﻿{"id":6442,"date":"2015-11-30T15:11:59","date_gmt":"2015-11-30T21:11:59","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6442"},"modified":"2026-06-22T16:50:21","modified_gmt":"2026-06-22T22:50:21","slug":"sepia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/sepia\/","title":{"rendered":"Sepia"},"content":{"rendered":"<h4><span style=\"color: #993300;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 27.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/BiC_27_Sepia_Linaje.pdf\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<p>Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<figure id=\"attachment_6443\" aria-describedby=\"caption-attachment-6443\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/Primera-ComuniA?n-800x535.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-6443 \" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/Primera-Comuni\u00f3n-800x535.jpg\" alt=\"Primera ComuniA?n (800x535)\" width=\"800\" height=\"535\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/Primera-Comuni\u00f3n-800x535.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/Primera-Comuni\u00f3n-800x535-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/Primera-Comuni\u00f3n-800x535-624x417.jpg 624w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-6443\" class=\"wp-caption-text\">&#8220;Primera comuni\u00f3n, Quer\u00e9taro, 1919. Colecci\u00f3n Laura Su\u00e1rez de la Torre.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tanta seriedad apabulla. Nadie se sale aqu\u00ed del libreto. Todos bien planchados, las manos en sus lugares, los calzados lustrosos, las miradas concentradas, ni una pesta\u00f1a alebrestada, ning\u00fan cabello que se aparte de su sitio. No importan edades, sexo, ni jerarqu\u00eda familiar. Una obediencia ciega ante los flashazos del fot\u00f3grafo. Aqu\u00ed no se mueve una hoja. Nada dir\u00eda que despu\u00e9s de terminada la sesi\u00f3n, esas ni\u00f1as y ni\u00f1os convertir\u00edan el lugar en un jolgorio. Uno se atrever\u00eda a creer que el patriarca dir\u00eda <i>vamos a casa<\/i>, y todos saldr\u00edan en fila detr\u00e1s de \u00e9l en busca de la calle. Silenciosos, disciplinados y respetuosos. De all\u00ed a la iglesia, posiblemente, para que la ni\u00f1a Guadalupe Su\u00e1rez recibiera su primera comuni\u00f3n. Miradas, formas de pararnos, vestimenta, dicen mucho de nosotros para explicar lo que somos. Nada har\u00eda suponer que de las gemelas Teresa y Concepci\u00f3n, aupadas por su madre y su abuela, o de los ni\u00f1os estilo marinero Jos\u00e9 y Ricardo, ser\u00edan j\u00f3venes algunos a\u00f1os despu\u00e9s que romper\u00edan con los c\u00e1nones conservadores en los que se los criaba all\u00e1 por 1919. Mucho menos de Ignacio, el mayor, con m\u00e1s porte por lo que se ve para ser uno de los tantos profesionales de carreras tradicionales entre las familias de abolengo de Quer\u00e9taro. La revo- luci\u00f3n de Villa y Zapata hab\u00eda pasado de refil\u00f3n por el estado y aquellos ni\u00f1os m\u00e1s grandes, como Guadalupe e Ignacio, poco supieron en esos momentos de la guerra intestina que sacudi\u00f3 a las familias mexicanas. Cuidados al extremo de la contaminaci\u00f3n que podr\u00eda significar la violenta realidad pol\u00edtica y social del pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan y cuando el abuelo Adolfo era el prominente Director del Colegio Civil de Quer\u00e9taro, que a tono con las investiduras de largo aliento de la \u00e9poca permaneci\u00f3 18 a\u00f1os en el cargo. Lo dej\u00f3 en 1911 para ser nada menos que gobernador. A la par de que Porfirio D\u00edaz abandonaba la presidencia eterna, tambi\u00e9n lo hac\u00eda en el estado Francisco Gonz\u00e1lez de Cos\u00edo, otro longevo en aquello de atarse a la silla: 24 a\u00f1os continuados gobernando. Don Adolfo poco pudo hacer. Dur\u00f3 algunos meses apenas. Se iniciaban los gobiernos estatales que al cabo de unos cuatro meses terminaban quitados. Pero esa es otra historia. El principio de la familia siempre unida no queda duda que se habr\u00e1 preservado hasta nuestros d\u00edas en el linaje que el ingeniero Adolfo de la Isla hered\u00f3 y supo fortalecer y extender.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Suscr\u00edbase a la revista BiCentenario.<\/a><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 27. Dar\u00edo Fritz Tanta seriedad apabulla. Nadie se sale aqu\u00ed del libreto. Todos bien planchados, las manos en sus lugares, los calzados lustrosos, las miradas concentradas, ni una pesta\u00f1a alebrestada, ning\u00fan cabello que se aparte de su sitio. No importan edades, sexo, ni jerarqu\u00eda familiar. Una obediencia ciega ante los flashazos del fot\u00f3grafo. Aqu\u00ed no se mueve una hoja. 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