﻿{"id":6562,"date":"2016-03-15T13:57:48","date_gmt":"2016-03-15T19:57:48","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6562"},"modified":"2026-07-16T12:43:59","modified_gmt":"2026-07-16T18:43:59","slug":"una-plaga-y-dos-naciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/una-plaga-y-dos-naciones\/","title":{"rendered":"Una plaga y dos naciones"},"content":{"rendered":"<p>Luis Alberto Arrioja D\u00edaz Viruell<br \/>\nEl Colegio de Michoac\u00e1n<\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 28.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/BiC_28_Una_Plaga.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">M\u00e9xico y Guatemala adoptaron pol\u00edticas diferentes para afrontar una invasi\u00f3n de langostas que se extendi\u00f3 por amplias \u00e1reas fronterizas de sus territorios a mediados del siglo XIX. Los resultados de las medidas no fueron los mejores.<\/h3>\n<figure id=\"attachment_24053\" aria-describedby=\"caption-attachment-24053\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24053\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_036.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"634\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_036.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_036-300x238.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_036-768x609.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24053\" class=\"wp-caption-text\">Thunot Duvotenay, Mexique et Guatemala, ca. 1850, litograf\u00eda.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">A mediados de 1852, tras un verano seco y sofocante, los corregidores de Jutiapa y Chi\u00adquimula se dirigieron al presidente de Guate\u00admala, Rafael Carrera (1840-1865), para infor\u00admarle la emergencia que enfrentaban debido a que una plaga de langosta hab\u00eda invadido y devastado sus departamentos. Poco a poco, las comunicaciones registraron el avance y los da\u00f1os que causaban estos insectos en la cu\u00adbierta vegetal. La experiencia fue tan desola\u00addora que, en tan solo cinco meses, invadieron la porci\u00f3n centro-occidente de Guatemala e incluso alcanzaron los territorios mexicanos de Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Yucat\u00e1n. Por si esto no fuera suficiente, la plaga acarre\u00f3 una serie de problemas que se tradujeron en esca\u00adsez de alimentos, acaparamiento de semillas, incremento de precios, mortandad de anima\u00adles y desplazamientos de poblaci\u00f3n. Frente a lo sucedido, los gobernantes guatemaltecos y mexicanos intentaron resarcir los da\u00f1os: unos, instaron a la poblaci\u00f3n a perseguir y exterminar los insectos; otros, obligaron a los funcionarios a denunciar el acaparamiento y la especulaci\u00f3n de alimentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un an\u00e1lisis de lo acaecido en Guatemala pone al descubierto que la plaga apareci\u00f3 en mayo de 1852 y se mantuvo activa hasta no\u00adviembre de 1856, especialmente en los depar\u00adtamentos de Jutiapa, Chiquimula, Santa Rosa, Escuintla, Suchitepequez, Quetzaltenango, San Marcos y Retalhuleu. Se tiene conoci\u00admiento de que este fen\u00f3meno impact\u00f3 en todos los sectores sociales y econ\u00f3micos del pa\u00eds. Los a\u00f1ileros de Jutiapa y Chiquimula, por ejemplo, observaron c\u00f3mo sus plantaciones sucumbieron ante la voracidad de los insec\u00adtos; los productores de ca\u00f1a de Santa Rosa y Escuintla experimentaron la devastaci\u00f3n de sus plantaciones; por su parte, los hacen\u00addados de Quetzaltenango y San Marcos no solo perdieron sus cosechas de granos, sino que tambi\u00e9n padecieron el desamparo de sus tie\u00adrras al tiempo que los insectos se posiciona\u00adron en ellas para reproducirse e inocular sus huevecillos. Obviamente, esta plaga afect\u00f3 numerosos pueblos de indios cuyas econo\u00adm\u00edas estaban orientadas a la producci\u00f3n para el autoconsumo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el caso de M\u00e9xico, la langosta arrib\u00f3 en septiembre