﻿{"id":8637,"date":"2018-02-21T16:33:50","date_gmt":"2018-02-21T22:33:50","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=8637"},"modified":"2024-07-17T12:16:29","modified_gmt":"2024-07-17T18:16:29","slug":"ciudad-de-mexico-mexico-city","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/ciudad-de-mexico-mexico-city\/","title":{"rendered":"Ciudad de M\u00e9xico. Mexico City"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Ana Su\u00e1rez<\/strong><br \/>\n<strong>Instituto Mora<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 37.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #000000;\"><del>Ciudad de M\u00e9xico<\/del>. <em>Mexico City<\/em><\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Entrada-de-Scott-a-la-ciudad-de-M\u00e9xico-2.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"646\" class=\"aligncenter wp-image-8638\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Entrada-de-Scott-a-la-ciudad-de-M\u00e9xico-2.jpg\" alt=\"Entrada de Scott a la ciudad de M\u00e9xico (2)\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Entrada-de-Scott-a-la-ciudad-de-M\u00e9xico-2.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Entrada-de-Scott-a-la-ciudad-de-M\u00e9xico-2-150x150.jpg 150w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Entrada-de-Scott-a-la-ciudad-de-M\u00e9xico-2-297x300.jpg 297w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Entrada-de-Scott-a-la-ciudad-de-M\u00e9xico-2-624x629.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Basta el estruendo del primer ca\u00f1onazo para despertarla, habr\u00eda querido dormir otro poco, la madrugada estuvo llena de ruidos que interrump\u00edan su sue\u00f1o y le negaron el descanso: voces que daban \u00f3rdenes, carretas que se arrastraban sobre el empedrado, patadas y relinchos de caballos a los que se dispon\u00eda para el recorrido hacia el mar, botas que andaban, corr\u00edan, bajaban, sub\u00edan. Se acurruca de nuevo, solo quiere un minuto de tregua, no pensar en la nueva realidad que se aproxima. Pero el segundo ca\u00f1onazo le trae su obligaci\u00f3n a la memoria, s\u00ed debe presenciar la salida del invasor, mostrar alivio y regocijo en una fecha que ser\u00e1 notable en los fastos nacionales, las generaciones venideras recordar\u00e1n este 12 de junio de 1848 como el d\u00eda de la liberaci\u00f3n, muchos pa\u00edses celebran uno, M\u00e9xico tendr\u00e1? que hacerlo desde hoy y para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ve el z\u00f3calo, son las seis, el sol se acaba de asomar, su luz viste a la catedral, los palacios y los portales con ropajes de estreno, \u00bfqu\u00e9 no es una fiesta? La infanter\u00eda y la caballer\u00eda, 10 o 12 o 14 000 hombres forman un cuadro azul alrededor de la plaza, mientras que 5 o 6 000 voluntarios, seguidos por m\u00e1s de un centenar de carretas cargadas con la artiller\u00eda y un buen suministro de v\u00edveres, \u00a0trazan una l\u00ednea multicolor que se extiende por Plateros, casi llega a la Alameda, entre todos semejan un ej\u00e9rcito de juguete listo para desfilar en cuanto se le d\u00e9 cuerda, pero esa es nada m\u00e1s una imagen. Ella lo sabe mejor que nadie, lo supo muy pronto, cuando sus due\u00f1os la abandonaron y no hab\u00eda quien la protegiera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras los ca\u00f1ones disparan y la bandera de las barras y las estrellas desciende del asta de palacio, se acuerda del 14 de septiembre, cuando el enemigo pas\u00f3 por las garitas de San Cosme y Bel\u00e9n, para dirigirse luego hacia la plaza mayor. Ya desde antes (Padierna-Churubusco-Molino del Rey-Chapultepec) la hab\u00eda estado rodeando, la asedi\u00f3, la acos\u00f3, pero ella se sent\u00eda segura, nunca crey\u00f3 estar en peligro, su hogar era una fortaleza. Ese d\u00eda se percat\u00f3 de su error, \u00c9l iba a tomarla, nada lo impedir\u00eda, y tuvo miedo y reaccion\u00f3 impulsivamente, tan pronto se le acerc\u00f3, intent\u00f3 empujarlo, lo ara\u00f1o, lo mordi\u00f3 y tambi\u00e9n lo golpe\u00f3, ten\u00eda que lastimarlo. Durante 37 horas se bati\u00f3 en las calles y las avenidas, acech\u00f3 atr\u00e1s de las esquinas y en los quicios de las puertas, desde las ventanas y las azoteas le arroj\u00f3 piedras, palos, ladrillos y hasta agua hirviendo. Pero tu defensa no sirvi\u00f3 para ahuyentarlo, fracasaste.