﻿{"id":6896,"date":"2016-06-09T13:55:47","date_gmt":"2016-06-09T18:55:47","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6896"},"modified":"2021-05-04T09:46:53","modified_gmt":"2021-05-04T14:46:53","slug":"la-revolucion-y-el-tiburon-martillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/la-revolucion-y-el-tiburon-martillo\/","title":{"rendered":"La revoluci&oacute;n y el tibur&oacute;n martillo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Javier Rico M.<\/strong><br \/>\n<strong>Facultad de Filosof\u00eda y Letras<\/strong><\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xic<\/em>o, n\u00fam. 29-30.<\/span><\/h4>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #808000;\">El viaje estudiantil del verano de 1975 a un lejano Puerto Escondido estaba impregnado de ideales revolucionarios. En el camino, el descubrir el M\u00e9xico profundo dej\u00f3 otras ense\u00f1anzas para aquellos j\u00f3venes que luego se perder\u00edan en sus propias b\u00fasquedas de vida.<\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_6897\" aria-describedby=\"caption-attachment-6897\" style=\"width: 512px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Vista-Panoramica-de-Acapulco-Tarjeta-postal-col.-Ram\u00f3n-Aureliano-640x422.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-6897\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Vista-Panoramica-de-Acapulco-Tarjeta-postal-col.-Ram\u00f3n-Aureliano-640x422.jpg\" alt=\"Vista Panoramica de Acapulco Tarjeta postal , col. Ram\u00f3n Aureliano (640x422)\" width=\"512\" height=\"338\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Vista-Panoramica-de-Acapulco-Tarjeta-postal-col.-Ram\u00f3n-Aureliano-640x422.jpg 640w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Vista-Panoramica-de-Acapulco-Tarjeta-postal-col.-Ram\u00f3n-Aureliano-640x422-300x197.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Vista-Panoramica-de-Acapulco-Tarjeta-postal-col.-Ram\u00f3n-Aureliano-640x422-624x411.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 512px) 100vw, 512px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-6897\" class=\"wp-caption-text\">Vista panor\u00e1mica de Acapulco, tarjeta postal, ca. 1870. Colecci\u00f3n Particular.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8220;<strong>P<\/strong>ero ustedes no traen nada, \u00bfverdad?&#8221; Por un instante (s\u00f3lo por un instante) sus palabras fluyeron como un mero tr\u00e1mite para mantener la conversaci\u00f3n. &#8220;No&#8221;, respondimos casi a coro. Pero pasado ese momento, quiz\u00e1 por una especie de s\u00fabita revelaci\u00f3n, nos llenamos de espanto. Hab\u00eda pronunciado la frase con el rostro hacia nosotros, pero en realidad su mirada se perd\u00eda en el camino que dej\u00e1bamos atr\u00e1s a bordo de un veh\u00edculo de carga. A?Era una pregunta como cualquier otra, una sospecha o, peor a\u00fan, una advertencia?, \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda querido decir con &#8220;nada&#8221;?, objetos robados, drogas, armas Juan A., Humberto H., Guillermo S., Carlos F. y yo intercambiamos una r\u00e1faga de miradas &#8220;\u00bfNooo?, \u00a1c\u00f3mo no, g\u00fcey! \u00a1Los libros!&#8221;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era el verano de 1975. El plan de viajar a Puerto Escondido (una especie de para\u00edso perdido al que imagin\u00e1bamos como un m\u00edtico lugar: la playa prometida) lo urdieron los dirigentes de un taller de m\u00fasica folcl\u00f3rica latinoamericana de Prepa 5, del cual eramos orgullosos integrantes. El dinero para el viaje sali\u00f3 de varias semanas de hacer brigadas (al salir de clases sub\u00edamos a los camiones a tocar una pieza musical y ped\u00edamos una cooperaci\u00f3n para materiales e instrumentos para nuestro taller). Cubrimos el tramo de M\u00e9xico a Oaxaca en tren, con pasajes de segunda clase. Recuerdo que no fue f\u00e1cil abrirse paso para encontrar lugar en los asientos de madera entre aquellos pasajeros, gente del campo, que hab\u00eda invadido el pasillo con parte de su equipaje: gallinas, huacales, canastas, cajas de cart\u00f3n, costales de yute&#8230; Luego de catorce horas de viaje nos trasladamos a un poblado cercano; de ah\u00ed iniciar\u00edamos la segunda etapa larga del viaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya hab\u00edamos dejado atr\u00e1s Ocotl\u00e1n, donde parientes cercanos de Guillermo S. nos ofrecieron esperar en su casa al pariente lejano X, ch\u00f3fer de un cami\u00f3n de carga, que esa noche saldr\u00eda rumbo a Pochutla. Gustosamente, el pariente lejano X nos dar\u00eda un avent\u00f3n. &#8220;\u00bfSon amigos de Memo, compa\u00f1eros de la Prepa, all\u00e1 en M\u00e9xico?&#8221;, dec\u00eda con orgullo alguna de las mujeres de la casa mientras extend\u00eda un mantel blanco sobre la mesa del comedor. No tard\u00f3 en llegar una noticia desalentadora: el pariente lejano X, nunca supimos por qu\u00e9 hab\u00eda cancelado el viaje.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo, consulte la revista\u00a0<em>BiCentenario<\/em>.<\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier Rico M. Facultad de Filosof\u00eda y Letras En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 29-30. El viaje estudiantil del verano de 1975 a un lejano Puerto Escondido estaba impregnado de ideales revolucionarios. En el camino, el descubrir el M\u00e9xico profundo dej\u00f3 otras ense\u00f1anzas para aquellos j\u00f3venes que luego se perder\u00edan en sus propias b\u00fasquedas de vida. &#8220;Pero ustedes no traen nada, \u00bfverdad?&#8221; Por un instante (s\u00f3lo por un instante) sus palabras fluyeron como un mero tr\u00e1mite para mantener la conversaci\u00f3n. &#8220;No&#8221;, respondimos casi a coro. Pero pasado ese momento, quiz\u00e1 por una especie de s\u00fabita revelaci\u00f3n, nos llenamos de espanto. Hab\u00eda pronunciado la frase con el rostro hacia nosotros, pero en realidad su mirada se perd\u00eda en el camino que dej\u00e1bamos atr\u00e1s a bordo de un veh\u00edculo de carga. 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