﻿{"id":8062,"date":"2017-07-12T16:52:39","date_gmt":"2017-07-12T21:52:39","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=8062"},"modified":"2026-04-03T00:37:29","modified_gmt":"2026-04-03T06:37:29","slug":"en-busca-del-charro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/en-busca-del-charro\/","title":{"rendered":"En busca del charro"},"content":{"rendered":"\r\n<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchez<br \/>Museo de las Intervenciones, INAH<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h4 class=\"has-text-color has-vivid-red-color\"><span style=\"color: #800000;\"><strong>En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 35.<\/strong>\u00a0<\/span><\/h4>\r\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\"><strong>A finales del siglo XVIII la charrer\u00eda estaba extendida, lo que habla de la antig\u00fcedad de su origen. Incluso un siglo antes se se\u00f1alaba a bandas de hombres a caballo que en las grandes extensiones del occidente de M\u00e9xico llevaban una vida libre y semisalvaje. Sin embargo, el nombre de charro no se refleja en los textos de los autores del XIX, pero s\u00ed el de ranchero. <\/strong><\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<div class=\"wp-block-image\" style=\"text-align: justify;\">\r\n<figure class=\"aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/B35_Pay-caravan_Charro_605x437.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"605\" height=\"437\" class=\"wp-image-8063 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/B35_Pay-caravan_Charro_605x437.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/B35_Pay-caravan_Charro_605x437.jpg 605w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/B35_Pay-caravan_Charro_605x437-300x216.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 605px) 100vw, 605px\" \/><\/a><\/figure>\r\n<\/div>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Visto durante dos siglos como la imagen por antonomasia de la mexicanidad, el charro y la charrer\u00eda han sido, sin embargo, dejados de lado por la historiograf\u00eda, de modo que actualmente los libros sobre el tema son muy escasos y m\u00e1s aun los que pudieran considerarse serios. El charro y la charrer\u00eda est\u00e1n en nuestros d\u00edas tan desprestigiados que se cuestiona su legitimidad como representantes de la mexicanidad, se ha puesto en duda la identidad original entre charro y jinete vaquero y se ha se\u00f1alado que el uso de la palabra charro con tal acepci\u00f3n es tan tard\u00eda como el \u00faltimo cuarto del siglo XIX.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto \u00faltimo se debe a un hecho desconcertante: en la mayor\u00eda de la literatura mexicana del siglo XIX que aborda temas rurales o rancheros, los autores se abstienen de aplicar el t\u00edtulo de charro a personajes que por su atuendo y habilidades vaqueriles bien podr\u00edan ostentarlo, y en cambio prefieren usar el de ranchero. Es el caso de Refugio Barrag\u00e1n, Jos\u00e9 L\u00f3pez Portillo y Rojas, Juan D\u00edaz Covarrubias, Jos\u00e9 T. Cu\u00e9llar, \u00c1ngel del Campo, Pedro Robles, Guillermo Prieto; y la lista es larga. La prensa del siglo XIX tambi\u00e9n da pocas muestras de la palabra charro, aunque estas se incrementan al finalizar la centuria.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<figure class=\"wp-block-image\" style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Charro_mexicano_litografia.jpg\"><img decoding=\"async\" width=\"1047\" height=\"1192\" class=\"wp-image-8077 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Charro_mexicano_litografia.jpg\" alt=\"Charro_mexicano_litografia\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Charro_mexicano_litografia.jpg 1047w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Charro_mexicano_litografia-263x300.jpg 263w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Charro_mexicano_litografia-899x1024.jpg 899w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/Charro_mexicano_litografia-624x710.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 1047px) 100vw, 1047px\" \/><\/a><\/figure>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, queremos presentar aqu\u00ed una fuente muy antigua que supera esta serie de cuestionamientos, pues explica la relaci\u00f3n entre la palabra charro, que en el espa\u00f1ol del siglo XVII significaba persona grosera y r\u00fastica, con el vaquero mexicano, y demuestra que la identidad entre charro y jinete proviene por lo menos del siglo XVIII. Se trata de una obra de teatro titulada <em>El Charro<\/em>, compuesta por el escritor costumbrista Joseph Agust\u00edn de Castro y publicada en la ciudad de Puebla en 1797 en el volumen titulado <em>Miscel\u00e1nea de poes\u00edas humanas<\/em>. Reviste gran inter\u00e9s para el asunto que tratamos, pues abunda en detalles que hablan de lo que era un charro en el siglo XVIII.