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S\u00ed, su lucha hab\u00eda sido in\u00fatil, la resistencia s\u00f3lo pareci\u00f3 excitarlo, con furia la dobleg\u00f3. En cuanto pudo se le ech\u00f3 encima, la enred\u00f3 entre sus brazos y sus piernas, le impidi\u00f3 moverse, luego, con una lentitud insolente, que a ella le pareci\u00f3 eterna y la hizo llorar y gritar de desesperaci\u00f3n, explor\u00f3 su cuerpo por fuera, por dentro, con sus dedos recorri\u00f3 todos sus rincones. Entr\u00f3, sali\u00f3 y volvi\u00f3 a entrar cuantas veces le apeteci\u00f3, como si quisiera herirla y humillarla por su rechazo, por fin empuj\u00f3 y penetr\u00f3 hasta el fondo, al fin era m\u00e1s fuerte, sus rifles disparaban diez tiros, los suyos uno, sus ca\u00f1ones alcanzaban mil metros, los suyos 300. As\u00ed tuvo que rendirse al amanecer del 16 de septiembre cuando las calles y las plazas quedaron cubiertas de cad\u00e1veres y los heridos llenaban sus hospitales de sangre. T\u00fa, que tan orgullosa estabas de tu pasado y de tu estirpe, fuiste violada por el v\u00e1ndalo del norte, la verg\u00fcenza y la rabia te quemaron, juraste que lo aborrecer\u00edas para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9l hizo lo que le se le antoj\u00f3 durante 272 d\u00edas largos, casi siempre largos. Era suficiente con ver que se conceb\u00eda como el favorito de Dios, el elegido para lograr grandes cosas, bien cierto estaba de haber cumplido con su misi\u00f3n. Su bandera, la que ahora saluda altanero, y luego recoge, dobla y guarda como un tesoro, le recuerda qui\u00e9n es y lo que ha logrado, le dice que donde quiera que se eleve gozar\u00e1 de todos los privilegios y s\u00f3lo habr\u00e1 una voluntad, la suya. Ella tuvo que vivir en estado de sitio y sostener sus gastos y pagarle tributo, y prestar sus casas, iglesias y conventos para que sirvieran de campamento. Su nuevo due\u00f1o la vigil\u00f3 en cada momento, y cuando intent\u00f3 da\u00f1arlo o rebelarse, s\u00f3lo gan\u00f3 sus burlas y su castigo, destru\u00eda las casas de las que escapaba un disparo y met\u00eda en prisi\u00f3n a todos sus habitantes. Lo detestabas, se te hac\u00eda insoportable, era sucio, grosero, pesado, hereje, pero estabas atrapada en tu propia tierra, y no hab\u00eda m\u00e1s remedio que obedecerlo y guardar silencio, a la mala aprendiste que no te le pod\u00edas negar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y as\u00ed transcurrieron m\u00e1s de nueve meses, tiempo suficiente para dar a luz a un monstruo, en eso ha tornado, es la \u00fanica manera de explicar que desee a quien tendr\u00eda que detestar, de entender que en fecha tan importante sienta tal desaz\u00f3n, la solemnidad deber\u00eda conmoverla, ni siquiera la turba que los ca\u00f1ones martillen de nuevo para saludar a la bandera de M\u00e9xico, los guardias nacionales que llegaron anoche la izan sobre el gran p\u00f3rtico de palacio, y el pabell\u00f3n se mueve, empieza a ondear gozosamente, como si supiera lo que significa, y sintiese la alegr\u00eda que ella es incapaz de sentir. Y es que despu\u00e9s de las primeras semanas se fijaron otras reglas, hab\u00eda que avenirse, el invasor quer\u00eda reposar del campo de batalla, resolver sus necesidades, y prefiri\u00f3 desistir de las disputas y ser m\u00e1s ben\u00e9volo. Aunque la culpa no te perdon\u00f3 un instante, comenzaste a actuar como quer\u00edas, confiabas en que, si eras d\u00f3cil y mansa y mostrabas esp\u00edritu de cooperaci\u00f3n, \u00e9l dejar\u00eda de atormentarte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo as\u00ed se convirti\u00f3 en su anfitriona, quiso satisfacerlo: pre\u00adpar\u00f3 las comidas al