﻿{"id":8590,"date":"2018-02-09T15:24:37","date_gmt":"2018-02-09T21:24:37","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=8590"},"modified":"2024-07-17T12:14:02","modified_gmt":"2024-07-17T18:14:02","slug":"la-ciudad-de-mexico-durante-la-decada-de-1840","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-ciudad-de-mexico-durante-la-decada-de-1840\/","title":{"rendered":"La ciudad de M\u00e9xico durante la d\u00e9cada de 1840"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Regina Hern\u00e1ndez Franyuti<\/strong><br \/>\n<strong>Instituto Mora<\/strong><\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 37.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Los \u00faltimos nueve a\u00f1os de su vida, Mariano Otero se mud\u00f3 de la rebelde Guadalajara a la capital del pa\u00eds, donde desarroll\u00f3 los momentos cumbres de su carrera pol\u00edtica. Si bien era de una ciudad de costumbres provincianas como la de su origen jalisciense, la presencia aqu\u00ed de los principales poderes del pa\u00eds la hac\u00edan muy diferente.<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/El-paseo-de-la-VigaNYPL-640x481.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8591\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/El-paseo-de-la-VigaNYPL-640x481.jpg\" alt=\"???????????????\" width=\"435\" height=\"306\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/El-paseo-de-la-VigaNYPL-640x481.jpg 435w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/El-paseo-de-la-VigaNYPL-640x481-300x211.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 435px) 100vw, 435px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>P<\/strong>or su importancia pol\u00edtica, econ\u00f3mica, social y cultural, la ciudad de M\u00e9xico era desde la \u00e9poca novohispana el punto central y neur\u00e1lgico de un pa\u00eds que buscaba afanosamente construirse como un Estado moderno. En las primeras d\u00e9cadas del siglo XIX formaba parte de las 11 municipalidades que desde 1824 integraban la estructura territorial, pol\u00edtica y administrativa llamada Distrito Federal. Era la capital nacional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su \u00e1rea urbana a\u00fan conservaba, con muy pocas variantes, sus l\u00edmites establecidos desde la \u00e9poca novohispana: al norte la garita de Santiago; al oriente, la de San L\u00e1zaro; al sur, la garita de la Piedad y San Antonio Abad; y al poniente, Bucareli y San Cosme. Este espacio a\u00fan estaba definido por dos \u00e1reas: la traza colonial con sus calles amplias, tiradas a cordel y orientadas de norte a sur y de este a oeste cort\u00e1ndose en \u00e1ngulos rectos para conformar manzanas rectangulares; y el correspondiente a la zona aleda\u00f1a que, desde el siglo XVI, hab\u00eda sido destinado a la poblaci\u00f3n ind\u00edgena, y que albergaba los antiguos barrios de San Juan Moyotlan, ubicado al suroeste; San Pablo Teopan, al sureste; San Sebasti\u00e1n Atzacoalco, al noreste; y Santa Mar\u00eda Cuepopan, al noroeste; cuyas calles, callejones y manzanas eran irregulares y hacia donde, desde las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XVIII, poco a poco, la ciudad hab\u00eda ido extendi\u00e9ndose.