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>El Charro<\/em> est\u00e1 ambientada de la manera siguiente: se trata de un mon\u00f3logo en verso recitado por el personaje principal, el charro Perucho Chaves, y desde el principio el autor aclara que se trata de una ridiculizaci\u00f3n: \u201cEl chiste es en la Porter\u00eda del convento de Religiosas de Santa In\u00e9s en la ciudad de Puebla\u201d. La primera escena nos pone de manifiesto que se trata de un personaje vistiendo el traje ecuestre mexicano, es decir, de ranchero:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Porter\u00eda: Sale Perucho con cuera campesina, manga de montar [\u2026] sombrero, y unas espuelas que sacar\u00e1 en la mano, como que acaba de llegar y se las ha quitado\u201d. En seguida se pone de manifiesto que el objeto del rid\u00edculo es el car\u00e1cter r\u00fastico, grosero e ignorante del personaje, el cual se refleja en su manera de hablar, lo que viene a demostrar que, en efecto, el apelativo charro se aplic\u00f3 a personas de esta \u00edndole pero que adem\u00e1s eran jinetes:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p>G\u00fcenasnochis, no se asusten\/Madrecitas de este Charro\/ que al ver el Zahu\u00e1n abierto\/ hasta dentro se ha colado:<\/p>\r\n<p>Ah\u00ed juera dej\u00e9 mi rucio\/que es un bonito caballo [\u2026]<\/p>\r\n<p>A una monja cachigorda\/dex\u00e9 mi andante encargado,\/y croque estar\u00e1 siguro\/ de que vaya a galopiarlo<\/p>\r\n<p>M\u00e1s adelante la palabra charro aparece como sin\u00f3nimo de payo, es decir, aldeano ignorante y r\u00fastico<\/p>\r\n<p>Dos mil aspamientos hizo [la monja]\/diciendo: \u201dS\u00e1lgase el Payo\/\u201dque aqu\u00ed no se entra so pena\/\u201dde quedar descomulgado\u201d.<\/p>\r\n<p>La ignorancia y groser\u00eda adquieren un car\u00e1cter jocoso en los siguientes versos:<\/p>\r\n<p>\u00a1Ay! \u00a1Qu\u00e9 casa tan grandota! [el convento]\/ una grima veo de cuartos,\/y muchas sus Reverencias\/envolvidas en sus sacos.<\/p>\r\n<p>Atontado estoy de vellas\/con semejante vestuario,\/y tapadas las pelonas\/con lienzos prietos y blancos.<\/p>\r\n<p>\u00a1V\u00e1lganme los Santos Olios,\/y la llave del Sagrario, en manadas las morenas\/andan en aquellos patios!<\/p>\r\n<p>\u00a1Qu\u00e9 tales ser\u00e1n las ariscas,\/quando las tiene el Perlado\/para que no se le juyan\/en un potrero tan alto!<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Enseguida, un dato a destacar: Perucho es oriundo de Jalisco, justo donde tradicionalmente se ubica el origen de la charrer\u00eda:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p>Yo, con enmienda de ustedes,\/Perucho Chaves me llamo, \/nacido, ni m\u00e1s ni menos,\/en el pueblo de Zacualco.<\/p>\r\n<p>Curiosamente, tambi\u00e9n aparece un atributo del charro que dos siglos despu\u00e9s ser\u00eda consagrado por el cine mexicano, el de cantor:<\/p>\r\n<p>Y de g\u00fcenas a primeras,\/sin saber c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo\/ lleg\u00f3 a la puerta Perucho\/ y se col\u00f3 el simplonazo<\/p>\r\n<p>Esto no tiene remedio;\/m\u00e1s si por dicha del Payo\/ sus paternidades gustan\/de g\u00fcir un trovo muy guapo.<\/p>\r\n<p>H\u00e9chenme sus bendiciones\/para poder empezallo\/en nombre de Santa In\u00e9s\/ y de San Pedro y San Pablo:<\/p>\r\n<p>Toquen, pues, alguna cosa\/g\u00fcir\u00e1n que bonito canto\/en honra del Nacimiento\/que est\u00e1n aqu\u00ed festejando.<\/p>\r\n<p>Si el car\u00e1cter de jinete est\u00e1 bastante claro, tambi\u00e9n queda demostrado el de vaquero, pues Perucho habla de sus relaciones con un caporal, que, como es bien sabido, era el capataz de vaqueros en una hacienda ganadera:<\/p>\r\n<p>Este trobo me compuso\/ ha miseria de un a\u00f1o,\/mejorando lo presente\/un caporal de Tepango<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\"><strong>\u00bfCharros y gauchos?