﻿{"id":6685,"date":"2016-04-25T14:05:43","date_gmt":"2016-04-25T19:05:43","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6685"},"modified":"2026-07-16T12:48:54","modified_gmt":"2026-07-16T18:48:54","slug":"lineas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/lineas\/","title":{"rendered":"L\u00edneas"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">Revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 28.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/BiC_28_Sepia.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<div class=\"mceTemp\"><\/div>\n<figure id=\"attachment_24020\" aria-describedby=\"caption-attachment-24020\" style=\"width: 561px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24020\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_003.jpg\" alt=\"\" width=\"561\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_003.jpg 561w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_003-210x300.jpg 210w\" sizes=\"(max-width: 561px) 100vw, 561px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24020\" class=\"wp-caption-text\">Mano derecha de Flavio Guill\u00e9n, noviembre de 1908. Archivo particular Familia Guill\u00e9n Casta\u00f1\u00f3n.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mano mece la cuna. La mano dispara. La mano ca\u00adllosa. La mano que toma el pico. La mano quemada. La mano del ni\u00f1o, de la adolescente, del anciano. La mano que sostiene el libro. La mano de Dios. La mano sudorosa. La mano que mata. La mano del pobre y la del rico. La mano que calma el dolor del enfermo. La mano que toma el bistur\u00ed, la pluma, el arma. La mano con cigarrillo. La mano que pasea al perro, esconde la piedra, pinta el cabello. La mano del gobernante que decreta la guerra. La mano que atrapa el bal\u00f3n, pinta el cuadro, saluda a la multitud, abofetea. La mano tierna, la mano h\u00fameda, la mano tiesa del fallecido. La mano en el pecho. La mano exhumada. La mano que ora. La mano temblorosa, que se cierra en pu\u00f1o, que cruza sus dedos, que acuchilla al toro. La mano que lleva agua a la boca, se tapa la cara, se estrecha con la de su adversario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mano escondida en el guante, entumecida por el fr\u00edo, que mide el calor del fuego. Mano carnosa, delgada, ensangrentada. La mano que toma el alimento, acomoda el zapato, escenifi\u00adca el silencio. La mano que abraza, se protege del golpe, sostiene la cabeza. Las manos que se entrelazan, se guardan en el bolsillo, tapan el sexo. Manos con anillos, manos con tatuaje, manos esposadas. La mano que escribe se\u00f1ala al acu\u00adsado. La mano que acaricia. Las l\u00edneas de la mano. Las l\u00edneas de la vida, de la cabeza, del coraz\u00f3n, del sol, de Mercurio. La l\u00ednea del anillo de Venus. La l\u00ednea de la suerte. Si cada una de las l\u00edneas de esa mano se puede leer en la foto, habr\u00e1 que pregunt\u00e1rselo a un \u201cbrujo\u201d de estos tiempos. Y de paso que le lea las cartas del tarot. Perseguida en tiempos de la Santa Inquisi\u00adci\u00f3n \u2013\u00bfqu\u00e9 no persegu\u00edan en esas \u00e9pocas los due\u00f1os de la fe?\u2013, retratada por Caravaggio en <i>La buenaventura<\/i>, tanto en el pasado como en la actualidad la quiroman\u00adcia ha sido socorrida por una variopinta fauna de su\u00adpersticiosos en la pol\u00edtica, los negocios, los espect\u00e1culos y hasta por los desdichados sin la varita m\u00e1gica de la fortuna. Esta mano derecha \u2013la izquierda s\u00ed es un cero a la izquierda para estas pr\u00e1cticas\u2013 perteneci\u00f3 a Flavio Trinidad Guill\u00e9n Ancheyta. Y se la hizo en 1907 en la Ciudad de M\u00e9xico. Flavio Gui\u00adll\u00e9n fue un catedr\u00e1tico chiapane\u00adco, historiador y escritor que supo entablar amistad con Francisco I. Madero durante su estad\u00eda de una d\u00e9cada en la capital. Madero lo design\u00f3 gobernador interino de su estado entre enero de 1912 y febre\u00adro de 1913. Acaba\u00addo el maderismo, los huertistas tuvieron que exiliarse en Guatemala, donde hab\u00eda estudiado en su juventud, y as\u00ed salv\u00f3 el pellejo y el de su familia. All\u00ed morir\u00eda. La rareza de la foto \u2013\u00bfqui\u00e9n se toma foto\u00adgraf\u00edas de su mano?\u2013 tiene su raz\u00f3n: don Flavio, inventor, espiri\u00adtista y mas\u00f3n, tambi\u00e9n practicaba la quiromancia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz Revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 28. La mano mece la cuna. La mano dispara. La mano ca\u00adllosa. La mano que toma el pico. La mano quemada. La mano del ni\u00f1o, de la adolescente, del anciano. La mano que sostiene el libro. La mano de Dios. La mano sudorosa. La mano que mata. La mano del pobre y la del rico. La mano que calma el dolor del enfermo. La mano que toma el bistur\u00ed, la pluma, el arma. La mano con cigarrillo. La mano que pasea al perro, esconde la piedra, pinta el cabello. La mano del gobernante que decreta la guerra. La mano que atrapa el bal\u00f3n, pinta el cuadro, saluda a la multitud, abofetea. La mano tierna, la mano h\u00fameda, la mano tiesa del fallecido. La mano en el pecho. La mano exhumada. La mano que ora. 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