Leonides Afendulis García
Instituto Politécnico Nacional
En revista BiCentenario. El ayer y hoy de México, núm. 8.

El campeonato mundial de futbol celebrado en 1970 dio un respiro al gobierno mexicano, interesado en tener en calma a la juventud y en distraer a la población que aún tenía fresca en la memoria la masacre de Tlatelolco de 1968. Y que el 2 de octubre no se olvida quedaba más que claro al escuchar a la mayoría de las bandas nacionales de rock, que dejaron de interpretar canciones de grupos extranjeros y comenzaron a componer sus propias canciones en español y a comunicar mensajes más afines a las nuevas generaciones y la realidad del país.
Asimismo, la oposición seguía y provocaba problemas. El movimiento guerrillero avanzaba con Lucio Cabañas, Genaro Vázquez y la Liga 23 de Septiembre parecía extenderse. Los estudiantes tampoco se conservaban tranquilos. El presidente Luis Echeverría, quien como secretario de Gobernación había sido corresponsable de los sucesos del 68, no se detuvo para hacer sentir su mano dura el 10 de junio de 1971. Ese día, llamado también Jueves de Corpus, el grupo paramilitar conocido como “Los Halcones”, que se hallaba al servicio del Departamento del Distrito Federal, reprimió brutalmente una marcha de protesta en los alrededores de la Escuela Normal de Maestros, llevando a cabo otra matanza.
Con el ánimo de congraciarse con la juventud nacional, Carlos Hank González, entonces gobernador del estado de México, autorizó a Luis de Llano, Eduardo López Negrete y otros jóvenes de familias adineradas para que organizaran un Festival Rock y Ruedas en Avándaro, el cual se celebraría los siguientes 12 y 13 de octubre. El programa era que durante todo un día y toda una noche se presentaran grupos de rock y que la jornada musical terminara con una carrera de autos. Hank González hacía su juego, considerando que no tenía nada que perder, pues, si las cosas marchaban bien, sus aspiraciones políticas se verían fortalecidas y, en caso contrario, sabría como deslindarse de cualquier tipo de responsabilidad.
El evento se llevó a cabo con éxito y tranquilidad. Sin embargo, al otro día del evento, y con una actitud terriblemente amarillista, la prensa se dio vuelo inventando desastres. Se reportaron, por ejemplo, cuatro muertos en el área del concierto, cuando en realidad los fallecimientos acaecieron, uno a 20 kilómetros, porque un desafortunado participante fue atropellado por un coche y el resto no habían tenido nada que ver. Se publicó también que hubo una bacanal de sexo y drogas, y que se atendieron 224 casos de sobredosis, cuando el hospital civil López Mateos de Valle de Bravo declaró haber auxiliado sólo a 27 muchachos intoxicados con estupefacientes, a los que dio de alta a las pocas horas.
El hecho era que el gobierno, junto con el sector más conservador de la sociedad, se hallaban totalmente en contra de los llamados en la época “jipitecas” –versión nacional de los hippies estadunidenses–, a los que tildaban de desaseados y criticaban por su modo de vestir y su música. Surgieron así los “hoyos funkys”, que eran sitios marginales donde estos grupos podían reunirse. Los más emblemáticos en el DF fueron el salón Chicago en el barrio de Peralvillo y El Herradero, por el rumbo de la colonia Agrícola Oriental.
La represión y la escasez de oportunidades educativas y laborales aumentaron el resentimiento de la juventud lumpen contra las clases media y alta, que les representaban una forma de vida que, todos los días, la televisión les restregaba en el rostro como algo inalcanzable. Fue en estas condiciones que, en el año de 1975, el gobierno de Echeverría canceló la visita de los Rolling Stones a la Ciudad de México, permitiendo en cambio la actuación en el Auditorio Nacional de la entonces triunfante banda Chicago. Los sucesos en los tres conciertos, que Leonides Aféndulis nos ofrece en lo que es un testimonio de un gran momento de su adolescencia y que ahora comparte generosamente con nosotros, sirvieron de termómetro para medir el grado de alteración e insatisfacción entre los jóvenes, por lo menos en la capital de la república. Con argumentos tramposos, como el de que la juventud nacional no estaba lista para ese tipo de espectáculos, el gobierno los prohibió totalmente. No fue sino hasta 1989, cuando volvió a haber en México conciertos masivos de rock con cantantes nacionales e internacionales.
