﻿{"id":6200,"date":"2015-11-12T14:35:37","date_gmt":"2015-11-12T20:35:37","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6200"},"modified":"2026-06-28T22:42:16","modified_gmt":"2026-06-29T04:42:16","slug":"el-ambulantaje-en-el-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-ambulantaje-en-el-siglo-xix\/","title":{"rendered":"El ambulantaje en el siglo XIX"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">Gisela Moncada Gonz\u00e1lez<\/span><br \/>\n<span style=\"color: #000000;\">Instituto de Investigaciones Hist\u00f3ricas, UNAM.<\/span><\/p>\n<h4><span style=\"color: #800000;\">En revista <em>BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 27.<\/span><\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/BiC_27_Comercio_Ambulante.pdf\"><img decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16736\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/a><\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #29a092;\">Terminada la guerra de Independencia las autoridades intentaron ordenar el comercio callejero en la capital. Hab\u00eda una necesidad recaudatoria del fisco pero tambi\u00e9n de generar espacios de confort para los habitantes. Los resultados no fueron los que se buscaban.<\/span><\/h3>\n<figure id=\"attachment_24422\" aria-describedby=\"caption-attachment-24422\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24422\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_005.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"631\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_005.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_005-300x237.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_005-768x606.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24422\" class=\"wp-caption-text\">Casimiro Castro y Juan Campillo, La calle de Rold\u00e1n y su desembarcadero, litograf\u00eda en M\u00e9xico y sus alrededores. Colecci\u00f3n de monumentos, trajes y paisajes, Imprenta de Debray, 1869.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La venta de alimentos en las calles de la ciudad de M\u00e9xico ha sido una pr\u00e1ctica com\u00fan a lo largo de nuestra historia. La recurrencia de puestos en cada esquina procede no solo de nuestra herencia colonial, sino prehisp\u00e1nica. \u00bfD\u00f3nde se fijaban los puestos? \u00bfQu\u00e9 se vend\u00eda en ellos? \u00bfEn qu\u00e9 horarios se instalaban? \u00bfQu\u00e9 medidas empleaba la autoridad para regularlos? Son varias de las preguntas que este art\u00edculo trata de responder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conviene precisar que a comienzos del siglo XIX, y desde antes, el comercio de alimentos en las calles de la ciudad de M\u00e9xico era muy frecuente, no s\u00f3lo porque no se contaba con mercados fijos y establecidos, sino porque resultaba una pr\u00e1ctica com\u00fan entre la poblaci\u00f3n ind\u00edgena llegar a la ciudad a vender sus productos. Diariamente ingresaban canoas con <i>productos de la tierra<\/i>, como se nombraba en la \u00e9poca a las frutas y verduras; la mayor\u00eda de los vendedores llegaban desde muy temprano de Xochimilco, Cuemanco, Chalco y Texcoco, y se establec\u00edan en alg\u00fan tianguis, alrededor de alguna iglesia, en una esquina e incluso, en la Acequia Real.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta pr\u00e1ctica de vender en cualquier sitio y no necesariamente en un mercado fijo se toler\u00f3 durante todo el periodo colonial, ya que al no haber mercados de mamposter\u00eda bien establecidos se permiti\u00f3 la instalaci\u00f3n de tianguis en d\u00edas espec\u00edficos. La documentaci\u00f3n de la \u00e9poca no muestra denuncias de los habitantes de rechazo a este tipo de puestos. Sin embargo, durante la guerra de Independencia (1810-1821), el comercio en las calles aument\u00f3 considerablemente y, por primera vez, la autoridad de la ciudad comenz\u00f3 a ver como un problema la recurrencia de puestos fuera de los tianguis, en la periferia de estos y, sobre todo, en las principales