de 1853 y se mantuvo con vida hasta diciembre de 1857. Al igual que en Gua\u00adtemala, los acr\u00eddidos da\u00f1aron las plantaciones de ma\u00edz y cacao en Chiapas, los cultivos de algod\u00f3n y las nopaleras de grana en Oaxaca, los platanales y las huertas cacaoteras de Tabasco, as\u00ed como los sembrad\u00edos de ma\u00edz, algod\u00f3n y henequ\u00e9n de Yucat\u00e1n. Una muestra inmediata de sus efectos fue la carencia de alimentos, el sobreprecio en las semillas, la propagaci\u00f3n de enfermedades epid\u00e9micas y la crisis en las eco\u00adnom\u00edas regionales. Dada la porci\u00f3n territorial que invadi\u00f3, no fue casualidad que los pueblos ind\u00edgenas fueran severamente perjudicados.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\">El influjo de la PEH<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existen muchas semejanzas en lo que respecta a la aparici\u00f3n y los efectos que tuvo la plaga de langosta en ambas naciones. De entrada, la presencia y evoluci\u00f3n de los insectos debe explicarse en lo que la historia ambiental ha denominado Peque\u00f1a Edad de Hielo (PEH) y, espec\u00edficamente, en la \u00faltima oscilaci\u00f3n que integr\u00f3 esta secuencia clim\u00e1tica, entre 1830 y 1860, que se distingui\u00f3 por una serie de irregu\u00adlaridades ambientales en la porci\u00f3n norte del hemisferio, como movimientos bruscos en las temperaturas, aparici\u00f3n de sequ\u00edas estivales y propagaci\u00f3n de especies que afectaban la cubierta vegetal. Los da\u00f1os causados por la langosta, por su parte, deben reflexionarse en lo que se conoce como dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de los desastres naturales; es decir, una pers\u00adpectiva que no se limita a examinar las pla\u00adgas en su aspecto biol\u00f3gico, sino que toma en consideraci\u00f3n el contexto en que surgieron y evolucionaron con la finalidad de mostrar que este tipo de desastres es resultado de la confluencia de varios elementos: naturaleza, sociedad, econom\u00eda y pol\u00edtica.<\/p>\n<div class=\"mceTemp\"><\/div>\n<figure id=\"attachment_24052\" aria-describedby=\"caption-attachment-24052\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24052\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_035.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"502\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_035.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_035-300x188.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_035-768x482.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24052\" class=\"wp-caption-text\">Guatemala, litograf\u00eda en John Whetham, Across Central America, Londres, Hurst and Blackett publishers, 1877. The British Library.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Sobre las consecuencias y las reacciones que suscit\u00f3 esta plaga, puede decirse que la escasez de alimentos fue un problema que intentaron atender las autoridades nacionales. En la fase inicial de la plaga, el presidente de Guatemala elabor\u00f3 instrucciones, circulares y contratos para afrontar la emergencia e impedir que la poblaci\u00f3n muriera de hambre. Tambi\u00e9n orden\u00f3 que los corregidores permanecieran en sus departamentos para vigilar la evoluci\u00f3n de los insectos y proporcionar toda la informaci\u00f3n\u00a0posible sobre los da\u00f1os que causaba en la agricultura. De la misma manera, promovi\u00f3 una serie de leyes para regular las conductas usureras de los hacendados y de paso apuntalar el papel de su gobierno como protector de la ciudadan\u00eda. Por su parte, los\u00a0presidentes mexicanos Antonio L\u00f3pez de Santa Anna (1853- 1855), Juan \u00c1lvarez (1855) e Ignacio Comonfort (1855-1857) afrontaron este fen\u00f3meno natural con instrucciones encaminadas a remediar la escasez de granos.