﻿{"id":6750,"date":"2016-05-27T14:21:52","date_gmt":"2016-05-27T19:21:52","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6750"},"modified":"2021-05-04T12:42:23","modified_gmt":"2021-05-04T17:42:23","slug":"editorial-10","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-10\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008080;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xic<\/em>o, n\u00fam. 29-30<\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Portada-1468x2000.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-6751 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Portada-1468x2000-220x300.jpg\" alt=\"Portada (1468x2000)\" width=\"220\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Portada-1468x2000-220x300.jpg 220w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Portada-1468x2000-751x1024.jpg 751w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Portada-1468x2000-624x850.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/Portada-1468x2000.jpg 1468w\" sizes=\"(max-width: 220px) 100vw, 220px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>C<\/strong>rueldad, miserias humanas, hambre, dolor, p\u00e9rdidas, forman parte de las huellas imborrables de las guerras con las que sus sobrevivientes tienen que lidiar por el resto de sus vidas. Una aceitada maquinaria compleja de poder econ\u00f3mico, estrategia y liderazgo marcan la diferencia entre el triunfo y la derrota. Los grises y los matices desaparecen con ella. Se est\u00e1 de un lado o del otro. Lealtades y traiciones forman parte indivisi\u00adble de su fisonom\u00eda, y si no se las conoce y anticipa el l\u00edmite entre ellas se quiebra con la misma resonancia en que una bala viaja desde la boca del fusil hasta destruir el coraz\u00f3n del combatiente. Al edificar su Divisi\u00f3n del Norte que la hiciera imbatible y a prueba de batallas, Francisco Villa teji\u00f3 relaciones y v\u00ednculos con un tr\u00edo de hombres que adem\u00e1s de prometerle lealtad a la causa le aseguraban primordialmente las armas indispensables que deb\u00edan llegar de los proveedores estadu\u00adnidenses. Hasta un submarino llegaron a ofrecerle para una guerra que s\u00f3lo ten\u00eda como ajedrez territorial la disputa en tierra. Demasiado confiado o quiz\u00e1 sin mayores alternativas, el caudillo chihuahuense dej\u00f3 en manos de ellos los abaste\u00adcimientos para enfrentar a las tropas de Carranza en lo que ser\u00eda la madre de las batallas, el control por el centro del pa\u00eds, paso previo para ir por la capital. Aquellos tres hombres, sin sangre mexicana, dos de ellos estadunidenses y uno europeo, que jugaban sus propios proyectos personales y relaciones directas con los gobernantes en Washington, por diferentes razones se convertir\u00edan en verdaderos mercaderes. Llegado el momento de abastecer a las nutridas columnas villistas, los fusiles no aparecieron y las balas enviadas a cuentagotas se mezclaban con inofensivas municiones vac\u00edas. As\u00ed se cuaj\u00f3 la derrota de Celaya y las que le siguieron a las tropas revolucio\u00adnarias para que la Divisi\u00f3n del Norte convirtiera su traves\u00eda en retroceso y derrota.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La apasionante historia de componendas, negocios y hasta espionaje de estos tres hombres que optaron por dejar solo a Villa, abren este n\u00famero de <i>Bicentenario <\/i>que habla de otras guerras y de otras luchas, aunque ya no en el campo de ba\u00adtalla de la pol\u00edtica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El doctor Eduardo Liceaga fue un verdadero cruzado por la mejora de la salud en el pa\u00eds, que hacia 1888 estaba en Fran\u00adcia, cuna de los avances cient\u00edficos del momento en materia de higiene p\u00fablica, para aprender de todos los conocimientos necesarios que pudiera aplicar en un M\u00e9xico a\u00fan insuficien\u00adte. Liceaga atraves\u00f3 por varias semanas el Atl\u00e1ntico con un recipiente que conten\u00eda un cerebro de conejo bajo el brazo en las condiciones clim\u00e1ticas m\u00e1s adversas para su futuro experimento. Mientras el tiempo le jugaba en contra, perse\u00adverante y detallista, \u2013nos relata el texto de Samuel Almaz\u00e1n Santiago\u2013, logr\u00f3 rescatar de aquel cerebro en glicerina sus partes enfermas para inyectarlas en otros conejos y generar en poco tiempo lo que en el Instituto Pasteur parisino le hab\u00edan ense\u00f1ado: producir la vacuna contra la rabia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los pioneros abundan en esta edici\u00f3n de la revista, am\u00adplia por sus tem\u00e1ticas, y que recupera a diversos personajes que destacan en distintos momentos del pa\u00eds, por tenacidad, dedicaci\u00f3n y esa locura propia de quienes creen en una idea y tratan de contagiarla al resto. Uno de ellos es Tadeo Or\u00adtiz quien unas seis