﻿{"id":6446,"date":"2015-12-01T12:45:21","date_gmt":"2015-12-01T18:45:21","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6446"},"modified":"2026-06-22T16:48:51","modified_gmt":"2026-06-22T22:48:51","slug":"dias-entre-cafes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/dias-entre-cafes\/","title":{"rendered":"D\u00edas entre caf\u00e9s"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify;\">Maximino Mart\u00ednez Ocampo<br \/>\nFacultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM<strong><br \/>\n<\/strong><\/h4>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista\u00a0<em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 27.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/BiC_27_Cuento_Caf\u00e9s.pdf\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #808000;\"><strong>A Fernando Orozco y Berra le entretiene m\u00e1s la escritura que la medicina. Le han pedido un art\u00edculo y cavila sobre qu\u00e9 escribir. En los caf\u00e9s encontrar\u00e1 un mundo por descubrir y retratar. Tambi\u00e9n hallar\u00e1 el \u00faltimo golpe de fr\u00edo que se pueda contar.<\/strong><\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_6447\" aria-describedby=\"caption-attachment-6447\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Interior-del-CafAi??-Progreso-800x544.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-6447 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Interior-del-Caf\u00e9-Progreso-800x544.jpg\" alt=\"Interior del CafAi?? Progreso (800x544)\" width=\"800\" height=\"544\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Interior-del-Caf\u00e9-Progreso-800x544.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Interior-del-Caf\u00e9-Progreso-800x544-300x204.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/Interior-del-Caf\u00e9-Progreso-800x544-624x424.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-6447\" class=\"wp-caption-text\">Interior del caf\u00e9 del Progreso, litograf\u00eda en La Ilustraci\u00f3n Mexicana, M\u00e9xico, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1851. Biblioteca &#8220;Ernesto de la Torre Villar. Instituto Mora.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una buena ma\u00f1ana en la ciudad de M\u00e9xico de mitad de 1850, un m\u00e9dico convertido en escritor camina preocupado a lo largo de su estudio. Su nombre es Fernando Orozco y Berra y hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o lleg\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico procedente de Puebla buscando otra atm\u00f3sfera y otros goces. A pesar de tener dos peque\u00f1as arrugas en su entrecejo, es evidente su juventud, pues con 29 a\u00f1os la vida le sonr\u00ede avariciosa, haci\u00e9ndole entrever horizontes sin l\u00edmites. Y no pod\u00eda ser de otra manera, pues en julio de ese a\u00f1o acababa de publicar una novela: <i>La guerra de treinta a\u00f1os, <\/i>dedicada a su hermano mayor, el historiador Manuel Orozco y Berra. El libro fue bien recibido por los letrados debido a las interesantes escenas que describ\u00eda. La turbaci\u00f3n de este novel autor se debe a que tiene que entregar para dentro de tres d\u00edas un escrito al editor de <i>La Ilustraci\u00f3n Mexicana<\/i>. Menos mal que con Ignacio Cumplido no tengo problemas \u2013piensa\u2013, \u00a1hace poco apareci\u00f3 uno de mis art\u00edculos en <i>El siglo <\/i><i>XIX!<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/fERNADO-Orozco-y-Berra-El-Renacimiento-1000x1280.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-6450\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/fERNADO-Orozco-y-Berra-El-Renacimiento-1000x1280-300x262.jpg\" alt=\"fERNADO Orozco y Berra El Renacimiento (1000x1280)\" width=\"300\" height=\"262\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/fERNADO-Orozco-y-Berra-El-Renacimiento-1000x1280-300x262.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/fERNADO-Orozco-y-Berra-El-Renacimiento-1000x1280-624x546.