Alexis Leyva, músico
Testimonio
Me preguntas cuál fue mi momento más prendido en la adolescencia, mi buen, y te respondo la neta que la visita a México de la banda de rock Chicago. No me olvido de ese noviembre de 1975, cuando se presentó en el Auditorio Nacional.
Recuerdo cómo me emocioné cuando supe que venían, pues al inicio de ese año se había anunciado la llegada para el mes de agosto de los Rolling Stones, pero para el nefasto gobierno de Luis Echeverría y las buenas conciencias mexicanas la imagen de excesos y desmadres que los Stones arrastraban no era nada recomendable. Por eso papá gobierno prefirió recibir a Chicago, se pensaba que esta banda no desquiciaría a los jóvenes.
Me cae que todavía se me enchina el cuerpo nomás de acordarme. Deseaba verlos, por ningún motivo me los quería perder, lo difícil era conseguir permiso para que mi hermana y yo pudiéramos asistir. Pensé que no nos dejarían ir por nuestra edad y por aquello de que al rock lo asociaban con drogas, sexo, desmanes y mil cosas más, pero mi papá se portó buena onda y aceptó. Me informé de la venta de boletos y mi jefe me preguntó cuánto costaban las entradas y, ¡qué nos raya!, nos dio para dos de a cien pesos. Luego de eso me lancé a conseguirlos, no importaba para cuál de las presentaciones, si para el 7, 8 ó 9. Pero deja, antes te cuento cuándo conocí el Auditorio.
Como que entre sueños me viene a la memoria —y por lo mismo no me hagas mucho caso— que en una ocasión fui con mis papás y mis abuelitas. Allí instalaban la Feria del Hogar; era un mar de gente entre puesto y puesto, donde vendían todo tipo de tiliches para la casa. Fue bien aburrido para mí, aparte de que no me compraron nada.
Fui por segunda vez —y de eso sí que estoy completamente seguro— a una ceremonia de fin de cursos de la Academia Militarizada México, donde estudiaba uno de mis tíos. Ver a los cadetes y escuchar a la banda de guerra a mis seis años de edad hicieron que les dijera a mis papás que yo quería ir a esa escuela, para ser soldado, pero no, cuando todo terminó, mi mamá me dijo que ni estando loca me dejaría estudiar allí.
Por más memoria que hago, no recuerdo haber visitado otra vez el Auditorio hasta, como te platico, enterarme de los conciertos de Chicago. Tenía entonces catorce años de edad y sí, era un rockero en pañales, pero tener el chance de ir a una de las tocadas me provocó tal excitación que la neta me duró desde la noticia de la visita hasta días después de celebrados los conciertos.
La venta de boletos fue a las diez de la mañana en el Auditorio Nacional. Llegué allí como a las ocho, y ¡cámara mi amigo!, cuál no sería mi sorpresa que al llegar vi que salían dos colas de la entrada que alcanzaban hasta la mismísima Avenida Reforma, volvían al Auditorio y lo rodeaban por sus dos costados hacia la parte de atrás, donde se encuentran los teatros, para regresar a la explanada de enfrente. Me enteré de que muchos chavos habían llegado desde la noche anterior, todo con tal de ser los primeros en comprar sus boletos. En lo que las colas comenzaban a avanzar le puse atención al Auditorio. La verdad se me hizo grandísimo y lo acentuaba la explanada tan llena de gente.