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A estos l\u00edmites se sobrepuso una delimitaci\u00f3n administrativa que desde 1782 dividi\u00f3 a la ciudad en ocho cuarteles mayores, subdivididos a su vez en cuatro menores que hac\u00edan un total de 32 cuarteles destinados a favorecer la gesti\u00f3n urbana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus 200 000 habitantes, aproximadamente, se distribu\u00edan en 316 calles, 140 callejones, doce puentes, 90 plazas y plazuelas y doce barrios. La ciudad era un mosaico de variados grupos sociales. Arist\u00f3cratas, bur\u00f3cratas, pol\u00edticos, militares, obispos y sacerdotes conviv\u00edan con un sinf\u00edn de mendigos y vendedores ambulantes procedentes de los pueblos de los alrededores, que recorr\u00edan las calles y plazas anunciando a viva voz sus mercanc\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tambi\u00e9n exist\u00eda una divisi\u00f3n socioespacial. Al norte y al oriente se carec\u00eda de los m\u00e1s elementales servicios, las calles se encontraban sucias con aguas encharcadas, las atarjeas azolvadas, el aire pestilente azotaba a una poblaci\u00f3n que apenas lograba sobrevivir en ese mundo de miseria y suciedad. Sin embargo, hacia el poniente la ciudad se ensanchaba y embellec\u00eda buscando agua, aires puros, otros aromas que le ofrecieran salud y bienestar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la zona surponiente, a pesar de la irregularidad de sus manzanas, de sus calles y callejones, en 1848, en los terrenos de lo que antiguamente era la Candelaria Atlampa y San Antonio de los Callejones en el barrio de San Juan, se form\u00f3 la colonia Francesa o barrio de Nuevo M\u00e9xico (hoy entre las calles de Bucareli, San Juan de Letr\u00e1n, Victoria y Arcos de Bel\u00e9n), donde se fundaron f\u00e1bricas de hilados y tejidos, plomer\u00edas y carrocer\u00edas, as\u00ed como casas con jardines propiedades de ingleses y franceses. Guillermo Prieto en su libro Memorias de mis tiempos, dice que:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por Nuevo M\u00e9xico se comenzaron a instalar varios obreros franceses; como por encanto se abrieron cantinas francesas y caf\u00e9s y los domingos sonaba el pist\u00f3n, se chocaban vasos, copas, se bailaba\u2026 La poblaci\u00f3n creci\u00f3 poco a poco, vi\u00e9ndose salir de atoler\u00edas y fonditas g\u00fceritos como en el Boulevar de San Antonio.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era una ciudad cuyas calles tomaban vida en el d\u00eda. Por ellas transitaban damas elegantes que se vest\u00edan de negro con velo y mantilla, para ir a misa; criollas y mestizas que usaban rebozo en lugar de mantilla, camisa bordada con hilo de mangas cortas, festonadas y adornadas con encajes. En la cintura llevaban un cintur\u00f3n de cresp\u00f3n de la China, la falda o saya era de muselina con dibujos de vivos colores. Los hombres usaban trajes de pa\u00f1o o casimir negros, corbata y chaleco, y calzaban bota entera o botines; los campesinos con su vestimenta de manta y zarape al hombro; sacerdotes con toga y birrete; en tanto que <em>l\u00e9peros<\/em> y mendigos estaban semidesnudos, vestidos apenas con una inmunda manta que le serv\u00eda tambi\u00e9n de casa, de colch\u00f3n y de cobija. Eran h\u00e1biles para disimular una ceguera, una cojera o varias llagas y heridas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esas calles transitaban coches y carruajes, corr\u00edan los aguadores cargados con sus grandes tinajas llamadas \u201cchochocoles\u201d, su mandil de cuero y sus cintas que le serv\u00edan para hacer las cuentas, enamoraban a las servidoras dom\u00e9sticas, llevaban recados o bien se preparaban para castrar a perros y gatos. Esas calles eran recorridas por los voceadores que a gritos anunciaban las m\u00e1s diversas mercanc\u00edas; llevaban a la peluquer\u00eda donde el h\u00e1bil peluquero lo mismo cortaba el pelo que aplicaba una sanguijuela o unos chiquiadores, que curaba un entuerto o sacaba una