﻿{"id":8184,"date":"2017-07-21T01:50:59","date_gmt":"2017-07-21T06:50:59","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=8184"},"modified":"2026-03-23T01:34:47","modified_gmt":"2026-03-23T07:34:47","slug":"negrita-linda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/negrita-linda\/","title":{"rendered":"Negrita linda"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Silvia L. Cuesy<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 35.<\/strong><\/span><\/h4>\r\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image\">\r\n<figure class=\"aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Josefa_y_Miguel_Dominguez_1200x848.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1200\" height=\"848\" class=\"wp-image-8105\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Josefa_y_Miguel_Dominguez_1200x848.jpg\" alt=\"Josefa_y_Miguel_Dominguez_1200x848\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Josefa_y_Miguel_Dominguez_1200x848.jpg 1200w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Josefa_y_Miguel_Dominguez_1200x848-300x212.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Josefa_y_Miguel_Dominguez_1200x848-1024x723.jpg 1024w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Josefa_y_Miguel_Dominguez_1200x848-624x440.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Eras una mariposa al vuelo, Josefa. Combinabas desparpajo, donaire, frescura. A trav\u00e9s de los a\u00f1os tus aleteos fueron perdiendo gracia, pero el amor que sent\u00eda por ti superaba cualquier merma en tu belleza. La jovialidad que esparc\u00edas a tu paso era tanta que, al verte, yo me alegraba de ser tu eterno y feliz enamorado\u2026 Catorce pre\u00f1eces le restaron esbeltez al primor de tu cintura, redondearon tu c\u00e1lido cuerpo y aflojaron tu carne aceitunada. Catorce cr\u00edos te enloquecieron por turnos con llantos y alborozo infantil; corr\u00edas de aqu\u00ed para all\u00e1, jugabas con uno, altercabas con otro, los animabas al baile tocando alguna tonadilla con la flauta; si hab\u00eda enfermitos velabas junto a su cama o, tristemente, diste el adi\u00f3s a alguno en el camposanto. Sin embargo, ninguna gravidez logr\u00f3 hacerte renunciar a las ideas libertarias que fuiste madurando con el correr de la vida; ideas tan poco comunes en una dama consagrada a su hogar como lo pretendiste ser t\u00fa, mujer. Yo te exhortaba a guardarte la lengua frente a la gente, ya fuera en p\u00fablico o en privado. Prudencia y cautela te imploraba\u2026 Respond\u00edas que adem\u00e1s de darle a la Nueva Espa\u00f1a tantos hijos como Dios quisiera, tambi\u00e9n estabas para infundir valor en los hombres nacidos en este reino. Hombres que habr\u00edan de luchar alg\u00fan d\u00eda por erradicar de este suelo la opresi\u00f3n y petulancia de los espa\u00f1oles. \u00a1Ah, esos espa\u00f1oles que despertaban en ti tanta animadversi\u00f3n\u2026!<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Ay, Josefa! Eras casi una ni\u00f1a. Ten\u00edas la edad de nuestra Carmen Camila. No, miento, eras dos a\u00f1os menor. Si mi memoria no es traicionera, cuando entrelazamos miradas por primera vez rondabas los dulces 16, m\u00e1s o menos. No imagin\u00e9 en ese momento la vida de amor y tortura que ser\u00edas capaz de darme\u2026 No me arrepiento. Ali\u00f1aste mi rutinaria existencia, y m\u00e1s que una madre fuiste una hermana mayor para mis hijas, pues ni siquiera les doblabas la edad. Gracias a ti dej\u00e9 atr\u00e1s mi l\u00f3brega viudez y t\u00fa, p\u00edcara, resucitaste mi hombr\u00eda y a Mar\u00eda Guadalupe y a Mar\u00eda Josefa, mis dos hijas, les arrancaste carcajadas a raudales con tus juegos y ocurrencias. Supiste darles el mismo cobijo de madre que a ti te dieron en el colegio.