calles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La autoridad argumentaba que dichos puestos daban mal aspecto, denotaban falta de higiene y entorpec\u00edan el libre tr\u00e1nsito. Pero tras estos argumentos exist\u00eda otro m\u00e1s importante, la autoridad iba perdiendo el control de la recaudaci\u00f3n en el cobro del <i>derecho de plaza<\/i>, un impuesto que se cobraba a todo aqu\u00e9l que instalaba un puesto en cualquier lugar de la ciudad. El llamado <i>derecho de plaza <\/i>no se hab\u00eda cobrado a los ind\u00edgenas durante casi todo el periodo colonial, pero a partir de 1821, cuando M\u00e9xico se consolid\u00f3 como naci\u00f3n independiente, el gobierno de la primera rep\u00fablica federal introdujo la noci\u00f3n del contribuyente y, por lo tanto, comenz\u00f3 a cobrarle a toda persona que vendiera cualquier producto, sin hacer distinci\u00f3n de si era ind\u00edgena o no.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La generosa recaudaci\u00f3n que el gobierno de la ciudad percib\u00eda del comercio oblig\u00f3 a las autoridades a ser m\u00e1s rigurosas en su control, ya que 70% de sus ingresos proven\u00edan de dos rubros: primero, la recaudaci\u00f3n procedente del <i>derecho de plaza; <\/i>y en segundo lugar, el <i>derecho municipal<\/i>, que era el impuesto que se cobraba por la entrada de mercanc\u00edas en las distintas garitas. Por ello, se busc\u00f3 durante la Primera Rep\u00fablica Federal una pol\u00edtica fiscal m\u00e1s eficiente que en el periodo virreinal y, en consecuencia, se increment\u00f3 la persecuci\u00f3n del vendedor ambulante.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>LAS ZONAS DE VENTA<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La falta de mercados fijos coadyuv\u00f3 tambi\u00e9n a la instalaci\u00f3n de diversos tianguis al aire libre. Los comerciantes dispon\u00edan de una manta para cubrirse del sol o la lluvia y unos palos para sostenerla, de ah\u00ed que tambi\u00e9n se diera el nombre de <em>sombras <\/em>a cada uno de los puestos. Muchos de los tianguis se establecieron en las principales plazas. En 1824 destacaban la Plaza Mayor, Volador, Jes\u00fas, San Juan de Dios, De la Concepci\u00f3n, Del Carmen, De la Sant\u00edsima, San Pablo, San Juan, La Paja, San Juan de Letr\u00e1n, Colegio de Ni\u00f1as, Baratillo, Santa Catarina y Factor.<\/p>\n<figure id=\"attachment_24423\" aria-describedby=\"caption-attachment-24423\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24423\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_006.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"633\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_006.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_006-300x237.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_006-768x608.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24423\" class=\"wp-caption-text\">Casimiro Castro y Juan Campillo, El mercado de Iturbide, antigua plaza de San Juan, litograf\u00eda en M\u00e9xico y sus alrededores. Colecci\u00f3n de monumentos, trajes y paisajes, Imprenta de Debray, 1869.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las plazas del Baratillo y el Factor se caracterizaron por albergar desde fines del siglo XVIII a vendedores que ofrec\u00edan productos robados, por lo cual, muchos eran de baja calidad o estaban en malas condiciones, pero con precios accesibles y atractivos para el p\u00fablico. La plaza de Jes\u00fas estaba destinada a la venta de materiales de construcci\u00f3n, y la de la Paja al forraje. Las destinadas a la venta de frutas y verduras fueron San Juan de Dios, De la Concepci\u00f3n, Del Carmen, De la Sant\u00edsima, San Pablo, San Juan de Letr\u00e1n y del Colegio de Ni\u00f1as. Desde luego, en los alrededores y en las calles aleda\u00f1as se colocaban vendedores ambulantes. Tambi\u00e9n los artesanos sal\u00edan a las calles; frente a sus talleres daban los \u00faltimos arreglos al producto que fabricaban, desde mesas, sillas, platos, hasta las manualidades m\u00e1s sencillas. Con carros jalados