando el hecho de la tensión ocasionada por la elección de Eulalio Gutiérrez como presidente provisional y el desconocimiento de la primera jefatura de Carranza. El entrevistado concluye la narración de sus recuerdos con la derrota del ejército villista en Celaya, fracaso atribuido al suministro de parque falsificado.

A continuación se presenta una selección de la entrevista realizada por Alexis Arroyo y Daniel Casez, al teniente coronel Nava Presa, el 19 de enero de 1961, en la ciudad de México, catalogada en el Archivo de Historia Oral bajo el registro (PHO/1).

Relatos de más de una batalla

Alexis Arroyo y Daniel Casez

… En Chihuahua me incorporé como capitán a un regimiento que se llamaba Hidalgo. En ese tiempo se estaba organizando la División del Norte, ya se oía la División del Norte, entonces ese regimiento se quedó con el nombre de Segundo Regimiento de la Primera Brigada Villa. Yo les puedo relatar toda la campaña del general Villa… Tengo el más grande honor de haber participado con él en los más grandes combates de la revolución… la parte medular, las principales tomas.

39253-Tropas constitucionalistas durante la batalla de Celaya
Combate en Celaya, abril de 1915, SINAFO.

[De Chihuahua] venimos en trenes con el general Villa, yo ya como oficial del Segundo Regimiento de la Primera Brigada Villa, y desembarcamos en una estación que se llama el Bote [en] Zacatecas. Ya habíamos sabido de que íbamos a tomar Zacatecas porque Pánfilo Natera y todos esos generales… [no] habían podido tomar Zacatecas donde estaban reunidos. Pero nosotros, la División del Norte, éramos pura chamacada de allá del norte, de Durango y todos esos… pues gente que estábamos impuestos a tirar balazos. Luego me acuerdo que llegamos a un rancho que se llama Morelos [cercano a] las inmediaciones de Zacatecas, [donde] hay… muy buenas tunas, por cierto. Ya no me acuerdo cuántos días estuvimos ahí, pero sí… que llegó el general Villa en la mañana, el día precisamente del ataque, estábamos con una bola de generales ahí comiendo… Fierro… José Rodríguez, el coronel José Ordóñez, y no me acuerdo cuantos. Creo que hasta don Raúl Madero, me parece. Estábamos comiendo tunas cuando se soltó la balacera por el lado de Guadalupe, ahí se vino prendiendo, prendiendo, cuando le llegó un correo ahí al general Villa y le dije que el combate pues ya se había echado encima. Me acuerdo que textualmente dijo el general Villa: Bueno hijos, si quieren entrarle a los trancazos, pues vamos a tomar Zacatecas y, diciendo eso, ya ni comió tunas, sino que se fue para donde venían los trancazos, donde venía prendiéndose la mecha, y empezaron a funcionar las ametralladoras, empezaron a funcionar los cañones del cerro del Bote…

Nos ordenaron… que organizáramos nuestros contingentes para entrarle a los balazos, yo… ya era mayor, en Torreón me habían dado el grado de mayor. Y entonces, el mismo general Villa me dio a mí el nombramiento de coronel, después del combate de Zacatecas. Le entramos muy duro, por cierto que estaba tan limpio como donde acampamos nosotros con todo el cuerpo, nadie se separaba, nos dieron la contraseña y ¡vámonos! No recuerdo cómo era la contraseña que me dio el general, y ahí vamos, ¡éntrele! y ¡éntrele! hasta que llegamos, para la una de la tarde estábamos adentro de la ciudad de Zacatecas. Pero era un combate ¡terrible, terrible! Me acuerdo que llegamos a las trincheras de la federación y los agarramos al hilo, nosotros de un solo balazo podíamos matar cuatro o cinco.

Nada más volteadera y volteadera, hubo una mortandad ¡horrible! Pues… acabamos con aquellos pobres, también nosotros tuvimos algunas bajas y entramos a Zacatecas; luego recibimos la orden de mandar quemar todas las cantinas, mandar quebrar todas las botellas de vino que hubiera en las cantinas, porque era una de las cosas que más recomendaba el general Villa, tan pronto entrábamos a una ciudad, inmediatamente a destruir todo lo que hubiera de licor, esa fue una orden terminante del general Villa en toda la campaña… Era una orden que se cumplía y ¡cuidado el que no la cumpliera! El general Villa era un hombre ignorante, pero era un hombre, que era, no sé qué, pues sabía pensar y sabía calcular, calcular todo… tenía una intuición tan terrible. Yo veía que cualquier cosa que le iba a hacer un mal, inmediatamente él lo percibía y lo percibía por ese conocimiento propio que él tenía de las personas…

Ya después de la toma de Zacatecas, avanzamos a Aguascalientes, pero no llegamos a Aguascalientes, en la Primera Brigada Villa no llegó hasta Aguascalientes, llegamos hasta la hacienda El Pabellón. Ahí estábamos cuando un día, ya andaban ahí con el trote de que Venustiano Carranza y quién sabe qué y cuánto… habíamos sido carrancistas en el tiempo de la toma de Torreón… pero yo ya era villista por convicción porque yo ya había conocido al general Villa. 