estilo americano y le obsequi\u00f3 vinos, licores, puros y cigarrillos de buenas marcas. Trat\u00f3 de hablarle en ingl\u00e9s y aplaudi\u00f3 sus intentos de hacerlo en espa\u00f1ol. Se les vio juntos en teatros, billares y coliseos. La tarde que compartieron en el Circo Americano fue m\u00e1gica, los acr\u00f3batas, los mimos y los caballos amaestrados, y luego la corrida de toros y la pelea de gallos con que Mr. Bensley complet\u00f3 la funci\u00f3n, los hicieron sufrir y re\u00edr al un\u00edsono. Estabas contenta, por un rato olvidaste lo que no pod\u00eda ser, vamos, debi\u00f3 ser en esa ocasi\u00f3n cuando principiaste a buscar su sonrisa y las horas a correr con mayor rapidez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la \u00faltima descarga del ca\u00f1\u00f3n, la banda militar toca el himno de los Estados Unidos, el ej\u00e9rcito canta con entusiasmo, a leguas se percibe lo orgulloso que se siente. Se oye despu\u00e9s algo m\u00e1s, es una marcha cualquiera, M\u00e9xico ni a himno llega, ya es hora de que se invente uno, ser\u00eda se\u00f1al de que posee una identidad. La m\u00fasica llen\u00f3 las noches y las madrugadas: la Bella Uni\u00f3n se puso de moda, ah\u00ed y en otras piqueras ella fue su margarita, la que con \u00e9l bail\u00f3 y bebi\u00f3, y se desnud\u00f3 para \u00e9l, libremente le entreg\u00f3 su pasi\u00f3n. Mientras te abrazaba relegaste el hambre, el miedo y el pecado, el placer val\u00eda la pena, quer\u00edas tenerlo m\u00e1s cerca, pero entonces el temor de que se alejara te empez\u00f3 a estremecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ceremonia ha terminado, el ej\u00e9rcito se pone en movimiento despu\u00e9s de presentar armas, la fila es muy larga, la caballer\u00eda va delante, los infantes y los voluntarios en medio, las carretas a lo \u00faltimo. Desfilan con lentitud, caminan hacia el oriente, a continuaci\u00f3n, har\u00e1n el trayecto hacia Puebla y por \u00faltimo han de avanzar hasta Veracruz, all\u00ed aguarda la flota que los llevar\u00e1 al suelo nativo. Y se pregunta hacia qu\u00e9 tiempo depuso el odio: primero las diferencias perdieron valor, luego empez\u00f3 a fascinarla, tuvo que ser poco a poco, a lo largo de esos meses en que le brind\u00f3 seguridad y protecci\u00f3n, la deslumbr\u00f3 con su \u00e9xito y su confianza en s\u00ed mismo. C\u00f3mo no recordar el 30 de enero, cuando le pidi\u00f3 la anexi\u00f3n, \u00e9l s\u00f3lo le dijo gracias, se conoce que la solicitud le pareci\u00f3 natural. Fue durante el paseo que hicieron al Desierto de los Leones, le prepar\u00f3 los mejores platillos nacionales, llev\u00f3 los vinos m\u00e1s variados, hasta mesas, sillas y un toldo por si llov\u00eda, y contrat\u00f3 una banda y a tres guitarristas y dos flautistas para que alegraran la reuni\u00f3n. Los brindis se sucedieron, uno tras otro, lo admiraba, eran amigos, se comprend\u00edan, se quer\u00edan, y se volvieron a unir. Sent\u00edas que flotabas muy alto, como en un sue\u00f1o, te regocijabas en un mundo distinto, m\u00e1s tranquilo y m\u00e1s c\u00e1lido, reconociste lo que guardabas dentro, le rogaste que se quedara, que no te abandonase, le suplicaste ayuda para salir de las dificultades y ordenar tu existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ej\u00e9rcito llega en este momento a San L\u00e1zaro, va a cruzar la garita, entonces ser\u00e1 definitivo, ya no lo podr\u00e1 mirar. Se nota su felicidad, es l\u00f3gico, regresa a la tierra natal, uno acaba por tener nostalgia. Se va adem\u00e1s con los brazos llenos, le ha arre\u00adbatado la mitad de su herencia, m\u00e1s de lo que dijo al principio, m\u00e1s de lo que ella imagin\u00f3 en sus pesadillas. Ni una vez vuelve la cabeza, tampoco se detiene a decir adi\u00f3s, es como si le dijera que jam\u00e1s quiso quedarse, siempre dese\u00f3 que su estancia fuera corta, y aprovech\u00f3 cada instante para afianzar lo ganado y para sacarle mayores ventajas. Y es probable que por ella nada m\u00e1s experimente desprecio, no la quiere, no