por mulas cargaban y descargaban sus productos al pie del taller. Sin duda, tambi\u00e9n ellos obstaculizaban el tr\u00e1nsito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se sabe que los lugares favoritos del vendedor ambulante o <em>a mano<\/em>, como se le conoc\u00eda en la \u00e9poca, eran sitios concurridos como las esquinas, puentes y fuentes que abastec\u00edan de agua a la ciudad, as\u00ed como lugares donde hubiera una construcci\u00f3n e incluso zonas cercanas a las letrinas. El comerciante buscaba no ser visto por la autoridad, para evitar el pago del <em>derecho de plaza<\/em>, raz\u00f3n por la cual, muchos de ellos se instalaban despu\u00e9s de las seis de la tarde, hora en la que la vigilancia disminu\u00eda, y la mayor\u00eda de las tiendas y locales cerraban.<\/p>\n<figure id=\"attachment_24424\" aria-describedby=\"caption-attachment-24424\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24424\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_007.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"626\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_007.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_007-300x235.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_007-768x601.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24424\" class=\"wp-caption-text\">Casimiro Castro y Juan Campillo, Trajes mexicanos, litograf\u00eda en M\u00e9xico y sus alrededores. Colecci\u00f3n de monumentos, trajes y paisajes, Imprenta de Debray, 1869.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los alimentos m\u00e1s consumidos por los peatones eran los atoles, aguas de ch\u00eda, cocoles, caldos, tortillas y frutas, entre otros. En cuanto a la venta de pulque, aunque generalmente se realizaba en alg\u00fan local, hab\u00eda puestos callejeros que invitaban al peat\u00f3n a tomarse no menos de un vaso antes de llegar a su destino, fuera este el trabajo o la casa.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>SEMEJANZAS<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 resultaban tan atractivos para los habitantes de la ciudad los puestos en las calles? Las razones siguen siendo las mismas que en nuestros d\u00edas, la venta callejera ofrec\u00eda precios m\u00e1s bajos con respecto a los lugares establecidos y daba la posibilidad al transe\u00fante de no destinar mucho tiempo para adquirir sus alimentos, como podr\u00eda llevarse si lo hiciera en las tiendas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conviene mencionar que la venta de alimentos en la calle no representaba molestia, como hoy en d\u00eda puede resultar para el habitante de la ciudad de M\u00e9xico. Los documentos de la \u00e9poca muestran que la \u00fanica que protestaba por la venta callejera era la autoridad que, en el \u00e1nimo de lograr la recaudaci\u00f3n del <em>derecho de plaza<\/em>, insist\u00eda en reubicar los puestos en alguna plaza. Sin embargo, para el habitante de a pie, parec\u00edan una buena opci\u00f3n, pues hallaba en ellos variedad de productos, bajos precios y, adem\u00e1s, permanec\u00edan hasta m\u00e1s all\u00e1 de las nueve de la noche, hora en la que muchos peones regresaban de su jornada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQui\u00e9nes consum\u00edan los productos que se vend\u00edan en las calles? Decir que los clientes asiduos era la gente de m\u00e1s bajos recursos econ\u00f3micos no es novedad; subrayar que m\u00e1s del 90 por ciento de la poblaci\u00f3n lo era, invita a imaginar las proporciones de dicho comercio. Esto sin contar el n\u00famero de habitantes que la ciudad albergaba a comienzos del siglo XIX, que contribuy\u00f3 en gran medida a que proliferaran los puestos callejeros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los documentos de la \u00e9poca detallan que los d\u00edas de mayor venta eran los de fiesta. Las festividades m\u00e1s populares fueron las celebraciones de San Antonio Abad, la Candelaria, San Felipe de Jes\u00fas, Jueves y Viernes Santos, Corpus, el Carmen, Santiago, Santa Ana, Todos los Santos, D\u00eda de Muertos y la Nochebuena.