Otra cosa que me impresionó fue estar rodeado de miles de jóvenes como yo, con las más diversas vestimentas, adornados con collares, pulseras, colguijos, largas cabelleras, a la usanza setentera pues. Tengo que confesarte que me sentí bien apañado, pues yo apenas estudiaba la secundaria y traía un corte de pelo casquete regular y mi vestuario no tenía nada de rockero, pero bueno, después de un rato ya no me importó. De pronto las colas comenzaron a moverse y la excitación nos contagió a todos los que estábamos allí. ¿Cómo qué cuales colas, mi buen? Pues así se les decía a las filas. ¿Qué te dicen cuando te quieres meter a una fila sin formarte? ¡A la cola, a la cola!, no sea maje.
Total, que pasó como hora y media en que íbamos muy lentamente y, cuando ya me encontraba por los teatros, comenzó el desmadre. Muchos se desesperaron y empezaron a salirse de las colas, corrieron hacia la entrada y dejamos de avanzar. Fíjate que, aunque la mayoría conservó su lugar, yo preferí dejarle encargado el mío a una chava que estaba detrás de mí y que me tiendo hacia la entrada, ¡y órale!, al no respetar las colas, mucha de la banda intentó dar portazo, pero la policía impidió el paso, hubo vidrios rotos, se escuchaban gritos, chiflidos, mentadas de madre, era el caos. Sólo los que en ese momento se hallaban hasta adelante, más los que se lograron meter, tuvieron la suerte de comprar sus boletos.
Entonces vi las rejas de los costados del Auditorio y pensé que, como era flaco, me podría colar entre los barrotes y sin pensarlo más lo hice, pero ¡chale valedor!, que se me atora la hebilla del cinturón. Pude zafarme gracias que, al verme, un machín se acercó y de un jalón la desatoró. Le di las gracias y me dije que lo bueno era que mi hermana no había ido conmigo.
¿Que cómo pude colarme o cómo se me ocurrió? La verdad, mi amigo, es que en esos tiempos, aparte de estudiar la secundaria, yo empezaba a andar de vago por las tardes con mis cuates de la colonia, y pues se aprende mucho en la calle, uno se vuelve medio mañoso ¿no? Eso hizo que me animara. Una vez dentro, vi que los policías y el personal del Auditorio habían ordenado a la gente y reiniciado la venta de boletos, entre miles de mentadas de madre que les propinaban todos los que se quedaron fuera. Me di cuenta de que mi única salida era pedir a alguien de los formados que comprara los míos, pues nadie me iba a dejar meter en las colas. Tenía que ponerme al tiro y utilizar bien el verbo, como decíamos en aquellos tiempos, no me fueran a piñar y me bailaran con mis varos. A los tres primeros que les dije se negaron, y eso que les ofrecí una lana, hasta que un valedor me dijo: dame treinta varos y te los compro. Ni modo, conté y sólo traía 22 y lo de mi camión de regreso, pero él se alivianó y me hizo el paro. Minutos después, que me parecieron una eternidad, ya tenía en mis manos dos boletos de balcón lateral “C” para el día 9 de noviembre de 1975, ocho de la noche, la tercera y última actuación que daría Chicago.
Fíjate que el día del primer toquín reinó el desorden. Llegó tal cantidad de chavos que no alcanzaron boleto y que por nada querían perderse del concierto, así que imagínate que desmadre. Quisieron dar portazo, los granaderos los reprimieron en pleno y ellos respondieron quemando un camión. El personal del Auditorio improvisó sacando unas bocinas para que toda esa gente oyera el concierto en la explanada y así se apaciguara. Ya sabes, al otro día la prensa satanizó al personal rockero, y así empezó lo que después se convirtió en la prohibición del gobierno a los conciertos de rock, que duró muchos años.
