﻿{"id":8609,"date":"2018-02-16T14:17:42","date_gmt":"2018-02-16T20:17:42","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=8609"},"modified":"2024-07-17T11:18:33","modified_gmt":"2024-07-17T17:18:33","slug":"la-muerte-regresa-el-colera-de-1850-en-la-ciudad-de-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-muerte-regresa-el-colera-de-1850-en-la-ciudad-de-mexico\/","title":{"rendered":"La muerte regresa. El c\u00f3lera de 1850 en la ciudad de M\u00e9xico."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Claudia Patricio Pardo Hern\u00e1ndez<br \/>\nInstituto Mora<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam<\/span><span style=\"color: #800000;\">. 37.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La segunda epidemia del <em>vibrio cholerae<\/em> en el siglo XIX fulmin\u00f3 en pocas horas la vida de Mariano Otero. El agente infeccioso atacaba a todos los sectores sociales en momentos en que se desconoc\u00eda c\u00f3mo combatirlo.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/La-muerte-llegA?-al-escritor-ca.-1827-640x5331.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"640\" height=\"533\" class=\"aligncenter wp-image-8611\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/La-muerte-lleg\u00f3-al-escritor-ca.-1827-640x5331.jpg\" alt=\"La muerte llegA? al escritor ca. 1827 (640x533)\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/La-muerte-lleg\u00f3-al-escritor-ca.-1827-640x5331.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/La-muerte-lleg\u00f3-al-escritor-ca.-1827-640x5331-300x249.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/La-muerte-lleg\u00f3-al-escritor-ca.-1827-640x5331-624x519.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>E<\/strong>l c\u00f3lera tuvo su origen en el valle del Ganges, en donde permaneci\u00f3 de forma end\u00e9mica por siglos, pero en 1817 sali\u00f3 de su nicho e inici\u00f3 un largo recorrido que lo esparci\u00f3 por el mundo sembrando dolor y muerte en las poblaciones a las que llegaba, de ah\u00ed que se le conociera como \u201cel viajero funesto\u201d y \u201cel c\u00f3lera amarillo\u201d o \u201casi\u00e1tico\u201d. Comerciantes, viajeros, ej\u00e9rcitos, barcos y caravanas se encargaron de ser el \u201cmedio de transporte\u201d del <em>vibrio cholerae<\/em>, el agente infeccioso causante de la temida enfermedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El c\u00f3lera es una infecci\u00f3n intestinal aguda que se caracteriza por fiebre elevada, diarrea y v\u00f3mito, lo que provoca una deshidrataci\u00f3n severa en el organismo que puede llevar a la muerte si no se atiende e hidrata adecuadamente al enfermo. Antes del descubrimiento del v<i>ibrio cholerae<\/i>, por mucho tiempo, hasta la publicaci\u00f3n de los estudios de Roberto Koch en 1884, no se supo c\u00f3mo tratar a la enfermedad y se ignoraba la forma de contagio. La causa principal de la transmisi\u00f3n es el agua contaminada por la bacteria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las ciudades decimon\u00f3nicas, carentes de higiene, eran el lugar ideal para la diseminaci\u00f3n de las epidemias. En el caso del c\u00f3lera, en los n\u00facleos urbanos como Par\u00eds o Berl\u00edn el rastro de muerte era impresionante, 18 000 y 2 000 decesos sufrieron esas ciudades, respectivamente, en 1832. La enfermedad cruz\u00f3 por primera vez el Atl\u00e1ntico en el siglo XIX, atac\u00f3 a Canad\u00e1 en 1832, poco despu\u00e9s a los Estados Unidos, y de ah\u00ed el paso a tierras mexicanas fue inminente. Procedente de Nueva Orleans, primero se sinti\u00f3 en Tamaulipas, de donde se comenz\u00f3 a expandir hacia el interior de la rep\u00fablica. Casi al mismo tiempo y procedente de Cuba los otros puntos de entrada del mal fueron Campeche y Yucat\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el siglo XIX el c\u00f3lera atac\u00f3 a M\u00e9xico en diversas ocasiones, 1833, 1850, 1854 y 1882, causando una alta morbilidad y mortalidad entre la poblaci\u00f3n afectada. La falta de conocimiento de su propagaci\u00f3n, el inadecuado manejo m\u00e9dico (propio de la \u00e9poca), las precarias condiciones higi\u00e9nicas de las ciudades y de sus habitantes, la falta de agua potable y el p\u00e9simo manejo de las excretas humanas establecieron las condiciones propicias para que la enfermedad se volviera end\u00e9mica en muchos de los lugares a donde lleg\u00f3.