muela. Por esas calles se llegaba a la botica con sus estantes repletos de frascos con cremas, emplastos y jarabes; al portal de Santo Domingo donde los evangelistas escrib\u00edan cuidadosamente la carta de amor prometida o la del consuelo y tranquilidad para la familia. Vibraban con la m\u00fasica y los cohetes de desfiles y procesiones, con la campanilla que anunciaba el paso del vi\u00e1tico y con la metralla y gritos de los inconformes que se sublevaban. Para algunos estas calles eran el tr\u00e1nsito del d\u00eda d\u00eda, Plateros, Mecateros, Empedradillo, Jes\u00fas Mar\u00eda\u2026, para otros era la b\u00fasqueda del sustento diario. Pod\u00edan ir a la cantina o pasar la tarde en el caf\u00e9 del Progreso, situado en la calle de Coliseo n\u00famero 8.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">De caf\u00e9, mesones y fondas<\/h3>\n<p>El 29 de abril de 1842, el peri\u00f3dico <em>El Siglo Diez y Nueve<\/em> public\u00f3 el siguiente anuncio:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Caf\u00e9-Never\u00eda. La bella cubierta de cristales, as\u00ed como la pintura y dem\u00e1s adornos comprendidos en este espacio, lo hacen m\u00e1s a prop\u00f3sito para la reuni\u00f3n de las personas a que se dedica; y para nada desdiga al objeto y plan de reformas que el propietario del establecimiento se ha propuesto, se han destinado para el uso del <em>Caf\u00e9-Never\u00eda<\/em> mesas de m\u00e1rmol blanco, cafeteras, cucharas y bandeja de plata. Las personas encargadas de su direcci\u00f3n no perdonar\u00e1n medio alguno para el servicio del caf\u00e9 y sorbetes, as\u00ed como el de toda clase de helados corrientes, no dejan nada que desear.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">El caf\u00e9 del Progreso fue un referente para los habitantes de la ciudad de M\u00e9xico, all\u00ed se reun\u00edan desde el adinerado conde Jos\u00e9 G\u00f3mez de la Cortina, hasta el dramaturgo Eduardo Manuel de Gorostiza y los notables escritores Guillermo Prieto y Manuel Payno quien tom\u00f3 al caf\u00e9 como uno de los escenarios de su novela <em>El Fistol del Diablo<\/em> (1845-1846). Tambi\u00e9n existieron el caf\u00e9 de la Bella Uni\u00f3n, en la calle de Refugio \u2013hoy 16 de septiembre y Palma\u2013, y en los bajos del hotel Bella Uni\u00f3n, cuyo edificio, construido en 1840 por el ingeniero Jos\u00e9 Besozzi, ten\u00eda en su dintel medallones con retratos de perfil de algunos gobernantes de M\u00e9xico, siendo el medall\u00f3n con el perfil de Santa Anna arrancado por el pueblo enfurecido en 1844. Se dice adem\u00e1s que en este hotel se fragu\u00f3 la rebeli\u00f3n de \u201clos Polkos\u201d. El caf\u00e9 de las Cuatro Naciones se situaba abajo del portal de la calle del Coliseo Viejo, en tanto el caf\u00e9-Sociedad de El Bazar, en el hotel del mismo nombre, se localizaba en la calle del Esp\u00edritu Santo \u2013hoy Isabel la Cat\u00f3lica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Clementina D\u00edaz y de Ovando, en su libro <em>Los caf\u00e9s en M\u00e9xico en el siglo XIX<\/em>, nos cuenta que para instalar este caf\u00e9:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">no se ahorraron gastos. Se trajeron de Par\u00eds neveros para elaborar varias clases de helados que a\u00fan no se conoc\u00edan en la Rep\u00fablica. Tambi\u00e9n se import\u00f3 un soberbio servicio de porcelana y cristal. Como cortes\u00eda del caf\u00e9, los peri\u00f3dicos nacionales y extranjeros quedaban a disposici\u00f3n de los parroquianos. El caf\u00e9, el chocolate, los helados, los licores, todo de primer\u00edsima calidad, no obstante, el lujo del Caf\u00e9 del Bazar, costaban lo mismo que en los otros caf\u00e9s.