<\/strong><\/span><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">La menci\u00f3n de un caporal de la sierra norte de Puebla muestra lo extendida que estaba la charrer\u00eda a finales del siglo XVIII, lo que habla de la antig\u00fcedad de su origen. De hecho Ram\u00f3n Mar\u00eda Serrera, en <em>Guadalajara ganadera<\/em>, lo ubica en el siglo XVII al hablar de bandas de hombres a caballo que, en las grandes extensiones del occidente de M\u00e9xico, llevaban una vida libre y semisalvaje. Esto nos recuerda al gaucho, otro vaquero ic\u00f3nico de Am\u00e9rica, el cual fue denostado por los intelectuales liberales argentinos por llevar una vida semisalvaje y ser por consecuencia ignorante, r\u00fastico y violento, digno representante de la famosa \u201cbarbarie\u201d americana contra la que tanto despotric\u00f3 Domingo F. Sarmiento en su <em>Facundo<\/em>. Llama la atenci\u00f3n que, a miles de kil\u00f3metros, el hablar de Perucho sea tan similar al del gaucho, espl\u00e9ndidamente llevado a la literatura por Jos\u00e9 Hern\u00e1ndez mediante su personaje Mart\u00edn Fierro pues, quitando el sarcasmo, los versos de Castro podr\u00edan encajar perfectamente en la obra del argentino.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Permanece, sin embargo, la pregunta de por qu\u00e9 entonces la mayor\u00eda de los autores del siglo XIX prefiere el apelativo ranchero al de charro para calificar a los personajes de novelas y memorias, si la dichosa palabra ya hab\u00eda sido utilizada desde la colonia para referirse al jinete vaquero. Basados en la obra de Manuel Payno y Luis G. Incl\u00e1n &#8211; los \u00fanicos autores que utilizan el vocablo charro para referirse a jinetes de la primera mitad del siglo XIX -, queremos aventurar aqu\u00ed una hip\u00f3tesis: de alguna forma, en las primeras d\u00e9cadas del siglo XIX, el apelativo charro, que en un principio sirvi\u00f3 para referirse a la rusticidad o barbarie de los vaqueros, qued\u00f3 estrechamente ligado a la violencia de ese siglo.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Es bien sabido que el siglo XIX fue una \u00e9poca de bandidaje e inseguridad generalizados debido a la debilidad del Estado nacional surgido del movimiento independentista, y es de notar que los dos autores mencionados aplican el t\u00edtulo de charro tanto al bandido como a su perseguidor. Manuel Payno, en <em>Los bandidos de R\u00edo Fr\u00edo<\/em>, utiliza profusamente el t\u00e9rmino ranchero cuando describe las habilidades ecuestres y vaqueriles de los jinetes mexicanos, mientras que el de charro lo utiliza \u00fanicamente en el cap\u00edtulo titulado \u201cEl Herradero\u201d para aplicarlo a dos personajes que se encargaron de convertir al pac\u00edfico Tepetlaoxtoc en un pueblo de bandidos: \u201cUn d\u00eda se presentaron dos charros bien vestidos y montados en buenos caballos, y se apearon en la pulquer\u00eda\u201d; y cuando algunos de los secuaces de tales personajes se presentan con intenciones aviesas en una hacienda y son enfrentados por su propietaria, \u201cUna viva impresi\u00f3n de simpat\u00eda y admiraci\u00f3n por el valor de aquella mujer se produjo en el \u00e1nimo de los charros\u2026\u201d<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Payno incluso llega a utilizar los dos vocablos en cuesti\u00f3n juntos: \u201cAlrededor, y contra la barrera de vigas, api\u00f1ada una multitud compacta que hab\u00eda venido de Texcoco, de Chalco, de Ameca, y aun de <em>lejos tierras<\/em>. Detr\u00e1s de esa gente, dos filas de rancheros y charros de las haciendas y los pueblos del Valle\u201d. Es evidente que, a pesar de que rancheros y charros lucieron la misma vestimenta y desplegaron las mismas habilidades ecuestres y vaqueriles en un famoso herradero celebrado en la feria de Tepetlaoxtoc, ambas palabras no ten\u00edan para Payno el mismo significado. Es de observar que este autor asociaba el t\u00edtulo de charro con el \u201cvalent\u00f3n\u201d vagabundo y mercenario, dispuesto siempre a \u201crif\u00e1rsela\u201d en cualquier ocasi\u00f3n y por cualquier causa en toda clase de pleitos y aventuras.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte, Luis G. Incl\u00e1n casi no utiliza el vocablo ranchero y s\u00ed con profusi\u00f3n el de charro en su novela <em>Astucia, el jefe de los Hermanos de la Hoja o los charros contrabandistas de la Rama <\/em>(1865). Incluso ofrece una definici\u00f3n del \u201cverdadero charro\u201d: un ranchero que por su constituci\u00f3n atl\u00e9tica y armas es capaz de imponerse a los dem\u00e1s, de donde se deduce que el charro era una categor\u00eda especial entre los rancheros. La novela versa sobre las aventuras de un grupo de arrieros que, no obstante dedicarse al contrabando, han jurado enemistad eterna a los bandidos. En la trama, bandidos, polic\u00edas rurales y arrieros contrabandistas exhiben habilidades ecuestres y vaqueriles, sostienen enfrentamientos armados y reciben por igual el t\u00edtulo de charro, mientras que el personaje principal, el coronel Astucia, termina su carrera persiguiendo a las gavillas de bandidos que asolaban al estado de Michoac\u00e1n en la d\u00e9cada de 1840. Incluso presume de tener siempre a mano su \u201creata floride\u00f1a\u201d para hacer justicia pronta y expedita en cuanto cayera un bandido en sus manos.