﻿{"id":7780,"date":"2017-03-10T13:09:41","date_gmt":"2017-03-10T19:09:41","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=7780"},"modified":"2026-04-03T00:01:49","modified_gmt":"2026-04-03T06:01:49","slug":"ejercicio-de-memoria-para-un-jardin-imaginado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/ejercicio-de-memoria-para-un-jardin-imaginado\/","title":{"rendered":"Ejercicio de memoria para un jard\u00edn imaginado"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Octavio Paz.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> <span style=\"color: #800000;\">BiCentenario.<\/span> El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 33.<\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\">Octavio Paz recuerda, en una carta, sus tiempos de ni\u00f1o y adolescente por las calles de Mixcoac. Casas del siglo XIX, un r\u00edo f\u00e9tido, visitas con su abuelo Irineo, el tranv\u00eda en el que preparaba sus clases y le\u00eda novelas o tratados de filosof\u00eda, los colegios Williams y LaSalle, el lugar donde supo de la poes\u00eda y el entusiasmo. Ya adulto recorri\u00f3 nuevamente aquellas calles, pero descubri\u00f3 un mundo irremediablemente ajeno.<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>M\u00e9xico, a 9 de mayo de 1989.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Se\u00f1ora Alejandra Moreno Toscano.<\/strong><br \/>\n<strong>Querida Alejandra:<\/strong><\/p>\n<figure id=\"attachment_7783\" aria-describedby=\"caption-attachment-7783\" style=\"width: 436px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-017-R-623x640.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-7783 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-017-R-623x640.jpg\" alt=\"RS-Octavio Paz-017 R (623x640)\" width=\"436\" height=\"448\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-017-R-623x640.jpg 623w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-017-R-623x640-292x300.jpg 292w\" sizes=\"(max-width: 436px) 100vw, 436px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-7783\" class=\"wp-caption-text\">Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>A<\/strong>l final de esta carta encontrar\u00e1s los breves poemas -en realidad, estrofas sueltas- que hubieran podido figurar, a manera de inscripciones, en las puertas y en alg\u00fan muro del peque\u00f1o jard\u00edn que, a iniciativa tuya, las autoridades de la ciudad proyectan trazar en un terreno bald\u00edo del antiguo Mixcoac. Lo llamo antiguo porque esa localidad existe desde la \u00e9poca prehisp\u00e1nica. Yo no nac\u00ed en Mixcoac, pero all\u00e1 viv\u00ed durante toda mi ni\u00f1ez y buena parte de mi juventud, salvo un a\u00f1o y medio que pas\u00e9 en Los \u00c1ngeles (mi padre fue desterrado pol\u00edtico y busc\u00f3 asilo en los Estados Unidos).\u00a0 Apenas ten\u00eda unos doce meses de edad cuando los azares de la revoluci\u00f3n nos obligaron a dejar la ciudad de M\u00e9xico; mi padre se uni\u00f3, en el sur, al movimiento de Zapata, con Antonio D\u00edaz Soto y Gama y otros j\u00f3venes, mientras mi madre se refugi\u00f3, conmigo, en Mixcoac, en la vieja casa de mi abuelo paterno. Llegu\u00e9 en 1914 y no me mov\u00ed de all\u00ed sino hasta 1937, a\u00f1o de mi primera salida de M\u00e9xico: casi un tercio de mi vida. Por esto, cuando me comunicaste tu idea y me pediste mi colaboraci\u00f3n, acept\u00e9 conmovido. Sin embargo, acabo de visitar la ruidosa desolaci\u00f3n que ustedes intentan convertir en un jard\u00edn y regreso desalentado.\u00a0 Mi decepci\u00f3n ante ese <em>terrain vague<\/em> se volvi\u00f3 abatimiento cuando recorr\u00ed la cercana rotonda con la estatua de cemento del Manco de Celaya, rodeada de una maltrecha tribu de fresnos y pinos. Aunque les costar\u00e1 trabajo, tal vez ustedes lograr\u00e1n humanizar un poco ese p\u00e1ramo asolado por el martilleo y el tableteo de los autos. Pero me parece imposible que el futuro jard\u00edn llegue a ser ese reciento tranquilo y un poco apartado que evocan mis versos. Es un lugar condenado al ruido. Adem\u00e1s, te lo confieso, no quiero ser intruso. No s\u00ed si me fui o me echaron: s\u00ed que ya no soy de all\u00ed. Pienso en el barrio que hoy he recorrido y en el de mi ni\u00f1ez y mi adolescencia: \u00bfen qu\u00e9 se parecen? Y me digo: ha sido peor que una destrucci\u00f3n una degradaci\u00f3n.