\u00a0<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Hasta donde puede observarse, dichas medidas fueron una copia de las utilizadas en la etapa colonial para sortear la crisis agr\u00edcola que irrumpi\u00f3 entre 1785 y 1786, y para combatir la plaga de langosta de 1799-1807. En general, pretend\u00edan detener el desabasto de semillas, controlar los precios del ma\u00edz, perseguir la especulaci\u00f3n, garantizar la provisi\u00f3n de las\u00a0ciudades y fomentar los cultivos de temporal. De la misma manera, recomendaban a la poblaci\u00f3n observar la naturaleza de los bichos, interrumpir su ciclo biol\u00f3gico, destruirlos en su etapa embrionaria e impedir que alcanzaran la fase migratoria.\u00a0Si bien es cierto que estos recursos mitigaron el problema, tambi\u00e9n es verdad que no lograron erradicar la condici\u00f3n gregaria y end\u00e9mica de los insectos.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span data-contrast=\"none\">De plaga a cat\u00e1strofe natural<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;134245418&quot;:true,&quot;134245529&quot;:true,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335551550&quot;:2,&quot;335551620&quot;:2,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:240,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Frente a lo sucedido en Guatemala y M\u00e9xico, cabe preguntarse \u00bfen qu\u00e9 momento esta plaga de insectos se transform\u00f3 en una cat\u00e1strofe natural? Sin duda, esto ocurri\u00f3 al tiempo en que confluyeron la conducta gregaria de los acr\u00eddidos y la vulnerabilidad de ambas naciones. Es decir, la cat\u00e1strofe fue resultado de factores que ante la presencia de una amenaza natural agudizaron la magnitud de la plaga. En el caso de Guatemala, resulta evidente la negativa que desplegaron los hacendados para colaborar con las campa\u00f1as que intentaban extinguir la langosta, ya sea al negarse a facilitar la fuerza de trabajo o los recursos econ\u00f3micos destinados para esta empresa. Otro factor que acrecent\u00f3 la desgracia tuvo que ver con las conductas usureras que desplegaron los comerciantes de tintes y granos, quienes vislumbraron en la cat\u00e1strofe una oportunidad para resarcir la crisis prolongada que enfrentaba el comercio de grana cochinilla, a\u00f1il, az\u00facar y caf\u00e9; conductas que apostaron por la perpetuidad de la plaga a cambio del beneficio econ\u00f3mico. Un tercer factor que contribuy\u00f3 en el desarrollo de esta cat\u00e1strofe tuvo que ver con hechos pol\u00edticos y militares de un pa\u00eds que se debat\u00eda entre conformar instituciones e integrar cuadros gobernantes; hechos que imposibilitaron a las autoridades involucrarse plenamente en la destrucci\u00f3n de este flagelo natural.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_24047\" aria-describedby=\"caption-attachment-24047\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24047\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_030.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"589\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_030.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_030-300x221.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/BiC_28_030-768x565.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24047\" class=\"wp-caption-text\">La Langosta, litograf\u00eda en Manuel Ortega, Bolet\u00edn de la Sociedad Mexicana de Geograf\u00eda y Estad\u00edstica, T. VI, 1858. Retoque a color: Ram\u00f3n Aureliano Alarc\u00f3n.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">En lo que respecta a la experiencia mexicana, bien puede decirse que la plaga alcanz\u00f3 un nivel catastr\u00f3fico cuando los gobernantes consideraron que este fen\u00f3meno natural no merec\u00eda una inversi\u00f3n de recursos econ\u00f3micos\u00a0y cient\u00edficos para contenerlo. Y tambi\u00e9n cuando los habitantes afectados de Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Yucat\u00e1n se\u00a0percataron de que carec\u00edan de las herramientas, los ant\u00eddotos, los recursos econ\u00f3micos y la energ\u00eda humana para romper el ciclo biol\u00f3gico de los insectos. A lo anterior se sum\u00f3 una serie de acontecimientos ligados a la formaci\u00f3n del Estado nacional que, dada su importancia, las autoridades priorizaron en menoscabo de combatir la langosta en el sureste del pa\u00eds. As\u00ed, bien puede decirse que una serie de factores ajenos a la naturaleza de los insectos fueron determinantes en el desarrollo de esta cat\u00e1strofe.