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>DE REGAT\u00d3N A INTERMEDIARIO<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">La batalla de las autoridades por regular el comercio en las calles ha sido y es una ardua tarea de los distintos gobiernos capitalinos; durante el periodo colonial, la autoridad virreinal trat\u00f3 de controlar el creciente comercio en las calles de los llamados regatones, comerciantes al menudeo, que ofrec\u00edan v\u00edveres en la entrada de la ciudad, incluso antes de llegar a las plazas, pues hac\u00edan la funci\u00f3n de intermediarios entre los grandes productores y el vendedor del tianguis. En ocasiones, vend\u00edan m\u00e1s barato que los due\u00f1os de accesorias, sin embargo, tambi\u00e9n especulaban con los precios de las mercanc\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sociedad del periodo colonial no ve\u00eda bien a los regatones porque muchas veces acaparaban v\u00edveres, como los granos, para luego esperar a que subiera su precio y sacarlo a la venta cuando era una necesidad para el consumidor. Estas pr\u00e1cticas obligaron a la autoridad virreinal a emitir diversas ordenanzas para frenar su intervenci\u00f3n en el comercio urbano; no obstante, nunca pudo erradicarlo del todo. En los albores de la guerra de Independencia, su presencia aument\u00f3, la liberalizaci\u00f3n del comercio urbano entre 1811 y 1815 gener\u00f3 un ambiente m\u00e1s propicio, ya que se otorg\u00f3 libertad de precio y expendio a los alimentos de mayor consumo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el M\u00e9xico independiente, los precios de los comestibles ya no estaban fijados por la autoridad como en el periodo virreinal. Esta circunstancia propici\u00f3 que cada comerciante asignara el precio de sus productos y se produjo un alza en los comestibles de alta ingesta capitalina, como el ma\u00edz, trigo, carne, pulque y aguardiente, entre otros. Dicha condici\u00f3n llev\u00f3 al consumidor a buscar nuevas formas de abastecimiento, adicionales a las plazas y mercados, en donde proliferaron los puestos callejeros. Asimismo, el regat\u00f3n, dej\u00f3 de ser mal visto por la sociedad y se le consider\u00f3, a mediados del siglo XIX, como un intermediario m\u00e1s en la enorme cadena del comercio<strong>.<\/strong><\/p>\n<h3 style=\"text-align: center;\"><strong>LA NECESIDAD DEL ORDEN<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las dos principales razones por las que la autoridad persigui\u00f3 a los vendedores ambulantes durante el M\u00e9xico independiente atend\u00edan, por un lado, a la urgencia de tener una recaudaci\u00f3n fiscal eficiente; y por el otro a conservar el buen orden en la ciudad. Sobre esto \u00faltimo hay que recordar que durante el periodo virreinal se adjudic\u00f3 al Ayuntamiento la obligaci\u00f3n de garantizar el buen ornato, promover el libre tr\u00e1nsito, procurar el orden y limpieza. Por ello se intent\u00f3 frenar la venta callejera o por lo menos contenerla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A finales del siglo XVIII, el entonces virrey, el segundo conde de Revillagigedo, en su \u00e1nimo de regular la actividad comercial de los alimentos y de promover el buen orden y limpieza de la capital, promulg\u00f3 en 1791 el <em>Reglamento de<\/em> <em>Mercados<\/em>, donde se dispuso en qu\u00e9 lugares y horarios deb\u00edan venderse las semillas, carnes, bebidas, frutas y verduras, entre otros productos. Sin embargo, no pas\u00f3 mucho tiempo para que los comerciantes ya estuvieran instalados nuevamente en las calles. El gobierno capitalino de la primera rep\u00fablica federal intent\u00f3 persuadirlos a trav\u00e9s de los <em>Avisos al p\u00fablico<\/em> y les ped\u00eda <em>quitar sus puestos de las banquetas<\/em>, pero no fue posible removerlos. En ocasiones se intent\u00f3 abrir nuevos mercados y reubicarlos, pero apenas transcurr\u00edan los meses reacomodaban los puestos en otro sitio.