<\/p>\n<figure id=\"attachment_7784\" aria-describedby=\"caption-attachment-7784\" style=\"width: 448px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-003-640x634.jpg\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\" wp-image-7784\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-003-640x634.jpg\" alt=\"RS-Octavio Paz-003 (640x634)\" width=\"448\" height=\"444\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-003-640x634.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-003-640x634-150x150.jpg 150w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-003-640x634-300x297.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/RS-Octavio-Paz-003-640x634-624x618.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 448px) 100vw, 448px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-7784\" class=\"wp-caption-text\">Ricardo Salazar, Octavio Paz, Mixcoac, ca. 1958. IISUE, Fondo Ricardo Salazar Ahumada, UNAM.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La calle de Goya, que es la prolongaci\u00f3n del predio que ustedes quieren transformar en jard\u00edn, se llamaba la calle de las Flores. \u00e1rboles corpulentos y casas severas, un poco tristes.\u00a0 Animaban la soledad de la calle el blanco Colegio de las Teresianas y, a la hora de entrada y salida de las clases, los blancos uniformes de las muchachas. Voces de mujeres y piar de p\u00e1jaros, revoloteo de alas y de faldas. Casi al final, la casa de los G. (hoy es una oficina p\u00fablica). Eran amigos de mi familia y a veces yo acompa\u00f1aba a mi abuelo en sus visitas. Se abr\u00eda el port\u00f3n y entr\u00e1bamos en un vest\u00edbulo amplio y un poco obscuro; nos recib\u00eda un moro de turbante y cimitarra (imposible no pensar en Venecia y el s\u00e9quito de Otelo), en lo alto de la diestra una l\u00e1mpara en forma de antorcha, pero el foco estaba casi siempre fundido- y que se\u00f1alaba el camino. Recuerdo un corredor de altas macetas, flores blancas y rosadas (\u00bfcamelias?), un piso de ladrillo rojo y, separado por una peque\u00f1a balaustrada, un patio con limoneros y naranjos. En la sala de azules desva\u00eddos nos esperaba la due\u00f1a de la casa, una vieja se\u00f1ora acompa\u00f1ada por alg\u00fan pariente. A veces la conversaci\u00f3n se interrump\u00eda por la llegada de Manuelito, un sesent\u00f3n hijo o sobrino de la se\u00f1ora de la casa, en el pecho la banda tricolor. Se acercaba con deferencia a mi abuelo, lo invitaba a la ceremonia de su inminente toma de posesi\u00f3n como Presidente de la Rep\u00fablica y le ped\u00eda consejo\u00a0 sobre la composici\u00f3n de su futuro gabinete.\u00a0 Nadie daba muestras de extra\u00f1eza y al poco tiempo la conversaci\u00f3n continuaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La calle de las Flores era digna sin ostentaci\u00f3n. Su vecina, la calle de la Campana, era ancha y como ufana de su prestancia. No hab\u00eda sido trazada a cordel y avanzaba entre curvas y rodeos, no porque titubease o estuviese insegura de su direcci\u00f3n sino porque quer\u00eda recorrerse paso a paso para contemplarse mejor. Era la mejor calle de Mixcoac. Casas s\u00f3lidas de comienzos del siglo XIX<\/span><span data-contrast=\"auto\">. Muchas ten\u00edan ventanas de cuerpo entero, rejas a la andaluza, visillos blancos y persianas de madera. Desde la calle se vislumbraban habitaciones altas,\u00a0solitarias y en penumbras. Reserva hispano\u00e1rabe: la verdadera vida bull\u00eda en el interior de la casa. Muros fuertes de color ocre, jardines espaciosos y sombr\u00edos, vuelos de muchos p\u00e1jaros, los ladridos de alg\u00fan perro de raza y sobre las altas tapias el oc\u00e9ano ondulante de los follajes. Cielos\u00a0azules, verdes intensos y la blancura luminosa de las nubes. La calle de la Campana se un\u00eda, al final, con el r\u00edo Mixcoac. Un puentecillo de piedra, ni\u00f1os harapientos y perros flacos. El r\u00edo era un hilo de agua negruzca y f\u00e9tida, un arroyo seco la mitad del a\u00f1o. Lo redim\u00edan los eucaliptos de sus orillas. A\u00f1os despu\u00e9s lo cegaron y derribaron aquellos arboles venerables.