﻿{"id":6920,"date":"2016-06-21T13:44:30","date_gmt":"2016-06-21T18:44:30","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6920"},"modified":"2026-06-01T01:36:12","modified_gmt":"2026-06-01T07:36:12","slug":"balneario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/balneario\/","title":{"rendered":"Balneario"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4><strong><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xic<\/em>o, n\u00fam. 29-30.<\/span><\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: center;\"><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<figure id=\"attachment_24108\" aria-describedby=\"caption-attachment-24108\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24108\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_036.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"492\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_036.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_036-300x185.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/BiC_29-30_036-768x472.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24108\" class=\"wp-caption-text\">William Henry Jackson, Ba\u00f1os de aguas termales IV, Aguascalientes, ca. 1888. Library of Congress<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eso de ba\u00f1arse se agradece. Sana heridas, purifica el esp\u00edritu, recupera energ\u00edas, elimina tensiones y, sobre todo, no aleja amistades ni obliga a tapar los orificios de la nariz cuando el vaho que dejamos sabe a fragan\u00adcias de El Cairo, un viejo dicho ya demod\u00e9 que daba cuenta de la mala fama de las calles en la antigua capital de los faraones. Estos hombres y mujeres de la imagen se refrescan del fuerte calor de la temporada estival de Aguascalientes en una acequia de aguas termales, la as\u00adpiraci\u00f3n m\u00ednima que pod\u00edan tener los menos agraciados por el desarrollo econ\u00f3mico en 1888, cuando fue tomada la foto. El estadounidense William Henry Jackson, un amante de la naturaleza, incluso en pinturas, lo retrat\u00f3 junto a otras estampas urbanas de entonces. No pod\u00edan nadar all\u00ed, claro est\u00e1, en esa larga y estrecha hendidura de la tierra que serpenteaba a los alrededores del bal\u00adneario <em>Los Arquitos<\/em>, boyante en aquellos tiempos para los sectores pudientes y en la actualidad recuperado como centro cultural.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El agua del manantial que pasaba por las acequias para distribuirse entre <i>los mil huertos urbanos<\/i>, seg\u00fan una narraci\u00f3n de la \u00e9poca, reblandec\u00eda los cuerpos de las pieles \u00e1ridas por el trabajo rudo y limpiaba las ro\u00adpas ajadas de un sector numeroso de la poblaci\u00f3n para la cual la modernidad del grifo en sus viviendas estaba a\u00fan muy lejana. Mientras los m\u00e1s intr\u00e9pidos o menos t\u00edmidos disfrutaban, afuera algunas mujeres, como se ve en las dos ind\u00edgenas ataviadas <i>de cabo a rabo<\/i>, quiz\u00e1 espantadas por la escena de los cuerpos semidesnudos y mojados, esperaban turno para lavar sus humildes telas y usar los \u00e1rboles cercanos como tendedero. All\u00ed, los ba\u00f1istas se pod\u00edan tomar el tiempo que quisieran..<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nadie los iba a perseguir con cron\u00f3metro en mano, a excepci\u00f3n de las se\u00f1oras lavanderas que quisieran apurar el regreso a casa con la tarea hecha. Cerca de all\u00ed, los m\u00e1s pudientes y que s\u00f3lo asist\u00edan al balneario, apenas pod\u00edan estar en las aguas termales <i>40 minutos<\/i>, seg\u00fan precisaba un letrero de entonces. Para diferenciar claramente quienes ten\u00edan acceso a balneario y acequias, otro anuncio establec\u00eda: <i>El agua de estos ba\u00f1os viene direc\u00adtamente de su manantial por acueducto cerrado. La acequia abierta no surte estos ba\u00f1os<\/i>. No fuera a ser que hubiese contaminaci\u00f3n de efluvios corporales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No era aquello una Venecia en el centro mexicano, ni tampoco una copia a menor escala de Tenochtitl\u00e1n. <i>El agua clara y ondulante corre lentamente<\/i>, retrataba un texto de Enrique Fern\u00e1ndez Ledesma que describ\u00eda a la Aguascalientes de fines del siglo XIX. Una imagen buc\u00f3lica para la actualidad en que las aguas termales sobreviven escasas, recluidas a tiempos vacacionales o de fines de semana entre cuartos de hoteles y masajes con aroma a incienso y barro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 29-30. Eso de ba\u00f1arse se agradece. Sana heridas, purifica el esp\u00edritu, recupera energ\u00edas, elimina tensiones y, sobre todo, no aleja amistades ni obliga a tapar los orificios de la nariz cuando el vaho que dejamos sabe a fragan\u00adcias de El Cairo, un viejo dicho ya demod\u00e9 que daba cuenta de la mala fama de las calles en la antigua capital de los faraones. Estos hombres y mujeres de la imagen se refrescan del fuerte calor de la temporada estival de Aguascalientes en una acequia de aguas termales, la as\u00adpiraci\u00f3n m\u00ednima que pod\u00edan tener los menos agraciados por el desarrollo econ\u00f3mico en 1888, cuando fue tomada la foto. El estadounidense William Henry Jackson, un amante de la naturaleza, incluso en pinturas, lo retrat\u00f3 junto a otras estampas urbanas de entonces. No pod\u00edan nadar all\u00ed, claro est\u00e1, en esa larga<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1369,1209],"tags":[1381,2352],"class_list":{"0":"post-6920","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-bicentenario-29-30","7":"category-sepia","8":"tag-balneario","9":"tag-sepia"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6920","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6920"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6920\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":24113,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6920\/revisions\/24113"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6920"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6920"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6920"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}