d\u00e9cadas antes que Liceaga se lanzara a la aventura de poblar el istmo de Tehuantepec con el proyecto de crear una v\u00eda que uniera los oc\u00e9anos Atl\u00e1ntico y Pac\u00edfico, como motor del desarrollo econ\u00f3mico del sur mexicano. Ortiz fue un adelantado que para entonces ve\u00eda la necesidad de ir por los mercados de China y la India. A la distancia, aquel sano <i>desvar\u00edo <\/i>para un momento en que no se contaba con recursos econ\u00f3micos ni tecnolog\u00edas suficientes, fracas\u00f3 hasta en el intento de traer a la zona a inmigrantes franceses, pero sent\u00f3 las bases para una idea a\u00fan vigente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tiempos m\u00e1s contempor\u00e1neos, pr\u00e1cticamente a la par y desde actividades diferentes, Heberto Castillo y Pedro Ra\u00adm\u00edrez V\u00e1zquez fueron dos perseverantes luchadores, uno por dotar de verdadera democracia al pa\u00eds, el otro por dejar una marca registrada en la arquitectura. En el caso del ingeniero Castillo, con sus ideales por la apertura a la democratizaci\u00f3n del pa\u00eds, fue tambi\u00e9n un hacedor de la unificaci\u00f3n de la iz\u00adquierda en M\u00e9xico. En este n\u00famero acercamos una reflexi\u00f3n hist\u00f3rica, a trav\u00e9s de sus propias palabras, sobre el papel de la izquierda en la pol\u00edtica nacional, con lo que cerramos la propuesta expresada en estas p\u00e1ginas desde ediciones ante\u00adriores de plasmar los idearios pol\u00edticos e ideol\u00f3gicos poste\u00adriores a la revoluci\u00f3n. El caso de Jacinto L\u00f3pez Moreno, un <em>rara avis<\/em> de las luchas agrarias y sindicales en el noreste del pa\u00eds, personaje \u00edntegro e incorruptible, tambi\u00e9n presente en esta edici\u00f3n, complementa la trayectoria a veces olvidada de quienes contribuyeron a tener un pa\u00eds plural y de libertades..<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ram\u00edrez V\u00e1zquez, quiz\u00e1 en las ant\u00edpodas pol\u00edticas de Heberto Castillo, tiene una amplia trayectoria como cons\u00adtructor de proyectos que han dejado marca en la iconograf\u00eda arquitect\u00f3nica de la ciudad de M\u00e9xico, e incluso en otras ciudades extranjeras, tales los casos del Museo Nacional de Antropolog\u00eda, el Estadio Azteca o la torre de la Secretar\u00eda de Relaciones Exteriores en Tlatelolco. Aqu\u00ed nos centramos en su tit\u00e1nica tarea por recuperar los cimientos fangosos de la bas\u00edlica de la Villa de Guadalupe, y a su vez dotar al lugar de un espacio de vastas proporciones para dar lugar a una afluencia diaria de miles de peregrinos. Aquello se convirti\u00f3 en una gran <i>arena p\u00fablica <\/i>tal cual la conocemos hoy y que no gener\u00f3 debates menores sobre si correspond\u00eda hacerlo o no, especialmente en el mundo de la Iglesia donde se recelaba de sus ideas vanguardistas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta edici\u00f3n de <i>BiCentenario <\/i>coloca el acento tambi\u00e9n en el cine en dos perspectivas: el tr\u00e1nsito rocoso de los cineastas que han apostado al g\u00e9nero del terror con una suerte vario\u00adpinta y, por otro lado, la transformaci\u00f3n de los espacios de proyecci\u00f3n, que por una pol\u00edtica de Estado al retirar subven\u00adciones a la industria del cine, dio lugar a la desaparici\u00f3n de las salas \u00fanicas tradicionales por los complejos de m\u00faltiples lugares de proyecci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No queremos dejar de mencionar que la revista recupera para esta edici\u00f3n el aporte a la fotograf\u00eda documental y art\u00edstica que ha hecho durante m\u00e1s de medio siglo el holand\u00e9s Bob Schalkwijk. Art\u00edfice de un acervo de m\u00e1s de 400 000 im\u00e1genes, Schalkwijk sostiene el archivo que lleva su nombre con una obstinaci\u00f3n envidiable y escaso apoyo oficial y privado, lamentablemente, para un trabajo en gran parte in\u00e9dito. La serie de trabajos que reproducimos aqu\u00ed lo testimonian. Hasta la pr\u00f3xima.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Dar\u00edo Fritz.<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 29-30 Crueldad, miserias humanas, hambre, dolor, p\u00e9rdidas, forman parte de las huellas imborrables de las guerras con las que sus sobrevivientes tienen que lidiar por el resto de sus vidas. Una aceitada maquinaria compleja de poder econ\u00f3mico, estrategia y liderazgo marcan la diferencia entre el triunfo y la derrota. Los grises y los matices desaparecen con ella. Se est\u00e1 de un lado o del otro. Lealtades y traiciones forman parte indivisi\u00adble de su fisonom\u00eda, y si no se las conoce y anticipa el l\u00edmite entre ellas se quiebra con la misma resonancia en que una bala viaja desde la boca del fusil hasta destruir el coraz\u00f3n del combatiente. 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