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La calle de la Campana y el r\u00edo desembocaban en la estaci\u00f3n de los tranv\u00edas. Una explanada sin\u00a0car\u00e1cter\u00a0pero, de nuevo, redimida por los \u00e1rboles. De Tacubaya a Mixcoac los trenes corr\u00edan sobre un terrapl\u00e9n. Las dos v\u00edas estaban bordeadas por dos hileras de altos fresnos, un t\u00fanel verde, iluminado en la noche por las chispas el\u00e9ctricas de los troles. Los tranv\u00edas eran enormes, c\u00f3modos y amarillos. Los de segunda clase ol\u00edan a verduras y frutas; los agricultores transportaban en huacales sus mercanc\u00edas a San Juan y a La Merced. Los tranv\u00edas iban, hacia el norte, a M\u00e9xico y, hacia el sur, a San \u00c1ngel y el remoto Tizap\u00e1n de resonancias zapatistas. Tardaban 50 minutos de Mixcoac al Z\u00f3calo. Mientras fui estudiante \u2013 m\u00e1s de diez a\u00f1os- viaj\u00e9 en esos tranv\u00edas cuatro veces al d\u00eda: en ellos prepar\u00e9 mis clases y le\u00ed novelas, poemas, tratados de filosof\u00eda y folletos pol\u00edticos. En la estaci\u00f3n hab\u00eda un puesto de peri\u00f3dicos, algunos comercios y una cantina. Nos prohib\u00edan la entrada a los menores y yo escuchaba, desde la puerta, las risotadas y el ruido de las fichas de domin\u00f3 al rodar por las mesas. Cerca, una panader\u00eda\u00a0albeante\u00a0y, entrevistas un instante entre una puerta y un\u00a0mostrador, las\u00a0albeantes\u00a0hijas del panadero asturiano. Eran pan, manzanas y queso en un mantel sobre un prado: nostalgia de la sidra, la gaita y el tambor. Al otro lado de la explanada, el edificio del mercado, algarab\u00eda de colores y voces, confusi\u00f3n mareante de olores y sudores. Bajo el gran sol del\u00a0antiplano\u00a0fermentan los hombres, las substancias, las pasiones, los siglos. Pero, al doblar la esquina, \u00a1ah, la nieve de lim\u00f3n!<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Cerca de la estaci\u00f3n de los tranv\u00edas estaba la escuela primaria oficial para varones (todav\u00eda existe). Una construcci\u00f3n digna, un poco triste, de muros espesos y grandes ventanales.\u00a0Desarbolada\u00a0pero con buenas canchas de basquetbol. Yo era aficionado a ese juego y por esto trab\u00e9 amistad con muchachos de esa escuela. En aquella \u00e9poca, al contrario de lo que ocurre ahora, las instituciones educativas del gobierno gozaban de gran prestigio y aquel colegio rivalizaba con los dos privados, el franc\u00e9s de los hermanos de Lasalle (El Zacatito) y el Williams, ingl\u00e9s. Su director, un profesor Santamar\u00eda, era nuestro vecino. Excelente persona y buen maestro. Cuando estudiaba el tercer a\u00f1o de secundaria tuve dificultades con la F\u00edsica, tom\u00e9 lecciones particulares con \u00e9l y sal\u00ed airoso del examen. Es notable\u00a0que\u00a0en un per\u00edmetro relativamente peque\u00f1o, limitado por lo que hoy son las\u00a0avenidas Revoluci\u00f3n e Insurgentes, la Calzada de San Antonio y la Plaza de Mixcoac,\u00a0hubiesen\u00a0seis escuelas, tres de varones y tres de ni\u00f1as, dos del gobierno, dos privadas cat\u00f3licas y dos privadas laicas.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Hacia Tacubaya, por la v\u00eda del tren, unos 1 000 metros m\u00e1s delante de la escuela oficial, se llegaba a las soberbias villas de ladrillo rojo de los Limantour, inesperada aparici\u00f3n de la campi\u00f1a inglesa en la meseta mexicana. Esas residencias se hab\u00edan transformado en\u00a0colegios: el Williams de varones y el Bartin de se\u00f1oritas. En el Williams termin\u00e9 la primaria. Los profesores eran ingleses y mexicanos. Se cultivaba el\u00a0cuerpo\u00a0pero con energ\u00eda y combate. Una educaci\u00f3n destinada a producir inteligentes y activos animales de presa. Se exaltaban las virtudes viriles: la tenacidad, el valor, la lealtad y la agresividad. Mucha aritm\u00e9tica, geometr\u00eda y\u00a0geograf\u00eda\u00a0aunque sin descuidar al lenguaje. No las reglas ni la teor\u00eda: la pr\u00e1ctica. Nos ense\u00f1aban a usarlo como un utensilio o un arma, una prolongaci\u00f3n de la mano. Paradojas de la moral inglesa: goz\u00e1bamos de gran\u00a0libertad\u00a0pero hab\u00eda un calabozo para los reincidentes y los castigos f\u00edsicos no eran desconocidos. \u00bfCu\u00e1l era la religi\u00f3n del colegio? La familia Williams era anglicana, algunos de los profesores eran quiz\u00e1 cat\u00f3licos y otros protestantes (nunca lo supimos a ciencia cierta) pero lo que predominaba era un vago de\u00edsmo. En El Zacatito las creencias eran un asunto de la comunidad; en el Williams a\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">private\u00a0opinion<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">. El edificio era\u00a0hermoso\u00a0aunque mal adaptado a las necesidades del colegio (a la inversa de El Zacatito). Por ejemplo, mi sal\u00f3n de clases estaba en lo que hab\u00edan sido las caballerizas. La entrada era palaciega: un parque de amplias y elegantes proporciones, muchos \u00e1rboles y, en el centro, una fuente. El conjunto era fr\u00edo y correcto. El pabell\u00f3n principal, en