<\/p>\n<figure id=\"attachment_24426\" aria-describedby=\"caption-attachment-24426\" style=\"width: 557px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-24426\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_009.jpg\" alt=\"\" width=\"557\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_009.jpg 557w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/BiC_27_009-209x300.jpg 209w\" sizes=\"(max-width: 557px) 100vw, 557px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-24426\" class=\"wp-caption-text\">Autor desconocido, Zacapoaxtla abatiendo suavos, 1908, \u00f3leo sobre tela.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ayuntamiento de la ciudad emiti\u00f3 con mayor recurrencia los <em>avisos al p\u00fablico <\/em>y amenaz\u00f3 con sanciones severas, entre ellas, el decomiso de mercanc\u00edas, el pago de multas e incluso la c\u00e1rcel. Fue in\u00fatil, al final no fue posible erradicarlos y probablemente ni siquiera disminuirlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas voces del periodo aludido se\u00f1alan lo pr\u00e1ctico que era para el peat\u00f3n hallar un puesto callejero a altas horas de la noche. Quienes regresaban de la jornada, aduc\u00edan que a esa hora contaban con dinero para poder comprar y llevar a su casa atoles y panes. Las autoridades tampoco contaban con recursos econ\u00f3micos suficientes para la construcci\u00f3n de mercados. A ello habr\u00eda que agregar la gran demanda de alimentos que la ciudad requiri\u00f3, una vez que la poblaci\u00f3n se fue recuperando tras los a\u00f1os de la guerra de independencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, se debe subrayar que al margen de esta problem\u00e1tica, es decir, la falta de mercados fijos y la alta demanda de alimentos, estaba la falta de regulaci\u00f3n por parte de la autoridad para vigilar la venta de alimentos, lo cual, nos obliga a reflexionar, incluso en nuestros d\u00edas \u00bfd\u00f3nde queda el papel del gobierno de la ciudad para garantizar el comercio urbano? Asimismo, este trabajo invita a cuestionarnos sobre las pr\u00e1cticas y h\u00e1bitos en la venta de alimentos, no s\u00f3lo de hace 200 a\u00f1os, sino incluso en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify;\"><strong>PARA SABER M\u00c1S<\/strong><\/h3>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">Long, Janet Y Amalia Attolini, (coords), <em>Caminos y mercados de<\/em> <em>M\u00e9xico<\/em>, M\u00e9xico, UNAM \/ INAH,<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Moncada, Gisela, <em>La libertad comercial: el sistema de abasto de alimentos en la ciudad de M\u00e9xico, 1810<\/em><em>-1835<\/em>, M\u00e9xico, Instituto Mora, 2013.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Olvera, Jorge, <em>Los mercados de la plaza mayor en la ciudad de M\u00e9xico<\/em>, M\u00e9xico, Cal y Are\u00e5na, 2007.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Quiroz, Enriqueta, \u201cDe c\u00f3mo la gente se agolpaba para comprar carne a principios del siglo XIX\u201d, <em>BiCentenario. El ayer y hoy de<\/em> <em>M\u00e9xico<\/em>, n\u00famero 5, julio-septiembre, 2009, en <a href=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/de-como-la-gente-se-agolpaba-para-comprar-carne-a-principios-del-siglo-xix\/\">https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/de-como-la-gente-se-agolpaba-para-comprar-carne-a-principios-del-siglo-xix\/<\/a><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gisela Moncada Gonz\u00e1lez Instituto de Investigaciones Hist\u00f3ricas, UNAM. En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 27. Terminada la guerra de Independencia las autoridades intentaron ordenar el comercio callejero en la capital. Hab\u00eda una necesidad recaudatoria del fisco pero tambi\u00e9n de generar espacios de confort para los habitantes. Los resultados no fueron los que se buscaban. La venta de alimentos en las calles de la ciudad de M\u00e9xico ha sido una pr\u00e1ctica com\u00fan a lo largo de nuestra historia. 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