Llegó el día del tercer concierto. Mi papá nos llevó y después de darnos algunas recomendaciones, mi hermana y yo estuvimos listos para la velada rockera. Luego de instalarnos en nuestros lugares, puse por primera vez atención en el Auditorio por dentro; nada que ver con como está ahora, cabía más gente y, quitando los asientos de la zona de abajo, todos los demás eran de concreto. El lleno del lugar me impresionó. Una espesa nube de humo flotaba sobre nosotros —pues sabrás que en ese entonces se podía fumar en el interior—, era una mezcla de tabaco con dos-tres hornazos de mota que te llegaban por todos lados. A la distancia alcanzamos a ver cómo, en algunas zonas donde se encontraba el personal más macizo, los granaderos intentaban apañar a algunos de ellos, pero en realidad fueron hechos aislados.
Se hizo la oscuridad y al tiempo que se escuchaban las primeras notas, se encendieron luces de colores y aparecieron en el escenario: Peter Cetera, James Pankow, Terry Kath, Walter Parazaider, Robert Lamm, Danny Seraphine y Lee Loughnane, los siete magníficos, y su nueva adición en las percusiones: Laudir de Oliveira, ¡imagínatelo mi amigo, alineación de lujo! Una gritería ensordecedora llenó el lugar y la verdad no recuerdo con cual rola abrieron, pero todo el concierto fue un paseo por sus ocho discos grabados hasta esa fecha. Tocaron rolas de sus últimos discos “Old Days” y “Harry Truman”, pero el prendidón total se dio con sus más que reconocidos éxitos, “25 or 6 to 4”, que no viajes valedor, nos transportó al cielo lo prendido de esa rola. Siguieron otras como “Begginings”, “I´m a man”, “Saturday in the park”, “Question 67-68”; en esos momentos coreábamos y bailábamos en nuestros asientos canción tras canción. ¡Cómo lo disfruté! Es algo que por más que te lo platique, es… ¿cómo te diré?, algo interno, lo sientes. El saque de onda fue cuando un bonche de cabrones comenzó a brincarse el enrejado que separaba las distintas secciones, querían estar más junto al escenario. De volada la policía trató de evitarlo, pero muchos alcanzaron a acercarse, todos estábamos prendidísimos mi buen. Los músicos estaban totalmente entregados y lo que ellos nos hablaban entre rola y rola era festejado por toda la audiencia, aunque no entendiéramos lo que nos decían. Me cae que esos tres conciertos marcaron definitivamente a la escena rockera de México. Fueron entre dos horas, dos horas y media de gozo total. Cuando el concierto terminó todos pedíamos más, pero nos tuvimos que conformar. Por primera vez, México había sido tocado por una banda de primera división a nivel mundial, porque la neta la visita de los Doors al Gran Forum de los hermanos Castro había sido sólo para “pirrurris”.
Recuerdo la caminata hacia la avenida Mariano Escobedo para tomar nuestro camión de regreso a casa. Éramos cientos los que nos dirigíamos en esa dirección, una masa compacta y hermanada por el rock. Al poco vi en el Auditorio a Procul Harum y asistí a los Festivales de Blues, pero después se consumó la infame prohibición de más conciertos de rock en el Distrito Federal.
Pero una vez que esa terminó, ¡cámara cabrón!, Deep Purple, Jethro Tull, el Tri, en fin, ha sido enorme la lista de excelentes bandas que se han presentado en el Auditorio. Después, con el tiempo, se han habilitado otros lugares para conciertos como el Palacio de los Deportes, el Metropolitan, el Foro Sol. Pero quien me pregunte cuál es el mejor lugar para ver y escuchar un concierto, sea de rock o de cualquier otro género, sin pensarlo le digo: lléguenle al Auditorio Nacional, y sí, mi buen, ese 9 de noviembre de 1975 quedé marcado para siempre por el rock.
Alguna vez fui al Salon Chicago, pero recuerdo que fue en 1970 a oir al Three Souls, Dug Dugs, Tinta Blanca, y otros poco conocidos. Años de mi loca adolescencia.