donde estaban las oficinas, el comedor de los alumnos y el de los profesores, la sala de visitas y el sal\u00f3n de actos, era una interpretaci\u00f3n fantasiosa, pero agradable, del estilo Tudor. El colegio ten\u00eda campos de futbol y beisbol, duchas de agua helada y una sala de debates para los alumnos mayores. Estoicismo y democracia: el chorro de agua fr\u00eda y la discusi\u00f3n en el \u00e1gora. En el colegio Williams me inici\u00e9 (sin saberlo) en el m\u00e9todo inductivo, aprend\u00ed ingl\u00e9s y un poco\u00a0de\u00a0boxeo\u00a0pero, sobre todo, el arte de trepar por los \u00e1rboles y el arte de quedarme solo, en una horqueta, escuchando a los p\u00e1jaros. Cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde descubr\u00ed, leyendo\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">The\u00a0Prelude<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, que Wordsworth hab\u00eda tenido experiencias semejantes en su ni\u00f1ez. Quiz\u00e1 la verdadera imaginaci\u00f3n, a diferencia de la fantas\u00eda, consiste en ver la realidad de todos los d\u00edas \u2013con los ojos del primer d\u00eda.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Adelante del Colegio Williams y siguiendo siempre la v\u00eda del tren, se llegaba a una extra\u00f1a construcci\u00f3n morisca. \u00a1La Alhambra en Mixcoac! Parec\u00eda transportada por uno de los genios de los cuentos \u00e1rabes. Aquella fantas\u00eda sarracena ten\u00eda un jard\u00edn frondoso y accidentado por el\u00a0que corr\u00eda, entre t\u00faneles, monta\u00f1as, lagos y precipicios, un ferrocarril el\u00e9ctrico que nos maravillaba. La casa morisca del licenciado Serralde ha sobrevivido a las injurias del progreso y todav\u00eda est\u00e1 en pie, aunque sus techos se han derrumbado y se ha ca\u00eddo una parte de la ornamentaci\u00f3n \u00e1rabe de los muros. (Creo que el t\u00e9rmino es\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">ataurique<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">.) El jard\u00edn es ahora un supermercado. Al lado de la mansi\u00f3n mud\u00e9jar, la cueva de los prodigios: cada jueves, d\u00eda de asueto, abr\u00eda sus puertas el cine y durante tres horas, con mis\u00a0primos y primas, me re\u00eda con Delgadillo y saltaba con \u00e9l desde un rascacielos, cabalgaba con Douglas Fairbanks, raptaba a la voluptuosa hija del sult\u00e1n de Bagdad y lloraba con la hu\u00e9rfana de la aldea. Pasaron unos a\u00f1os y el ritmo cambi\u00f3 de d\u00eda, lugar y divinidades: cumpl\u00ed 15 a\u00f1os y cada domingo,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">en grande<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">tenue de\u00a0soupirant<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, como dice Nerval, me presentaba en el Cine Jard\u00edn, no para cortejar a una Jenny Col\u00f3n de carne sino a unos bellos pero impalpables fantasmas.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Hacia abajo y por la misma calle estaba la Plazuela de San Juan. Frente a frente una iglesia diminuta del siglo XVII<\/span><span data-contrast=\"auto\">\u00a0y dos casas\u00a0grandes. Una era de los G\u00f3mez Far\u00edas, una construcci\u00f3n de fines del siglo XVII<\/span><span data-contrast=\"auto\">, vasta y de noble fachada; la otra casa era la de mi abuelo, afrancesada como toda la arquitectura mexicana de principios de siglo. Dos portales, un tendej\u00f3n, una pulquer\u00eda y, en la plaza, los infaltables y gigantescos fresnos. \u00a1Qu\u00e9 peque\u00f1a se ve\u00eda la iglesia! Yo miraba con asombro sus cortezas rugosas y los tocaba con manos incr\u00e9dulas: parec\u00eda de piedra. Eran tiempo petrificado pero que reverdec\u00eda en sus follajes. (\u00bfPor qu\u00e9 L\u00f3pez Velarde llam\u00f3 \u201corondas\u201d a esas copas cantantes?) En el sombr\u00edo jard\u00edn de nuestros vecinos, entre pinos, cedros y rosales, se levantaba un peque\u00f1o monumento \u2013cubierto por una madreselva. Era la tumba de don Valent\u00edn G\u00f3mez Far\u00edas, pr\u00f3cer jacobino y autor de las primeras leyes en contra de la Iglesia. Por la violencia de sus opiniones anticlericales, la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica le hab\u00eda negado sepultura en el peque\u00f1o cementerio de la vecina parroquia. La familia hab\u00eda decidido enterrarlo en el jard\u00edn de su casa y aunque todo esto hab\u00eda ocurrido un siglo antes, sus descendientes no hab\u00edan movido sus restos, tal vez por fidelidad a su memoria. Las malas lenguas dec\u00edan que guardaban la calavera en una alacena. Visit\u00e9 muchas veces esa\u00a0casa\u00a0pero nunca pude descubrir la misteriosa alacena.