Un museo en retribución a los mayas macehuales

Un museo en retribución a los mayas macehuales

José Alberto Rodríguez Robles y Gabriel Vázquez Dzul
Centro INAH Quintana Roo

En revista BiCentenario, el ayer y hoy de México, núm. 70.

Junto a la construcción del Tren Maya se configuró la necesidad de levantar un espacio que diera cuenta de la historia, cultura y lengua de los mayas macehuales. Así nació el Museo Histórico de la Ciudad de Felipe Carrillo Puerto, ideado para exponer una memoria colectiva e histórica a los visitantes y a la propia comunidad.

Desde los caminos habilitados por el machete bajo la selva quintanarroense para la marcha de las compañías mayas a mediados del siglo xix, pasando por los caminos de herradura en los que sacaban el chicle y distribuían mercancías a las comunidades, hasta las modernas carreteras petrolizadas y, ahora, con el acompañar del Tren Maya, se crea una visión de conjunto de la historia (memoria colectiva y memoria histórica) de la antigua capital maya macehual Noh Kah Santa Cruz Balam Nah, hoy Felipe Carrillo Puerto, en Quintana Roo. Así, nuestro propósito es mostrar uno de los proyectos historiográficos de la denominada Nación Maya, poniendo énfasis en el área maya macehual quintanarroense, con el flamante Museo Histórico de la Ciudad de Felipe Carrillo Puerto.

El museo fue una propuesta emanada del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Quintana Roo (Centro inah Quintana Roo), como forma de retribución a los mayas macehuales del centro del estado. Así, en septiembre del 2023 se propuso la construcción de este espacio que dignificara su historia, su cultura y su lengua, además de ser contadas por los habitantes de esta zona maya. Después de un año de investigación y recolección de piezas, en septiembre de 2024 fue inaugurado. A casi un año de su apertura, la población maya (y mestiza visitante), en gran parte autora del contenido del museo, ha aceptado como suyo este recinto.

            El museo se compone de siete áreas temáticas contenidas en cinco salas: 1) la creación de Noh Kah Santa Cruz Balam Nah, 2) la conformación del ejido, 3) cooperativas chicleras, 4) la escuela rural en el territorio maya, 5) actividades productivas, 6) el turismo y comunidades mayas, y 7) arte y religiosidad popular. Cabe decir que esta propuesta no sólo responde a una consideración cronológica sino, además, a un discurso desde la mirada de los actores (mayas autodenominados macehuales), en el que se integran con la lógica etnográfica, el contacto y la relación de este grupo socio cultural con su entorno histórico, ecológico, religioso y social, en su lengua y en su voz.

            Hablaremos aquí del porqué y del cómo se procedió a desarrollar un proyecto de tal magnitud y de las características que debían integrar, según los expertos del área macehual. Esto incluye los criterios de selección de temáticas. También abordaremos de manera específica el contenido de las salas, lo que permitirá el diálogo entre los mayas del área (con su historia y su cultura actual) con los visitantes, para otorgarle a este la comprensión de un grupo indígena con profundos cambios económicos, políticos y, en algún sentido, territoriales.

El proyecto

El megaproyecto del Tren Maya con la ruta del Caribe mexicano y atravesando las selvas mayas, no podía quedar simplemente como el traslado de pasajeros de un punto a otro. La retribución de la memoria debía reconocerse en el contexto del desarrollo nacional. Este reconocimiento debía significar el asimiento de la voz de los mayas y traducirse en un discurso capaz de mostrar y explicar las aristas del territorio, la cultura, la ecología y la historia, en otras palabras, mostrar a la comunidad macehual como una cultura viva y en inevitable transformación. Esta es la razón fundamental del porqué debía explicarse la historia y cultura maya desde la voz viva de los actores.

            ¿Cómo lograr un trabajo con el tiempo y presupuestos limitados y limitantes? Un equipo de especialistas del Centro inah Quintana Roo en investigación social en el ámbito indígena, con experiencia en investigación archivística, documental, de campo y etnográfica, realizó durante cinco meses la revisión de acervos locales (Archivo General del Estado de Quintana Roo, Centro de Documentación de la Universidad Autónoma del Estado de Quintana Roo y el Registro Agrario Nacional, Delegación Quintana Roo), regionales (Centro de Apoyo a la Investigación Histórica y Literaria de Yucatán y la Fototeca Pedro Guerra de la Universidad Autónoma de Yucatán) y nacionales (Archivo Histórico de la Secretaría de Educación Pública y Archivo General de la Nación). Incluso se obtuvieron documentos mediante contacto a distancia con algunos acervos fuera del país, pero en menor medida. Se realizó revisión bibliográfica general y se consultaron libros y revistas sobre los temas, escritos desde comienzos del siglo xx.