18 años tenía cuándo la Super Banda Chicago se presentó en el auditorio nacional…..Los 7 magníficos dieron un enorme y gigantesco concierto que aún recuerdo claramente.
Colocamos pantallas en el exterior para que las personas que no pudieron entrar puedan mirar y escuchar el concierto…dijeron por micrófono.
Soy de los afortunados que consiguieron boletos para aquel Gran y Maravilloso Concierto con la Banda Original.!!!!!!!!
1975……AÑO EN QUE SE PRESENTÓ LA SUPER BANDA CHICAGO…POR PRIMERA VEZ EN MÉXICO.!!!!! AUDITORIO NACIONAL.!!!!
Pinches chorizos, dudo que realmente hayan ido estos cabrones, en primero el articulo esta muy lejos de ser cierto, ya que efectivamente fue un escándalo la visita de los 8, si 8, no 7 no mames, (ya estaba Laudio Soares de Oliveira en la percussion) y el escándalo se debió a que los vándalos que no pudieron entrar al Auditorio quemaron a las afueras de este un camión, en el interior la mota se hizo presente,yo tenia 12, no había organización, ya que se dejaron descolgar de arriba muchos cabrones, no tuve alternativa que acercarme al escenario, fueron 2 partes de poco mas de 1 hora cada uno, lo mejor que he visto en toda mi vida, tengo el concierto grabado en cassete, y para que no haya duda la primera cancion del concierto fue el cañon de Robert Lamm en la voz de esté y Peter Cetera, Any Way You Want. dejen de decir mamadas. Ah!…por cierto de donde chingados sacaste que había pantallas externas, en aquel tiempo ni se conocían (1975).
Abur!
Tienes razón Beto , también quemaron una caseta de vigilancia y madrearon a varios granaderos ,
Adentro puro refuego ,pero adelante estaban los hijos de los políticos como siempre bien cuidaditos con un chingo de guardias ,
Pero el concierto estuvo con madre
En ese año salí de la vocacional 10, recuerdo ese viernes, me fui con un amigo que iba en la prepa 9 , nos fuimos sin boleto para ver si nos podíamos colar , recuerdo que cerraron las puertas y ya había iniciado el concierto y un comandante de la policía nos dijo que nos darían oportunidad de entrar, pero que nos formáramos, de repente entro una camioneta ( Julia ) de la policía por el lado del casino militar y de repente los granaderos nos empezaron a lanzar piedras a todos aquellos jóvenes que estábamos fuera del auditorio pensando que nos iban a dejar entrar, se generalizo una desbandada, todos corrimos hacia donde se podía, mi amigo y yo nos fuimos caminando hacia el metro chapultepec.
El domingo el ultimo día de sus conciertos, me fui solo al auditorio haber que pasaba, tenia $500.00 que era lo del anillo de graduación de mi salida de la Vocacional, al llegar al auditorio y caminado por ahí, se me acercaron unos jóvenes que venían de Monterrey y me ofrecieron un boleto al costo, sin dudarlo acepte y pude entrar y disfrutar de ese concierto, adiós anillo de graduación, pero estuve en el concierto fui parte de la historia y me alcanzo para un par de zapatos y un pantalón
Concierto de verdad,…El mejor concierto en el “Auditorio Nacional” de la época y el primero en su genero porque efectivamente el gobierno mexicano padecía de un enorme temor por las concentraciones masivas de jóvenes libertarios y exigentes entonces. Tenía 18 apenas y no pude comprar boleto por falta de dinero, pero acudí entusiasmado al primer concierto y efectivamente no había “pantalla” alguna,…solo unos camiones de Televisa en donde pude escuchar frente a su monitor uno de sus últimos éxitos para entonces, ” Any Way You Want” como comenta Roberto Vázquez T. En verdad fue sublime para mi estar cerca de la Super-Banda de los metales de oro. Vi que quemaron un camión algunos chavos del POLI -dijeron algunos- Otros entraron por atrás sobornando a un conserje ymuchos que solo traían diez o veinte pesos no lo lograron y al final logramos entrar por los portones laterales para escuchar unas tres canciones. Había hasta bebes en brazos de adultos y Chicago cerró con ” Got To Get You Into My Life” de los Beatles, lo cual no me pareció buen gesto pues Chicago tenia Super-exitasos, pero igual lo disfrute mucho y fui de la misma manera los siguientes días,…gratis y de “aventon” de regreso hasta Viveros de la Loma,…Saludos a todos.