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Agosto de 1833<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La prensa fue el medio por el cual se supo de la enfermedad y de su avance por el mundo, sus art\u00edculos daban cuenta del recorrido del mal. Se sab\u00eda que tarde o temprano har\u00eda de las suyas en el territorio por lo que se intent\u00f3 detener su llegada. Las autoridades establecieron medidas para que los barcos procedentes de puertos infectados tuvieran un periodo de cuarentena y para que demostraran que ni entre los pasajeros, ni entre la tripulaci\u00f3n hab\u00eda enfermos de c\u00f3lera. No obstante, las medidas tomadas en los puertos, entre los responsables tuvieron mayor peso las opiniones de la prensa m\u00e9dica europea sobre que el c\u00f3lera no era contagioso y se levantaron las cuarentenas y los cordones sanitarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El avance del mal a lo largo y ancho del pa\u00eds fue un hecho por lo que en la ciudad de M\u00e9xico se comenzaron a tomar algunas medidas preventivas, como la de \u201cperfumar\u201d o rociar las mercanc\u00edas, frutas y verduras que entraban por las garitas con diferentes sustancias tales como \u00e1cido nitroso, \u00e1cido sulfuroso, cloro o, al menos, vinagre. Aunque se opinaba que el c\u00f3lera no era contagioso se intent\u00f3 combatirlo por medio de una serie de medidas higi\u00e9nicas: asear las calles, sacar los muladares e inmundicias de las zonas habitadas, limpiar las acequias, establecer hospitales-lazaretos, disposiciones que de cualquier forma eran tomadas cada que se declaraba una epidemia en la ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el mes de agosto de 1833 se supo que el c\u00f3lera estaba en la ciudad de M\u00e9xico. Se dio a conocer la noticia de la primera v\u00edctima fatal, una mujer que muri\u00f3 en la calle de Santa Teresa. Ese mes y el de septiembre fueron los m\u00e1s cr\u00edticos durante la epidemia. Guillermo Prieto, en una parte de <em>Memorias de mis tiempos<\/em>, dej\u00f3 plasmados el dolor, muerte y angustia que reinaban, narr\u00f3 c\u00f3mo las calles estaban silenciosas y vac\u00edas; las boticas y los templos abarrotados en busca de un remedio terrenal o celestial; las vecindades, desoladas, abandonadas, con las puertas abatidas por el viento y la inocencia de una ni\u00f1a jugando con el cabello de su madre reci\u00e9n fallecida, v\u00edctima del contagio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gobierno del Distrito Federal y el Ayuntamiento capitalino redoblaron las medidas de limpieza para la ciudad, as\u00ed como la ayuda para los pobres en medicinas, alimentos y hospitalizaci\u00f3n para los necesitados. A fin de evitar el p\u00e1nico entre la poblaci\u00f3n, se acord\u00f3 la prohibici\u00f3n de exequias p\u00fablicas, el toque de campanas de agon\u00eda y se estableci\u00f3 que el traslado de cad\u00e1veres fuera en carros cubiertos. Tambi\u00e9n se determin\u00f3 la construcci\u00f3n de cuatro cementerios, igual que el cierre de pulquer\u00edas y vinater\u00edas a las seis de la tarde y ved\u00f3 la entrada y venta de frutas y legumbres Se consider\u00f3 que estas medidas deb\u00edan detener o al menos controlar la epidemia. Nada se dec\u00eda del agua que se distribu\u00eda por la ciudad procedente de acueductos y fuentes p\u00fablicas: si bien se recomend\u00f3 que se hirviera para evitar el envenenamiento por contener \u00e1cido hidrosulf\u00farico, a\u00fan no se relacionaba al agua con la enfermedad. Sobre las fuentes, se insist\u00eda sobre el cuidado y limpieza que deb\u00edan darles los aguadores, sus encargados, ya que era recurrente que la gente se ba\u00f1ara, metiera c\u00e1ntaros sucios para surtirse, que las bestias bebieran o se lavara ropa en ellas, entre otros usos nada higi\u00e9nicos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El