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ciudad contaba con mesones y fondas, y tambi\u00e9n varios hoteles como el llamado La Gran Sociedad, ubicado en la calle de Esp\u00edritu Santo, esquina con Coliseo, y cuyo due\u00f1o era Ram\u00f3n Somera. All\u00ed se hospedaban viajeros extranjeros que ven\u00edan a conocerla, en misi\u00f3n diplom\u00e1tica o con perspectivas de invertir, as\u00ed como comerciantes ricos, industriales, empleados de categor\u00eda, jefes del ej\u00e9rcito, hacendados, tah\u00fares de renombre, c\u00f3micos, danzantes y diputados electos para asistir al Congreso. El hotel contaba con caf\u00e9, billares y never\u00eda. Su novedad eran los colchones para las camas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las tardes, hombres y mujeres, tomaban camino hacia la Alameda y al Paseo de Bucareli, ya sea a pie, en carruajes o a caballo. All\u00ed disfrutaban el fresco que proporcionaban los \u00e1rboles, contemplaban las fuentes, y de carruaje a carruaje se concertaban citas entre el espeso humo de los cigarros. En las noches de luna asist\u00edan al paso de las Cadenas en donde, en 1840, el presidente del Ayuntamiento, Jos\u00e9 Mar\u00eda Mej\u00eda, llev\u00f3 a cabo la plantaci\u00f3n de unos fresnos para brindar comodidad a los paseantes. En los d\u00edas de fiesta como Semana Santa, los habitantes de la ciudad se dirig\u00edan al paseo de la Viga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por las noches las calles quedaban en silencio, estaban apenas alumbradas por la d\u00e9bil luz que daba el aceite de trementina; el sereno con su farol, su escalera y su silbato las recorr\u00eda anunciando el paso de las horas. Las calles cercanas al teatro Coliseo se llenaban de puestos donde se vend\u00eda caf\u00e9, aguas de sabores, casta\u00f1as asadas o cocidas, turrones de almendras enteras o molidas, tamales de chile, dulce y manteca, y pastelitos calientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante muchos a\u00f1os, la ciudad tuvo un solo teatro: el Coliseo Nuevo, que se encontraba entre el callej\u00f3n del Esp\u00edritu Santo \u2013hoy Motolin\u00eda\u2013 y la calle de la Acequia \u201316 de Septiembre\u2013. Tambi\u00e9n exist\u00eda, nos dice Guillermo Prieto, el teatro de las Moras que se ubic\u00f3 en el antiguo palenque de Gallos, donde se presentaban pastorelas y coloquios. All\u00ed se present\u00f3 el famoso prestidigitador Castelli, que al decir de Prieto era un \u201cprestidigitador milagroso que hac\u00eda una tortilla de huevos en un sombrero y sembraba lechugas que crec\u00edan y se convert\u00edan en ensalada a la vista de los espectadores\u201d. En 1841 se inaugur\u00f3 el teatro Nuevo M\u00e9xico, ubicado en la esquina del callej\u00f3n de Dolores y la calle de Nuevo M\u00e9xico, al que concurr\u00eda lo m\u00e1s granado de la sociedad. La marquesa Calder\u00f3n de la Barca en su libro <em>Viaje a M\u00e9xico<\/em> describe admirada lo que se pon\u00edan las damas arist\u00f3cratas para asistir a una funci\u00f3n de teatro:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">aretes de brillantes de un tama\u00f1o extraordinario. Un collar de brillantes de inmenso valor, bellamente engarzado; un collar de perlas calabazos [\u2026] un brillante <em>sevign\u00e9<\/em>. Una cadena de oro que le daba tres vueltas al cuello y que le llegaba a las rodillas. En cada dedo un anillo de brillantes del tama\u00f1o de peque\u00f1os relojes.