la quiso, \u00e9sa (le duele) es la pura verdad. Se lo merece, no s\u00f3lo fue tolerante con quien la forz\u00f3, la explot\u00f3, y adem\u00e1s la humill\u00f3 y la tuvo como secues\u00adtrada, sino que colabor\u00f3 con \u00e9l e incluso lo divirti\u00f3. S\u00ed, olvidaste qui\u00e9n eras, relegaste la dignidad o la verg\u00fcenza o ambas, lo que te resta es borrar los \u00faltimos meses, esconder lo sucedido, hacer de cuenta que nada pas\u00f3, y omitir esa parte de tu vida en los calendarios patrios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son las nueve, se han deslizado tres horas, el reloj nunca retrocede. Por \u00faltimo, se queda sola, tan desanimada, tambi\u00e9n recela, sus antiguos due\u00f1os deben estar prontos para regresar, le pedir\u00e1n cuentas, no por qu\u00e9 renunci\u00f3 a la batalla, eso se puede entender que al cabo ellos hicieron lo mismo, sino c\u00f3mo anduvo de ofrecida, y ces\u00f3 de resistir, y le permiti\u00f3 obtener placer, para eso ciertamente le falta una raz\u00f3n, fue cuesti\u00f3n de los instintos y por ventura de sentimientos, todo lo cual es dif\u00edcil de justificar. Lo mejor ser\u00e1 que calle, comience a vivir de nuevo y prepare el futuro, cu\u00e1l, lo ignora, habr\u00e1 que considerarlo, tal vez deba aplicar algo de lo que aprendi\u00f3, una cosa es silenciar el pasado y otra transformarlo en bueno, eso es, tendr\u00eda que hacer lo que a \u00e9l le gusta, imitar sus virtudes, adoptar sus valores, copiarlo en todo aquello que lo hizo un triunfador. Piensa por d\u00f3nde iniciar, qu\u00e9 hacer primero, si estudiar el ingl\u00e9s, o adoptar su fe religiosa, o enviar a sus hijos a sus escuelas para que al regreso estos la orienten, la gu\u00eden, la ense\u00f1en a gobernar, que sin duda ellos habr\u00e1n aprendido c\u00f3mo modernizar el pa\u00eds y dar paso a la democracia. Es cuesti\u00f3n de que seas paciente, y te esfuerces y trabajes mucho, s\u00ed, llegar\u00e1s a parecerte, y entonces, cuando se asemejen (y hasta coman y vistan y jueguen del mismo modo), quiz\u00e1 \u00e9l se decida a regresar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><script type=\"text\/javascript\">\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[ var 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El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 37. Ciudad de M\u00e9xico. Mexico City Basta el estruendo del primer ca\u00f1onazo para despertarla, habr\u00eda querido dormir otro poco, la madrugada estuvo llena de ruidos que interrump\u00edan su sue\u00f1o y le negaron el descanso: voces que daban \u00f3rdenes, carretas que se arrastraban sobre el empedrado, patadas y relinchos de caballos a los que se dispon\u00eda para el recorrido hacia el mar, botas que andaban, corr\u00edan, bajaban, sub\u00edan. Se acurruca de nuevo, solo quiere un minuto de tregua, no pensar en la nueva realidad que se aproxima. Pero el segundo ca\u00f1onazo le trae su obligaci\u00f3n a la memoria, s\u00ed debe presenciar la salida del invasor, mostrar alivio y regocijo en una fecha que ser\u00e1 notable en los fastos nacionales, las generaciones venideras recordar\u00e1n este 12 de junio de 1848 como el d\u00eda de la liberaci\u00f3n, muchos pa\u00edses<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1440,5],"tags":[183,1447],"class_list":{"0":"post-8637","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-37","7":"category-cuento","8":"tag-ciudad-de-mexico","9":"tag-intervencion-estadunidense"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8637","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8637"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8637\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":20066,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8637\/revisions\/20066"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8637"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8637"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8637"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}