            Cuatro meses posteriores a este ejercicio, se realizó el trabajo de campo en las localidades y con sus informantes clave: artesanos, profesores, ejidatarios, ancianos, mujeres y hombres, jóvenes, apicultores, etcétera. Ambos acercamientos dieron fruto al guion museológico que se dividió en los siete temas fundamentales de la vida e historia de la población maya macehual que, a su vez, dieron origen a la estructura museográfica.

            Una pregunta quedaba pendiente ¿dónde establecer físicamente el recinto que albergase esta historia y cultura macehual? En el centro de la cabecera municipal se encontraba un edificio con las características y dimensiones necesarias, el antiguo Internado Indígena de la ciudad de Felipe Carrillo Puerto fundado en la primera mitad del siglo xx. Este espacio fue restaurado por personal de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), bajo la supervisión de arquitectos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. La idea fue conservar el estilo arquitectónico del edificio histórico mientras se daba la adecuación para el montaje de la museografía.

En el equipo estuvo el promotor cultural Gregorio Vázquez Canché y el milpero Cándido Pat Canché, maya hablantes y conocedores de aspectos sensibles a la sociedad macehual, prácticamente no hubo tema donde no se siguieran las sugerencias de ellos. Por su parte, el diseño museográfico de cada una de las salas corrió a cargo de la Dirección de Museos del inah liderado por el maestro Juan Garibay y el montaje final fue realizado por la empresa Technische Wartungspraxis. A su vez, el equipo del inah que elaboró el discurso museológico fue liderado por el antropólogo Margarito Molina Rendón, director del Centro inah Quintana Roo. Cabe señalar que el museo fue pensado desde la población maya, por lo que la lengua originaria es el centro del sitio con su respectiva traducción y/o doblaje en español.

El museo y sus salas

 Desde los albores de la Guerra de Castas, pasando por la fundación de la ciudad sagrada de Noh Kah Santa Cruz Balam Nah hasta nuestros días, los mayas macehuales pasaron por diversos episodios que han marcado, en muchos sentidos, lo que ahora son, sin perder la sustancia cultural de ser los herederos y descendientes de los combatientes de una guerra que aún profesan. Dicho esto, se presentan los siete temas contenidos en cinco salas en orden cronológico, pero también con una lógica cultural evidente.

  1. La guerra y la fundación de Noh Kah Santa Cruz Balam Nah (1850 a 1901)
  2. La conformación de las cooperativas chicleras y ejidos macehuales
  3. La escuela rural en el territorio maya en la primera mitad del siglo xx
  4. Actividades productivas: Milpa y apicultura/El turismo y las comunidades mayas
  5. Arte y religiosidad popular

La primera sala del museo, denominada La guerra y la fundación de Noh Kah Santa Cruz Balam Nah (1850 a 1901), refiere el mito de origen de la sociedad macehual y de la creencia en la Cruz Parlante. Se realizó una exhaustiva revisión bibliográfica y museográficamente presenta cuatro aspectos relevantes, el altar a la Cruz Parlante, réplica de lo que debió ser el primer altar donde se adoraba a la Cruz y se mandaban los mensajes escritos y orales. La arenga de la Proclama de Juan de la Cruz, tomada del texto de Victoria Riefler Bricker, adaptado e interpretado de viva voz por el catedrático Hilario Chí. Contiene una réplica de un arete en oro como el usado por los líderes mayas del siglo xix, y que algunos descendientes aún siguen usando como el propio maestro Hilario Chí. Como dato, mencionamos que el cuerpo del líder maya macehual Bernardino Cen fue identificado por los yucatecos precisamente por el arete que portaba. Se encuentran, también, tres cuadros de la autoría del pintor Marcelo Jiménez y el pintor Marco Antonio León que retratan a los líderes José María Barrera, Bernardino Cen y la legendaria María Uicab, líder de Tulum.

Una vez concluida la guerra por parte del gobierno mexicano, no para los mayas rebeldes, se inician políticas públicas destinadas a lograr la integración de los mayas a la vida nacional o, al menos, esa era la intención. Recordemos que los mayas dominaban amplias extensiones de bosque tropical lo cual representaba riqueza forestal y, precisamente, concurrieron la conformación de los ejidos y las cooperativas chicleras.

La segunda sala (La conformación de las cooperativas chicleras y ejidos macehuales) muestra la actividad chiclera tal y como la vieron y vivieron los mayas macehuales, los entrevistados aún recuerdan con nostalgia y emoción aquellos días donde subir a un árbol representaba un reto. Relatos, imágenes, marquetas de chicle y objetos originalmente usados para la actividad recrean este pasado. Debemos agregar que la empresa de chicles Chicza® donó el laboratorio donde antiguamente se analizaba la humedad de la goma.

Sobre los ejidos, longevos informantes refieren sobre la manera en que se organizaron para lograr, y aún expandir, el perímetro ejidal. La exactitud de la información proporcionada por la gente más anciana coincide con documentos históricos que obran en los archivos del Estado.