<\/p>\n<\/blockquote>\n<h3 style=\"text-align: center;\">Modernidad e invasi\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ciudad de M\u00e9xico era a\u00fan una ciudad provinciana, que se reg\u00eda ma\u00f1ana, tarde y noche por el ta\u00f1er de las campanas de iglesias y conventos y por los ladridos de una gran cantidad de perros. La vida en la ciudad tambi\u00e9n se marcaba por el tiempo de los alimentos, Guillermo Prieto nos dice:<\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al despertar nos esperaba, si no es que iba a sorprendernos en la cama, el suculento chocolate en agua o en leche, sin que pudieran darse por excluidos los atoles como el champurrado, el Ant\u00f3n parado, el chileatole, ni el simple atole blanco acompa\u00f1ado de la panocha amelcochada o el acitr\u00f3n.<\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Almorz\u00e1base a las diez, asado de carnero o de pollo, rabo de mestiza, manchamanteles, calabacitas, adobos o estofado, o uno de los muchos moles o de las muchas tortas del repertorio de la cocina y frijoles. Veces hab\u00eda que aparec\u00eda en la mesa una circular o empedernida tortilla de huevos; eran como de lance los huevos estrellados o revueltos, y los tibios sol\u00edan recomendarse a los enfermos y caminantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fung\u00edan como bebidas, para gente muy principal, el vino tinto cascarr\u00f3n; para el com\u00fan de m\u00e1rtires el pulque y para la plebe infantil el pulque o el agua. La comida entre una y dos de la tarde se compon\u00eda de caldo, con lim\u00f3n exprimido y chile verde estrujado; sopa de arroz o fideo, tortillas, puchero con todos sus admin\u00edsculo, es decir: coles y nabos, garbanzos, ejotes, jam\u00f3n y espaldilla, etc., etc. Un chocolate entre cuatro y cinco de la tarde enga\u00f1aban el apetito; algo de merienda serv\u00eda como refrigerio despu\u00e9s del Rosario y la cena a las diez de la noche desped\u00eda a la gula con el indispensable asado con ensalada y el mole de pecho tradicional.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ciudad comenzaba a sentirse moderna, se hab\u00edan destruido callejones, vecindades y vivienda para construir entre 1840-1844, el majestuoso teatro Nacional o de Santa Anna, obra del arquitecto Lorenzo de la Hidalga, que se encontraba ubicado en la calle de Vergara \u2013hoy Bol\u00edvar\u2013. En 1843, por decreto del presidente Antonio L\u00f3pez de Santa Anna, comenz\u00f3 a demolerse el Pari\u00e1n, antiguo mercado donde los comerciantes espa\u00f1oles vend\u00edan las m\u00e1s diversas mercanc\u00edas que llegaban de Europa o de Filipinas. Se le consideraba como un edificio viejo, sucio, insalubre y feo. Sin embargo, su destrucci\u00f3n caus\u00f3 un enfrentamiento que uni\u00f3 al Ayuntamiento y los comerciantes espa\u00f1oles contra el gobierno general. Unos perd\u00edan un ingreso por la renta del suelo, otros su medio de vida. La disputa y los documentos oficiales fueron recogidos, compilados por el Ayuntamiento de la ciudad y publicados en 1843 por Ignacio Cumplido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las primeras cuatro d\u00e9cadas del siglo XIX, la ciudad viv\u00eda atemorizada por los temblores como el de 1842 que hizo caer la c\u00fapula de la iglesia de Santa Teresa, por los constantes levantamientos y motines, como los de la Acordada y la Ciudadela que levantaron barricadas y rompieron vidrios y faroles, y por las constantes levas que arremet\u00edan contra los infelices y miserables.