﻿{"id":6105,"date":"2015-07-27T12:01:01","date_gmt":"2015-07-27T17:01:01","guid":{"rendered":"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/?p=6105"},"modified":"2026-05-11T03:31:32","modified_gmt":"2026-05-11T09:31:32","slug":"el-gran-torino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/archivos\/el-gran-torino\/","title":{"rendered":"El Gran Torino"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dar\u00edo Fritz<\/p>\n<h4 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #800000;\">En revista<em> BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico<\/em>, n\u00fam. 26.<\/span><\/h4>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-16736 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2022\/12\/BotonPDF2-e1670355523220.png\" alt=\"\" width=\"87\" height=\"44\" \/><\/p>\n<div class=\"mceTemp\"><\/div>\n<figure id=\"attachment_23987\" aria-describedby=\"caption-attachment-23987\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-23987\" src=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_26_036.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"593\" srcset=\"https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_26_036.jpg 800w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_26_036-300x222.jpg 300w, https:\/\/revistabicentenario.com.mx\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/BiC_26_036-768x569.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-23987\" class=\"wp-caption-text\">Probando un autom\u00f3vil, 1912. Colecci\u00f3n GAC.<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fantas\u00eda de lo nuevo, de estrenar, de tener lo que otros no pueden o no han podido alcanzar a\u00fan, subyace en el inconsciente aunque pasen los siglos. Nos regimos por las diferencias. A veces por imitaci\u00f3n, otras por oposici\u00f3n y las menos por creatividad. Pero queremos llegar a lo mismo: tratar de ser distintos. Las diferencias se alimentan de cuanta riqueza podamos llegar a acumular. Material o intangible, muy al estilo consumista de estos tiempos, aunque decirlo pueda resultar una perogrullada. Riqueza en una pintura, en el reloj que adorna la mu\u00f1eca, los libros de la biblioteca personal, el linaje familiar, el valor de unos muebles, las amistades que cultivamos, los lugares en que vacacionamos. En el pasado tuvo lo suyo tambi\u00e9n. Durante el Renacimiento era muy valioso contar con un <i>cassone<\/i>, un arc\u00f3n decorado por los mejores artesanos para guardar la dote de la hija que aspiraba al mejor postor de la aristocracia. A mayor dote, mayores aspiraciones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La riqueza se validaba tambi\u00e9n por el n\u00famero de esclavos en una hacienda o la cantidad de caballos. El autom\u00f3vil ha sido un im\u00e1n de esas riquezas que primero lleg\u00f3 a manos de los m\u00e1s acaudalados y luego se populariz\u00f3. El sue\u00f1o del auto propio ha seguido al de la casa propia. O viceversa. Pocos relatar\u00edan que recorrieron Europa o Estados Unidos en tren, o recordar\u00edan en qu\u00e9 tipo de avi\u00f3n durmieron toda una noche. Pero no dejar\u00edan de contar que su bisabuelo ten\u00eda un Ford T 1925 o que un t\u00edo alguna vez lo subi\u00f3 a un Torino 1970 como el que Clint Eastwood glorific\u00f3 hace algunos a\u00f1os. El autom\u00f3vil tiene ese <i>no se qu\u00e9 <\/i>de lo inexplicable que seduce a todos por igual. La versi\u00f3n mis\u00f3gina del auto con chicas platinadas y de piernas largas tambi\u00e9n atrap\u00f3 a la mujer aunque a ellas no se los vendan con modelos George Clooney incorporados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los primeros a\u00f1os del siglo XX, la mayor parte de las calles de la ciudad de M\u00e9xico se transitaban sobre el polvo. Comenzaban a transitar los Ford, Hupmobile, Oakland, Fiat, Reo, Oldsmobile o Stutz. En Tacubaya, el conductor de esta postal capitalina, y seguramente propietario del autom\u00f3vil, sabe que est\u00e1 en un momento cumbre y que debe quedar registrado. En esa calle ancha e infinita no tiene competencia, signo de ser \u00fanico y original. Raro. Pocas m\u00e1quinas como la suya recorr\u00edan en 1912 la colonia, aunque su estado, como se aprecia, no fuera ideal. Pero a algunos de sus acompa\u00f1antes no les motiva la fotograf\u00eda. Uno de ellos al que la bata camufla una barriga construida a base de buen diente, podr\u00eda ser el mec\u00e1nico o hasta el chofer. Pero no. Don Carlos Cozzi, quien representaba a la Fiat en la ciudad por entonces, est\u00e1 en lo suyo, la venta y la mec\u00e1nica. Una mujer en el asiento trasero, fiel reflejo de la \u00e9poca, alcanza a asomar su cabeza para el fot\u00f3grafo. Pero quien se ve que se lleva la peor parte es el muchacho que se limpia el sudor. Acalorado, cansado, hastiado, se ve ajeno a todo. Seguramente pas\u00f3 un buen rato dando vuelta a la manivela que ayudaba a encender el motor. Sabe que los carros son un lujo de otros. Qui\u00e9n podr\u00eda imaginar que un siglo despu\u00e9s, en calles como esa pulular\u00edan los autos\u2026 junto a franeleros y parqu\u00edmetros.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #5ba9d6;\"><a style=\"color: #5ba9d6;\" href=\"http:\/\/revistabicentenario.com.mx\/index.php\/suscripciones\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Suscr\u00edbase a la revista BiCentenario.<\/a><\/span><\/h2>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dar\u00edo Fritz En revista BiCentenario. El ayer y hoy de M\u00e9xico, n\u00fam. 26. La fantas\u00eda de lo nuevo, de estrenar, de tener lo que otros no pueden o no han podido alcanzar a\u00fan, subyace en el inconsciente aunque pasen los siglos. Nos regimos por las diferencias. A veces por imitaci\u00f3n, otras por oposici\u00f3n y las menos por creatividad. Pero queremos llegar a lo mismo: tratar de ser distintos. Las diferencias se alimentan de cuanta riqueza podamos llegar a acumular. 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