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La Plazuela de San Juan colindaba con unos llanos amarillentos, en los que sesteaban vacas ab\u00falicas, burros resignados y mulas ind\u00f3mitas. Yo intent\u00e9 montar una y fui ignominiosamente derribado y coceado. Hab\u00eda unos hoyos inmensos: Las \u201cladrilleras\u201d, excavaciones hechas para extraer tierra y fabricar adobes. Las habitaban tribus de cavern\u00edcolas que nos produc\u00edan terror. En realidad, eran trabajadores que viv\u00edan en aquellas hondonadas. Hoy las \u201cladrilleras\u201d son un hermoso parque que\u00a0lleva el nombre de un poeta delicado: Luis Urbina.\u00a0Fue dise\u00f1ado, si no me equivoco, por\u00a0japoneses\u00a0pero ahora lo han recargado in\u00fatilmente con reproducciones del arte prehisp\u00e1nico. Nupcias funestas de la man\u00eda did\u00e1ctica y del furor nacionalista. M\u00e1s all\u00e1, atravesando la calzada de Insurgentes, la gr\u00e1cil capilla de San Lorenzo \u2013m\u00e1s para gorriones que para seres humanos\u2013 rodeada de las casas de los artesanos del barrio. Sobresal\u00edan los coheteros, poetas de los fuegos de artificio. Yo ve\u00eda al maestro Pereira y a sus aprendices como a genios due\u00f1os del secreto de la transformaci\u00f3n del fuego en colores, formas y figuras danzantes.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Frente a los llanos, all\u00ed donde terminaban las casas y comenzaban las \u201cladrilleras\u201d, viv\u00edan Ifigenia y\u00a0Elodio. Su casa, peque\u00f1\u00edsima y casi colgada sobre una de las enormes hondonadas, era de adobe. El piso era de tierra. Pintada de azul y blanco, la rodeaba una cerca de magueyes y nopales espinosos. Ten\u00eda un patio; en el patio, un poco de agua potable y un pir\u00fa perennemente verde, rumoroso en los d\u00edas de viento. En un costado, en unos cuantos metros, ondeaba un campo de ma\u00edz. Elodia e Ifigenia ven\u00edan de las profundidades del Ajusco, la gran monta\u00f1a que domina el sur del valle de M\u00e9xico. Los dos volcanes son blancos y azules; el Ajusco es obscuro y rojizo: los dos ten\u00edan el color de su monta\u00f1a. Indios viejos, hablaban todav\u00eda nahua y su espa\u00f1ol, salpicado de aztequismos y diminutivos, era dulce y cantante. Hac\u00eda muchos a\u00f1os, \u00e9l hab\u00eda sido jardinero de mis abuelos y ella hab\u00eda dejado en nuestra casa una leyenda de cuentos y prodigios. Yo los ve\u00eda como familia y ellos, que no hab\u00edan tenido hijos, me trataban como a un nieto adoptivo.\u00a0Elodio\u00a0ten\u00eda una pierna de palo, como los piratas de los cuentos. Era reservado y cort\u00e9s \u2013salvo durante sus estrepitosas borracheras\u2013 y me ense\u00f1\u00f3 a lanzar piedras con una honda. Con ella combat\u00ed en algunas\u00a0furiosas batallas infantiles. Tambi\u00e9n tiraba contra los p\u00e1jaros; por fortuna nunca he tenido buena punter\u00eda. Ifigenia era lo contrario de su marido. Arrugada, sentenciosa, vivaz, ni\u00f1a vieja con un saber de siglos, fuente manando siempre maravillas, m\u00e1s que una abuela era una leyenda andante, un personaje de uno de\u00a0sus cuentos. Era bruja y curandera, me contaba historias, me regalaba amuletos y escapularios, me hac\u00eda salmodiar conjuros contra los diablos, los fantasmas, las enfermedades, las malas ideas. Yo fui el \u00faltimo de sus protegidos; por su casa hab\u00edan pasado antes mis\u00a0primos y primas, mayores que yo. Ifigenia me inici\u00f3\u00a0en los misterios del\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">temascal<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, el tradicional ba\u00f1o turco y al\u00a0sauna fin\u00e9s. Pero el temascal no era s\u00f3lo una pr\u00e1ctica higi\u00e9nica y un placer corporal: era un rito de comunicaci\u00f3n con el agua, el fuego y las criaturas incorp\u00f3reas que engendran los vapores. Ifigenia me ense\u00f1\u00f3 a frotarme con un \u201czacate\u201d y con hierbas que ella cultivaba. Dec\u00eda que el\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">temascal<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0no era un ba\u00f1o sino un renacimiento. Y era verdad: al salir del ba\u00f1o yo sent\u00eda que regresaba de un largo viaje al comienzo del tiempo. Viaje inm\u00f3vil, con los ojos cerrados pero\u00a0despiertos los sentidos y el esp\u00edritu.