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerdo nuestra duda hace ya tiempo, acurrucados en el lecho. A\u00fan insisto en que, persigui\u00e9ndome, te ocultabas tras una columna del imponente patio del Colegio de Vizca\u00ednas. T\u00fa alegabas haber entrado a ofrecerme un vaso de horchata fresca a la oficina del director; como colegiala una de tus tareas era atender a los patronos y cofrades cuando llegaran de visita igual que si estuvieras en tu propia casa. No importa como haya sido el encuentro, lo que s\u00ed es preciso es agradecerlo. Si la sapiencia Divina junt\u00f3 a dos almas tan opuestas, muy a pesar de todas las cr\u00edticas y se\u00f1alamientos, por algo fue&#8230; Eras atrevida, Josefa, y yo un irredento pecador.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ni c\u00f3mo suponerlo entonces, pero ahora lo veo claro. \u00bfC\u00f3mo no te detuve a tiempo y te met\u00ed en cintura como se hace con una chiquilla mal criada? Tus zalamer\u00edas y embelecos me sedujeron siempre al punto de la estulticia. La educaci\u00f3n recibida, aunque escasa, no la reservaste s\u00f3lo para el desempe\u00f1o de tu papel dentro de nuestra familia, e hiciste lo que estuvo a tu alcance para cambiar un poco la suerte del reino. \u00bfTe acuerdas de nuestras ocasionales desavenencias cuando expresabas que hab\u00eda que fortalecer a la Nueva Espa\u00f1a como pueblo? Yo te daba la raz\u00f3n pero te aconsejaba la mesura y recato propios de las mujeres. Artima\u00f1as de la vida, Josefa. \u00bfQui\u00e9n les iba a decir a los vascos que lo asimilado en su colegio marcar\u00eda tu destino para oponerte al dominio peninsular en tierras novohispanas? Era tan mala tu caligraf\u00eda que los ojos se me saltaban y me dol\u00eda el est\u00f3mago, pero, \u00bfqu\u00e9 tal alegabas sobre la igualdad racial? \u00a1Ay, mi negrita linda!, ni quien te ganara una discusi\u00f3n cuando este tema sal\u00eda a relucir en cualquier tertulia: \u201cSi me ense\u00f1aron valores morales no los voy a guardar bajo siete llaves en la alacena, debo hacer que transciendan a la sociedad, aunque sea en contra de los mismos gachupines\u201d. Y luego me mirabas y a\u00f1ad\u00edas: \u201cT\u00fa mismo me pusiste el ejemplo al denunciar las atrocidades en contra de los pobres trabajadores de los obrajes textiles\u201d. Despu\u00e9s, fing\u00edas tareas dom\u00e9sticas pendientes y me dejabas con cajas destempladas tras haberme aguantado tu letan\u00eda. \u00bfC\u00f3mo no te detuve a tiempo\u2026? \u00bfPor qu\u00e9 no lo hice? \u00bfQui\u00e9n iba a imaginar las consecuencias de mi resignaci\u00f3n a tus caprichos?&#8230; Tantas veladas y fandanguillos organizados por ti en nuestra casa, para encubrir las juntas conspiradoras, acabar\u00edan con nuestra felicidad. \u00a1Ah, pero en medio de ellas eras un diamante tocado por la luz del sol!<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestros hijos y yo resentimos tu ausencia casi hasta la asfixia, sobre todo Mar\u00eda Magdalena y Carmen Camila. Todos quedamos hu\u00e9rfanos de ti, pero eso no nos duele tanto como imaginarte, todo aquel tiempo, privada de la libertad\u2026 Sacrificaste especialmente nuestra vida familiar mientras presa en conventos y c\u00e1rceles soportabas tu propia cruz. Ojal\u00e1, ahora que ya somos un pa\u00eds libre, haya alguien que te lo agradezca. Saberte libre es lo \u00fanico que nos da consuelo, ya que te has ido para siempre y tu alma flota en el aire como una nota musical salida de tu flauta, o una pincelada que ya nunca dar\u00e1s en el lienzo a medio pintar.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi negrita piel de aceituna, nunca toleraste las injusticias. Y que lo diga yo. Cu\u00e1nto me re\u00f1\u00edas si a uno u otro hijo daba diferente trato o muestra de predilecci\u00f3n. Detalles m\u00ednimos, desapercibidos incluso para los mismos cr\u00edos, y tus ojos de afilada obsidiana me hac\u00edan recordar que el amor se repart\u00eda por igual y los rega\u00f1os en lo particular, seg\u00fan lo mereciera o no cada uno. Los sirvientes se apenaban del trato de igual a igual dado por ti. Si algo pod\u00edas hacer por ti misma nunca, lo juro, jam\u00e1s vi que acudieras a alguien m\u00e1s para que lo hiciera en tu lugar. En Navidades no les faltaba a los criados un real en la palma de su mano como aguinaldo. Premiabas con generosidad el empe\u00f1o y el trabajo, pero odiabas la holganza. No se la perdonabas ni a un gobernante ni a un criado, ni a tus hijos\u2026 Ni a ti misma.