﻿{"id":6275,"date":"2015-11-18T14:20:33","date_gmt":"2015-11-18T20:20:33","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6275"},"modified":"2021-05-04T12:45:59","modified_gmt":"2021-05-04T17:45:59","slug":"editorial-8","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/editorial-8\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #ff9900;\"><span style=\"font-size: 1rem; line-height: 1.84615;\">En revista <\/span><em style=\"font-size: 1rem; line-height: 1.84615;\">BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em><span style=\"font-size: 1rem; line-height: 1.84615;\">, n\u00fam. 27.<\/span><\/span><\/h4>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Portada.jpg\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-6212 aligncenter\" src=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Portada-221x300.jpg\" alt=\"Portada\" width=\"221\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Portada-221x300.jpg 221w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Portada-755x1024.jpg 755w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Portada-624x846.jpg 624w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/Portada.jpg 1106w\" sizes=\"(max-width: 221px) 100vw, 221px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dos figuras descollantes para la escritura y la fotograf\u00eda de la primera mitad del siglo xx en el mundo, tuvieron el gran tino de buscar en M\u00e9xico su manera de retratar momentos de profundas transformaciones. Uno porque se comprometi\u00f3 en el pa\u00eds convulsionado de 1914 a desentra\u00f1ar el alma de los mexicanos y el porqu\u00e9 de la lucha fratricida. El otro, tres d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, porque explic\u00f3 con sus im\u00e1genes otro M\u00e9xico bronco que para 1940 se dignificaba detr\u00e1s del nacionalismo petrolero y le abr\u00eda las puertas a los exiliados de las guerras, pero inmerso en un enfrentamiento claro entre derechas e izquierdas, en el que los conflictos sociales no se apagaban y hasta jugarse la vida parec\u00eda cotidiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al joven poeta, escritor, periodista y hasta activista social, John Reed, le bastaron cuatro meses de trabajo para que sus relatos para la neoyorquina <i>Metropolitan <\/i>se convirtieran en la mejor obra de divulgaci\u00f3n, quiz\u00e1 hasta el presente, sobre los controvertidos personajes de la Revoluci\u00f3n que de la mano de Villa y Zapata recorr\u00edan el mundo como sin\u00f3nimo de <i>justicieros <\/i>del infortunio de millones de desamparados. El otro personaje intr\u00e9pido fue Robert Capa, el trotamundos h\u00fangaro, que a los 27 a\u00f1os tan s\u00f3lo de la mano de una c\u00e1mara Leika ya era un veterano en retratar guerras a las que detestaba, aunque no pod\u00eda despegarse de ellas. Su huella en M\u00e9xico fue tan corta como fruct\u00edfera, tal cual el carism\u00e1tico y temperamental Reed. En s\u00f3lo cinco meses de estad\u00eda identific\u00f3 los rostros de la miseria, la violencia pol\u00edtica, la identidad de un pa\u00eds que se transformaba aceleradamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos apuntes de vida que presentamos en <i>BiCentenario <\/i>son los de personajes aventurados para su tiempo, idealistas y \u00fanicos. Reed y Capa encontraron en M\u00e9xico el testimonio de orfandad de miles que como ellos mismos buscaban un mundo m\u00e1s igualitario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPero qu\u00e9 M\u00e9xico quer\u00edan los pensadores, los intelectuales, los hombres y mujeres que se imaginaban el pa\u00eds posrevolucionario? \u00bfLo quer\u00edan democr\u00e1tico, participativo, igualitario? \u00bfLiberal, conservador, socialista? \u00bfDe derecha, de izquierda, de centro? Jes\u00fas Reyes Heroles fue una de esas piezas clave para entender, en este caso el Partido Revolucionario Institucional, c\u00f3mo se conceb\u00eda el poder y su ejercicio desde la organizaci\u00f3n pol\u00edtica que durante siete d\u00e9cadas continuas deline\u00f3 la vida de este pa\u00eds, y lo sigue haciendo. Cerebro partidario, disidente de muchas decisiones, Reyes Heroles fue un adelantado a su tiempo, al que no siempre se le hizo caso ni se le quiso escuchar. Con una biograf\u00eda concisa sobre su pensamiento y