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Ifigenia me abri\u00f3 las puertas del mundo indio, celosamente cerradas por la educaci\u00f3n moderna. \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n ten\u00eda lo que ella me revel\u00f3 con lo que me ense\u00f1aban en El Zacatito y despu\u00e9s en el Colegio Williams? S\u00f3lo a\u00f1os m\u00e1s tarde descubr\u00ed que su nombre no era el de una divinidad azteca sino el de una desventurada muchacha griega. Adem\u00e1s de este contacto directo con la tradici\u00f3n india todav\u00eda viva, tuve otros con su historia y con su pasado. En la biblioteca de mi abuelo hojeaba embelesado muchos libros de historia antigua de M\u00e9xico, casi todos abundantemente ilustrados. No tard\u00e9 en encontrar, en Mixcoac\u00a0mismo, una de las estampas de los libros de mi abuelo. Una ma\u00f1ana de asueto, durante un paseo con mis primas y primos, por las afueras del pueblo, tropezamos con un mont\u00edculo que nos pareci\u00f3 ser una diminuta pir\u00e1mide. Regresamos alborozados y contamos nuestro hallazgo a los mayores. Sonrientes, movieron la cabeza: creyeron que se trataba de otra invenci\u00f3n de Mar\u00eda Luisa, una de mis primas, que hab\u00eda creado toda una mitolog\u00eda con unos seres misteriosos, no m\u00e1s grandes que las hormigas y que, seg\u00fan ella, habitaban en el interior del tronco y de las ramas de una higuera. Sin embargo, a los pocos d\u00edas nos visit\u00f3 el arque\u00f3logo Manuel Gamio, uno de los fundadores de la moderna antropolog\u00eda mexicana y amigo antiguo de nuestra familia. Oy\u00f3 sin inmutarse nuestro relato y esa misma tarde lo guiamos hacia el sitio de nuestro descubrimiento. Al ver el mont\u00edculo \u2013despu\u00e9s ha sido identificado y reconstruido\u2013 nos explic\u00f3 que probablemente era un santuario consagrado a\u00a0Mixcoatl, la divinidad que dio nombre a nuestro pueblo antes de la conquista.\u00a0Mixcoatl\u00a0es un dios celeste y guerrero; aparece en los c\u00f3dices con el cuerpo pintado de azul obscuro con puntos blancos (las estrellas) y un antifaz negro: la faz del cielo nocturno.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La calle de San Juan era tambi\u00e9n ancha y sinuosa, como la de la Campana.\u00a0Adem\u00e1s\u00a0era interminable. No ten\u00eda la melancol\u00eda de las Flores ni el se\u00f1or\u00edo de la Campana. En cambio, era familiar sin vulgaridad, reservada sin hosquedad, modesta sin afectaci\u00f3n. Me recordaba a mi madre, que me dec\u00eda: procura ser modesto, ya que no humilde. La humildad es de santos, la modestia de gente bien nacida. De trecho en trecho, para aliviar el camino, hab\u00edan plantado, como si fuesen las de centinelas inm\u00f3viles, grupos de \u201ctruenos\u201d. Me encantaban esos\u00a0arbolillos\u00a0aunque no acertaba a\u00a0descubrir su relaci\u00f3n con los truenos que me estremec\u00edan en las noches de temporal. Uno de mis profesores en el colegio de El Zacatito, el hermano Antoine, me aclaro: no son truenos sino\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">tro\u00e8nes<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">. En franc\u00e9s, unos arbustos. \u00a1Ah! Respond\u00ed aturullado. Esa tarde busqu\u00e9 en el diccionario franc\u00e9s-espa\u00f1ol el significado de\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">tro\u00e8ne<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">: alhe\u00f1a. Ante esa palabra \u00e1rabe mi confusi\u00f3n fue mayor. Segu\u00ed buscando y encontr\u00e9 otro enigma, ahora latino: ligustro. Pero \u00bfqu\u00e9 es ligustro?\u00a0Alhe\u00f1a. \u00bfY qu\u00e9 es alhe\u00f1a? Ligustro. Perversidad de los diccionarios: las definiciones circulares. La calle de San Juan, como todas las Mixcoac, estaba empedrada. Los a\u00f1os, las inclemencias naturales y la incuria municipal hab\u00edan da\u00f1ado el pavimento. En la temporada de lluvias la calle se volv\u00eda un riachuelo impetuoso. En las tardes, a la salida del colegio, nos quit\u00e1bamos los zapatos para chapotear en el agua lodosa. En septiembre, cuando disminuyen las lluvias, los charcos eran numerosos. Yo ve\u00eda las nubes navegar pausadamente sobre el agua estancada. A veces, precedidos por unas burbujas, aparec\u00edan diminutos batracios. En la estaci\u00f3n seca la tierra era fina y de color ocre. Las canicas trazaban sobre el suelo geometr\u00edas fant\u00e1sticas y los trompos dibujaban vertiginosas espirales.