﻿{"id":8354,"date":"2017-09-13T15:50:01","date_gmt":"2017-09-13T20:50:01","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=8354"},"modified":"2021-05-03T16:54:51","modified_gmt":"2021-05-03T21:54:51","slug":"la-expedicion-de-la-vacuna-de-balmis-a-nueva-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-expedicion-de-la-vacuna-de-balmis-a-nueva-espana\/","title":{"rendered":"La expedici\u00f3n de la vacuna de Balmis a Nueva Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><strong>Claudia Patricia Pardo Hern\u00e1ndez<\/strong><br \/>\n<strong>Instituto Mora<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 36.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008080;\">En junio de 1804 llegar\u00eda a la pen\u00ednsula de Yucat\u00e1n una expedici\u00f3n espa\u00f1ola encabezada por el m\u00e9dico francisco Balmis que recorrer\u00eda varias ciudades con el objetivo de vacunar a la poblaci\u00f3n que podr\u00eda ser v\u00edctima del virus de la viruela. Las medidas preventivas, que incluyeron la ense\u00f1anza a m\u00e9dicos y ciudadanos sobre c\u00f3mo aplicar el procedimiento, resultaron todo un \u00e9xito.<\/span><\/h3>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Pustulas_de_viruela.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-8410\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Pustulas_de_viruela-651x1024.jpg\" alt=\"Pustulas_de_viruela\" width=\"438\" height=\"688\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Pustulas_de_viruela-651x1024.jpg 651w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Pustulas_de_viruela-624x981.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Pustulas_de_viruela.jpg 960w\" sizes=\"(max-width: 438px) 100vw, 438px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>L<\/strong>a viruela, que por fortuna fue erradicada en el pasado siglo XX, fue una de las m\u00e1s terribles enfermedades a las que se enfrent\u00f3 la humanidad. En el M\u00e9xico colonial la llegada de una epidemia de viruela causaba terror, muerte y desolaci\u00f3n entre la poblaci\u00f3n. Cuando la calamidad reaparec\u00eda en una ciudad o pueblo, se trataba por todos los medios de detener el avance del contagio, aunque nunca funcionaba. Su diseminaci\u00f3n era pr\u00e1cticamente inevitable, la muerte llegaba y afectaba sobre todo a los ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El virus de la viruela una vez que atacaba al cuerpo se manifestaba despu\u00e9s de diez o catorce d\u00edas como una infecci\u00f3n que provocaba fiebre alta, malestar generalizado y en todo el cuerpo aparec\u00eda salpullido que despu\u00e9s se convert\u00eda en p\u00fastulas, primero llenas de un l\u00edquido transparente que al pasar de los d\u00edas se transformaba en pus y, al secarse, si el enfermo sobreviv\u00eda, se descamaba, pero quedaba marcado de por vida por las cicatrices que eran muy evidentes, principalmente en la cara. Tambi\u00e9n pod\u00eda quedar ciego pues las p\u00fastulas aparec\u00edan en ocasiones en los ojos. La viruela era una enfermedad inmunizante, muy contagiosa, epid\u00e9mica debido al virus variola y solamente la padec\u00edan los humanos. La propagaci\u00f3n se daba por la cercan\u00eda y contacto con el enfermo ya que las gotas de saliva o el desprendimiento de las costras eran las principales v\u00edas de contagio.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Viruela_Sahagun.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-8412\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Viruela_Sahagun-1024x762.jpg\" alt=\"Viruela_Sahagun\" width=\"625\" height=\"465\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Viruela_Sahagun-1024x762.jpg 1024w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Viruela_Sahagun-300x223.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Viruela_Sahagun-624x464.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Viruela_Sahagun.jpg 1056w\" sizes=\"(max-width: 625px) 100vw, 625px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se cree que el virus apareci\u00f3 en el continente africano hace unos 10 000 a\u00f1os a. C. En algunas momias egipcias se encontraron lesiones semejantes a las producidas por la viruela, pero no se ha constatado que se deban a ella. La observaci\u00f3n de la enfermedad a lo largo de los siglos demostr\u00f3 que los sobrevivientes no la volv\u00edan a padecer. Tanto en China como en la India, de una forma emp\u00edrica, se ensay\u00f3 la variolizaci\u00f3n, con el fin de \u201cenfermar benignamente\u201d, principalmente a los ni\u00f1os, para que ya no volvieran a sufrir las temidas viruelas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Sintomas_de_viruela.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-8411\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Sintomas_de_viruela-537x1024.jpg\" alt=\"Sintomas_de_viruela\" width=\"537\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Sintomas_de_viruela-537x1024.jpg 537w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Sintomas_de_viruela-157x300.jpg 157w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Sintomas_de_viruela-624x1189.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Sintomas_de_viruela.jpg 1056w\" sizes=\"(max-width: 537px) 100vw, 537px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El procedimiento consist\u00eda en moler las costras provenientes de la descamaci\u00f3n de un enfermo e introducir el polvo obtenido con un palillo por la nariz. Otra pr\u00e1ctica era vestirlos con las ropas utilizadas por los infectados. El otro m\u00e9todo, de la inoculaci\u00f3n, se fundamentaba en el mismo principio, \u201cenfermar\u201d a los que no hab\u00edan padecido la enfermedad para prevenirla. Esta t\u00e9cnica, utilizada por los turcos, consist\u00eda en introducir linfa proveniente de la p\u00fastula de un enfermo, en una peque\u00f1a escoriaci\u00f3n en la piel que se hac\u00eda a una persona sana, la cual enfermaba \u201cligeramente\u201d y ya no volv\u00eda a padecer el mal. El m\u00e9todo fue llevado a Inglaterra en 1721 como una novedad en medicina, pero fue recibido con reserva tanto all\u00ed como en el resto de Europa. Ahora bien, aunque el principio de inmunidad se conoc\u00eda de una forma pr\u00e1ctica, no era seguro ya que no siempre se obten\u00edan viruelas benignas y el inoculado o variolizado pod\u00eda enfermar de gravedad, morir o desatarse una epidemia.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<\/h2>\n<h2 style=\"text-align: center;\">Para leer el art\u00edculo completo, consulte la revista <i>BiCentenario<\/i>.<\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Claudia Patricia Pardo Hern\u00e1ndez Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 36. En junio de 1804 llegar\u00eda a la pen\u00ednsula de Yucat\u00e1n una expedici\u00f3n espa\u00f1ola encabezada por el m\u00e9dico francisco Balmis que recorrer\u00eda varias ciudades con el objetivo de vacunar a la poblaci\u00f3n que podr\u00eda ser v\u00edctima del virus de la viruela. Las medidas preventivas, que incluyeron la ense\u00f1anza a m\u00e9dicos y ciudadanos sobre c\u00f3mo aplicar el procedimiento, resultaron todo un \u00e9xito. La viruela, que por fortuna fue erradicada en el pasado siglo XX, fue una de las m\u00e1s terribles enfermedades a las que se enfrent\u00f3 la humanidad. En el M\u00e9xico colonial la llegada de una epidemia de viruela causaba terror, muerte y desolaci\u00f3n entre la poblaci\u00f3n. Cuando la calamidad reaparec\u00eda en una ciudad o pueblo, se trataba por todos los medios de detener el avance del contagio, aunque nunca funcionaba. 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