﻿{"id":8373,"date":"2017-09-13T16:13:47","date_gmt":"2017-09-13T21:13:47","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=8373"},"modified":"2021-05-03T16:49:14","modified_gmt":"2021-05-03T21:49:14","slug":"la-vispera-de-armadillo-berlin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-vispera-de-armadillo-berlin\/","title":{"rendered":"La v\u00edspera de Armadillo Berl\u00edn."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Agust\u00edn Cadena<br \/>\nUniversidad de Debrecen<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 36.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/3c19594u-640x368.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8473\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/3c19594u-640x368.jpg\" alt=\"3c19594u (640x368)\" width=\"640\" height=\"368\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/3c19594u-640x368.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/3c19594u-640x368-300x172.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/3c19594u-640x368-624x358.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>P<\/strong>oco antes de que el primer cohete estallara en el cielo y las campanas de la iglesia comenzaran a llamar, el forajido Armadillo Berl\u00edn despert\u00f3 de una pesadilla. Estaba dormido \u201cen su sue\u00f1o se ve\u00eda dormido\u201d en la misma habitaci\u00f3n que su madre, en una cama pr\u00f3xima a la suya. De repente empez\u00f3 a so\u00f1ar \u201cdentro de su sue\u00f1o empezaba a so\u00f1ar\u201d que una mexicana a quien ya despierto reconocer\u00eda como Clementina Aguiar le daba la espalda y lo dejaba solo en medio de un llano oscuro. Caminaba desnuda y por sus muslos escurr\u00eda la sangre de su desfloraci\u00f3n. Pero no hab\u00eda sido \u00e9l quien la violara, sino otro hombre: un ser oscuro, invisible, que surgi\u00f3 de entre las sombras y vino a despojarlo. Armadillo Berl\u00edn intent\u00f3 gritar; sol\u00f3 que lo hac\u00eda: lanzaba gritos muy negros, desesperados, que sacudieron su sue\u00f1o y rebotaron dentro de \u00e9l como en el interior de una tumba. Gritaba en espa\u00f1ol la palabra \u201cputa\u201d para llamar a Clementina Aguiar, para recuperarla. Gritaba tambi\u00e9n para que su madre despertara y se levantara a consolarlo meti\u00e9ndole en la boca su pez\u00f3n envejecido, dici\u00e9ndole, mientras lo arrullaba, que todo hab\u00eda sido una pesadilla. Pero ni una ni otra pod\u00edan o\u00edrlo y \u00e9l segu\u00eda gritando. En su sue\u00f1o quer\u00eda escapar del sue\u00f1o del llano, pero no pod\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39716u-640x383.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8474\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39716u-640x383.jpg\" alt=\"Amarillo Berlin 1\" width=\"640\" height=\"383\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39716u-640x383.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39716u-640x383-300x179.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39716u-640x383-624x373.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese sue\u00f1o ya lo hab\u00eda tenido antes, otras veces. Clementina lo provocaba en su hombr\u00eda, desafi\u00e1ndolo; lo miraba como si quisiera que \u00e9l la protegiera, con esos ojos de \u00c1ngel mestizo y esa mirada de demonio que ten\u00eda; lo miraba sonri\u00e9ndole, invit\u00e1ndolo. Ella lo hab\u00eda hecho cobarde, lo hab\u00eda hecho tentarse demasiado el coraz\u00f3n, olvidar que en la vida hab\u00eda que aceptarlo todo y no hacer cuentos de nada, no preguntarse nada. En el sue\u00f1o, los pechos oscuros de la mexicana se ergu\u00edan hacia \u00edl hinchados de desprecio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Armadillo Berl\u00edn ven\u00eda de una familia ilustre. Era nieto por l\u00ednea materna del capit\u00e1n Kenneth Moon, que hab\u00eda participado en la guerra de Texas. Y su padre era m\u00e9dico militar y hab\u00eda salvado del escorbuto a varias poblaciones. En esa \u00e9poca optimista serv\u00eda de mucho pertenecer a una familia respetable. Hab\u00eda grandes esperanzas de que las cosas mejoraran. El presidente Lincoln estaba cumpliendo las promesas que hiciera para su nuevo per\u00edodo presidencial: terminar de unir la naci\u00f3n y luego curar sus heridas. En el pueblo de Armadillo Berl\u00edn, para empezar, se hab\u00edan restablecido las guarniciones de los fuertes. Esto manten\u00eda a raya a los indios comanches, kiowas y kikapoos, que aterraban a las poblaciones texanas. Los soldados hab\u00edan logrado desviarlos hacia la frontera. De ese modo, los \u00fanicos que segu\u00edan haciendo incursiones en territorio civilizado eran los indios mescaleros y las partidas de bandidos blancos y mexicanos que andaban por todas partes. Al principio, Armadillo Berlin pele\u00f3 contra ellos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39718u-640x398.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8475\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39718u-640x398.jpg\" alt=\"Amarillo Berlin 2\" width=\"640\" height=\"398\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39718u-640x398.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39718u-640x398-300x186.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/39718u-640x398-624x388.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/a><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<\/h2>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Para leer el art\u00edculo completo, consulte la revista <i>BiCentenario<\/i>.<\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Agust\u00edn Cadena Universidad de Debrecen En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 36. Poco antes de que el primer cohete estallara en el cielo y las campanas de la iglesia comenzaran a llamar, el forajido Armadillo Berl\u00edn despert\u00f3 de una pesadilla. Estaba dormido \u201cen su sue\u00f1o se ve\u00eda dormido\u201d en la misma habitaci\u00f3n que su madre, en una cama pr\u00f3xima a la suya. De repente empez\u00f3 a so\u00f1ar \u201cdentro de su sue\u00f1o empezaba a so\u00f1ar\u201d que una mexicana a quien ya despierto reconocer\u00eda como Clementina Aguiar le daba la espalda y lo dejaba solo en medio de un llano oscuro. Caminaba desnuda y por sus muslos escurr\u00eda la sangre de su desfloraci\u00f3n. Pero no hab\u00eda sido \u00e9l quien la violara, sino otro hombre: un ser oscuro, invisible, que surgi\u00f3 de entre las sombras y vino a despojarlo. 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