agua contaminada por el c\u00f3lera, la falta de aseo al preparar los alimentos, as\u00ed como estar en contacto con los enfermos, sus deposiciones y v\u00f3mitos, sin la debida limpieza posterior eran las principales fuentes de contagio. La epidemia comenz\u00f3 a ceder en septiembre y en algunas zonas de la ciudad se reportaron contagios hasta el mes de octubre. En los poco m\u00e1s de 90 d\u00edas que dur\u00f3 el flagelo se enfermaron m\u00e1s de 37 000 personas y murieron m\u00e1s de 5 000, seg\u00fan c\u00e1lculos que se han realizado recientemente. El c\u00f3lera lleg\u00f3 en 1833 y se convirti\u00f3 en una enfermedad end\u00e9mica a lo largo y ancho del pa\u00eds.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">La epidemia de 1850<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El 28 de marzo, jueves de Semana Santa de 1850, sucedi\u00f3 un terrible crimen en el hotel de La Gran Sociedad cuando el diputado Juan de Dios Ca\u00f1edo fue asaltado y asesinado con 31 pu\u00f1aladas. Un d\u00eda despu\u00e9s, al sur de la Alameda, en una herrer\u00eda de la calle Ancha (hoy Luis Moya), se desat\u00f3 un terrible incendio que se extendi\u00f3 debido a que los vientos lo avivaron y convirtieron la zona en un verdadero infierno que constern\u00f3 a la poblaci\u00f3n capitalina. Paralelo a estos acontecimientos se viv\u00eda un periodo de crisis hacendaria, a la que se sumaban problemas locales, como la carest\u00eda que se inici\u00f3 con el aumento del precio de la carne, seg\u00fan se dec\u00eda, por la severa sequ\u00eda que se sent\u00eda. Por otra parte, las noticias de la prensa daban cuenta de los avances del c\u00f3lera que se acercaba por segunda vez a la capital con su cauda de dolor y muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros col\u00e9ricos llegaron al hospital de San Pablo en el mes de abril. Poco a poco la enfermedad se expandi\u00f3 por la ciudad, declar\u00e1ndose el estado de epidemia el 19 de mayo. Al igual que 17 a\u00f1os antes, las autoridades del ayuntamiento capitalino y del Distrito Federal dictaron medidas semejantes a las de 1833 para prevenir el contagio, tales como vigilar el aseo urbano, para lo cual en cada manzana se nombr\u00f3 un comisionado a cargo de su cumplimiento y de cuidar que los enfermos fueran atendidos con medicinas, alimentos y todo lo necesario. La ciudad se dividi\u00f3 en sectores, cada uno con un regidor responsable, entre otras tareas, de que los m\u00e9dicos establecidos acudieran al domicilio de los enfermos, de organizar una casa en donde se prepararan alimentos, de que una botica surtiera los medicamentos necesarios y de que los cad\u00e1veres fueran conducidos a los camposantos en los horarios asignados en carros cubiertos. En tanto, la gente abarrotaba las iglesias para pedir a gritos un milagro que los librara de tan nefasto mal o se volcaba en los mostradores de las farmacias en busca de un remedio, de los muchos que se anunciaban, con la esperanza de curar a sus enfermos o que al menos los previniera del contagio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n se estableci\u00f3 una Junta Central de Socorros que trabaj\u00f3 paralelamente con los regidores designados por el Ayuntamiento. La Junta se dedic\u00f3 principalmente a llevar socorro a los puntos m\u00e1s abandonados como los pueblos de los alrededores de la ciudad: Romita, Chapultepec, Nonoalco, Coacalco, Iztacalco, Coyuya e Iztapalapa. Se trataba de parajes aleda\u00f1os, en los que viv\u00eda principalmente gente pobre, que mor\u00eda sin el m\u00e1s m\u00ednimo auxilio. En un acto de solidaridad se juntaron limosnas para alimentos, medicinas, ropa, establecer lazaretos y decir misas en ellos. Las damas de sociedad no solamente aportaban recursos sino tambi\u00e9n auxiliaban a los enfermos y a los hu\u00e9rfanos que quedaban. Como no faltaron los aprovechados que, en nombre de dar ayuda para los contagiados, ped\u00edan donativos de casa en casa, se pidi\u00f3 a las autoridades que les dieran un documento para verificar que los socorros fueran realmente para la