ROBERTO VAZQUEZ…. ES VERDAD !!! YO ESTABA EN PREPA 6 Y JUNTAMOS LANA LA BANDA 10 COMPAS YNO FUIMOS A LA AZOTE !!!(ATRASARRIBA),,,, TODOS DE CHIPITURCO !!!
EN EL DESMANE TERMINAMOS EN FILAS DE ABAJO… TODO UN PACHECO… Y PADRISSSSIMO CONCIERTO !!!….
EL BARETISTA REGALOCOMO 3 PARES DE BATUCAS !!!
TE COMPRO COPIA
Estaba escuchando justamente la transferencia de dos cassettes de 60 minutos que grabó mi hermano mayor que tendría entonces unos 21 años, se escucha posiblemente la voz de Terry Kath hablando muy buen español decía que mucha gente se quedó afuera y pusieron unas bocinas para que los pudieran escuchar los que no pudieron entrar y pido una ovación (literal) para los que no pudieron entrar,se escucha muy buen ambiente y tocaron sus éxitos de la época.
Efectivamente el primer día no pudimos entrar nos bajamos del coche que estacionamos a un costado del Auditorio, pero los granaderos venían retirando a las pandillas que querían entrar sin boleto y Los apedreaban llegando a golpear el coche teniendo que retirarnos, al siguiente día regresamos en camión y seguían las pandillas apedreando el auditorio, pero logramos entrar y presenciamos el mejor concierto que recuerdo, excelente banda en su mejor momento al final tocaron una canción de los Beatles, a mis amigos.
Ernesto saludos nosotros teníamos una distribuidora de discos cartuchos y cassettes y nos paso lo mismo se nos acercaron unos chavos que nos comentaron que eran de Monterrey y que tenían un problema familiar nos ofrecieron boletos creo que traían cinco nosotros eramos tres nos los ofrecieron al costo eran en las primeras filas terminamos en la primera fila ya todos estábamos parados fue un concierto que sigue en la memoria
Fue una experiencia maravillosa fui con mi Pedro y nuestro buen amigo Pepe Mayen no llevabamos boletos pero teníamos que correr el riesgo de intentar entrar era una oportunidad de ver y escuchar a esa gran banda de pronto se nos acercaron unos chavos que venían de Monterrey y nos dijeron que si queríamos boletos que habían tenido un problema y tenían que regresar a Monterrey creo que tuvimos mucha suerte pues nos toco en primera fila y ahí me di cuenta que el dicho del que no arriesga no gana es muy cierto recuerdo que mi hermano nuestro amigo Pepe y yo tuvimos una experiencia inolvidable que hasta la fecha no se nos olvida y la recordamos con mucho gusto les puedo decir que fue el concierto más impactante que he escuchado saludos
En efecto no habían pantallas afuera del Auditorio, entre GRATIS y me lleve a Elsy, joven abogada del MP de la Benemérita Cruz Roja, en donde yo era socorrista, justo nos pusimos a un lado del escenario y a unos pasos, del back stage, en donde había una super hielerota con Tecate, Terry Kath, se puso un Jersey deportivo y su gorrita como el del Simpatías (Alejandro Suárez) Robert Lamm, Pete Cetera. Pankow, Laudir de Oliveira, Danny Serafín, Parasider, bueno toda la banda y de jala cables Bill Champlin, bien joven, pero con su voz aguarduentosa, traía yo 7 años de seguir primero a CHTAutorithy y después a ellos, y hoy los sigo, igual de ricos que yo. Buenos los pocos reales Chicshueñis, los demás ya es una pinché mezcla de saltinbanquis, y despsues las otras ocasiones una pesa cada concierto con mi Bro Carlos García Álvarez también Cruz Roja, y la compra de souvenirs, playeras, tazas, vasos, de todo, como ellos ningunos, aunque ahora este LEONID & FRIENDS de Rusia y LEXINTON lab band, que son seguidores e imitadores de Chicago y ambas agrupaciones son super chingon es.