la reproducci\u00f3n de opiniones personales al desaparecido diario <i>Novedades<\/i>, abrimos en este n\u00famero una ventana para ver el M\u00e9xico al que aspiraban los ide\u00f3logos de la pol\u00edtica en la segunda mitad del siglo pasado. En pr\u00f3ximas ediciones les seguir\u00e1n otros. En esos tiempos pol\u00edticos de los a\u00f1os 50 y 60 un v\u00ednculo que comenz\u00f3 a afianzarse fue el del sector privado y sus negocios con el Estado. Uno de esos casos fue el de los hermanos Miguel y Jorge Henr\u00edquez Guzm\u00e1n que gracias a su amistad con L\u00e1zaro C\u00e1rdenas construyeron el Hotel Balneario de San Jos\u00e9 Pur\u00faa en Michoac\u00e1n. Como nos relata el texto sobre esta obra que se convirti\u00f3 en uno de los centros tur\u00edsticos destacados del pa\u00eds, el fruct\u00edfero negocio empez\u00f3 a desmoronarse a partir del mismo momento en que uno de los hermanos quiso adentrarse en pol\u00edtica y desde la oposici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las analog\u00edas entre presente y pasado nos llevan a comprender que en el siglo xix los problemas con el ambulantaje en la ciudad de M\u00e9xico no difer\u00edan demasiado con el presente del nuevo milenio. Poner orden, obligarlos a pagar impuestos, quitarlos de las calles, mejorar la higiene eran las preocupaciones corrientes de las autoridades, incluso desde fines del siglo xviii. Tambi\u00e9n por entonces los gustos y preferencias tanto de las clases populares como las adineradas en cuanto a sus apetencias culinarias iban delineando una cultura de sabores con ra\u00edces ind\u00edgenas que llegan hasta el presente. Aquellos antojitos son los de hoy. Por entonces, a los habitantes de la ciudad tambi\u00e9n se les hac\u00eda agua la boca las quesadillas, tamales, pambacitos, memelas, tlacoyos y chilaquiles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esos tiempos, 1871 para ser m\u00e1s precisos, un m\u00e9dico, Aniceto Ortega, daba cuenta c\u00f3mo el acceso educativo de las\u00e9lites a una formaci\u00f3n enciclop\u00e9dica permit\u00eda que la medicina se emparentara con la m\u00fasica. Ortega, nos dice su biograf\u00eda que presentamos en esta edici\u00f3n de <i>BiCentenario<\/i>, visitaba y curaba a los enfermos en sus casas, pero se daba tiempo para escribir sobre los efectos terap\u00e9uticos de la m\u00fasica, tratados acerca de terremotos y erupciones, y adem\u00e1s componer obras oper\u00edsticas. Una eminencia que le ser\u00eda reconocida con cargos p\u00fablicos y el reconocimiento social.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este nuevo n\u00famero de la revista se complementa con la historia de las primeras participaciones del f\u00fatbol mexicano en torneos internacionales. Una preparaci\u00f3n casi amateur para ir a competir al Mundial de Brasil en 1950, pero que sirvi\u00f3 como aprendizaje. Tambi\u00e9n un an\u00e1lisis muy actual sobre la reforma energ\u00e9tica y el futuro que nos puede esperar con esta nueva apuesta de la pol\u00edtica por alcanzar una naci\u00f3n con mejores expectativas econ\u00f3micas. Y si el lector quiere leer esta edici\u00f3n de <i>BiCentenario <\/i>sentado en alg\u00fan caf\u00e9, podr\u00e1 imaginar tambi\u00e9n como pasaban su tiempo nuestros antepasados en las cafeter\u00edas de la capital. Hasta la pr\u00f3xima.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dar\u00edo Fritz<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 27. Dos figuras descollantes para la escritura y la fotograf\u00eda de la primera mitad del siglo xx en el mundo, tuvieron el gran tino de buscar en M\u00e9xico su manera de retratar momentos de profundas transformaciones. Uno porque se comprometi\u00f3 en el pa\u00eds convulsionado de 1914 a desentra\u00f1ar el alma de los mexicanos y el porqu\u00e9 de la lucha fratricida. El otro, tres d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, porque explic\u00f3 con sus im\u00e1genes otro M\u00e9xico bronco que para 1940 se dignificaba detr\u00e1s del nacionalismo petrolero y le abr\u00eda las puertas a los exiliados de las guerras, pero inmerso en un enfrentamiento claro entre derechas e izquierdas, en el que los conflictos sociales no se apagaban y hasta jugarse la vida parec\u00eda cotidiano. 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