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><span data-contrast=\"none\">La ofensiva<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;134245418&quot;:true,&quot;134245529&quot;:true,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335551550&quot;:2,&quot;335551620&quot;:2,&quot;335559738&quot;:360,&quot;335559739&quot;:240,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">Otros contrastes dignos de resaltar entre lo acaecido en Guatemala y M\u00e9xico tienen que ver con la influencia religiosa al momento de adoptar decisiones. En el caso de Guatemala, la propagaci\u00f3n de acr\u00eddidos puso al descubierto dos posiciones: por un lado, las autoridades civiles explicaron el fen\u00f3meno con argumentos apegados a la biolog\u00eda y, parad\u00f3jicamente, con ideas cimentadas en el providencialismo religioso. Sobre esto \u00faltimo, conviene decir que desde 1853 hasta 1856 el presidente Carrera instruy\u00f3 al arzobispo de Guatemala, Francisco de Paula Garc\u00eda Pel\u00e1ez, para que\u00a0todos los p\u00e1rrocos solicitaran a sus feligreses el arrepentimiento de sus pecados y el perd\u00f3n celestial. Mand\u00f3 realizar misas, procesiones, novenarios, penitencias y rogativas invocando la intermediaci\u00f3n de San L\u00e1zaro, San Vicente Ferrer, San Roque y San Francisco de Paula. As\u00ed, por m\u00e1s de tres a\u00f1os, la rep\u00fablica y la Iglesia guatemalteca insistieron en que la plaga de langosta era una advertencia para que los feligreses dejaran de pecar. De manera especial se dirigieron a indios y ladinos por su apego a vivir entre la lujuria, el alcohol, la mentira, la ociosidad y la blasfemia; y a los hacendados por su inclinaci\u00f3n a la usura y explotaci\u00f3n.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:240,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">En contraste, los presidentes mexicanos redujeron su interpretaci\u00f3n del fen\u00f3meno a la naturaleza destructiva de los insectos y al hecho de que esta desgracia no ten\u00eda control en el pa\u00eds vecino. Vislumbraron la plaga como un problema menor que solamente afectaba una porci\u00f3n del territorio nacional. En cambio, los habitantes de Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Yucat\u00e1n cuestionaron esta postura y evidenciaron que la cat\u00e1strofe era mucho m\u00e1s grave de lo que se pensaba. La Iglesia, por su parte, se mantuvo al margen de explicar o juzgar este fen\u00f3meno. Por el contrario, tan pronto conocieron la desgracia, los obispos de Oaxaca y Yucat\u00e1n respaldaron a los pueblos afectados y los consolaron con plegarias y rezos. En este mismo orden, la respuesta de los p\u00e1rrocos se encamin\u00f3 a preservar el orden y bienestar de sus feligreses.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span data-contrast=\"auto\">La plaga de langosta en Guatemala y M\u00e9xico ofrece muchos elementos para comparar.\u00a0No obstante, lo que importa decir es que no fue un\u00a0acontecimiento secundario e inadvertido.\u00a0De entrada, debe entenderse como parte de los cambios clim\u00e1ticos que acarre\u00f3 la\u00a0peh\u00a0en su etapa terminal. Tambi\u00e9n debe visualizarse como un fen\u00f3meno que tuvo la capacidad suficiente para destruir cultivos y plantaciones en una franja territorial que iba desde el departamento de Chiquimula, en Guatemala, hasta el estado de Yucat\u00e1n, en M\u00e9xico. Finalmente, debe decirse que esta plaga se convirti\u00f3 en cat\u00e1strofe al tiempo en que invadi\u00f3 dos naciones que estaban inmersas en problemas sociales, econ\u00f3micos y pol\u00edticos, e imposibilitadas de sortear la conducta voraz de los insectos. Se sabe que la langosta desapareci\u00f3 entre 1856 y 1857 debido a las lluvias torrenciales y los fr\u00edos at\u00edpicos que se apoderaron del \u00e1rea. Estos factores clim\u00e1ticos rompieron el ciclo biol\u00f3gico del insecto y provocaron su desaparici\u00f3n.