causa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida en la ciudad se trastoc\u00f3: la cantidad de enfermos sub\u00eda conforme pasaban los d\u00edas al igual que el precio de los alimentos y medicamentos, que escaseaban. El arroz y la carne elevaron sus precios entre 50 y 100%. Los hab\u00eda que \u201chac\u00edan su agosto\u201d en pleno junio, promoviendo remedios milagrosos que promet\u00edan la cura contra el c\u00f3lera, entre los que destacaban vinos, t\u00f3nicos, polvos y diversos preparados con nombres extranjeros, como el \u201clicor de Zippermaun\u201d, el \u201cel\u00edxir oriental de Sand\u201d o las \u201cgotas de Humboldt\u201d. No falt\u00f3 hasta quien anunciara \u201cefectos para preservarse del c\u00f3lera\u201d, como camisas, calcetines y calzoncillos de algod\u00f3n de Macedonia, de lana merina y de seda, as\u00ed como zapatos de hule para dama y caballero, en una \u201c\u00fanica barata sin igual\u201d. Algunos productos consist\u00edan en todo un botiqu\u00edn con lo necesario, seg\u00fan un cuadernillo que hab\u00eda distribuido el Ayuntamiento, y que se vend\u00eda por el \u201cm\u00f3dico\u201d precio de dos pesos y medio. Tambi\u00e9n se promocionaba el cloruro de cal como purificador de la atm\u00f3sfera y para quitar la putrefacci\u00f3n, pero no se indicaba su propiedad como desinfectante. El m\u00e1s osado fue el due\u00f1o del Hotel Par\u00eds, que garantizaba la vida de los enfermos de c\u00f3lera que se hospedaran en su \u201ccasa de asilo contra el c\u00f3lera\u201d, ya que debido a las medidas de higiene y alimentaci\u00f3n que hab\u00eda tomado, no morir\u00edan, para lo cual tendr\u00edan que pagar, meses por adelantado, a raz\u00f3n de tres pesos diarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una serie de informes e indicaciones para reconocer y combatir al c\u00f3lera fue publicada y distribuida entre la poblaci\u00f3n. Los informes m\u00e9dicos hablaban de la propensi\u00f3n de los consumidores de aguardiente para contraer la enfermedad, al igual que de los que hab\u00edan recibido una \u201cimpresi\u00f3n moral\u201d, es decir un susto o una gran preocupaci\u00f3n. Tambi\u00e9n se afirmaba que los cambios atmosf\u00e9ricos y la humedad eran causantes del mal y se aseveraba que no era contagioso, pese a que el n\u00famero de fallecimientos crec\u00eda d\u00eda a d\u00eda, siendo el mes de junio en que se report\u00f3 el mayor n\u00famero de enfermos y muertos. Julio fue menos severo y para mediados de agosto se consider\u00f3 que la epidemia hab\u00eda llegado a su fin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al no conocer el origen de la enfermedad, los m\u00e9todos ensayados, las medicinas prescritas, as\u00ed como los remedios aconsejados poco pod\u00edan hacer ante una infecci\u00f3n. De los contagiados sobrevivir\u00edan los m\u00e1s fuertes, aquellos cuyo sistema inmunol\u00f3gico hab\u00eda respondido adecuadamente. Aunque las cifras son inexactas, se report\u00f3 que los decesos fueron de m\u00e1s de 8 000 y que los barrios pobres fueron los m\u00e1s castigados como en 1833.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Otero, una v\u00edctima m\u00e1s<\/h3>\n<p>En 1850 Mariano Otero se encontraba en un excelente momento de su carrera pol\u00edtica: era senador y redactor de <em>El Siglo Diez y Nueve<\/em>, estaba casado y ten\u00eda siete hijos. Guillermo Prieto, quien formaba parte de su c\u00edrculo de amistades, lo describ\u00eda como un sujeto brillante, amable, lleno de cualidades y con un excelente car\u00e1cter. Contaba que en la redacci\u00f3n del peri\u00f3dico escrib\u00eda volcado en su escritorio, con la corbata floja, el chaleco y los pantalones desabotonados, las botas medio zafadas, con dulces y golosinas a un lado pues era un hombre goloso y bonach\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otero hab\u00eda contra\u00eddo matrimonio muy joven en su natal Guadalajara, en donde hab\u00eda desempe\u00f1ado varios trabajos entre los que destac\u00f3 como dibujante de planos y haciendo peque\u00f1as rese\u00f1as de las obras de teatro que se representaban en la capital tapat\u00eda. Tal vez