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora el constante silencio en el que parecen estar las sillas y las mesas y los tapetes y los cuadros me sofoca&#8230; \u00a1Ay, tan parlanchina que fuiste! Para escuchar tu voz de nuevo \u2013y mira que a veces habr\u00eda preferido ser sordo a tus necedades\u2013, vuelvo a recordar las historias que contabas de tu progenie materna. No eran muchas, pero una de ellas era la del origen negro de tu bisabuela y los maltratos que sus descendientes recibieron por llevar en sus venas sangre de pobre, sangre de esclava, recalcabas, para dramatizar m\u00e1s tu perorata. \u201cNo habr\u00e9 de ser yo quien propicie que este comportamiento vil perdure entre los novohispanos\u201d. No obstante, agradec\u00edas al cielo que t\u00fa y tu madre hubieran corrido con mejor suerte que otras personas de vuestra condici\u00f3n, aunque fueran un grano de arena perdido en un desierto. Lo com\u00fan era ver hombres y mujeres humillados por los peninsulares. Cada clase o casta pisaba la cabeza de quien estuviera por debajo de ella; era la venganza por el pisot\u00f3n o pisotones a su vez recibidos. Qu\u00e9 diferente eras t\u00fa, mi Josefa\u2026 Pepita\u2026 Negrita\u2026 Como bien lo dec\u00edas: \u201cVale m\u00e1s un buen ejemplo que mil razones\u201d. La caridad, la igualdad y la justicia las comenzabas en casa, y eras la cr\u00edtica de muchas personas. \u00a1Cu\u00e1nto aprend\u00ed de ti!, pero nunca he podido tener tu valent\u00eda, salvo cuando me opuse a la consolidaci\u00f3n de vales reales que acab\u00f3 por dejar en la calle a sinn\u00famero de propietarios. Las malas lenguas te importaban tanto como una mosca muerta en el quicio de la ventana. Tus ejemplos dom\u00e9sticos y cotidianos los sacabas a colaci\u00f3n en las tertulias queretanas, y poco a poco hiciste crecer tus puntos de vista, como si fuesen pan de levadura, hasta competir con los discursos doctos de letrados, eclesi\u00e1sticos, militares y funcionarios. Si alguien mencionaba la revoluci\u00f3n francesa, tu respuesta no se hac\u00eda esperar: \u201cTambi\u00e9n don Manolo el abarrotero tiene en el hambre a sus empleados y sirvientes, me lo han dicho mis criados que son parientes de dos de esos desgraciados\u201d. Alguien m\u00e1s hablaba de emancipaci\u00f3n, y tu lengua se enredaba con las palabras que de tu boca sal\u00edan a tropel: \u201cA los que habr\u00eda que emancipar es a los campesinos oprimidos por don Jes\u00fas, que en nada hace honor a su nombre m\u00e1s que en darles de latigazos igual que nuestro Divino Jes\u00fas hizo con los mercaderes del templo\u201d. Y as\u00ed continuaba tu sarta de ejemplos: que si los espa\u00f1oles se armaron de palos para sacar a los franceses de su suelo, que aqu\u00ed haremos lo mismo con los gachupines hoy que la Providencia nos regala la oportunidad; que si all\u00e1 no se somet\u00edan al invasor, ac\u00e1 seguiremos ese ejemplo; que si no pagaremos m\u00e1s tributos; que si no regalaremos m\u00e1s las riquezas de nuestro suelo\u2026 que por s\u00ed, que por no, que s\u00ed que no\u2026 Mi negrita, perd\u00f3name, hoy reconvine a toda esta punta de solterones que forman parte de nuestra numerosa prole. \u201cAlgo tendr\u00e1 que hacer, don Miguel\u201d, me dice la nana, \u201cpara salir de su <em>m\u00e1iz<\/em> picado. \u00bfNo ve c\u00f3mo le hacen pasar muinas las ni\u00f1as?\u201d No s\u00e9 qu\u00e9 extra\u00f1o embrujo cay\u00f3 sobre nuestros reto\u00f1os, \u00a1qu\u00e9 dif\u00edcil resulta casarlos, mujer! Antes de tu partida pensaba que una futura suegra como t\u00fa ahuyentar\u00eda a los prospectos \u2013\u00a1y que lo digan los yernos habidos que, para colmo, uno de ellos es militar espa\u00f1ol!