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559738&quot;:120,&quot;335559739&quot;:120,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/p>\n<h3>PARA SABER M\u00c1S<\/h3>\n<ul>\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"1\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Arrioja D\u00edaz\u00a0Viruell, Luis Alberto, \u201cEnjambres y nubarrones en el campo oaxaque\u00f1o: las plagas de langosta de 1802 y 1853\u201d, pp. 161-213, en\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, vol.\u00a0<\/span><span data-contrast=\"none\">XXXIII<\/span><span data-contrast=\"auto\">, n\u00fam. 129, M\u00e9xico, invierno de 2012.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"2\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">D\u00edaz Arias, David Y Ronny Viales hurtado (eds.), &#8220;Independencias, Estados y pol\u00edtica(s) en la Centroam\u00e9rica del siglo\u00a0<\/span><span data-contrast=\"none\">XIX<\/span><span data-contrast=\"auto\">&#8220;,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Las huellas hist\u00f3ricas del bicentenario<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, Costa Rica,\u00a0<\/span><span data-contrast=\"none\">cihac<\/span><span data-contrast=\"auto\">, 2012.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"3\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Woodward, Ralph Lee J. R,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Rafael Carrera y la creaci\u00f3n de la Rep\u00fablica de Guatemala, 1821-1871<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, Guatemala,\u00a0<\/span><span data-contrast=\"none\">cirma<\/span><span data-contrast=\"auto\">\/Plumsock\u00a0Mesoamerican\u00a0Studies, 2002.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li aria-setsize=\"-1\" data-leveltext=\"\uf0b7\" data-font=\"Symbol\" data-listid=\"2\" data-list-defn-props=\"{&quot;335552541&quot;:1,&quot;335559685&quot;:720,&quot;335559991&quot;:360,&quot;469769226&quot;:&quot;Symbol&quot;,&quot;469769242&quot;:[8226],&quot;469777803&quot;:&quot;left&quot;,&quot;469777804&quot;:&quot;\uf0b7&quot;,&quot;469777815&quot;:&quot;hybridMultilevel&quot;}\" data-aria-posinset=\"4\" data-aria-level=\"1\"><span data-contrast=\"auto\">Sistach, Xavier,\u00a0<\/span><i><span data-contrast=\"auto\">Bandas, enjambres y devastaci\u00f3n. Las plagas de langosta a trav\u00e9s de la historia<\/span><\/i><span data-contrast=\"auto\">, Barcelona,\u00a0Almuzara, 2007.<\/span><span data-ccp-props=\"{&quot;134245417&quot;:false,&quot;201341983&quot;:0,&quot;335559739&quot;:0,&quot;335559740&quot;:240}\">\u00a0<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<p><script type=\"text\/javascript\">\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[ var 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El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 28. M\u00e9xico y Guatemala adoptaron pol\u00edticas diferentes para afrontar una invasi\u00f3n de langostas que se extendi\u00f3 por amplias \u00e1reas fronterizas de sus territorios a mediados del siglo XIX. Los resultados de las medidas no fueron los mejores. A mediados de 1852, tras un verano seco y sofocante, los corregidores de Jutiapa y Chi\u00adquimula se dirigieron al presidente de Guate\u00admala, Rafael Carrera (1840-1865), para infor\u00admarle la emergencia que enfrentaban debido a que una plaga de langosta hab\u00eda invadido y devastado sus departamentos. Poco a poco, las comunicaciones registraron el avance y los da\u00f1os que causaban estos insectos en la cu\u00adbierta vegetal. La experiencia fue tan desola\u00addora que, en tan solo cinco meses, invadieron la porci\u00f3n centro-occidente de Guatemala e incluso alcanzaron los territorios mexicanos de Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Yucat\u00e1n. 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