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/fERNADO-Orozco-y-Berra-El-Renacimiento-1000x1280.jpg 931w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El joven Fernando decide que quiz\u00e1 una peque\u00f1a incursi\u00f3n al T\u00edvoli de San Cosme, ubicado en las afueras de la ciudad, le ayude pensar mejor sobre qu\u00e9 escribir. Pues ah\u00ed sabe que se busca la fortaleza y se siente que la sangre circula con m\u00e1s velocidad, activando las funciones del cerebro. Desayuna una costilla y un par de huevos, todo un desayuno franc\u00e9s, aunque claro, esto le pesa m\u00e1s a su bolsillo que un t\u00edpico almuerzo local. Vale la pena \u2013afirma el joven\u2013\u00a0 mientras no sea todos los no sea todos los d\u00edas. Un breve paseo a lo largo de los jardines, de lo que a\u00f1os despu\u00e9s Ignacio Manuel Altamirano llamar\u00eda <i>Tebaida del amor y de la gastronom\u00eda<\/i>, probablemente le permitan obtener un tema del qu\u00e9 hablar. Pero no, lo \u00fanico que ve son flores que parecen m\u00e1s zacates y matorrales, adem\u00e1s de un joven que lleva un ramito de violetas para su d\u00f3mina. Herido por el recuerdo de aquella mujer poblana a quien abri\u00f3 su coraz\u00f3n sin vacilar, sin reserva y sin ali\u00f1o, Orozco y Berra decide abandonar el lugar<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda pasa y la inspiraci\u00f3n no aparece, tampoco sus lecturas le dan un tema del que escribir. Cansado y con la noche encima, Orozco decide tomar una taza de caf\u00e9, una bebida fuerte, estimulante y deliciosa. \u00a1Eso es! \u2013dice decidido\u2013, escribir\u00e9 sobre los caf\u00e9s de esta noble ciudad, cosa que pocos han hecho antes. Conforme, camina a su habitaci\u00f3n para emprender la siesta, sabe que el pr\u00f3ximo d\u00eda ser\u00e1 largo y tiene que recorrer parte de la ciudad para recordar tantos lugares.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cinco y media de la ma\u00f1ana y nuestro escritor ya est\u00e1 listo para abandonar su hogar, en la calle de San Andr\u00e9s. El fr\u00edo azota a la ciudad de M\u00e9xico que para la \u00e9poca cuenta con unos 200 000 habitantes y unas 4 100 casas, seg\u00fan una gu\u00eda de forasteros escrita por Juan Nepomuceno Almonte. Se dirige a El Progreso, en la esquina de las calles de Coliseo Viejo y Coliseo Nuevo. La forma m\u00e1s r\u00e1pida de arribar al caf\u00e9 ser\u00eda que nuestro autor llegara a la esquina y bajase por la calle de Vergara. Demasiado f\u00e1cil \u2013piensa\u2013 adem\u00e1s de que insuficiente para ver la multitud de establecimientos del g\u00e9nero que me interesa. As\u00ed que decide enfilarse en direcci\u00f3n a la Catedral. Al cruzar por la calle de Santa Clara, una cuadra adelante, se encuentra con caf\u00e9s ambulantes donde unos alba\u00f1iles desayunan atole y tamales para aguantar la dura jornada que les espera. Ni pensar en tomar un bocado ah\u00ed. Para \u00e9l, la simple menci\u00f3n de esa comida le parece <i>grosera y anticonstitucional<\/i>.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\">[&#8230;]<br \/>\nPara leer el art\u00edculo completo, <a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">suscr\u00edbase a la revista BiCentenario.<\/a><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maximino Mart\u00ednez Ocampo Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM En revista\u00a0BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 27. A Fernando Orozco y Berra le entretiene m\u00e1s la escritura que la medicina. Le han pedido un art\u00edculo y cavila sobre qu\u00e9 escribir. En los caf\u00e9s encontrar\u00e1 un mundo por descubrir y retratar. Tambi\u00e9n hallar\u00e1 el \u00faltimo golpe de fr\u00edo que se pueda contar. Una buena ma\u00f1ana en la ciudad de M\u00e9xico de mitad de 1850, un m\u00e9dico convertido en escritor camina preocupado a lo largo de su estudio. Su nombre es Fernando Orozco y Berra y hace poco m\u00e1s de un a\u00f1o lleg\u00f3 a la ciudad de M\u00e9xico procedente de Puebla buscando otra atm\u00f3sfera y otros goces. A pesar de tener dos peque\u00f1as arrugas en su entrecejo, es evidente su juventud, pues con 29 a\u00f1os la vida le sonr\u00ede avariciosa, haci\u00e9ndole entrever horizontes sin l\u00edmites. 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