Si recuerdo afuera se quedaron otros compañeros de la Cruz Roja, para atender a los descalsbrados por los granaderos, gracias a Jorge Peña que coordinaba los servicios especiales de este tipo, pude disfrutar (cortesía de Cruz Roja Mexicana) Pude ir a los siguientes conciertos, pero fui buen compañero y les dije a un vonche de compañeros que fueran. Y ya crecido con lana, me iba a los Conciertos cuando se presentaban por acá, pero ya había pequeñas islas donde vendían alcohol y siempre entrábamos ya bien entonado, las siguientes veces, todo tranquilo, Papas, Mamás y sus hijos con sudaderas de Chicago y una locura dentro, Lastima, que ya se había ido Terry. Cetera, Laudir de Oliveira y Serafín, y llegaron cantantes muy rockeros y con voces de mujer, yo veía que el grupo de metales como que no congeniaba bien con ellos, bueno y Chsmplin con su cara de viejito y su voz cascada, seguía cantando, y hoy hadta Latinos hay. Sigan a LEXINTONG LAB BAND Y A LOS RUSOS DE LEONID & FRIENDS. volverán a vivir Chicago de los 70-80’s chequenlos.
Yo estuve ahi con mi hermano QEPD y un primo hermano. Llegamos de Monterrey y nos quedamos en el Hotel Polanco y nos fuimos sin pagar. Hace 15 meses falleció mi hermano y en sus cosa encontré el boleto y una foto Polaroid donde estamos los 2 enfrente del Auditorio. Me perdí mucho del concierto pues me pasé de alcohol, mota y droga. Nos regresamos a Monterrey de ‘ride’, pues nos mamámos toda la lana que traiamos.
Yo si pude entrar de hecho nos fuimos varios del CCH Vallejo y Prepa 9 afuera había mucha gente sin boleto y en una distracción pudimos entrar algunos, con macanazo en las piernas incluido, la idea era no detenerse hasta estar adentro, ya en las escaleras (dentro) fue pura música y olor a hierba.
Cuando salimos no era un camión, eran varios “chatos” los que se estaban quemando.
El concierto de rock y ruedas de Avándaro fue el 11 y 12 de septiembre; y no el 12 y 13 de octubre que menciona su artículo
En que fecha exacta fueron los conciertos? Mes y días, de 1975
YO CREO QUE QUIENES MENCIONAN QUE ENTRARON GRATIS AL AUDITORIO A VER EL CONCIERTO, ESTÁN DICIENDO FALSEDADES PUESTO QUE ERA TAN EXTREMA LA VIGILANCIA DE LA POLICIA QUE HUBIERA RESULTADO MUY DIFÍCIL SIQUIERA PASAR EL PRIMER RETÉN POLICIACO, PUESTO QUE HABÍA VARIOS RETENES ALREDEDOR DEL AUDITORIO, YO PUDE IR AL PRIMER CONCIERTO CON MI HERMANO CARLOS (QEPD). YO TENÍA 15 AÑOS Y EL TENÍA 17, LO DE LOS CAMIONES QUEMADOS FUÉ CIERTO Y LO DE LAS CORRETIZAS DE LOS POLICIAS SOBRE CUALQUIER PERSONA QUE TUVIERA ASPECTO DE JOVEN FUÉ IGUALMENTE CIERTO, SIN EMBARGO QUIEN MENCIONA QUE TRAÍA $ 500 Y QUE PUDO ENTRAR A UNO DE LOS CONCIERTOS, SUENA UN POCO DUDOSO PUESTO QUE $ 500 EN AQUELLA ÉPOCA ERAN UNA PEQUEÑA FORTUNA Y EL BOLETO DE ENTRADA PIENSO QUE NO PASÓ DE LOS $50, E IGUALMENTE HUBO MUCHOS GOLPEADOS Y DETENIDOS POR LA POLICÍA Y TAMBIÉN EXISTIERON LOS VÁNDALOS QUE APEDREARON A LOS POLICÍAS. TENGO GUARDADOS LOS BOLETOS DEL PRIMER CONCIERTO, POR SI A ALGUIEN LE INTERESA VERLOS. MI NOMBRE ES BENITO SILVA MENDOZA Y AHORA TENGO 63 AÑOS, ME PUEDEN ENCONTRAR EN FACEBOOK.
