﻿{"id":7470,"date":"2016-12-06T15:23:03","date_gmt":"2016-12-06T21:23:03","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=7470"},"modified":"2026-06-16T00:52:35","modified_gmt":"2026-06-16T06:52:35","slug":"sedentarismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/sedentarismo\/","title":{"rendered":"Sedentarismo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dar\u00edo Fritz.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 32.<\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<figure id=\"attachment_24330\" aria-describedby=\"caption-attachment-24330\" style=\"width: 572px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-24330\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/BiC_32_10.jpg\" alt=\"\" width=\"572\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/BiC_32_10.jpg 572w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/BiC_32_10-215x300.jpg 215w\" sizes=\"(max-width: 572px) 100vw, 572px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24330\" class=\"wp-caption-text\">Hombres observan a gimnasta levantar una pesa con una mano, 1909. Fondo Casasola, n\u00fam. inv. 111557, SINAFO<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas las profesiones se asocian a los cinco sentidos. Pero en algunas se fortalecen m\u00e1s. El olfato en el pol\u00edtico, el gusto en el <em>sommelier<\/em>, el tacto en el masajista, la vista en el guardaespaldas, el o\u00eddo en el adulador. Hay profesiones atribuibles a las manos, como la de los artesanos, o a los pies en el caso de los desaparecidos pisadores de uvas. A los brazos en el campesino. Est\u00e1n las del sexto sentido, si es que eso existe: espiritistas, tarotistas, chamanes o apostadores. Profesionales de la suerte como los alpinistas, de la muerte como los taxidermistas o de la vida como los param\u00e9dicos. Y hay tambi\u00e9n profesiones asociadas al sedentarismo. Qu\u00e9 pod\u00edan hacer ante eso empleados de comercio como los de la imagen si pretend\u00edan combatir la rutina detr\u00e1s de un escritorio haciendo c\u00e1lculos, revisando estados bancarios, haberes y deberes, o atendiendo a sus clientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los empleados de la foto rompieron la rutina cierto domingo de 1909 para admirar la musculatura del especialista en lucha grecorromana. Sin abandonar el saco, la corbata, el sombrero ni el zapato de charol de la semana, &#8220;la elegancia no siempre se relaciona con la practicidad&#8221;, sacaban boleto para echar el ojo en las luchitas que se daban en los desaparecidos jardines del T\u00edvoli del Eliseo, donde en la actualidad se cruzan Insurgentes y Puente de Alvarado. La asistencia a las luchas era todo un acontecimiento en tiempos de \u00e9lites porfirianas y tambi\u00e9n un servicio de la Sociedad Mutualista de Empleados de Comercio para sus agremiados, que alentaba a disfrutar del espect\u00e1culo, pero escasamente a su pr\u00e1ctica en momentos en los que hacer deportes era cosa de <em>rara avis.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De todos modos, los espectadores no parecen muy emocionados por el concentrado luchador que hace gala de fuertes b\u00edceps, su pantal\u00f3n de malla ajustado con cintur\u00f3n de cuero, borcegu\u00edes y una axila devoradora de desodorante. Eran los comienzos de un deporte obviamente <em>amateur<\/em> en el pa\u00eds, que no estaba a\u00fan para olimpiadas ni para plantarle cara al m\u00e1s benjam\u00edn de los luchadores japoneses de sumo. Seg\u00fan las expresiones de los parcos integrantes del p\u00fablico, no parece que aquello de levantar 125 libras (casi 57 kilos) sea lo suyo. Su pasi\u00f3n estaba por otro lado. Nada que los asociara con la &#8220;vuelta de cadera&#8221;, la &#8220;cabeza a tierra&#8221; o el &#8220;puente&#8221;, como se conoc\u00edan algunas de las t\u00e9cnicas de la lucha grecorromana. S\u00f3lo el joven semiga\u00f1apado parece tomarse en serio la demostraci\u00f3n. Al menos para salvar el pellejo ante una eventual debacle del luchador.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz. En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 32. Todas las profesiones se asocian a los cinco sentidos. Pero en algunas se fortalecen m\u00e1s. El olfato en el pol\u00edtico, el gusto en el sommelier, el tacto en el masajista, la vista en el guardaespaldas, el o\u00eddo en el adulador. Hay profesiones atribuibles a las manos, como la de los artesanos, o a los pies en el caso de los desaparecidos pisadores de uvas. A los brazos en el campesino. 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