\u2013 Pero ahora no s\u00e9 a qui\u00e9n culpar. A m\u00ed no me digas, yo soy un santo, como dec\u00edan all\u00e1 en Quer\u00e9taro. Mira que ya Mariano y Micaela se nos andan pasando de tueste y, si el resto de la estirpe sigue su ejemplo, en mis funerales solamente rodear\u00e1n mi f\u00e9retro puros quedados y los cuatro nietos que conociste y tal vez los dos que est\u00e1n por llegar, eso si no marcho antes. A mis ya muy trajinados 74 siento pr\u00f3ximo nuestro encuentro, mujer. Al reunirme contigo me agradar\u00eda llevarte noticias frescas y decirte que todos tienen por fin consorte. Seguro que eso te dar\u00eda mucho gusto y a m\u00ed me dejar\u00eda descansar en paz sabi\u00e9ndolos bien cuidados. Pero eso no ser\u00e1 posible lograrlo en tan poco tiempo, y hasta ahorita todo est\u00e1 como t\u00fa lo dejaste hace doce meses: Jos\u00e9 Mar\u00eda viudo y Mar\u00eda Ignacia, Juana y Mariana casadas. \u00bfC\u00f3mo le har\u00e9 con el resto? Dolores y Manuela no tienen admiradores; las dos tan atildadas y remilgadas le meten un susto a cualquier cristiano. Tampoco Miguel e Hilari\u00f3n dan muestras de interesarse en alguna joven; el uno tan soso y el otro tan rezandero. \u00a1V\u00e1lgame Dios! Las que m\u00e1s me preocupan, como ya te dije, son nuestras dos peque\u00f1as. A veces les da por rumiar rencores, y, como si se tratase de cajitas de m\u00fasica, se dan cuerda una a la otra. No te perdonan este reciente abandono. Y no me perdonan que haya sido yo mismo quien las arrancara de tus brazos para entregarte a la escolta que te llev\u00f3 a la Ciudad de M\u00e9xico tras aquella nueva denuncia por tu pertinaz independentismo e indiscreta locuacidad, y me lo echan en cara cada vez que pueden. \u00a1A cu\u00e1ntos hombres infundiste valor, negrita linda! S\u00f3lo yo te fall\u00e9, nuestras peque\u00f1as tienen raz\u00f3n. Yo, tu amante esposo, fui un cobarde. Cumpl\u00ed con mi deber de hombre p\u00fablico, pero fall\u00e9 como esposo y padre. Ni aunque mis ojos lloraran cien diluvios habr\u00e9 de perdonarme jam\u00e1s. \u00bfT\u00fa podr\u00e1s? Si de todas maneras renunci\u00e9 a mi cargo de Corregidor para andar a defenderte a la capital, \u00bfpor qu\u00e9 mejor no evit\u00e9 tu aprehensi\u00f3n, costara lo que costara a mi prestigio, o a mi cargo, o a mi vida misma\u2026? \u201cQue cada uno cumpla con su deber\u201d, y te parec\u00edas a Judit plantada frente al ej\u00e9rcito babilonio cuando me lo dijiste: \u201cQue cada uno se responsabilice de sus actos\u201d. Cada anochecer estoy m\u00e1s triste que el indio que le da nombre a la calle donde est\u00e1 nuestra casa; se me ocurre que el indio tambi\u00e9n soportaba penas de amores y nostalgias por su difunta esposa, y no por la p\u00e9rdida de sus riquezas y el favor del virrey, como cuenta la leyenda. Y ah\u00ed s\u00ed que todos somos iguales cuando nos embarga la pena. \u00bfDe qu\u00e9 me sirve tanto prestigio y buena posici\u00f3n, entonces? No cabe duda, las cuitas nos hermanan a los seres humanos. Cada noche no me queda sino persignarme como ahora y apagar la vela\u2026 y a Dios rezarle que ya me lleve contigo. Buenas noches negrita linda, ojal\u00e1 ma\u00f1ana amanezca feliz a tu lado.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Silvia L. Cuesy En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 35. Eras una mariposa al vuelo, Josefa. Combinabas desparpajo, donaire, frescura. A trav\u00e9s de los a\u00f1os tus aleteos fueron perdiendo gracia, pero el amor que sent\u00eda por ti superaba cualquier merma en tu belleza. La jovialidad que esparc\u00edas a tu paso era tanta que, al verte, yo me alegraba de ser tu eterno y feliz enamorado\u2026 Catorce pre\u00f1eces le restaron esbeltez al primor de tu cintura, redondearon tu c\u00e1lido cuerpo y aflojaron tu carne aceitunada. Catorce cr\u00edos te enloquecieron por turnos con llantos y alborozo infantil; corr\u00edas de aqu\u00ed para all\u00e1, jugabas con uno, altercabas con otro, los animabas al baile tocando alguna tonadilla con la flauta; si hab\u00eda enfermitos velabas junto a su cama o, tristemente, diste el adi\u00f3s a alguno en el camposanto. 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