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">San Juan desembocaba en la Plaza J\u00e1uregui, el coraz\u00f3n de Mixcoac. Primero, el p\u00f3rtico de columnas cuadradas del decimon\u00f3nico colegio de ni\u00f1as Enrique Olavarr\u00eda y Ferrari. (En la biblioteca de mi abuelo se guardaban los tres ponderosos tomos de su\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Historia del teatro en M\u00e9xico<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, en pastas rojas.) Como si hojease un libro de estampas, aparecen ante m\u00ed las im\u00e1genes. En el centro, el kiosco, las bancas de fierro pintadas de verde, los senderillos entre los prados, por donde paseaban las muchachas y los muchachos a la salida de misa o en las noches de fiesta, el corro de los fresnos y el\u00a0c\u00edrculo, m\u00e1s \u00edntimo, de los pinos. El Palacio Municipal (hoy Casa de la Cultura), tambi\u00e9n del siglo XIX<\/span><span data-contrast=\"auto\">, edificio sobrio, espacioso y de grandes balcones. Desde all\u00ed el alcalde, cada 15 de septiembre, hac\u00eda ondear la bandera y vitoreaba a Hidalgo y a los otros h\u00e9roes. (Entre las dos plazas se distribu\u00edan los grandes festejos: en la de San Juan se celebraba el d\u00eda de la Virgen de Guadalupe y en la J\u00e1uregui la Independencia.) Enfrente del Palacio Municipal hay una construcci\u00f3n rojiza del siglo XVIII<\/span><span data-contrast=\"auto\">. Tiene un patio noble, arcadas robustas y una capilla barroca. Hoy es una universidad privada; en aquellos a\u00f1os la hab\u00edan dividido en viviendas y en una de ellas viv\u00eda mi t\u00eda Victoria, casi centenaria, devota y siempre suspirando por su Guadalajara y por \u201caquellos paseos en el Parque de Agua Azul\u201d. Al o\u00edr aquel nombre yo ve\u00eda abrirse las nubes y brotar cascadas de agua celeste. En el extremo oriental, un poco escondido por los \u00e1rboles del atrio, blanco como un inmenso palomar, el convento de Santo Domingo. Es hermoso y contemplarlo al atardecer serena el \u00e1nimo. A la desaparici\u00f3n de las \u00f3rdenes religiosas, se hab\u00eda convertido en la parroquia de Mixcoac. Durante el mes de mayo, a la entrada del atrio, esper\u00e1bamos a las muchachas que iban a ofrecer flores a la Virgen: nardos, azucenas, lirios. A un lado del Palacio Municipal hab\u00eda varias casas de adustos portones, rejas y jardines. En la fachada de una de ellas hab\u00eda una placa en la que se dec\u00eda que all\u00ed Lizardi hab\u00eda escrito\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">El Periquillo<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, la primera novela mexicana.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Ya fuera de la Plaza en la calle de\u00a0Actipan, se encontraba la vieja hacienda de El Zacatito, transformada por los hermanos de la orden de Lasalle en un colegio. Un edificio grande, con un patio de pesadas columnas rectangulares, espaciosos salones, una capilla con un coro (famoso entre los entendidos) y las habitaciones\u00a0de los hermanos. En todos los muros, crucifijos y estampas sagradas \u2013<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">imagerie\u00a0sulpiciennne<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">. Sin embargo, el edificio evocaba, m\u00e1s que a la piedad, a la utilidad. No la gracia sino la raz\u00f3n pr\u00e1ctica. Sus proporciones y su disposici\u00f3n pod\u00edan compararse a una proposici\u00f3n racional, destinada no a despertar inquietudes sino a confirmar las creencias y las convicciones.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Pero sin nostalgias ni complacencias: era un colegio decididamente moderno y decidido a ense\u00f1arnos a navegar en las agitadas aguas del naciente siglo XX<\/span><span data-contrast=\"auto\">. Campos de futbol, el juego favorito (en el Williams reinaba el b\u00e9isbol) y una extensa huerta en la que los hermanos cultivaban con arte y eficiencia muchas legumbres. Sin descuidar a las ciencias y a los conocimientos \u00fatiles, nuestros maestros subrayaban la ense\u00f1anza del lenguaje y la gram\u00e1tica. El lenguaje claro, dec\u00edan, ayuda a pensar. M\u00e1s exactamente:\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">nos obliga<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0a pensar. Los libros de lectura eran\u00a0excelentes\u00a0aunque expurgados de herej\u00edas liberales y limpios de molicie y sensualidad, aun la m\u00e1s inocente. Desde la contrarreforma, el combate de la Iglesia contra el cuerpo no ha sido menos despiadado que su lucha contra las heterodoxias\u2026 En El Zacatito estudi\u00e9 los cuatro primeros a\u00f1os de la primaria, aprend\u00ed (y muy bien) los rudimentos de la gram\u00e1tica, la aritm\u00e9tica, la geograf\u00eda, la historia de M\u00e9xico (menos bien) y la historia sagrada. Debo decirlo: la historia sagrada era (es) prodigiosa, incluso en las versiones endulzadas del hermano Charles y del hermano Antoine. En la capilla me aburr\u00eda durante las misas interminables.