﻿{"id":7853,"date":"2017-03-02T14:05:31","date_gmt":"2017-03-02T20:05:31","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=7853"},"modified":"2021-05-04T11:51:00","modified_gmt":"2021-05-04T16:51:00","slug":"editorial-13","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-13\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 33.<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/33-1491x2000.jpg\"><span style=\"color: #800000;\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-7699\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/33-1491x2000-223x300.jpg\" alt=\"33 (1491x2000)\" width=\"223\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/33-1491x2000-223x300.jpg 223w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/33-1491x2000-763x1024.jpg 763w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/33-1491x2000-624x837.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/33-1491x2000.jpg 1491w\" sizes=\"(max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><\/span><\/a><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Un lugar pensado para formar generaciones de profesionales que no pretend\u00eda competir con el molde de lo que otras instituciones ya trabajaban. Un centro que entendiera a la historia como integrada y parte de las ciencias sociales, pero nunca aislada. De investigadores adaptados a esa concepci\u00f3n. Un lugar con una biblioteca <em>sui generis<\/em> donde el acervo general y su fondo antiguo le dan un toque de exclusividad. Un centro de formaci\u00f3n y conocimiento asentado sobre la que fue la casa de un hombre liberal y \u00fanico, que estableci\u00f3 las bases de la separaci\u00f3n del Estado del poder monacal. La identidad se construye con el tiempo y en ella confluyen historias personales de aspiraciones y utop\u00edas, la herencia de valores y tradiciones, la pertenencia a un territorio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El Instituto de Investigaciones Dr. Jos\u00e9 Mar\u00eda Luis Mora llega a los 35 a\u00f1os de vida y el sello de su identidad que lo hace reconocible se identifica tambi\u00e9n con la pertenencia al espacio donde est\u00e1 enraizado. Naci\u00f3 en el barrio de Mixcoac, alguna vez considerado pueblo <em>risue\u00f1o y florido de aire saludable<\/em>, que lo ha hecho suyo como parte de sus esquinas, su arquitectura de fachadas centenarias, de haciendas, ranchos y terrenos bald\u00edos devenidos en centros universitarios y culturales, colegios de origen espa\u00f1ol o ingl\u00e9s, parques hundidos, estadios para el f\u00fatbol y los toros, habitado un siglo atr\u00e1s por ind\u00edgenas y migrantes europeos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Este n\u00famero 33 de <em>BiCentenario<\/em>, casi en concordancia con los siete lustros de vida del Instituto, da cuenta del trajinar de esta instituci\u00f3n acad\u00e9mica desde 1981, pero tambi\u00e9n de la riqueza de su pertenencia a un barrio de calles empedradas o de barro transformadas en grandes avenidas, de cauces de agua y A?reas verdes devoradas por la explosi\u00f3n urbana, de iglesias sobrevivientes y de viviendas donde se oficiaba misa en tiempos en que se persegu\u00eda la bendici\u00f3n desde el atrio, de personajes que la habitaron porque encontraron all\u00ed un remanso frente a la agitada vida en el centro capitalino, que hu\u00edan de los jaloneos de la pol\u00edtica o comenzaron a ilustrar aqu\u00ed una vida de intelectuales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El Instituto Mora naci\u00f3 en una casa a la que la vicisitud de la pol\u00edtica, la econom\u00eda, la religi\u00f3n y hasta las creencias esot\u00e9ricas la tornaron un lugar peculiar. Fue vivienda de Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas cuando el vicepresidente jacobino se escabull\u00eda de las amenazas cat\u00f3licas a sus \u00f3rdenes de quitar poder a los prelados, y donde morir\u00eda y ser\u00eda enterrado ante la negativa de la vecina iglesia de San Juan Evangelista de darle morada final en su cementerio. Tambi\u00e9n tropas estadounidenses la ocupar\u00edan en 1847. Algunas creencias dir\u00edan que el esp\u00edritu de don Valent\u00edn recorrer\u00eda la casa durante varias d\u00e9cadas, para temor de sus descendientes y visitantes, hasta ser llevado a la Rotonda de las Personas Ilustres. Del mismo Valent\u00edn se relatan aqu\u00ed las idas y vueltas que tuvo el intento de recuperaci\u00f3n de una pintura que lo retrataba en Palacio Nacional y que finalmente por esas historias repetidas en el mundo del arte, quedar\u00eda en manos privadas, y se tendr\u00edan que hacer copias, una de las cuales el Instituto adquiri\u00f3. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La pintura de Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas no es un hecho aislado dentro de la vocaci\u00f3n cultural del Instituto Mora. Las esculturas, principalmente, forman parte de su paisaje en exposiciones individuales y colectivas al aire libre, como se relata en esta edici\u00f3n. Otro elemento distintivo en el mundo acad\u00e9mico.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La gran perla de la instituci\u00f3n ha sido su biblioteca &#8220;Ernesto de la Torre Villar&#8221;, nacida cinco a\u00f1os antes que el Instituto y que cumple a cabalidad con el objetivo de ser reconocida en el campo de las ciencias sociales y las humanidades, tanto por su acervo como por su fondo antiguo con algo m\u00e1s de 10 000 vol\u00famenes. Ram\u00f3n Aureliano, quien la conoce desde sus entra\u00f1as desde hace algunos a\u00f1os, nos pone en manos de dos testimonios clave: uno que habla sobre Jos\u00e9 Ignacio Conde y D\u00edaz Rub\u00e9n, el inspirador de la biblioteca, y la inquietante historia de su acervo personal que tuvo que vender forzado por el gobierno; y el segundo, las palabras del propio Ernesto de la Torre Villar, su primer director. &#8220;Podemos decir que es parad\u00f3jico, pero pienso que de una Biblioteca sali\u00f3 el Instituto Mora&#8221;, dice orgulloso durante una charla que data de 2002.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero a d\u00f3nde nos lleva esa vocaci\u00f3n de identidad del Instituto Mora con su vecindad, con ser parte tambi\u00e9n de ese pueblo, municipio y hoy colonia Mixcoac. Est\u00e1n vivos la parroquia de la Asunci\u00f3n de Mar\u00eda o de Santa Mar\u00eda Nonoalco, edificada en el siglo XVI, los restos de la que fuera la Hacienda de Nonoalco, hoy convertida en vecindad, las huellas exteriores de la casa morisca de la familia Serralde, el Parque Hundido en la zona de ladrilleras. Como parte ya del imaginario colectivo, La Casta\u00f1eda, el m\u00edtico hospital que Porfirio D\u00edaz present\u00f3 como una revoluci\u00f3n en la salud mental y seis d\u00e9cadas despu\u00e9s ser\u00eda demolido. Una manera de explicarnos el antes y el despu\u00e9s de las transformaciones de un lugar son las fotograf\u00edas, dibujos y material f\u00edlmico. El trabajo de Lourdes Roca nos ayuda a descifrar y explicar esos cambios de Mixcoac.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Los personajes que habitan el barrio y enorgullecen a sus habitantes generan un halo de admiraci\u00f3n, misterio y mito, que se va transmitiendo por generaciones. Para Mixcoac llevan un mismo apellido: Ireneo Paz, el escritor, periodista, editor y pol\u00e9mico defensor en alg\u00fan tiempo de Porfirio D\u00edaz; Octavio, su hijo, abanderado de la causa zapatista, escritor tambi\u00e9n, pero sobre todo activista social, de muerte tr\u00e1gica y vida desafortunada; y quien seguramente genera mayor reconocimiento, fortalecido por su contemporaneidad, Octavio, el nieto e hijo, poeta y escritor. El Premio Nobel de Literatura dice en un relato que aqu\u00ed reproducimos, que en Mixcoac alguna vez se sinti\u00f3 &#8220;centro del mundo&#8221;. Entre nubes y un cielo azul, descubri\u00f3 el entusiasmo y tal vez la poes\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Justamente lo que podemos sentir cuando nos consideramos parte de un lugar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong><em>Dar\u00edo Fritz<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 33. Un lugar pensado para formar generaciones de profesionales que no pretend\u00eda competir con el molde de lo que otras instituciones ya trabajaban. Un centro que entendiera a la historia como integrada y parte de las ciencias sociales, pero nunca aislada. De investigadores adaptados a esa concepci\u00f3n. Un lugar con una biblioteca sui generis donde el acervo general y su fondo antiguo le dan un toque de exclusividad. Un centro de formaci\u00f3n y conocimiento asentado sobre la que fue la casa de un hombre liberal y \u00fanico, que estableci\u00f3 las bases de la separaci\u00f3n del Estado del poder monacal. La identidad se construye con el tiempo y en ella confluyen historias personales de aspiraciones y utop\u00edas, la herencia de valores y tradiciones, la pertenencia a un territorio. 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