Tensión en Aguascalientes 

Llegamos a la hacienda El Pabellón y ahí un día, no me acuerdo… anduvo entresacando oficiales el mismo general Villa del segundo regimiento, y me tocó a mí que me entresacara para ir a la convención, fuimos como observadores a la Convención de Aguascalientes. Ahí se puso un poco fea la cosa, pues si no llegamos después de haber salido de El Pabellón, salimos vestidos de particulares, nada más con nuestras armas y nos metimos al teatro que era donde estaba la convención, al teatro… [Morelos], que está ahí frente a la Plaza de Armas. Ahí estuvimos presentes los días que fueron de la convención, pero el día más difícil que se puso ahí, fue cuando se discutió el nombramiento de presidente. 

Ese día ya teníamos nosotros listas las pistolas para hacer fuego. Está claro que estábamos apuntados en determinados lugares… no solo había gente del general Villa, sino también estaba gente de los zapatistas, estaba Eulalio Gutiérrez, estaba Soto y Gama, estaba toda la pléyade de revolucionarios ahí. Nosotros estábamos esperando órdenes. Aunque viéramos las pistolas ahí, que nadie dijera nada, ni hiciera nada, hasta que no se recibiera la orden. Estábamos listos para reprimir cualquier acto de violencia. Precisamente se trataba de salvar la vida del general Villa, iba yo y varios generales. Ahí en esa lucha revolucionaria está claro que salimos escogidos por el general Villa, pues él sabía con qué gente estaba contando, no iba a llevar a cualquiera, y de esa manera pudimos dominar estratégicamente la situación de la Convención de Aguascalientes. No le digo prácticamente qué fue lo que se dijo, porque hasta hubo algunas amenazas y cosas por el estilo ahí, me acuerdo cuando la cuestión esa de la cachetada que le dieron a Eulalio Gutiérrez cuando la cosa se puso fea. Con uno que disparara un balazo, nos acabamos todos los que estábamos ahí. Todos nos hubiéramos acabado, si todos íbamos armados, y todos éramos pura gente bragada, a excepto de algunos como Soto y Gama que iban allí muy alineaditos. Me acuerdo que Soto y Gama atacó recio y fuerte en la Convención… 

De la Convención de Aguascalientes salieron todos los postulados de la Constitución de 1917, porque esos fueron los derechos del trabajador, los derechos de los campesinos, los derechos de la clase media y todas esas cosas… 

En la sesión en la que se eligió al presidente Eulalio Gutiérrez… salió una disyuntiva, hubo muchas cosas que se decían, que sí y que no, entre las cosas esas se hablaba del desconocimiento del general Villa al general Carranza. Y ese fue el móvil de que hubiera una disputa muy fuerte. Entonces, como esa disputa estuvo muy acalorada, pues hubo improperios, hubo insultos, hubo todo lo que usted quiera, por eso se calentó la cosa ahí, la cosa se puso muy fea, pero horriblemente fea, ahí no hubiéramos salido ninguno, porque tanto el general Villa como los demás generales todos tenían gentes apostadas en lugares estratégicos y aparte afuera había gentes que estaban posicionadas por ahí, por las azoteas… ya después se apaciguó la cosa, se apaciguaron los ánimos y estuvieron deliberando y toda la cosa, y se acabó la convención. 

Asedio sobre Pachuca 

Después, nos venimos y estuvimos en Actopan. Me acuerdo que cuando veníamos para acá, para la ciudad de México, estábamos en la Villita de la Encarnación… y ahí se soltó la balacera y… tomamos la población. Todavía eran las once o doce de la noche y estaba la balacera muy fuerte, mucho muy fuerte. 

Después de derrotarlos, entonces, en lugar de avanzar para la ciudad de México nos venimos a tomar Pachuca y el grueso de la gente se quedó en Actopan. Nosotros nos venimos como vanguardia de la División del Norte… y veníamos llegando a Pachuca cuando nos hicieron fuego [desde] el panteón, que está arriba de allí, de unas lomitas y nos agredieron muy fuerte, muy duro, pero nosotros veníamos ya bien organizados. En Aguascalientes, el general Villa nos había dado pistolas 44 -tres caballos-, Colt nuevecitas. Veníamos muy bien equipados, gorras tejanas, en fin… y nos les echamos encima y en un momento los echamos para abajo, eso fue como a las 11 del día, yo creo, antes, como a las 10 de la mañana, y seguimos avanzando a lo tonto, a Pachuca, éramos 500 del Segundo Regimiento de la Primera Brigada Villa y nos metimos. 