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1846 un nuevo levantamiento proclamaba el restablecimiento de la Constituci\u00f3n de 1824 y del federalismo. La ciudad vibraba, se sent\u00eda en el aire el miedo a la guerra: las tropas del ej\u00e9rcito estadunidense se situaban en los m\u00e1rgenes del R\u00edo Bravo. Los habitantes de la ciudad ve\u00edan asombrados c\u00f3mo se pon\u00eda en circulaci\u00f3n el primer tranv\u00eda jalado por mulitas, y se preparaba para la guerra. Aprovechando el momento de inconformidad por las leyes emitidas y apoyado por la Iglesia, un grupo conocido como \u201clos polkos\u201d iniciar\u00eda una revuelta. El ej\u00e9rcito pon\u00eda fin a la rebeli\u00f3n y se aprestaba para combatir a las tropas estadunidenses. Churubusco, Padierna y Chapultepec recib\u00edan a los invasores; fallaba la estrategia, faltaban las municiones y los ca\u00f1ones. Aquellas avanzaban: se apoderaban de Chapultepec y caminaban por las calles de Puente de Alvarado y Tacuba, San Juan de Letr\u00e1n, San Francisco y Plateros. Los habitantes de la ciudad miraban consternados c\u00f3mo los vencedores arriaban la bandera mexicana e izaban el pabell\u00f3n de las barras y las estrellas el 16 de septiembre de 1847. La ciudad ca\u00eda en el silencio. La resistencia se iniciaba; en calles, plazas y jardines, el pueblo rechazaba a los vencedores. Carec\u00eda de armas, pero ten\u00eda valor y astucia. Los invasores contraatacaban con violencia: derribaban puertas, incendiaban casas, insultaban y ultrajaban. El 2 de febrero de 1848 se firmaba el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en donde M\u00e9xico acced\u00eda a todas las pretensiones estadunidenses, perdiendo casi la mitad de su territorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para los inicios de la segunda mitad del siglo XIX, la ciudad de M\u00e9xico y el pa\u00eds se encontraban en crisis econ\u00f3mica y pol\u00edtica. Las sublevaciones y levantamientos continuaban. De todos modos, como la capital de la naci\u00f3n, se convirti\u00f3 en el s\u00edmbolo del poder.<\/p>\n<h3>PARA SABER\u00a0 M\u00c1S:<\/h3>\n<ul>\n<li>Bullock, William, <em>Seis meses de residencia y viajes en M\u00e9xico<\/em>, estudio preliminar, notas, ap\u00e9ndice, Juan A. Ortega y Medina, M\u00e9xico, Banco de M\u00e9xico, 1983.<\/li>\n<li>Calder\u00f3n de la Barca, Madame, <em>La vida en M\u00e9xico durante una residencia de dos a\u00f1os en ese pa\u00eds<\/em>, trad. y prol. Felipe Teixidor, M\u00e9xico, Porr\u00faa, 1984.<\/li>\n<li>Payno, Manuel, <em>El fistol del diablo<\/em>, M\u00e9xico, Conaculta, 2000.<\/li>\n<li>Prieto, Guillermo, <em>Memorias de mis tiempos<\/em>, M\u00e9xico, Porr\u00faa, 1985.<\/li>\n<\/ul>\n<p><script type=\"text\/javascript\">\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[ var 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El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 37. Los \u00faltimos nueve a\u00f1os de su vida, Mariano Otero se mud\u00f3 de la rebelde Guadalajara a la capital del pa\u00eds, donde desarroll\u00f3 los momentos cumbres de su carrera pol\u00edtica. Si bien era de una ciudad de costumbres provincianas como la de su origen jalisciense, la presencia aqu\u00ed de los principales poderes del pa\u00eds la hac\u00edan muy diferente. Por su importancia pol\u00edtica, econ\u00f3mica, social y cultural, la ciudad de M\u00e9xico era desde la \u00e9poca novohispana el punto central y neur\u00e1lgico de un pa\u00eds que buscaba afanosamente construirse como un Estado moderno. En las primeras d\u00e9cadas del siglo XIX formaba parte de las 11 municipalidades que desde 1824 integraban la estructura territorial, pol\u00edtica y administrativa llamada Distrito Federal. Era la capital nacional. 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