\u00a0Para escapar del suplicio de ese ocio obligado y de la dureza de las bancas, me di a urdir fantas\u00edas y quimeras licenciosas. As\u00ed descubr\u00ed el pecado y tembl\u00e9 ante la idea de la muerte. En los campos jugu\u00e9 futbol, tuve peleas, sufr\u00ed castigos (horas y horas frente a una pared) y, en los juegos y travesuras con mis amigos y compa\u00f1eros, di los primeros pasos en ese camino que recorremos todos los hombres: unos corredores del tiempo y de la historia. Una tarde, al salir corriendo del colegio, me detuve de pronto; me sent\u00ed en el centro del mundo. Alc\u00e9 los ojos y vi, entre dos nubes, un cielo azul abierto, indescifrable, infinito. No supe qu\u00e9 decir: conoc\u00ed el entusiasmo y, tal vez, la poes\u00eda.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Perd\u00f3n por esta expansi\u00f3n tan larga, sentimental y rid\u00edcula.\u00a0Pero,\u00a0\u00bfqu\u00e9 tiene que ver lo que te he contado con lo que vi ayer? Todo es ya otro mundo irremediablemente ajeno. Mixcoac se ha vuelto una palabra que designa una realidad que no reconozco ni me reconoce. No tengo m\u00e1s remedio que decirte, aunque me da mucha pena, que no podr\u00e9 colaborar en tu proyecto. P\u00eddeme que participe en alg\u00fan otro y en otro\u00a0sitio: no en Mixcoac y menos en ese barrio. Acept\u00e9, al principio, por venir de ti, una persona a la que aprecio doblemente: por sus m\u00e9ritos propios y por ser sangre de mis amigos entra\u00f1ables: Carmen, Manuel, Salvador. Enseguida, porque creo que vale la pena colaborar con ustedes en esa empresa por humanizar a nuestra ciudad. Ojal\u00e1 que pronto se me ofrezca la ocasi\u00f3n de trabajar contigo en alg\u00fan otro proyecto.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"none\">EXTRA\u00cdDO DEL TEXTO<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245418&quot;:true,&quot;134245529&quot;:true,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/h3>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"1\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Octavio Paz<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">, Estrofas para un jard\u00edn imaginado (ejercicio de memoria)<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">\u00a0en\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Vuelta<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, n\u00famero 153, agosto de 1989. 1998 \u00a9Marie\u00a0Jose\u00a0Tramini\u00a0de Paz, heredera de Octavio Paz.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Octavio Paz. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 33. Octavio Paz recuerda, en una carta, sus tiempos de ni\u00f1o y adolescente por las calles de Mixcoac. Casas del siglo XIX, un r\u00edo f\u00e9tido, visitas con su abuelo Irineo, el tranv\u00eda en el que preparaba sus clases y le\u00eda novelas o tratados de filosof\u00eda, los colegios Williams y LaSalle, el lugar donde supo de la poes\u00eda y el entusiasmo. Ya adulto recorri\u00f3 nuevamente aquellas calles, pero descubri\u00f3 un mundo irremediablemente ajeno. M\u00e9xico, a 9 de mayo de 1989. Se\u00f1ora Alejandra Moreno Toscano. Querida Alejandra: Al final de esta carta encontrar\u00e1s los breves poemas -en realidad, estrofas sueltas- que hubieran podido figurar, a manera de inscripciones, en las puertas y en alg\u00fan muro del peque\u00f1o jard\u00edn que, a iniciativa tuya, las autoridades de la ciudad proyectan trazar en un terreno bald\u00edo del antiguo Mixcoac. Lo llamo antiguo porque<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[21,773],"tags":[718,722],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7780"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7780"}],"version-history":[{"count":17,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7780\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":23562,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7780\/revisions\/23562"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7780"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7780"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7780"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}