Era un domingo, eso sí me acuerdo, porque estaban en la plaza de toros y salieron los toros de la plaza, salieron de los corrales, y hubo un desbarajuste ahí, porque les llegamos de sorpresa, estaba Pablo González ahí, tenía como 13 000 hombres, 12 o 13 000 hombres. Nosotros éramos 500 y me acuerdo que llegamos allá a la estación, abandonaron todo, estaban las ollas de frijol ahí hirviendo, los pollos pelones, las tortillas calientes, todos los trenes del general Pablo González solos, y en fin, anduvimos ahí saqueando, viendo a ver qué nos llevábamos. Yo me llevé un telémetro, tuve que dejarlo, porque era un tubo muy largo. 

Echamos muchos balazos en la noche, pues dijimos: “éstos se rehacen y nos van a echar muchos balazos”. Pues no, no fue así, en la noche toda la santa noche estuvimos peleando. Me acuerdo que traía yo un rifle automático, que me había regalado un americano en Chihuahua, ese rifle tenía la detonación muy distinta a las demás armas y toda la gente decía: “toda la santa noche estuvo tirando, oíamos uno que hacía ping, pas, ping, pang”, es que era automático y por todos lados se oía y pues está claro que era muy graneado el fuego que nosotros hacíamos, porque nos teníamos que agarrar de esquina a esquina, en una esquina estaba uno nada más viendo dónde sacaba la cabeza… y otro iba a los dos lados, de este lado y de este otro, entonces conforme lo agarrábamos, si el enemigo lo agarraba de este lado, con el derecho hacíamos, si lo agarraba del otro lado pues del otro lado ¿no?, nada más que de cualquiera manera se defendía uno. Estuvimos toda la noche peleando, toda la santa noche, otro día ya pues se retiraron las fuerzas del general Pablo González, ya llegó el grueso de la columna del general Villa, ya tomamos posesión ahí de la cosa y pues ya, llegamos ahí. Se reorganizaron todos los cuerpos y en fin, parece que nos hicieron como tres bajas, cuatro bajas. 

Encuentro de caudillos y derrota en Celaya 

Nos volvimos a reorganizar, y ya listos nos vinimos para la ciudad de México, pero sin tirar un balazo, ya se habían retirado los generales que estaban aquí en la ciudad de México. Llegamos por Tacuba, a mí me tocó entrar por Tacuba, estuvimos estacionados en Tacuba, luego hicimos la entrada a la ciudad de México, las fuerzas del general Villa y las fuerzas de Zapata. Entramos aquí a la ciudad. 

Nos adoraban a todos los de la División del Norte, las muchachas, la gente, ¡Viva Villa!, ¡Viva Villa! y no se oía otro grito más que ¡Viva Villa! Me acuerdo que los zapatistas, pobrecitos, todos venían en calzones, muy mal pertrechados, unos cuantos heridos, unos cuantos cartuchos. Nosotros no, traíamos las carrilleras bien llenas, hasta la cintura, bien llenas de cartuchos. Pues ya estuvimos aquí y luego en determinado tiempo volvimos a salir; nos llevaron hasta Jalisco, a la Piedad, fuimos a visitar la Piedad de Cabadas, entonces de ahí nos fuimos por tierra, nos fuimos hasta llegar a Guadalajara… tomamos Sayula… avanzamos sobre Ocotlán… Y entonces me tocó… estar en Irapuato. Pues nada, ya nos tiene usted cerca del combate de Celaya… me tocó entrar por el lado del rancho del Guaje… que es en forma de canales… nos echamos encima a toda la bola y creo, pues, como usted quiera y guste, llegamos casi hasta las bocas de las ametralladoras, pero no matábamos y ellos sí mataban. 

Nos habían repartido parque a todas las corporaciones, todos íbamos con cananas llenas de parque, pero resulta que este parque, era parque de madera, de salva… lo de afuera, el casquillo era de cobre niquelado, y lo de adentro era madera, nomás se quemaba la madera, pero no mataba. Los que traían buen parque, pues sí mataban. Estuvimos revisando [las balas], todos los soldados las tiraron, ¡de coraje! Ahí se murieron como unos 60 hombres. Ya después perdimos, perdimos ahí el combate de Celaya…