Uno de los principales cambios en la forma de percibir a la sociedad y el desarrollo de las comunidades, tuvo que ver con la introducción de la escuela rural. En esta sala (La escuela rural en el territorio maya en la primera mitad del siglo xx) no sólo se presenta la manera en cómo se fue integrando la escuela y la educación en las comunidades, sino además el trato que se les dio a los primeros maestros que no eran macehuales o que no dominaban el idioma maya. También, se presenta la dificultad de los niños mayas para adaptarse a una dinámica escolar que no era compatible con la vida cotidiana basada en la milpa y la ritualidad a la Santa Cruz, los santos patronos, las vírgenes y las festividades comunitarias.

No podemos describir o explicar siquiera la complejidad de la sociedad macehual sin revelar el sistema que la sustenta, esto es, el sistema de la milpa. Esta es la matriz cultural de mesoamérica. La sala referente al maíz (Sala IV. Actividades productivas: Milpa y meliponicultura/El turismo y las comunidades mayas), debía contener mucha información ya que el campesino maya o colnaal, posee conocimientos sobre el entorno agroecológico, los tipos de suelos, los tipos de maíz, los tipos de crecimiento de la selva, además, conoce la ritualidad en torno al monte, conoce la liturgia que se debe realizar a cada paso para lograr una cosecha abundante, para que Jajal dios (dios verdadero o único) lo proteja de mordeduras de víboras o caídas de las ramas, que las hormigas y los pájaros no se coman las semillas pero, ante todo, que escampen buenas lluvias. Todo milpero, decía el antropólogo Alfonso Villa Rojas, debe aprender a rezar el payalchí, un conjunto de rezos y oraciones para que su milpa llegue a buen término.

La actividad apícola se considera un continuum de la milpa tradicional maya, en particular la variante cultural llamada meliponicultura, es decir, la crianza de la abeja melipona beecheii, kolel cab o xunan cab como le llaman los mayas que la cultivan. Este espacio del museo busca introducir la información científica que amablemente nos proporcionó el médico veterinario Manuel Vázquez con la recreación de una colmena, así, surgió la idea de reproducir el sonido del aleteo de una colmena en el museo, la cual tendría abejas a su alrededor.

En cuanto al turismo, esta actividad irrumpió no sólo en la economía de las comunidades macehuales, sino también, en algún sentido, en las formas de organización social. El reto para el equipo de museología fue armar el discurso museográfico de una actividad que, si bien ha aportado beneficios económicos, también ha traído elementos que enrarecen, por decir lo menos, la vida interna de la comunidad.

El turismo comunitario, de menor impacto negativo, ha tratado de abrir espacios de diálogo intercultural entre la comunidad y el visitante, pero los resultados aún no son del todo visibles. La museografía presenta una línea del tiempo que muestra la llegada de la actividad turística a la isla de Cozumel y su posterior expansión por el caribe mexicano y el envolvimiento hacia las comunidades mayas. El encuadre fotográfico del tema busca expresar los beneficios del turismo, así como rupturas con respecto a las comunidades macehuales.

La última sala del museo (Sala V: Arte y religiosidad popular) cierra con un aspecto de suma importancia en términos culturales más que económicos. La producción y reproducción del arte popular, así como las formas particulares de expresión religiosa basada en el culto a la Santa Cruz. Maestros y maestras del tejido, urdido, bordado, cincelado y tallado de la madera, ven expuestas sus obras en un espacio enriquecido con diversas imágenes y entrevistas en lengua maya.

            Las salas IV y V requirieron del acompañamiento de personal experto en fotografía y cine. En este caso, el fotógrafo Christian Albrecht y la cineasta Meztli Suárez fueron los colaboradores para otorgarle a la etnografía color y sonido con la mejor calidad posible.

            En todas las salas se integraron videos con entrevistas a quienes conocen del entorno ecológico, histórico y cultural y que estuvieron dispuestos a entablar un diálogo franco para todo aquel viajero interesado en la región donde se enseñorean los mayas macehuales. No obstante, el museo no sólo se pensó para un diálogo hacia afuera, con viajeros y visitantes que aprovechen el Tren Maya como medio de traslado, sino también para establecer un diálogo interno de la comunidad maya en su propia lengua. Este es un recordatorio de que la cultura es viva y el museo es un vaso comunicante que acerca y enlaza, una o muchas ventanas hacia la historia y la interculturalidad.

Para saber más…

  • Prieto Hernández, Diego y José Luis Perea González, La nación maya. Gestación, devenir y resistencia, México, inah, 2024.
  • Centro inah Quintana Roo, Boletín, 2024, en https://cutt.ly/stqbbkOx
  • Centro inah Quintana Roo, 2024, en https://cutt.ly/7tqbnw0V