por su habilidad y afici\u00f3n por el dibujo era que tanto en la redacci\u00f3n del peri\u00f3dico como en el despacho de su casa usara papeles de buena calidad y finos instrumentos de escritura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tarde del 31 de mayo, al regresar del Senado, Mariano Otero se sinti\u00f3 enfermo; al darse cuenta de que hab\u00eda contra\u00eddo el c\u00f3lera mand\u00f3 llamar al cura. Al conocerse la noticia, sus amigos acudieron para acompa\u00f1arle. Su agon\u00eda fue de pocas horas, la madrugada del 1 de junio muri\u00f3, siendo sepultado el d\u00eda 2 de junio a las nueve de la ma\u00f1ana en el pante\u00f3n de San Fernando. <em>El Siglo Diez y Nueve<\/em> public\u00f3 una sentida nota del fallecimiento. Para los redactores, compa\u00f1eros y amigos de Otero su muerte era una p\u00e9rdida irreparable, entre otras cosas por los servicios que hab\u00eda prestado a la patria durante toda su carrera pol\u00edtica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo de la primera parte del siglo xix, la ciudad de M\u00e9xico hab\u00eda padecido una serie de epidemias: en 1813 las \u201cfiebres misteriosas\u201d; entre 1825 y 1828 tifo, viruela y sarampi\u00f3n; en 1833 lleg\u00f3 por primera vez el c\u00f3lera; entre 1847 y 1848 otra peste de tifo y en 1850 nuevamente el c\u00f3lera. Se destaca esta \u00faltima pues de haber sido, hasta antes de 1833, una enfermedad desconocida pas\u00f3 a ser un padecimiento end\u00e9mico debido a las condiciones de distribuci\u00f3n de agua y de higiene que reinaron hasta que se introdujo el drenaje y se potabiliz\u00f3 el agua. Los pobres de los barrios marginales fueron las principales v\u00edctimas de las distintas enfermedades que asolaron a las ciudades, sin embargo, las infecciones llegaban a todos los \u00e1mbitos. As\u00ed, en 1850 murieron senadores, militares, sacerdotes, comerciantes, ciudadanos con recursos y l\u00e9peros de los arrabales, hombres, mujeres y ni\u00f1os de todas las condiciones que sucumbieron ante las aguas y otros objetos contaminados.<\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S:<\/h3>\n<ul>\n<li>Iracheta, Mar\u00eda del Pilar e Hilda Lagunas, \u201c<em>El c\u00f3lera morbus en cinco municipios del Estado de M\u00e9xico, en 1850<\/em>\u201d, <em>Papeles de Poblaci\u00f3n<\/em>, 1998, pp. 149-166.<\/li>\n<li>M\u00e1rquez Morf\u00edn, Lourdes, <em>La desigualdad ante la muerte en la ciudad de M\u00e9xico. El tifo y el c\u00f3lera (1813 y 1833),<\/em> M\u00e9xico, Siglo xxi, 1994.<\/li>\n<li>Rodr\u00edguez de Romo, Ana Cecilia, <em>La epidemia de c\u00f3lera en 1850. An\u00e1lisis hist\u00f3rico-m\u00e9dico de un curioso manuscrito<\/em>, M\u00e9xico, Departamento de Historia y Filosof\u00eda de la Medicina\/UNAM, 1994.<\/li>\n<li>Rueda, Salvador, <em>\u201cEl viajero funesto. El c\u00f3lera morbus en la ciudad de M\u00e9xico, 1850\u201d<\/em>, <em>Historias<\/em>, 1992, <a href=\"http:\/\/bit.ly\/2sW8hIs\">http:\/\/bit.ly\/2sW8hIs<\/a><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><script type=\"text\/javascript\">\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[ var 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El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 37. La segunda epidemia del vibrio cholerae en el siglo XIX fulmin\u00f3 en pocas horas la vida de Mariano Otero. El agente infeccioso atacaba a todos los sectores sociales en momentos en que se desconoc\u00eda c\u00f3mo combatirlo. El c\u00f3lera tuvo su origen en el valle del Ganges, en donde permaneci\u00f3 de forma end\u00e9mica por siglos, pero en 1817 sali\u00f3 de su nicho e inici\u00f3 un largo recorrido que lo esparci\u00f3 por el mundo sembrando dolor y muerte en las poblaciones a las que llegaba, de ah\u00ed que se le conociera como \u201cel viajero funesto\u201d y \u201cel c\u00f3lera amarillo\u201d o \u201casi\u00e1tico\u201d. Comerciantes, viajeros, ej\u00e9rcitos, barcos y caravanas se encargaron de ser el \u201cmedio de transporte\u201d del vibrio cholerae, el agente infeccioso causante de la temida enfermedad. 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