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien tanto Payno como Incl\u00e1n escribieron con base en sus recuerdos y por tanto en hechos reales, la relaci\u00f3n del t\u00edtulo de charro con la violencia parece ser confirmada por la siguiente carta, publicada en <em>El Monitor Republicano<\/em> de 17 de mayo de 1848:<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\r\n<p>Orizaba, mayo 9 de 1848<\/p>\r\n<p>El camino de aqu\u00ed a Puebla, ya con el favor de Dios, y del charro D. Eulalio, est\u00e1 casi limpio de ladrones; porque este se\u00f1or los persigue noche y d\u00eda, y ya lleva colgados o pasados por las armas a los m\u00e1s cabecillas y varios de los ladrones.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\r\n<\/blockquote>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">Pareciera que estuvi\u00e9semos ante una encarnaci\u00f3n del coronel Astucia. No se sabe en qui\u00e9n se inspir\u00f3 Incl\u00e1n para crear a su personaje literario, pero parece obvio que alguno o algunos jinetes justicieros habr\u00e1n existido en Michoac\u00e1n y, sin duda, existi\u00f3 uno en la regi\u00f3n de Orizaba-Puebla, lo que hace muy probable la existencia de varios m\u00e1s en otras regiones.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfSer\u00e1 posible que el car\u00e1cter aventurero y violento se convirti\u00f3 en la esencia de la charrer\u00eda e hizo a un lado a la vestimenta y al oficio de vaquero como atributos del charro, por lo cual este t\u00edtulo no le quedaba a cualquier ranchero? \u00bfC\u00f3mo fue que se pas\u00f3 del r\u00fastico e ingenuo Perucho al jinete justiciero, incluso acreedor del Don? Son preguntas que tendremos que seguir investigando. Por lo pronto, para concluir, una observaci\u00f3n m\u00e1s: el car\u00e1cter aventurero y justiciero que el cine atribuy\u00f3 al charro mexicano, tan ridiculizado y descalificado hoy en d\u00eda &#8211; precisamente por violento-, podr\u00eda tener cierta base en la realidad.<\/p>\r\n\r\n\r\n\r\n<h3 class=\"wp-block-heading\" style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h3>\r\n\r\n\r\n\r\n<ul class=\"wp-block-list\">\r\n<li style=\"text-align: justify;\">Muri\u00e1, Jos\u00e9 Mar\u00eda, <em>Or\u00edgenes de la charrer\u00eda y de su nombre<\/em>, M\u00e9xico, Miguel \u00c1ngel Porr\u00faa, 2016.<\/li>\r\n<li style=\"text-align: justify;\">\u201cOrigen de la charrer\u00eda\u201d, en <a href=\"http:\/\/bit.ly\/2lzLDVK\">http:\/\/bit.ly\/2lzLDVK<\/a><\/li>\r\n<li style=\"text-align: justify;\">Visitar el Museo de la Charrer\u00eda, Isabel la Cat\u00f3lica # 108, Cuauht\u00e9moc, Centro, Ciudad de M\u00e9xico<\/li>\r\n<\/ul>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Faustino A. Aquino S\u00e1nchezMuseo de las Intervenciones, INAH En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 35.\u00a0 A finales del siglo XVIII la charrer\u00eda estaba extendida, lo que habla de la antig\u00fcedad de su origen. Incluso un siglo antes se se\u00f1alaba a bandas de hombres a caballo que en las grandes extensiones del occidente de M\u00e9xico llevaban una vida libre y semisalvaje. Sin embargo, el nombre de charro no se refleja en los textos de los autores del XIX, pero s\u00ed el de ranchero. Visto durante dos siglos como la imagen por antonomasia de la mexicanidad, el charro y la charrer\u00eda han sido, sin embargo, dejados de lado por la historiograf\u00eda, de modo que actualmente los libros sobre el tema son muy escasos y m\u00e1s aun los que pudieran considerarse serios. El charro y la charrer\u00eda est\u00e1n en nuestros d\u00edas tan desprestigiados que se cuestiona su legitimidad como<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,1439],"tags":[2661,1221,2662,36],"class_list":{"0":"post-8062","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-articulos","7":"category-bicentenario-35","8":"tag-charreria","9":"tag-charro","10":"tag-gauchos","11":"tag-vida-cotidiana"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8062","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8062"}],"version-history":[{"count":30,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8062\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23571,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8062\/revisions\/23571"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8062"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8062"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8062"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}