Yo nunca me enteré de los camiones quemados y banda apedreada……si me sorprendió ver a todo mundo fumando mota, nunca creí que fuéramos tantos macizos
Hola soy Marco Zúñiga actualmente tengo 67 años y tuve la fortuna de poder entrar al segundo concierto de tres que ofreció la Banda, las fechas de su presentación si mal no recuerdo fueron el 7 8 y 9 (Viernes, Sábado y Domingo) de Noviembre de 1975, el viernes 7 si nos percatamos de algunos desmanes y decidimos retirarnos, el siguiente día todo fluyó en absoluta
calma o cuando menos no fuimos testigos de algún incidente ..saludos cordiales
Quisiera saber las fechas exactas de los tres conciertos, ya que al día siguiente conocí a mi esposo y queremos festejar nuestro día mágico.
Tienes fecha de compromiso, de boda civil y religiosa pero no de cuándo nos conocimos.
A quien me ayude de antemano GRACIAS
l
Las fechas de los conciertos fueron el viernes 7, sábado 8 y domingo 9 de 1975. Mi amigo Alex y yo metimos una grabadora para el concierto del sábado: Aun disfruto mucho escuchar la grabación de ese día. Lo mejor es el video. Saludos a todos.
Para Benito Silva , q portada es tu perfil ya q no te encuentro para ver lo de los boletos y recordar ese magno evento
Yo también me presenté al superconcierto de la Banda Chicago me tocó en día Domingo me había ganado dos boletos en un programa de radio de música de Rock en Ingles creo radio Capital al llamar por teléfono y contestar una pregunta. Solo me dieron un boleto el otro se lo quedaron. Me tocó hasta arriba en las gradas dese donde los podía ver cómo muñequitos pero se alcanzaba a escuchar la música. También lo grabé pero con el tiempo hice otras grabaciones encima borrando el gran concierto. Un error garrafal. Por cierto fumaron mota como chacoacos yo no la fumaba pero me tocó darle las tres sin querer. Camino del metro Chapultepec al Auditorio me compraban mi boleto. Me daban si recuerdo $500.00 pero claro q no lo vendí. Yo tenía 18 años de edad. Hace 49 años. Ahora tengo 67 años Gracias a DIOS, y es un buen recuerdo. Mi primer concierto y uno de los mejores q he visto entre otros comp el de Pink Floyd en 1994. Saludos a todos los amantes de la buena música del Rock y de los conciertos México. Eso sí. !!
Eso sí !!
Tuve la suerte de estar el sábado 8 de noviembre en el segundo concierto, después del desorden en el primero creo que hubo un muerto y pensé que los iban a cancelar, pero no. Empezaron con con “Introduccion” y venia el nuevo miembro de la banda Laudir de Oliveira percusionista brasileño. Poco después murió Terry Kat y ya no sería el Chicago original